martes, 19 de julio de 2011

Espera insufrible

España se encuentra esperando no se sabe a qué. No porque nadie sepa qué le conviene a España, sino porque nadie da realmente un paso en esa dirección. Nadie es inocente, pero no todos son igualmente responsables de una situación crítica que ha desandado ya buena parte del camino recorrido colectivamente desde la instauración de la democracia y que amenaza con hipotecar el futuro de varias generaciones de españoles. En un mundo trepidante, como el que nos brinda la tecnología, la espera produce desdén, pero puede conducir del desprecio a la ira cuando esa espera se antoja sin sentido a los ojos de quienes la sufren. Una cosa es la paciencia, otra la resignación y una tercera la tontería. Y de tonterías de sus políticos, los españoles están dispuestos a admitir ya las justas.

Zapatero sigue esperando a que por arte de magia se aquieten esss aguas turbulentas que son los mercados, y las manos negras visible o invisibles que los agitan y juegan con la prima de riesgo de nuestra deuda y el déficit, poniendo a España un día sí y otro también en alerta roja. O espera cuanto menos a que una voz interior le revele los tiempos más favorables para la convocatoria de elecciones generales. Mientras tanto Zapatero no hece nada más que exigir responsabilidades ante la crisis a quien le solicita el adelanto electoral, como se pudo ver en el pasado debate del estado de la nación, ante la insistencia del PP en ese sentido. Zapatero espera, no se sabe realmente a qué ni para qué, porque cualquier argumento suyo queda inservible al minuto siguiente, y esa espera se hace insufrible.

El flamante nuevo candidato oficial socialista, Rubalcaba, se ha instalado también en una posición quasi-metafísica, por mucho que presuma de realista. Ha precipitado su salida del gobierno bien por el posible adelanto electoral, bien porque pretenda desentenderse de la gestión de la crisis, de la que ha sido hasta tan responsable como Zapatero. Su proyecto, tal y como lo ha presentado a los suyos, es para cuando se supere la crisis. Pura expectativa de futuro bajado del cielo. Con ello podrá devolver el ánimo a los socialistas más ingenuos, pero no inspira confianza alguna a la sociedad española que ve cada día como se le abre el suelo bajo sus pies, y no comprende ni admite esa espera sin sentido.

Rajoy también espera, y mientras tanto tampoco hace nada más que reconcomerse pensando en que aunque este tiempo de inacción seguramente le favorezca electoralmente, es angustioso y enormemente costoso para el país. Porque si no lo pensase sería cómplice de esta situación, y el más miserable de todos en el juicio final, con minúsculas, que con perspectiva habrá que hacer de este desangrante compás de espera, después de la enorme responsabilidad que los españoles, a la desesperada, han confiado al PP en las pasadas elecciones autonómicas y municipales. Pero in spes contra spem, y tal como vienen las cosas aún tendremos que sufrir, cuando sea, una campaña electoral a la medida de nuestros políticos a costa de los trajes de Camps y el Faisán de Rubalcaba, ahora que hay juicios al respecto a la vista, a no ser que asome de improviso por alguna parte un gramo de grandeza.

viernes, 3 de junio de 2011

Navarra - Nueva política

Tras las elecciones municipales y autonómicas del pasado 22-M, todos o casi todos en Navarra se han sentido vencedores. UPN se ha alegrado porque ha vuelto a ganar las elecciones y se congratula de doblar en escaños al siguiente partido con representación parlamentaria. El PP no ha dejado de calificar de históricos sus resultados, y en verdad lo son porque por primera vez se hace presente en las instituciones con su propia marca. NaBai se muestra satisfecha de haber resistido heroicamente en el Ayuntamiento de Pamplona y de que el conjunto de la izquierda abertzale haya ganado posiciones con respecto a 2007. Izquierda-Ezquerra celebra también su vuelta a ese mismo ayuntamiento, por más que sea de la mano de Batzarre. Y Bildu está realmente entusiasmado de haber dado la gran sorpresa en estas elecciones.

