jueves 9 de febrero de 2012

Confusión y sensatez

El 38 Congreso del PSOE ha concitado la atención de la militancia socialista y del conjunto de la sociedad española. La suerte de la principal fuerza de oposición es un factor clave de la política general. El dramatismo que ha rodeado al evento es signo de lo mucho que había en juego, aunque los intereses de todos no fueran los mismos. Algunos hablan de victoria pírrica de Rubalcaba sobre Chacon, cuando la victoria aún más ajustada de Zapatero sobre Bono fue calificada en su día como triunfo de la democracia. Pero lo que ha triunfado ahora, parece, es la sensatez.

El debate interno tenía mucho de falaz. Chacón y seguidores han pretendido hacer de Rubalcaba el hombre del aparato del partido y el responsable de los cuatro millones de votos perdidos en las pasadas elecciones, para presentarse ellos mismos como garantes de la renovación, del cambio y del futuro, cuando paradójicamente Chacón representa la continuidad más pura del zapaterismo que ha conducido al PSOE al borde de la quiebra. La sociedad española ha identificado a Zapatero con la resignación, el estancamiento y la inacción, y los delegados del Congreso finalmente también, sin aceptar el sentido del discurso de Chacón, jugando a la confusión.

Imitar es falsificar, decía Ortega, y la candidata que urgía a hacer historia, no ha buscado sino volver a aplicar la plantilla utilizada por Zapatero cuando se alzó con la secretaría general del PSOE "con un solo discurso", como antaño Azaña consiguiera el gobierno. A Chacón lo que le ha fallado ha sido precisamente la performance, lo que es más grave habiendo apostado tanto por el marketing político. Ni los referentes radicales, ni el guión repetido, ni siquiera la personal puesta en escena, han logrado el efecto deseado en la audiencia. Por su misma falta de originalidad y autenticidad.

Ahora debe verse al verdadero Rubalcaba, libre de las ataduras de Zapatero y de la posicion incómoda que ha tenido que mantener como candidato a las elecciones y a la jefatura de su partido. El necesario rearme ideológico del PSOE no puede quedarse en una simple recarga demagógica para arremeter contra el PP, responsabilizándole en el escaso tiempo que lleva gobernando, de romper la política de pactos y compromisos derivada del consenso constitucional y de imponer dogmas sólo compartidos por una minoría, que es lo que hizo Zapatero en su pretendida renovación de derechos y libertades y lo que se trata ahora de recuperar contando con la responsabilidad y sensatez de la nueva dirección socialista.

Acuñar la idea de contrarreforma o de que el gobierno del PP comete el error de legislar para la derecha y contra la izquierda, como hacen ya algunos medios, es intentar aplicar hoy a Rajoy la crítica vertida ayer contra Zapatero para dar juego a Rubalcaba. Pero lo que la sociedad espera de Rubalcaba es que la madurez y sensatez de su liderazgo sirva para consensuar en beneficio de todos las necesarias reformas estructurales que ya ha comenzado el PP, y que podia y tenia que haber realizado el PSOE, como la reforma a fondo del sistema financiero, comenzando por limitar los sueldos de los directivos de las entidades intervenidas o receptoras de ayudas públicas, que no es precisamente una medida de derechas, como sí lo es en cambio el indulto a banqueros.

El PSOE tiene que rehacerse y difícilmente podrá recuperar el voto si no es capaz de realizar un análisis serio de sus últimas derrotas electorales. No se ha hecho en el Congreso federal y no hay signos de que vaya a hacerse en los próximos congresos regionales, aunque sería el modo de cerrar heridas o de envainar puñales. El socialismo navarro está particularmente emplazado a ello. No se trata de abrir una crisis por la inmediata y fracasada apuesta de Roberto Jiménez por Chacón, sino de intentar cerrar un ciclo excesivamente largo de deterioro del PSN. El PSN ha contribuido al reino de la confusión pretendiendo hacer pasar lo que es hoy un partido perdedor, como un partido de gobierno e invocando la bandera de la responsabilidad y de la gobernabilidad de Navarra para evitar cualquier cambio interno en la dirección del partido.

