viernes, 24 de abril de 2009

Miedo, muchos miedos

Hoy nos hemos desayunado en España con un dato que daba miedo conocer, y que una vez comprobabo aviva aún más el temor ante el futuro. Oficialmente hemos alcanzado los 4 millones de parados: 800.000 más en el primer trimestre del año, ritmo récord de destrucción de empleo (superando lo vivido en el tardofelipismo), situándose la tasa española de paro en este momento en el 17,4%. Lo que algunos políticos profesionales consideraban lejano o inalcanzable, ya es una realidad que hace más incierto el presente. No es fácil aventurar las fatalidades y peligros que se ciernen sobre una España particularmente vulnerable a los riegos de la globalización, tanto que nuestros políticos andan mucho más preocupados en evitar que cunda el pánico entre los españoles, que en combatir las amenazas y la inseguridad de sus condiciones de existencia, pavorosas ya para muchísima gente, e impropias en cualquier caso de un país que presumía hasta hace poco por boca de su presidente de jugar en la champion league de las economías mundiales. Ahora lo que se pide desde el gobierno es que no se hagan vaticinios... apocalípticos.

Junto al drama personal, social y nacional que esta dinámica acelerada de paro produce, hay incertidumbre y preocupación acerca de los efectos de esta crisis -cuya verdadera naturaleza se desconoce- sobre las defensas del estado de bienestar, que no puede sobrevivir en un clima que no sea de bonanza económica. Zapatero, dicen, está desorientado y entre lo que sabe y no sabe de economía pregunta de todo en petit comité, hasta por la posibilidad de salirse del euro, que a los británicos no les va tan mal. Por preguntar por lo bajines que no quede, pero el gobernador del Banco de España que se calle, que con sus declaraciones públicas cuestionando el futuro de las pensiones de la seguridad social si no se realizan determinadas reformas, causa alarma social. Y tuvo que salir el ministro de trabajo, con el casco puesto, a darle unos cuántos martillazos en la cabeza, cuestionando sus fuentes y su leal entender. Al gobernador, nada sospechoso de connivencia con Rajoy, dada su significación socialista de toda la vida, se le afea desde el ejecutivo por saber economía (si hay una institución que sabe de economía es el Banco de España) y por cumplir su papel institucional. Harto curioso. Lo que quiere decir que cuando habla en voz baja y manda informes a Moncloa no le hacen ni caso, y no quiere ser cómplice de ese silencio.

Gobernar es mantener y cambiar el rumbo de la nave cuando es necesario, máxime si hay tormenta y si la furia de las olas puede arrastrar al fondo al pasaje, con marinería y cargamento incluidos. El gobernador del Banco de España está exigiendo ese cambio de rumbo en la política económica, con reformas estructurales concretas (comenzando por el control del gasto público y la reforma del mercado laboral), a quien gobierna la política española, el gran timonel, que está sin embargo más concentrado en atravesar la tormenta con el menor daño político personal posible, y que no infunde ninguna confianza cuando sale a cubierta. Quien le critique practica el "discurso del miedo"; pero él, miedo, miedo, a lo que tiene miedo es a perder las próximas elecciones. Ya lo ha dicho la jefa de máquinas socialista, Leire Pajín: porque la crisis es global, la responsabilidad de todo cuanto ocurra en España será siempre de Bush, Aznar y Pizarro, pues no han sido sino los vientos neoliberales los que nos han traído la situación complicada y de riesgo que vivimos. Ella, por de pronto, se ha asegurado un nuevo sueldo, puesto que acaba de ser designada senadora por la comunidad valenciana, con unos emolumentos que añadirá a los que cobra del PSOE por su cargo interno y los que recibe como ex secretaria de Estado. Hay que atesorar en tiempos de crisis. Más que escándalo o miedo, esta capitana araña produce auténtico espanto.