Pero, por mucho que nos guste la fiesta, no todos están felices. CDN, como estaba escrito, ha desaparecido del Parlamento de Navarra sin que nadie entonara en la noche electoral un réquiem por ellos, ni haya lamentado la pérdida de lo que durante 15 años ha constituido posiblemente el mejor ejemplo de política inteligente en Navarra. La situación del PSN, por último, es realmente comprometida. Puede argumentar, como Zapatero en el contexto español, que el culpable de sus males es la crisis. Pero la crisis del PSN viene de lejos, de los casos Urralburu y Otano, y en la posición que le han dejado los resultados obtenidos, no tiene fácil arreglo. En otro contexto, ser llave del gobierno puede proporcionar un enorme poder; en el nuevo escenario navarro, es posible que resulte un interminable tormento antes de llegar a lo peor.

Al margen del guión y de la puesta en escena realizada en su momento, el éxito de la estrategia de ruptura de UPN y PP, diseñada por Miguel Sanz para asegurar con perspectiva de futuro la estabilidad del Gobierno Foral, es más que discutible a la vista de estos resultados. La actual fuerza del centro derecha (UPN+PP=23) ha disminuido con respecto a 2007 (UPN+CDN=24) al igual que la de los llamados a entenderse juntos por siempre (UPN+PSN, que retroceden de 34 a 28 parlamentarios, dos arriba de la mayoría absoluta). Si la alianza estable de UPN con el PP maniataba a los regionalistas impidiendo su libertad de entendimiento con el PSN (y así se argumentó para la ruptura del pacto), la necesidad de un entendimiento futuro de UPN con el PP (tanto en Madrid, si el PP ocupa como es previsible el Gobierno de España, como en Navarra, para asegurar llegado el momento la política del Amejoramiento), no dejará en mejor situación a los socialistas navarros.

La política anti-nacionalista que ha nutrido históricamente el discurso de UPN, y que ha guiado las previsiones sucesorias de Miguel Sanz, refuerza al nacionalismo (NB+Bildu=15, frente a los 12 anteriores de NB), no a UPN, y menos al PSN (-3). El voto del miedo habitual en la derecha, potenciado por la decisión política del Tribunal Constitucional sobre Bildu, posiblemente explique que UPN haya conseguido algún escaño más (voto útil en detrimento del PPN) de los pronosticados por las encuestas antes de ese momento, pero esa reacción ha beneficiado muchísimo más paradójicamente al victimismo de que ha hecho gala Bildu. Todos han apelado desde el 22-M a la responsabilidad del PSN, pero nadie se ha hecho cargo verdaderamente de la alternativa en que se encuentra: el suicidio político si optase por el llamado ‘gobierno de progreso’ (que requiere el apoyo de Bildu), o resignarse a ser comparsa de UPN en la política navarra. Haga lo que haga el PSN, no le favorece a corto plazo. Que pudiera o no entrar en un gobierno de coalición con UPN es una cuestión menor, pues es sabido que en cualquier coalición sale reforzado el partido que la dirige, y castigado el otro.

Esta lectura de los resultados del 22M exige de todos una nueva política en Navarra. Es ante todo la hora de Bildu. La fuerza con que ha irrumpido, llevándose por delante a Aralar en el País Vasco, intranquiliza sin duda sobre quién tirara de quién en Navarra: si NaBai de Bildu, o Bildu de NaBai, supuesto este último que supondría un claro retroceso en el costoso proceso recorrido por la izquierda abertzale con NaBai (puesto que EA actualmente apenas proporciona a Bildu un escaso número de dirigentes). Pero también UPN, que como partido mayoritario de Navarra revela en sus bases una evidente pluralidad, debe hacer un esfuerzo por encarnar una nueva política mucho más sensible al reconocimiento real de la diversidad social y cultural de Navarra. El nuevo liderazgo de Yolanda Barcina, si consciente de su misión afirma su propia personalidad política para traducir el carisma en eficacia histórica, puede favorecerlo y eso, sin duda, facilitará las cosas al PSN que tiene como primera tarea la recuperación de su propia autoestima y de su identidad, perdida en algún lugar de su laberinto.