El PSN quiso entrar en el gobierno cuando había y existen otras fórmulas de apoyo al gobierno de UPN, como hace de hecho el PP con el PSOE en Euskadi, sin ir más lejos. Por otro lado, tampoco está escrito que el máximo dirigente de unas siglas deba figurar en un eventual gobierno de coalición, ni que la ejecutiva del partido deba ocupar los cargos públicos, y de hecho en el precedente del CDN no fue así. En la percepción pública, eso no es sensatez, ni hacer de la necesidad virtud, sino más bien del fracaso ganancia. Combatir desde el gobierno foral la contrarreforma de la que se es corresponsable, hace daño al gobierno y al propio partido. El debate al que ha contribuido Jímenez dentro del PSOE, debe comenzar en el PSN por ahí. Si decimos democracia, hacemos democracia.

Publicado en Diario de Navarra, 9 de febrero de 2012

domingo 1 de enero de 2012

Política real


Se ha completado el ritual de inicio de la nueva legislatura, con la constitución de las Cortes y el nuevo Gobierno, y apenas ha habido tiempo para el cotilleo. Rajoy ha impuesto un cambio de estilo, necesariamente austero, acorde con el personaje y las serias circunstancias que padecemos. Nadie espera que el nuevo presidente del gobierno pueda maravillarnos haciendo sonar la lira de Orfeo, pero las primeras notas graves que ha sacado del viejo laúd hispano, han tenido la virtud de calmar los mercados, de reducir la presión de la prima de riesgo española, de evitar los continuos sobresaltos y darnos un pequeño respiro, de obtener una mayor credibilidad y respaldo en Europa, o al menos de hacérnoslo así creer.

Cuando se ha insistido abusivamente en la primacía de los mercados sobre los gobiernos, no está de más comprobar que no, que las decisiones tomadas por las instituciones legitimadas y competentes para ello son capaces de influir en un mar embravecido y supuestamente infectado de tiburones. Que si los mercados, la bolsa, los organismos financieros, forman parte de la conversación pública, la política como fundamental expresión de la palabra también tiene cosas que decir en esa gran conversación. Que no se puede asumir de ningún modo el final de la política y que no cabe ni para bien ni para mal la gobernanza global -la viabilidad del propio proyecto Europeo- al margen de la política pequeña o grande que cada cual, como ciudadano o como gobernante, está en condiciones de exigir y realizar. Lo que Europa puede exigir a España, deberá exigirlo igualmente el Gobierno de España a las Comunidades Autónomas, estableciendo los necesarios mecanismos de control.

El gran cambio que se ha operado en España no es la simple sustitución del gobierno o la disposición de una nueva mayoría parlamentaria, por numerosa que parezca. El cambio es, o debe ser, sustantivo y de naturaleza eminentemente cualitativa. Con la entrada del nuevo año se ha dicho adiós al pensamiento mágico y a la política simbólica que había encarnado el PSOE de Zapatero en los últimos años, para entrar en la era de la política real de Rajoy. Por el momento, su discurso de investidura, dentro de las limitaciones del género, fue consistente y ha apuntado a una recuperación de los mejores valores de la Transición. El gobierno nombrado es competente, atendiendo a la formación, trayectoria profesional y experiencia política de sus ministros y ministras. La lealtad al líder no se ha situado por encima de las cualidades personales y de la capacidad de atender a los problemas reales. Pero no es suficiente. Confiemos en que un mínimo sentido del honor en el desempeño del cargo público sea garantía de ejemplaridad, de voluntad de servicio y de respeto al ciudadano al que se representa y por el que se trabaja.

Son nociones básicas y, sin embargo, aparecen en la actualidad cargadas de profunda novedad. La profesionalización de la política y la escasez de buenos profesionales en la política ha conducido a una situación insólita, que se ha extendido a las más altas instituciones del estado. La política real debe ser fuente de moralidad pública, o no lo será. Presupuesto lo anterior, política real es también no vacilar en la toma de decisiones y explicar las decisiones adoptadas, por duras que sean, como lo son ya las primeras acordadas por el gobierno del PP en el consejo de ministros de fin de año (la subida de impuestos es contraria a su programa electoral). Los deseos sólo pueden hacerse realidad levantando con esfuerzo los obstáculos que se interponen o los cimientos que faltan, no simplemente formulando de manera apasionada el propio anhelo, si se quiere preservar lo ya construido (el estado de bienestar). La ciudadanía entiende que exista un gobierno que gobierna. Lo que resulta difícil de comprender y de aceptar es justamente lo contrario, y al final se paga en las urnas. Los grandes errores de Zapatero fueron errores históricos de cálculo (estatuto de Cataluña, negociación con ETA, crisis) que evidenciaron su desdén por la política real y su apuesta por la política simbólica (memoria histórica, género, minorías, anticlericalismo).

