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martes, 3 de octubre de 2017

La paradoja del 1-O


viernes, 26 de junio de 2015

Movimientos para un gobierno


Los ciudadanos votaron, la ley electoral hizo su trabajo y los resultados son los que son. La hermenéutica y la cocina corresponden a los políticos, que tienen que determinar y negociar el mejor de los gobiernos entre los posibles. Entre los posibles en la práctica a día de hoy. Habría fórmulas novedosas sugeridas por la simple lógica aritmética (UPN+GB+PSN) que, sin embargo, son inviables por la misma disposición de los partidos y de la concepción que han alimentado de la cultura política navarra. Pero afortunadamente la cultura política es un hecho social que evoluciona y se transforma con la propia sociedad; y a todos corresponde la responsabilidad de no reducirla a la lógica partidista o a parámetros puramente ideológicos que pudieran consagrar un escenario de permanente conflicto o enfrentamiento entre culturas o subculturas políticas que acaben vaciando de sentido el referente comunitario y la propia especificidad navarra.

Llamó la atención que Geroa Bai se adelantase y no dejase a la fuerza más votada la iniciativa de contactar con las demás fuerzas para intentar formar gobierno. Aunque esas conversaciones hubiesen durado media mañana, el ritual democrático debe cumplirse ceremoniosamente. Los ciudadanos no han votado un gobierno cuatripartito (no se presentaron en coalición), ni el gobierno puede fundarse sobre un programa basado en la teoría de conjuntos que, a base de uniones e intersecciones, deje desatendidos o diluya los verdaderos problemas y necesidades actuales. Las llamadas fuerzas del cambio lo saben. Es más fácil ponerse de acuerdo para desalojar a la derecha regionalista del poder (máxime cuando ésta ha hecho suficientes méritos para ello), que conseguir conciliar planteamientos políticos, económicos y sociales contrapuestos, como son los que figuran en sus respectivos programas.

GB arriesgó mucho en una campaña donde lo que podía parecer un excesivo personalismo se postulaba como voluntad de liderazgo del cambio. Ha conseguido ser la segunda fuerza, pero está por ver si será capaz de hacer valer sus planteamientos. Bildu anunció la misma noche electoral quién sería el próximo alcalde de Pamplona, y su poder con el apoyo de GB se ha extendido por los principales municipios navarros. Un movimiento y un argumento que puede utilizarse para que Bildu no esté en el gobierno foral. Algo parecido ha sucedido con la recién llegada Podemos, elevada a la presidencia del Parlamento, y dispuesta a abrir sus puertas para dar voz a los movimientos sociales, lo que está muy bien, aunque más acorde con la nueva política sería que todos los parlamentarios se propusieran salir de su comodidad y patear la calle para pulsar, no sólo a sus bases o a sus militantes, sino para reconocer desde dentro los medios de los que puedan sentirse política, social y culturalmente más alejados, si realmente se quiere profundizar en la pluralidad y en la voluntad de entendimiento.

Para Bildu el poder municipal, para Podemos el Parlamento y para GB libertad para conformar y ejercer el Gobierno. Cuatro partidos son multitud. Este parece ser el próximo movimiento, y cuanto más rápido mejor, una vez se hayan convenido unas mínimas bases de gobierno. Distinto es que se permita hacerlo, pues Bildu no ha dejado de manifestar su voluntad de entrar en el gobierno y GB dispone únicamente de 9 escaños. GB tiene prisa, pero es importante lo que termine sosteniendo el papel del acuerdo, por más que el principio de realidad acabe enfrentándose luego al pensamiento mágico, pues no por el hecho de enunciar las cosas éstas se cumplen sin más. El texto pactado previamente a la constitución del Parlamento ya da en todo caso algunas pistas, por lo que dice y por lo que se cae. Por ejemplo, la exigencia de inmediata disolución a ETA, que figuraba en el programa de GB, ya no está. Primera concesión a Bildu.

Sí se alude a la condena de todas las violencias, aunque se queda corto. Si nos remontamos al golpe militar del 36, por qué no reprobar también las guerras carlistas o la violencia de la conquista de Navarra. No se puede relativizar el terrorismo de ETA durante la democracia, diluyéndolo en un mar de violencia, como si fuera un simple episodio en una larga historia que implica a todos por igual. Una cosa es no criminalizar al conjunto del nacionalismo a costa de ETA, y otra pretender inmunizarlo de esa historia de terror, por mucho empeño que ponga la izquierda abertzale en ese sentido. Semejante argumento no hace ningún favor a GB. El reciente pronunciamiento del Lehendakari vasco sobre las víctimas de ETA resulta elocuente. GB necesita a Bildu para la investidura de Barkos, pero no mucho más allá. El cisma dentro del nacionalismo acabará marcando el compás de la legislatura. Aunque siempre cabrá un segundo tempo, buscando GB la armonía con el PSN, si es que Podemos no da la nota.