Publicado en Diario de Navarra, 25 de mayo de 2011

domingo, 29 de mayo de 2011

K.O y tongo

Lo que estaba ahí, lo que se sabía que iba a pasar, se ha hecho evidente en y después de las elecciones del 22-M. La derrota del PSOE ha sido por K.O., rotunda, sin paliativos, histórica. Zapatero, en un gesto valorado, salió a dar la cara en la noche electoral. Las elecciones municipales y autonómicas se habían convertido en un plebiscito sobre su persona y sobre su política, aunque quiso evitarlo anunciando tarde que no repetiría como candidato en 2012. Zapatero la noche del 22-M quiso encarnar la derrota hasta cierto punto, porque responsabilizó a la crisis de ella, y claro, la crisis no puede asumir responsabilidades políticas. A los pocos días, en su primer cruce con Rajoy, volvió a referirse a las 'circunstancias' negando que él o su gobierno tengan que ver algo con la pérdida de 'confianza' en España.

No ha habido ningún consuelo. Si el PSOE llega a gobernar en alguna autonomía no será por méritos ni votos propios, ni siquiera en Extremadura. Castilla-la-Mancha, Asturias, Aragón, todas las capitales andaluzas: la hecatombe del PSOE se ha producido donde más puede dolerle. La broma del TC sobre Bildu, que ha irrumpido con enorme fuerza en Navarra y País Vasco, ha hecho tambalearse al propio lehendakari López. El PNV no ha tardado en pedir su dimisión y hasta ha sembrado de dudas su disposición de seguir sosteniendo a Zapatero en el Parlamento, a pesar de que después de la decisión del TC el partido nacionalista sacó pecho para declarar que había hecho lo que se puede contar y lo que no para lograr que Bildu estuviera en las elecciones, y que 'suspendía la suspensión' del apoyo político con que había amenazado al gobierno en caso contrario.

Pero Zapatero ni siente ni padece, porque trabaja para la gloria, para salvar de los infiernos a que nos ha llevado a todos, su propio nombre. Insensible a lo que ha provocado, rechazó de entrada cualquier posibilidad de adelanto electoral para emplearse a fondo en las reformas que España necesita, pero que hasta ahora sólo ha impulsado tarde y mal. Su escasa capacidad de entender y de embrollarlo todo se ha manifestado también en su intento de continuar el juego de las primarias, que únicamente cabía comprender desde una sorprendente voluntad de ceder el testigo a Carme Chacón, y que Rubalcaba ha cortado en seco, porque nunca ha estado dispuesto a perder el tiempo con unas primarias como condición previa para subirse a una locomotora sin rumbo que para colmo sólo él es capaz de controlar.

Zapatero, una vez más, dice una cosa y hace o asume la contraria sin pestañear. El discurso de la democracia interna del PSOE frente al 'dedazo' del PP para elegir sucesor ha durado un suspiro. Lo que le ha costado darse cuenta a Zapatero de que sin el consentimiento de Rubalcaba no aguanta al frente del partido ni del gobierno. Patxi López, próximo a Rubalcaba, le sirvió el mensaje en forma de petición de celebración inmediata de un congreso del partido donde se renovaran los cargos y el proyecto. Tal posibilidad, apartando a ZP de la secretaría general, abría asimismo la puerta al adelanto de elecciones generales, pues no tendría sentido para su propio partido -sin ser candidato ni ostentar autoridad orgánica alguna- la permanencia de Zapatero en el gobierno.

Con muy pocas palabras el lehendakari López, con el respaldo del PSE, humillaba con frialdad a Zapatero como ZP ha humillado a López a costa de sus relaciones y concesiones directas al PNV, y el PNV a López pidiendo su dimisión como consecuencia de los resultados municipales vascos. A partir de ahí la ceremonia de la confusión no ha hecho más que aumentar. Quien no había hecho más que dar un paso adelante en la intimidad, Carme Chacón, se ha visto forzada a dar públicamente un paso atrás, renunciando a presentarse a unas primarias que nadie había convocado. Y quien había prometido ser neutral en ese proceso, Zapatero, se adelantaba ayer a presentar y defender a Rubalcaba ante el comité federal del PSOE como su sucesor.