Es algo que debería tener en cuenta el PSOE en la nueva andadura que pretende iniciar, para no repetir errores ni malograr expectativas. Sorprenden algunos movimientos internos dentro del partido, con independencia de su posible recorrido. Atendiendo al protagonismo de los socialistas navarros en este proceso de renovación del PSOE, resulta paradójico la alineación del líder del PSN con la ex ministra de Defensa y la del diputado electo socialista con la del candidato derrotado en las pasadas elecciones generales, cuando en pura lógica cabría suponer que las posibilidades de continuar al frente del PSN por parte de su actual secretario general, responsable directo de las severas derrotas sufridas en Navarra, podría justificarse mayormente en el caso de que Rubalcaba accediese a la secretaría general del PSOE, y no en el otro supuesto que busca jugar la baza de la renovación. Los errores de cálculo se pagan siempre, si no quienes directamente los cometen, sí las organizaciones que los sufren, e indirectamente todos. La política real requiere también una oposición real y el PSOE debe estar cuanto antes en condiciones de ejercerla.


Publicado en Diario de Navarra

martes 22 de noviembre de 2011

Tiempos de madurez

En unas elecciones históricas, España se ha teñido de azul. El 20-N ha catapultado al PP a las alturas con la misma fuerza con que ha arrojado al PSOE a los infiernos, infligiéndole un duro castigo por la inconsistencia de la política de Zapatero y los propios errores de Rubalcaba durante la campaña. De igual manera, no han sido únicamente los efectos devastadores de la Gran Recesión los que han dado la victoria al PP. Se trata también de un particular triunfo de Rajoy después de haber sufrido durante ocho años una doble oposición: la constante política anti-PP del Gobierno socialista y la oposición interna del sector más duro de su propio partido. El hecho de haber superado la mayoría absoluta de Aznar supone un premio de consolación para Rajoy (como lo tuvo el viejo Job después de sus infortunios) y afianza en el partido la apuesta por la moderación, para tranquilidad de todos los ciudadanos.

Porque, sin duda, es inquietante el poder tan hegemónico que ha terminado de conquistar el PP en todos los ámbitos del gobierno para los próximos años, por titánica que se antoje la empresa a realizar que le han confiando las urnas. Urge la reconstrucción del PSOE y es deseable que se produzca de la mejor manera posible, sin ventajas, vetos, ni represalías internas de ningún tipo. Pero importa y mucho para el correcto funcionamiento de la democracia y para el futuro inmediato de España que el nuevo líder de la oposición tenga la madurez y experiencia necesarias para recuperar el espíritu de consenso que tan alegremente ha arruinado Zapatero y que tan imprescindible va a resultar para acometer las grandes reformas que se avecinan. Las graves circunstancias presentes que han disparado la alarma social, no toleran ya el infantilismo político ni la falta de responsabilidad por parte de nadie.

Pero el 20-N no ha arrojado únicamente los mejores y peores resultados de la democracia para los grandes partidos, PP y PSOE respectivamente. La victoria de CiU en Cataluña, bajo la bandera del pacto fiscal y desbancando al PSC en unas generales, ha sido también histórica, como el hecho de que el partido con más fuerza en Madrid sea el heredero de Batasuna, por encima del PNV (aunque no haya superado a éste en votos en la CAV). La presencia reforzada de UPyD en el Congreso como fuerza de choque contrapuesta al nacionalismo puede resultar, en ese sentido, útil y cómoda para el PP. El interés principal, no obstante, va a estar en la actitud que adopten los nacionalismos moderados vasco y catalán (de emulación o contención) respecto al discurso y a las exigencias del nacionalismo radical, crecido y dispuesto a rentabilizar políticamente el fin del terrorismo de ETA. Si esta cuestión reviste enorme importancia para todos, las prioridades inmediatas de los nacionalismos pueden manifestarse, sin embargo, en la actual encrucijada, muy alejadas de las preocupaciones de la mayoría de los ciudadanos. La manera de articular esta disparidad de tiempos será otra prueba de madurez para todos.