Publicado en Diario de Navarra, 26 de junio de 2015

sábado, 10 de marzo de 2012

El poder o la calle

Era previsible, pero no ha dejado de sorprender. La calle se ha incendiado con demasiada rapidez, apenas dos meses después de la llegada del PP al poder. Lo que Zapatero temía, lo que a Rubalcaba le preocupaba como ministro de interior, la posibilidad de un estallido social, se utiliza ahora como estrategia de oposición. Claro que jugar con gasolina siempre es peligroso, y puede quemar a lo bonzo a los propios pirómanos.

El jefe de la oposición confía en su verbo fácil, a veces traicionero: “El problema no es la violencia, sino que alguien quiera relacionar al PSOE con la violencia”, ha dicho. No, señor, no. El primer problema en una democracia siempre es la violencia, cuando ésta pretende convertirse en sustituta de la palabra o en arma de presión frente a los poderes institucionales legítimamente sostenidos por la ciudadanía. Alentar la presión en la calle como un ‘poder revolucionario’ contra el ‘poder legal’, reverdeciendo viejos mitos de los dos últimos siglos, no es precisamente la mejor garantía de futuro para una izquierda en crisis.

El PP con los obispos y el PSOE con los sindicatos, “cada oveja con su pareja”. Se puede esperar algo más de la calidad de nuestro debate público, pero esta permanente instalación en la demagogia revela el verdadero drama de determinadas organizaciones políticas o sociales cuando experimentan la drástica pérdida del poder: su dificultad de adaptación a la vida normal democrática. Lo propio de la democracia es el control de los gobernantes por parte de los gobernados, dentro de las reglas institucionales fijadas, pero al final lo que gusta y satisface es el disfrute del poder.

En eso vienen a coincidir actualmente el PSOE y los sindicatos. Al margen de las viejas afinidades ideológicas, uno y otros arreglaron un matrimonio de conveniencia en tiempos de Zapatero: la desactivación de cualquier movilización real contra el gobierno socialista, a pesar de la aguda situación social generada, a cambio del fuerte incremento de las subvenciones y del consiguiente fortalecimiento de los sindicatos. Nadie discute el papel histórico de los sindicatos, ni siquiera su necesidad actual, aunque tampoco es un secreto que su poder en España nace de la colaboración prestada por UGT a la dictadura de Primo de Rivera y de la habilidad de CCOO para revertir en provecho propio el legado del Sindicato Vertical franquista. Ahora que tanto el PSOE como los sindicatos han perdido o ven amenazados su poder, se encuentran de nuevo en la calle… para desestabilizar al gobierno del PP que, por supuesto, es quien da motivos para que salgan a la calle, como ha dicho la nueva portavoz socialista.

La calle está para disfrutarla y para gastar cuanta zapatilla sea necesaria para hacer oír nuestra voz, como todos hemos sentido alguna vez la necesidad de hacer. Pero con tanta gente en la calle comienza a reinar la confusión y se detectan problemas, porque al final sucede lo mismo: es muy importante que se sepa quién manda en la calle. Los sindicatos andan preocupados con el movimiento 15-M, o con sus restos, para que no capitalicen el éxito de las movilizaciones ni se les relacione a ellos con los antisistema profesionales de la violencia, que andan detrás. No les preocupa, sin embargo, a las organizaciones sindicales, ni tampoco parece al PSOE, que sus manifestaciones se hagan coincidir con el 11-M. Salvar el puente festivo está por encima del respeto a las víctimas del magnicidio, y si ello contribuye de nuevo a desgastar al PP resucitando la guerra de Irak, todo es ganancia. Cabe desear algo más de nuestra democracia como comunidad moral.

La sociedad civil no se aviene bien con el mito de los bárbaros ni debe restringirse a la expresión minimalista de organizaciones o movimientos que sienten cierta predilección por el uso ostensible del espacio público, anunciadores de no se sabe cuántas ‘primaveras’. A una oposición útil y responsable le compete tanto como al gobierno el fortalecimiento de las instituciones, el respeto de las reglas, la mejora de la esfera pública, haciendo del discurso público un instrumento de formación del carácter ciudadano, y la preocupación por desarrollar al máximo el capital social civil, no incivil, frente a las carencias y limitaciones del poder político.

En Navarra todo es diferente, pues además de que seamos forales, el PSOE está en el poder. Mover la calle –la presencia y agitación de los sindicatos nacionales junto a los sindicatos nacionalistas– podría resultar contraproducente para la permanencia del PSN como socio necesario de gobierno de UPN. A no ser que la cuestión se plantee en términos de poder interno dentro de las filas socialistas con vistas a su próximo congreso, y entonces, siguiendo la estela de Rubalcaba, el lenguaje de la calle deba primar, a juicio de algunos, sobre el de la responsabilidad y la gobernabilidad.