Más que golpe de Rubalcaba, lo que ha habido es tongo. Zapatero, seriamente golpeado desde hace más de un año, ha debido y tenido oportunidades de dimitir antes del 22-M, y hasta de elegir la manera de hacerlo, como he comentado alguna vez aquí, para que esa salida no perjudicase ni al país ni al PSOE. La situación a la que se ha llegado es la más absurda. Se acepta que un ZP groggy permanezca amarrado al timón para no caer, y quienes conviven dentro del gobierno y son corresponsables de su falta de dirección política, tanto Rubalcaba como Chacón, son quienes se postulan como expresiones de sendos proyectos de renovación y cambio profundo, al parecer incompatibles entre sí. No han sido capaces de hacerlos valer durante años dentro del actual gobierno al que pertenecen, pero no se sabe bien por qué uno de ellos, Rubalcaba, sin prescindir de quien marca la política del gobierno y del partido, Zapatero, va a conseguirlo ahora en unos pocos meses.

Claro, a no ser que haya algo que pueda unir a Zapatero, Rubalcaba y López en sus respectivos intereses inmediatos, lo que de existir fortalecería la sensación de tongo. Y puede que exista, pues es evidente que no habría sucedido nada si Bildu no se hubiera presentado a las elecciones y tuviera que haber acreditado de aquí a las elecciones autonómicas vascas su fe democrática. Pero la presencia de Bildu en el escenario (sobrevenida por el exceso de celo político del TC, o por el 'imperativo de las circunstancias' que tanto valora actualmente el presidente Zapatero) fortalece la vía de la negociación para el final de ETA. Se puede y se debe reprochar, a todos, PP y PSOE, que se quiera instrumentalizar con fines partidistas el terrorismo. Pero la cuestión fundamental no es esa sino otra: ¿qué se puede negociar con ETA a estas alturas?

viernes, 6 de mayo de 2011

TC Bildu

El hecho es claro: una y otra vez, por enrevesado que pueda ser el camino, están en las elecciones. ¿Quiénes? Los que no se atreven a cortar amarraras con ETA. Solos o acompañados, con un nombre u otro, en mayor o menor número, pero acaban estando y acaban haciendo el juego a ETA, y dificultan su final. ETA, Batasuna, Sortu, Bildu. En el principio siempre está ETA y ETA, que no es el Verbo sino la Violencia, no puede tener legitimidad democrática alguna.

El Tribunal Constitucional ha enmendado sorprendentemente la plana al Tribunal Supremo, que había fundado su decisión contraria en la investigación y en las pruebas recogidas por las Fuerzas de Seguridad del Estado. El TC está a otra cosa. Si fuera verdaderamente TC estaría a lo fundamental y nos sentiríamos tranquilos y aliviados. Pero como hace tiempo que no se trata de un Tribunal Constitucional sino de uno Político-Constitucional, pues entonces el sentimiento de preocupación o de vergüenza cunde y con razón.

El voto de los magistrados, como nos tienen acostumbrados, ha sido político. El pleno no ha tenido ni tiempo de estudiar a fondo las razones del Supremo. Da igual. Los magistrados propuestos por el PSOE (con la excepción de Manuel Aragón, que le salió rana en tiempos del Estatut, y de ahí la urgencia que tenían los socialistas para forzar la renovación parcial del tribunal y aumentar los efectivos "progresistas") han votado a favor de la presencia de Bildu, y asunto concluido.

Zapatero ya puede dormir tranquilo, que estaba muy preocupado con la amenaza del PNV de retirarle el apoyo parlamentario si Bildu no estaba en las elecciones. El escenario era terrorífico para Zapatero: fenomenal batacazo del PSOE en las elecciones autonómicas y municipales, como presagia la encuesta del CIS publicada ayer (el anuncio de la retirada de Zapatero queda sin efecto), y soledad parlamentaria que no le dejarían otra salida que precipitar la convocatoria de elecciones generales para el próximo otoño.