La reflexión se puede trasladar también a Navarra. El interés del 20-N estaba aquí fundamentalmente en si la política de bloques favorecida por UPN y el efecto llamada de Bildu, que acabó por desarbolar a la antigua NaBai llevándose consigo a Aralar, dejaría fuera del mapa político a los resistentes de la nueva Geroa Bai asediados por Amaiur. Contra todo pronóstico, la nueva formación, gracias a los aportes de los independientes antes que del PNV, ha revalidado el escaño de Uxue Barkos. El hecho, resuelto por un escaso margen de votos, tiene un fuerte significado simbólico. En el solar navarro todos somos vecinos de escalera, pero Geroa Bai ha conseguido delimitar un espacio político, libre ahora de cualquier sombra del entramado político de ETA, que esconde un potencial político de carácter transversal, capaz de recibir votos no nacionalistas y de llegar a acuerdos con otras fuerzas de centro izquierda, dejando como polos extremos de referencia a UPN y Amaiur.

Aunque UPN-PP no ha conseguido capitalizar el vendaval Rajoy y ha perdido incluso votos, a partir de los resultados del 20-N no se infiere ni la posibilidad ni la conveniencia de una operación de sustitución del actual gobierno foral, como se ha especulado incluso antes de las elecciones. El socialismo navarro necesita rehacerse tanto como el PSOE a escala nacional, asumir sus recientes fracasos electorales y renovar su liderazgo para preservar la propia organización, antes de pensar en liderar cualquier gobierno alternativo. Geroa Bai, por su parte, tiene que demostrar que además de liderazgo tiene equipo y organización detrás, antes de poder asumir responsabilidades de gobierno. UPN como principal fuerza responsable del gobierno tiene que ser consciente de sus limitaciones actuales de discurso y de la creciente exigencia social de ejemplaridad pública en todas sus actuaciones. El 20-N abre tiempos de madurez, de moderación y de responsabilidad para todos.

Publicado en Diario de Navarra, 22 de noviembre de 2011

sábado 5 de noviembre de 2011

La paradoja Rubalcaba

La espera a la que nos ha sometido a todos la política de Zapatero se hizo insufrible, antes del verano, hasta para el propio presidente del Gobierno, que acabó complaciendo al líder de la oposición con el anuncio del adelanto de las elecciones generales. Comenzó la cuenta atrás, pero como si se tratara de una bomba de relojería, lo que hacía la espera más angustiosa, al persistir la amenaza del reventón de España, sin que se tuviera seguridad de llegar a tiempo para desactivarla.

El miedo al fantasma real del rescate económico de España por parte de la UE ha determinado las últimas decisiones de verdad de Zapatero: el adelanto electoral y la reforma de la Constitución para consagrar en ella la estabilidad presupuestaria. Culminó así el giro político de 180 grados del mandatario socialista, no se sabe si por patriotismo o como súplica de última voluntad para no pasar a la historia como el desvencijador de España. Iniciada ya la campaña electoral, Zapatero ha presumido en el G20 de haber evitado el rescate de España, no ciertamente de haber llegado a los 5 millones de parados, pero ese logro (que está aún por ver, la prima de riesgo de los bonos españoles increméntandose) y el anuncio del final del terrorismo de ETA le permitirán retirarse con la conciencia tranquila a León después del 20-N.

La entrega del testigo a Rubalcaba ha sido complicada y la herencia del pasado pesa mucho. Rubalcaba se presenta como la continuidad del PSOE, pero exige un ejercicio de lectura difícil. Es conocedor del lado mas oscuro del PSOE en la etapa de Felipe González, ha sido corresponsable en el presente de las decisiones del Gobierno de Zapatero –inexistentes, malas, insuficientes o tardías– hasta ayer; y ahora quiere aparecer como un futuro que nada tiene que ver con el pasado y el presente. Eso es puro voluntarismo utópico, por imposible, que contradice el realismo y pragmatismo de que hace gala.