Publicado en Diario de Navarra, 14 de marzo de 2012

domingo, 1 de enero de 2012

Política real


Se ha completado el ritual de inicio de la nueva legislatura, con la constitución de las Cortes y el nuevo Gobierno, y apenas ha habido tiempo para el cotilleo. Rajoy ha impuesto un cambio de estilo, necesariamente austero, acorde con el personaje y las serias circunstancias que padecemos. Nadie espera que el nuevo presidente del gobierno pueda maravillarnos haciendo sonar la lira de Orfeo, pero las primeras notas graves que ha sacado del viejo laúd hispano, han tenido la virtud de calmar los mercados, de reducir la presión de la prima de riesgo española, de evitar los continuos sobresaltos y darnos un pequeño respiro, de obtener una mayor credibilidad y respaldo en Europa, o al menos de hacérnoslo así creer.

Cuando se ha insistido abusivamente en la primacía de los mercados sobre los gobiernos, no está de más comprobar que no, que las decisiones tomadas por las instituciones legitimadas y competentes para ello son capaces de influir en un mar embravecido y supuestamente infectado de tiburones. Que si los mercados, la bolsa, los organismos financieros, forman parte de la conversación pública, la política como fundamental expresión de la palabra también tiene cosas que decir en esa gran conversación. Que no se puede asumir de ningún modo el final de la política y que no cabe ni para bien ni para mal la gobernanza global -la viabilidad del propio proyecto Europeo- al margen de la política pequeña o grande que cada cual, como ciudadano o como gobernante, está en condiciones de exigir y realizar. Lo que Europa puede exigir a España, deberá exigirlo igualmente el Gobierno de España a las Comunidades Autónomas, estableciendo los necesarios mecanismos de control.

El gran cambio que se ha operado en España no es la simple sustitución del gobierno o la disposición de una nueva mayoría parlamentaria, por numerosa que parezca. El cambio es, o debe ser, sustantivo y de naturaleza eminentemente cualitativa. Con la entrada del nuevo año se ha dicho adiós al pensamiento mágico y a la política simbólica que había encarnado el PSOE de Zapatero en los últimos años, para entrar en la era de la política real de Rajoy. Por el momento, su discurso de investidura, dentro de las limitaciones del género, fue consistente y ha apuntado a una recuperación de los mejores valores de la Transición. El gobierno nombrado es competente, atendiendo a la formación, trayectoria profesional y experiencia política de sus ministros y ministras. La lealtad al líder no se ha situado por encima de las cualidades personales y de la capacidad de atender a los problemas reales. Pero no es suficiente. Confiemos en que un mínimo sentido del honor en el desempeño del cargo público sea garantía de ejemplaridad, de voluntad de servicio y de respeto al ciudadano al que se representa y por el que se trabaja.

Son nociones básicas y, sin embargo, aparecen en la actualidad cargadas de profunda novedad. La profesionalización de la política y la escasez de buenos profesionales en la política ha conducido a una situación insólita, que se ha extendido a las más altas instituciones del estado. La política real debe ser fuente de moralidad pública, o no lo será. Presupuesto lo anterior, política real es también no vacilar en la toma de decisiones y explicar las decisiones adoptadas, por duras que sean, como lo son ya las primeras acordadas por el gobierno del PP en el consejo de ministros de fin de año (la subida de impuestos es contraria a su programa electoral). Los deseos sólo pueden hacerse realidad levantando con esfuerzo los obstáculos que se interponen o los cimientos que faltan, no simplemente formulando de manera apasionada el propio anhelo, si se quiere preservar lo ya construido (el estado de bienestar). La ciudadanía entiende que exista un gobierno que gobierna. Lo que resulta difícil de comprender y de aceptar es justamente lo contrario, y al final se paga en las urnas. Los grandes errores de Zapatero fueron errores históricos de cálculo (estatuto de Cataluña, negociación con ETA, crisis) que evidenciaron su desdén por la política real y su apuesta por la política simbólica (memoria histórica, género, minorías, anticlericalismo).

Es algo que debería tener en cuenta el PSOE en la nueva andadura que pretende iniciar, para no repetir errores ni malograr expectativas. Sorprenden algunos movimientos internos dentro del partido, con independencia de su posible recorrido. Atendiendo al protagonismo de los socialistas navarros en este proceso de renovación del PSOE, resulta paradójico la alineación del líder del PSN con la ex ministra de Defensa y la del diputado electo socialista con la del candidato derrotado en las pasadas elecciones generales, cuando en pura lógica cabría suponer que las posibilidades de continuar al frente del PSN por parte de su actual secretario general, responsable directo de las severas derrotas sufridas en Navarra, podría justificarse mayormente en el caso de que Rubalcaba accediese a la secretaría general del PSOE, y no en el otro supuesto que busca jugar la baza de la renovación. Los errores de cálculo se pagan siempre, si no quienes directamente los cometen, sí las organizaciones que los sufren, e indirectamente todos. La política real requiere también una oposición real y el PSOE debe estar cuanto antes en condiciones de ejercerla.