Pero el terror de ETA sigue guiando los pasos de la izquierda abertzale radical, con la anuencia no sólo de algunos partidos nacionalistas, sino a la postre del propio Rubalcaba-Zapatero, por mucho que se hayan querido cubrir las apariencias con la escenificación de la presunta iniciativa del Gobierno y de la Fiscalía en contra de las listas de Bildu. Esto es lo que percibe la ciudadanía y lo que resulta cada vez más difícil de aceptar, sobre todo si se pretendiera jugar de nuevo la carta de la negociación política del final de ETA en beneficio partidista.

sábado, 9 de abril de 2011

Interinidad y descomposición

Zapatero, a un año vista, ha anunciado que no repetirá como candidato en 2012. Qué arrojo, qué enormidad. O estamos ante un genio de la prospectiva, o lo que sucede al aún presidente del gobierno y secretario general de su partido es que es un ciego consumado y además bastante caradura. ¿Por qué hace lo que hace, que es no hacer nada? Esa decisión, que ni siquiera ha podido contar con el factor sorpresa, no aporta nada a la disminución del paro del mes en curso ni a la solución de ninguno de los grandes problemas del país. El anuncio, por lo demás, es sorprendente cuando en el horizonte inmediato lo que se avistan son unas elecciones autonómicas y municipales a las que de ningún modo se iba a presentar ni podía ser candidato. 

Zapatero se quiere ir con el mérito de no haber perdido ninguna de las elecciones a las que se ha presentado. De nuevo, qué enormidad para la Historia. Zapatero no ha querido que las elecciones autonomicas y municipales de 2011 se planteen como un plebiscito sobre su persona, pero no podrá evitar que lo sean sobre su política, ni podrá paliar con su anuncio la debacle electoral del PSOE en mayo, que se anuncia histórica, esto sí. El cortoplacismo y las miras partidistas es el único resorte que sigue funcionando en Zapatero. La situación de interinidad saliente en que se ha instalado y quiere instalarnos es insólita y bastante pueril, por demás.

Pensando no ya en España, sino en su propio partido lo que tendría que haber hecho es dimitir: si no de la presidencia del gobierno, para evitar unas primarias sangrientas, de la secretaría general del partido, para ser realmente neutral en el proceso de elección del sucesor. El ya no estoy pero sigo estando de figura estante y con ganas de figurón sólo puede traer desconcierto, confusión y a la postre descomposición en su propio partido, como ya se está produciendo en Andalucía. Si con el gran anuncio pretendía un revulsivo en su partido, lo único que se ha producido por el momento es un gran retortijón que anuncia males mayores, porque por mucho que Zapatero pretenda hacerse invisible, no puede autoeximirse de cualquier responsabilidad pasada, presente o futura.

No se puede hablar de la sucesión hasta después de las elecciones de mayo, pero el anuncio se hace antes, para intentar detener la caída y para evitar tener que presentar la dimisión después. Pero no pasa nada, todo es normal y todo debe hacerse a su debido tiempo (¿?). Rubalcaba debe estar feliz con el gran estratega. Rubalcaba a esta alturas de su película política no está para disputar unas primarias a nadie y menos a una niñata, en el sentir de algunos, que no sabe siquiera qué sabe hacer bien, pero Chacón no tiene nada que perder e irá a por todas. Si no hay arreglo previo -lo que podrá verse como tongo en el gran festival de la "democracia y democracia" a la que invita Zapatero dentro de su partido cuando hay más de un candidato que aspira al poder interno- habrá descomposición.