Invoca el poder de las ideas y su capacidad de llevarlas a la práctica, aunque desde que es candidato no ha hecho más que moverse en el terreno de la izquierda demagógica, comenzando por exigir del gobierno la recuperación del impuesto de patrimonio para armar el discurso contra los poderosos, responsables de la crisis, idea fuerte de su campaña. Y mientras desde el Gobierno se exige a las Autonomías el cumplimiento de los objetivos de déficit, Rubalcaba lanza al PSOE contra la política de recortes del PP en los gobiernos autónomos, aunque sea responsable el PSOE del despilfarro o de la mala gestión de importantes Comunidades, que desde el hundimiento socialista del pasado 22-M toca ahora sanear al PP. Frente a la política de recortes del PP el maná mágico de Rubalcaba, últimamente en petición de un nuevo plan Marshall para Europa.

Rubalcaba se muestra con pocas ideas para combatir la crisis y sus efectos. La pasada Conferencia política del PSOE, opción descafeinada del congreso extraordinario con que amagó a Zapatero para forzar su designación como candidato, ha resultado en efecto poco excitante, más allá de algunos sobresaltos. La financiación de la sanidad pública española va a depender paradójicamente de quienes atentan contra su propia salud, a quienes ha anunciado una subida de impuestos (tabaco y alcohol). Rubalcaba únicamente tiene ideas para después de la crisis, pero los españoles –al límite– quieren salir de ésta cuanto antes. Se evoca el mito del 93, cuando los socialistas ganaron contra pronóstico las elecciones, pero entonces lo peor estaba por llegar. La encuesta del CIS presentada ayer es demoledora para el PSOE, augurándole los peores resultados de su historia.

Rubalcaba criticó con dureza al PP por instrumentalizar políticamente la lucha contra el terrorismo, pero él ha jugado con el final de ETA como baza electoral para evitar la hecatombe socialista. Levanta asimismo la bandera socialdemócrata para salvar el Estado de Bienestar frente al PP que se dispone a liquidarlo, pero ha perdido una buena oportunidad en la mencionada Conferencia para explicar -pues no es de esperar que lo haga en la campaña- por qué el Gobierno del PSOE ha asumido antes que nadie la bandera del neoliberalismo radical de los ochenta, porque fue Milton Friedman y la escuela de Chicago, y no discípulos de Keynes, los que propugnaron que la estabilidad presupuestaria fuera un mandato constitucional.

Rubalcaba hace guiños al movimiento 15-M para atraerse la calle, pero rehúye personalmente los actos masivos. Es partidario de listas electorales desbloqueadas, pero no quiere primarias para él. Se reconoce socialdemócrata, pero pone su nombre por encima del partido, sabedor de que la marca PSOE no vende, y cifra en sus cualidades personales su imposible victoria sobre Rajoy, como si se tratara de elegir entre ellos dos, de medir quién es mejor o vale más como jefe. Es una actitud sorprendente, si no fuera desesperada, en un líder de izquierda, y que no trae buen recuerdo histórico. El debate acordado en TV entre ambos candidatos es un premio de consolación en este sentido, aunque está por ver que Rubalcaba vaya a ser el vencedor. Por mucha predisposición a creer que se tenga, motivos para hacerlo ya no hay.

Nadie niega a Rubalcaba que sea un político inteligente, moderado, valioso y respetado. Fuera de las exigencias del guión de toda campaña, hay un mensaje y un compromiso que muchos esperan oír de él. Que si se confirmaran los peores resultados para su partido, peleará para liderar y reconstruir el PSOE. Rubalcaba reúne las cualidades del líder de la oposición que se requerirá después del 20-N. Alguien maduro capaz de dialogar y de llegar a los grandes consensos que habrán de favorecerse desde los dos grandes partidos –al margen de que el PP obtenga o no mayoría absoluta– para acometer las inevitables reformas estructurales que nos esperan. Su voluntad de entendimiento con los nacionalismos moderados no será menos útil y eficaz ejercida desde la oposición, atrayéndolos de nuevo al espíritu de consenso que caracterizó a la Transición, y que tan irresponsablemente ha arruinado Zapatero.

viernes 21 de octubre de 2011

¿Final de qué?

ETA anunció solemnemente el 20-O, a un mes del 20-N, el "cese definitivo" de la actividad terrorista. Sin duda, esa decisión es una muy buena noticia para todos, aunque ha tenido distinto tratamiento en los medios. En la portada de hoy de Le Monde, ni aparece, lo cual es muy significativo, pese a que Zapatero y Rubalcaba agradecieron de manera particular a Francia y a su presidente Sarkozy la cooperación con España en la lucha contra el terrorismo. En España, las valoraciones del hecho, por parte de la opinión publicada, son diferentes.

