miércoles, 13 de mayo de 2009

Solo ante la crisis


El peligro es la crisis y el presidente del gobierno de España se encuentra solo ante el peligro. Así se ha manifestado en el último debate sobre el estado de la nación.

Apenas un año después de su reelección, cómo han cambiado las cosas. Era prácticamente ayer cuando Zapatero se afanaba en negar la crisis al tiempo que, ufano, pretendía presentar la vergonzosa soledad del PP como la prueba irrefutable de sus mentiras capitales. Hoy las mentiras de Zapatero se desprenden por sí mismas de la contundencia de unos datos irrefutables. Basta, en efecto, evocar la cifra actual de paro, que camina hacia el 20%, para resumir -como decía ayer Rajoy- el estado de la nación. Zapatero le reprochó al líder popular su manera faltona, pero las verdades siempre duelen, cuestiones de estilo aparte.

Algunos celebran que Zapatero haya tenido la valentía y la honradez políticas de reconocer errores. Con que poco nos conformamos. Ha reconocido solemnemente que erró en sus previsiones, pero eso no es reconocer errores, sino rendirse simplemente a la evidencia, antes de que te tomen por tonto o por loco. Y ni siquiera lo ha hecho con naturalidad, puesto que ha pretendido con ello disfrazar su censurable y censurada actitud de engaño a propósito de la crisis por puro cálculo electoral.

A Zapatero le están aplicando un poco de su misma medicina, y quien se encuentra hoy sin credibilidad y en una angustiosa soledad parlamentaria es él y su partido. Los nacionalistas les han dado la espalda y únicamente les resta a los socialistas echar miradicas de reojo a las formaciones minoritarias del grupo mixto para intentar salvar más que la situación, la cara.

Viajes al pasado (Bush-Aznar), frivolidades de lenguaje (qué feliz ocurrencia la de Zapatero al relacionar el debate sobre el 11-M con la misteriosa muerte de Elvis Presley), acusaciones al hombre (Rajoy disfruta con cada nuevo parado, afirmación que indignó al presidente del PP), viejos trucos que causan poco efecto y mucha preocupación, por lo que manifiesta de pobreza de recursos políticos frente a una realidad como la española que es estremecedora y niega el futuro a tanta gente.

Zapatero sacó, como tiene acostumbrado, algunos conejos de la chistera, aunque varias de las medidas anunciadas sean, en su origen, propuestas del PP, signo de que el mago socialista ha dejado de serlo. En verdad Zapatero, desmejorado por la crisis, se ha convertido en fakir y esta vez soltó también una serpiente de cascabel, que fijos sus ojos en las clases medias se dispone a golpearlas y asfixiarlas. 

Zapatero no admite ninguna responsabilidad, ni en la crisis ni en sus consecuencias. Pero ya no se comporta como un ser angelical. Sigue, es cierto, dale que te dale con su tómbola, donde siempre toca algo -le espetó Durán y Lleida-, pero no ofrece ya socorro y amparo a los parados ni a los más necesitados. No sólo eso sino que Zapatero se dispone a dejar desamparados además a los sufridos integrantes de las clases medias.

O reaccionan por las buenas o lo hacen por las malas. Y va a ser por las malas, porque o le sacan a él de la crisis y comienzan a mover el cotarro comprando una vivienda ya, es decir antes del 2011 (al precio que sea, y por supuesto con mucho esfuerzo por parte de las familias, más ahogadas que nunca), o se van a enterar porque se quedarán sin deducciones fiscales por vivienda a partir de esa fecha, y lo pasarán aún peor en adelante.

El tono político ha cambiado. Pobre Zapatero. Qué desesperación. Ni busca el acuerdo ni se lo ofrecen, pero tampoco es fácil lo segundo cuando anuncia medidas que implican la colaboración de las Autonomías, y no se ha molestado siquiera en convenirlas con ellas. Zapatero se ha colocado solo ante la crisis y solo ante las elecciones, porque ésta seguro que muchos se la guardan y se la hacen pagar a la primera de cambio. En las elecciones de junio. 

Solo en su laberinto Zapatero se encamina al plebiscito en que él mismo ha convertido las próximas elecciones europeas. Que se encuentre solo ante el peligro no es ningún consuelo, a la vista del peligro en que su falta de previsión y, sobre todo, su inacción ha dejado al conjunto de los españoles. 

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