¿Este espectáculo y este desgaste al que somete a su propio partido, es preferible para España en estos momentos a la propia dimisión de Zapatero como presidente del gobierno? Si Zapatero es consciente de que él es un problema, como parece deducirse de su anuncio-decisión, se ha quedado muy corto. Lo de menos es que sea un problema para su partido. La cuestión es que sigue siendo un problema para la salida de la crisis profunda y general que sufre el país. Y para eso, un año, el año que dice que resta para el fin de la legislatura, se antoja una eternidad, que nadie y menos Zapatero puede afrontar, porque no solamente ha reconocido que no tiene la conciencia tranquila, sino que ha demostrado que no puede hacerse respetar.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Una de guerra

En lo que queda de Zapatero ya sólo faltaba ver una de guerra, y ya la tenemos, aunque el otrora pacifista y defensor de la alianza de civilizaciones con mayúsculas se resista a emplear el término. Oficialmente España participa en una misión humanitaria desenvuelta dentro de una operación militar que se emplaza dentro de una guerra. Guerra no, pero sí, para entendernos.

Zapatero se fue a Túnez antes que nadie a presumir de la Transición democrática española que ha ninguneado en sus años de gobierno. Cuando los rebeldes libios se alzaron contra Gadafi no dijo ni hizo nada. Pero como los lideres occidentales habian desahuciado al Coronel y el Coronel estaba machacando a los libios, Obama, Sarkozy y Cameron no tuviron más remedio que intervenir en el último minuto, y Zapatero no pensó que se pudiera hacer otra cosa, a pesar de que la señora Merkel, que es quien le pone los deberes últimamente, dijo que no, que Alemania no se sumaba a la operación. Pero claro España no tiene el peso de Alemania, ni siquiera el que tenía antes de que Zapatero llegara al poder (delirios de grandeza de Aznar aparte), y Zapatero en esta tesitura no puede hacer lo que quiera. Se puede ver así, desde la debilidad, aunque desde la debilidad y la crisis galopante que sufre, todo el mundo entendería que España se hubiese limitado a dejar utilizar sus bases por la Coalición sin necesidad de participar, ni mucho ni poco, en las operaciones militares.

O sea que Zapatero ha querido su guerra, al igual que Sarkozy necesitado de protagonismo, para recuperar imagen y visibilidad internacional en momentos bajos de credibilidad (y de autoestima personal en el caso del español, porque en esto el francés continúa sobrado). Antes de que nadie le hubiese preguntado nada, Zapatero manifestó que España tendría un papel importante en la misión. Y adentro, sin esperar a conseguir la autorización del Parlamento, que él mismo se había empeñado en exigir para cualquier intervención militar cuando llegó a Moncloa y retiró de inmediato las tropas españolas de Irak, que no participaron en la guerra contra Sadam, sino en la reconstrucción posterior del país, aunque Aznar prestara apoyo político a esa guerra desde el comienzo. Zapatero está participando en la guerra y prestará apoyo político sea cual sea la fórmula de dirección política que se decida más allá de la coordinación militar. Pretender encontrar rasgos de coherencia en el actuar de Zapatero a estas alturas es sencillamente imposible y apenas tiene ya interés puesto que se trata de un personaje en liquidación.

Aznar valoró las posibilidades que podían abrirse para España con la reconstrucción de Irak. Los aliados se cuidan mucho ahora de transmitir  la imagen de una guerra por petróleo, o incluso de que se trata de abatir a un dictador, aunque todos reconocen -comenzando por Obama- que mientras Gadafi se mantenga en el poder, persistirá la amenaza contra la población civil a la que se trata de proteger. No se sabe qué va a pasar entonces, ni cuánto va a durar el conflicto, ni si será necesaria una intervención o permanencia terrestre (sería razonable si se quiere paliar la catástrofe humanitaria), y a nada de eso pudo responder Zapatero ayer en el Parlamento. Los españoles mientras tanto hacen sus cálculos, porque a mil litros de combustible la hora de vuelo de nuestros cazas F-18, en buena lógica, si Zapatero fuera coherente, habría que rebajar la velocidad en las autopistas y autovías españolas no a 110 sino hasta los 60 km/h para ahorrar, porque se supone que las arcas están vacías y de combustible andamos justo y no podemos malgastar. Claro, que igual lo estamos cobrando por adelantado a cuenta de la nueva Libia. La que se va a armar.