ETA anuncia el cese definitivo de la violencia, pero ni se disuelve, ni entrega las armas. Es un paso necesario, pero no suficiente. ETA ha hecho de momento una buena performance. Escrito el guión (pactado o no desde hace tiempo con el gobierno de Zapatero, como algunos suponen), y después de recibir el aval de la Conferencia internacional de paz, reunida los pasados días en San Sebastián, que ha proporcionado a ETA una audiencia amplificada, su puesta en escena ha construido un relato fiel al mundo primitivo de sus creencias primordiales, justificándolas, pero que olvida a las verdaderas víctimas, pues es evidente que no cabe confundir víctimas con verdugos.

Zapatero ha exaltado el temple de la sociedad española, guiada por el estado de derecho, que permitirá que España sea "una democracia sin terrorismo, pero no sin memoria". Esperemos que así sea, ahora que contento él, ya tiene la tranquilidad de pasar en el último minuto a la Historia como el presidente que puso fin al terrorismo de ETA, al menos como un contrapunto a algo que pesa en su ánimo: que, en el marco de la Gran Recesión, se le pueda considerar también como el gran fautor del quebranto de España.

ETA no quiere desaparecer, sino transmutarse, sin bajar la cabeza, sin reconocer errores, sin renunciar un ápice a su pasado. La tranquilidad de la sociedad sólo será completa cuando ETA anuncie su disolución, afirmó ayer Rajoy, pero ETA pretende evitar esa necesidad, y hasta el tener que desprenderse de la pistola (no quiere utilizarla ya, pero la mantiene como si la organización en pleno buscara reemplearse como escoltas o ángeles guardianes de la democracia vasca).

Se insta a España y Francia (aunque este último país obvia a ETA como un problema suyo) a una negociación de las "consecuencias del conflicto", dicen los mediadores internacionales, teloneros del comunicado de ETA. ETA ya únicamente pretende una negociación técnica: la excarcelación de los presos y la desmilitarización del País Vasco, esto es, la salida de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, como si se tratara de un territorio ocupado. Ni más, ni menos, como si no hacerlo fuera a suponer un acto de venganza en contra de la justicia.

El líder del PP y previsible nuevo presidente del Gobierno encargado de gestionar la nueva situación después del 20-N, ha subrayado cómo la sociedad española ha sabido resistir al chantaje emocional de los terroristas durante décadas, y lo seguirá haciendo. La renuncia de ETA se ha producido "sin ninguna concesión y es sin duda el único camino en el futuro". La ley no es incompatible con la generosidad, pero el diálogo (no negociación) y la reconciliación debe ser seguir a la petición de perdón. ETA debe someterse a un ritual de purificación, si se quiere cerrar la brecha abierta durante tantos años, por muy pactado que pueda resultar el ceremonial a seguir.

Sin duda es buena noticia el anuncio realizado por ETA un mes justo antes del 20-N con el claro propósito de favorecer a la izquierda abertzale oficial (Amaiur) en las elecciones frente al PNV en el País Vasco o Geroa Bai en Navarra (y de paso hacer un pequeño favor al PSOE en devolución de algún servicio prestado). Está bien que ETA quiera hacer política, pero entonces que se disuelva y entregue las pistolas. La democracia es fuerte, pues ha sido ella quien ha vencido la amenaza de ETA forzándola a dar este paso. No es ETA quien está en condiciones de dar lecciones de política y democracia, sino de aprenderlas, y desde sus fundamentos.


Publicado en Diario de Navarra, 22 de octubre de 2011

sábado 17 de septiembre de 2011

Navarra - Política de bloques

La expectativa de una nueva política en Navarra, levantada en las pasadas elecciones autonómicas, parece disiparse por la misma aceleración de los hechos. La sorpresa electoral de Bildu hacía planear la duda sobre quien tiraría de quién en el futuro, si NaBai de Bildu, ejerciendo de maestro de ceremonias en la iniciación democrática de Batasuna, o, por el contrario, si Bildu-Batasuna de Nabai, haciendo peligrar el proceso que inició en su día la izquierda abertzale con Aralar, valiente al rechazar el terrorismo de ETA. El anuncio del adelanto de las elecciones generales al próximo 20-N ha despejado rápidamente la incógnita.