El gobernador Fernández Ordóñez prefiere, y le honra, ser sincero antes que quedarse mudo sobre los riesgos que tenemos delante, no como "futuro-futuro", sino como "futuro presente". Como ha explicado el sociólo alemán Ulrich Beck, riesgo no es sinónimo de catástrofe, significa la "anticipación" de la catástrofe. Los riesgos son siempre acontecimientos futuros que pueden suceder, que nos amenazan. Pero este peligro constante sacude nuestras expectativas, se aloja en nuestras mentes y guía nuestra acción, se convierte en una fuerza política con poder de cambio. El miedo a la crisis mueve a políticos y ciudadanos en sentido contrario. Anticiparse a la catástrofe es obligación de los políticos, y a ello quiere empujar el gobernador del Banco de España. Pero la catastrofe que teme Zapatero es su propia caída, y anticiparse a ella le llevó primero a negar la crisis y ahora a evitar que el riesgo reine como anticipación "creída" en las mentes de las personas y en las instituciones, lo que pretende conseguir a base de relativizar la más cruda de las realidades, amparado en la conveniencia de no socavar las bases generales de la confianza.

El riesgo es ambivalente, no deja de contener una estela de progreso y de éxito, que se abroga en este caso como propio el PP, afanándose en recordar estos días sus éxitos económicos durante el gobierno de Aznar y el mismo rescate de una seguridad social prácticamente en quiebra cuando los populares llegaron al poder en 1996. El PP por demás se ha adelanto a presentar, ante la inacción del gobierno, un paquete de medidas que le hagan "creíble" como alternativa de gobierno. Se erige al mismo tiempo en el "futuro pasado" y en el "presente del futuro", la única esperanza capaz de enfrentarse a la consecuencia desconocida y no deseada del riesgo que amenaza con destruir los cimientos del estado de bienestar en España. Pero ni Zapatero pide ayuda a Rajoy para conjurar el miedo, ni Rajoy se ofrece tampoco a Zapatero para combatir juntos la amenaza. Para Zapatero confesar el miedo sería cobardía política. Para Rajoy prestarse a Zapatero, acto requerido como patriótico, supondría también aceptar una situación de debilidad, personal y colectiva. El miedo paraliza, pero moviliza igualmente a la búsqueda de un "protector", y hay que estar visible y en la mejor posición .

Aunque hay miedos y miedos. El principal transmisor actual del miedo son los medios de comunicación de masas. La responsabilidad de algunos ante la crisis les impide jugar con la credulidad de la sociedad para que el pánico estalle. Por eso, medios como El País optan decididamente por meter miedo a algunos políticos, como Camps. La filtración de supuestas conversaciones grabadas por orden judicial, pero que no aparecen en el sumario del caso Gürtel trasladado al Tribunal Superior de Justicia de Valencia, echa más picante a las actuaciones del juez Garzón, siempre contando con la inestimable ayuda de la policía, que tanto envidia para sí el Fiscal General del Estado Conde-Pumpido, quejoso la última semana de que la policía no colaboraba suficientemente con él en sus diligencias contra el entramado de ETA, de tan ocupada que la tenía cn sus cosas (Guantánamo incluido) el juez estrella. Da miedo pensar que los delitos los comete la Audiencia Nacional filtrando una y otra vez material que compromete los derechos de las personas, y que vulnera en este caso no ya la presunción de inocencia, sino el más estricto derecho a la privacidad.

La supuesta conversación del presidente valenciano con su "amiguito del alma" El Bigotes (principal encausado como responsable de la trama corrupta en Valencia) no tendrá relevancia penal, pero como conversación de amigos que transcurre en un lenguaje totalmente desinhibido, es abrasiva desde el punto de vista político. Seguro que a Camps le ha producido susto y canguelo esa publicación, que es en el fondo lo que persigue ese decidido ataque de El País contra el líder valenciano: que se cague de miedo, señalarle como un apestado, y forzar que el partido popular le retire de inmediato del primer plano político. Y todo esto transcurre mientras miedo auténtico se apodera de muchas personas independientes invitadas por Patxi López a formar parte del próximo gobierno vasco bajo su liderazgo, y que declinan la oferta. Por miedo. El miedo que infunde ETA, apuntando directamente a ese futuro gobierno en su comunicado del pasado Aberri Eguna. El verdadero "discurso del miedo" y del "terror" que se apodera de la sociedad vasca, como instrumento de control social global, y del que tanto se beneficia el PNV, sin que haga lo suficiente por ahuyentarlo. El miedo que puede malograr el cambio en Euskadi.

Miedo, muchos miedos, pero que no cunda el pánico. Esto no se hunde, todavía.

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