Lo que fue creado a instancias de Aralar (NaBai), se quiere destruir ahora con la complicidad de los propios dirigentes de Aralar, aunque éstos sean “sacrificados” en la operación. Aralar ha cedido a la presión y exigencias de Batasuna, sin que Batasuna haya dado todavía ninguna prueba fehaciente de su desmarque de ETA. Al final se ha vuelto al principio, a la casa del padre, y por muy seguros que estén algunos de que esta vez se llegará a la tierra prometida, no sabemos exactamente de qué se trata, si de la sempiterna llamada de los ídolos de la tribu para realizar la eterna nación soñada o de la necesaria apuesta democrática hasta ahora negada.

La duda expresada es más que razonable, y prueba de ello es que la decisión de Aralar de concurrir a las elecciones integrándose en un gran bloque nacionalista, ha sido contestada por buena parte de las bases del partido y antes por el resto de los grupos de la antigua coalición: PNV e independientes. Agrupados estos últimos en la recién constituida asociación Zabaltzen, han hecho un sorprendente llamamiento a la política de principios, con un expreso reconocimiento de la diferencialidad de Navarra como sujeto político, que llama la atención frente a los intereses geoestratégicos de que hace gala la política navarra dominante. La actual situación personal y política de Uxue Barkos ha engrandecido su figura.

La formación del bloque nacionalista ha reforzado la posición tradicional de UPN. Ante una posible victoria del nacionalismo vasco en las urnas que le haga aparecer como la principal voz de Navarra en el Congreso, Barcina ha apelado a la formación de otro bloque, la coalición UPN-PPN con el objeto de frenar la expansión nacionalista. Este planteamiento ha suscitado la respuesta airada del ex presidente navarro, que había puesto su nombre por encima de las siglas del partido, postulándose como candidato para encabezar las listas, y que ha visto traicionadas las líneas políticas maestras por él definidas, que pasaban por el distanciamiento de UPN del PP, aunque haya sido Sanz el inmediato inoculador en Barcina del miedo al nacionalismo como argumento ideológico y reclamo electoral.

La política de bloques sacrifica los principios y a las personas, y para la audiencia la actitud de Sanz es vista como la de quien ha perdido el poder y la iniciativa política, y se resiste a aceptarlo. El debate principal del momento es la determinación de la potencia rectora que ha de situarse al frente de la reunión de las partes para hacer efectiva la acción del bloque como un todo. De un lado, está claro que a ese papel nunca ha renunciado Batasuna, ni va a hacerlo ahora, y Aralar lo acepta. Del otro, ha sido UPN quien se ha acercado al PP, pero el partido regionalista se esfuerza por llevar directamente la negociación con los líderes populares nacionales, obviando a los dirigentes del PPN, para dejar a salvo la percepción dentro de Navarra de que es UPN quien ejerce ya de hecho esa función rectora.

La política de bloques de UPN y Batasuna consagra una dialéctica identitaria fuertemente ideologizada que conduce por sí misma a la desaparición o marginación en Navarra de las fuerzas y actitudes más moderadas en los diferentes espacios políticos. Es algo que ha sucedido en el pasado con PNV y CDN, que se está dirimiendo ahora con los independientes de NaBai y que plantea un interrogante respecto al futuro del PSN, que pese haber sido el gran perdedor el pasado mayo, se encuentra instalado en el sistema, pero es incapaz de explicar el papel que desempeña hoy en la política navarra, a modo de convidado de piedra en el Gobierno Foral junto a un partido que pacta electoralmente con su principal adversario a escala nacional.

A todos asisten razones para justificar la dinámica de bloques. Se antoja difícil derribar telones de acero que la sociedad navarra rechaza de fondo, ansiosa de un mayor respeto a la pluralidad del cuerpo social y al roce saludable propio de la convivencia cotidiana. La política de bloques esconde siempre intereses, clientelares o de otro tipo, en la defensa del statu quo para hacer creer que nada ha cambiado o que nada puede cambiar. Pero, hablando de telones y de bloques, la historia atestigua que la política y la sociedad son constitutivamente abiertas, y que toleran no sólo cambios paulatinos sino también inesperados y súbitos, que favorecen a la postre no a las posiciones más extremas y radicales, sino a las moderadas y templadas, fuente y exponente -allá donde se encuentren- de las mejores virtudes cívicas.

Publicado en Diario de Navarra, 16 de septiembre de 2011