Publicado en Diario de Navarra

viernes, 21 de octubre de 2011

¿Final de qué?

ETA anunció solemnemente el 20-O, a un mes del 20-N, el "cese definitivo" de la actividad terrorista. Sin duda, esa decisión es una muy buena noticia para todos, aunque ha tenido distinto tratamiento en los medios. En la portada de hoy de Le Monde, ni aparece, lo cual es muy significativo, pese a que Zapatero y Rubalcaba agradecieron de manera particular a Francia y a su presidente Sarkozy la cooperación con España en la lucha contra el terrorismo. En España, las valoraciones del hecho, por parte de la opinión publicada, son diferentes.

ETA anuncia el cese definitivo de la violencia, pero ni se disuelve, ni entrega las armas. Es un paso necesario, pero no suficiente. ETA ha hecho de momento una buena performance. Escrito el guión (pactado o no desde hace tiempo con el gobierno de Zapatero, como algunos suponen), y después de recibir el aval de la Conferencia internacional de paz, reunida los pasados días en San Sebastián, que ha proporcionado a ETA una audiencia amplificada, su puesta en escena ha construido un relato fiel al mundo primitivo de sus creencias primordiales, justificándolas, pero que olvida a las verdaderas víctimas, pues es evidente que no cabe confundir víctimas con verdugos.

Zapatero ha exaltado el temple de la sociedad española, guiada por el estado de derecho, que permitirá que España sea "una democracia sin terrorismo, pero no sin memoria". Esperemos que así sea, ahora que contento él, ya tiene la tranquilidad de pasar en el último minuto a la Historia como el presidente que puso fin al terrorismo de ETA, al menos como un contrapunto a algo que pesa en su ánimo: que, en el marco de la Gran Recesión, se le pueda considerar también como el gran fautor del quebranto de España.

ETA no quiere desaparecer, sino transmutarse, sin bajar la cabeza, sin reconocer errores, sin renunciar un ápice a su pasado. La tranquilidad de la sociedad sólo será completa cuando ETA anuncie su disolución, afirmó ayer Rajoy, pero ETA pretende evitar esa necesidad, y hasta el tener que desprenderse de la pistola (no quiere utilizarla ya, pero la mantiene como si la organización en pleno buscara reemplearse como escoltas o ángeles guardianes de la democracia vasca).

Se insta a España y Francia (aunque este último país obvia a ETA como un problema suyo) a una negociación de las "consecuencias del conflicto", dicen los mediadores internacionales, teloneros del comunicado de ETA. ETA ya únicamente pretende una negociación técnica: la excarcelación de los presos y la desmilitarización del País Vasco, esto es, la salida de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, como si se tratara de un territorio ocupado. Ni más, ni menos, como si no hacerlo fuera a suponer un acto de venganza en contra de la justicia.

El líder del PP y previsible nuevo presidente del Gobierno encargado de gestionar la nueva situación después del 20-N, ha subrayado cómo la sociedad española ha sabido resistir al chantaje emocional de los terroristas durante décadas, y lo seguirá haciendo. La renuncia de ETA se ha producido "sin ninguna concesión y es sin duda el único camino en el futuro". La ley no es incompatible con la generosidad, pero el diálogo (no negociación) y la reconciliación debe ser seguir a la petición de perdón. ETA debe someterse a un ritual de purificación, si se quiere cerrar la brecha abierta durante tantos años, por muy pactado que pueda resultar el ceremonial a seguir.

Sin duda es buena noticia el anuncio realizado por ETA un mes justo antes del 20-N con el claro propósito de favorecer a la izquierda abertzale oficial (Amaiur) en las elecciones frente al PNV en el País Vasco o Geroa Bai en Navarra (y de paso hacer un pequeño favor al PSOE en devolución de algún servicio prestado). Está bien que ETA quiera hacer política, pero entonces que se disuelva y entregue las pistolas. La democracia es fuerte, pues ha sido ella quien ha vencido la amenaza de ETA forzándola a dar este paso. No es ETA quien está en condiciones de dar lecciones de política y democracia, sino de aprenderlas, y desde sus fundamentos.


Publicado en Diario de Navarra, 22 de octubre de 2011

viernes, 6 de mayo de 2011

TC Bildu

El hecho es claro: una y otra vez, por enrevesado que pueda ser el camino, están en las elecciones. ¿Quiénes? Los que no se atreven a cortar amarraras con ETA. Solos o acompañados, con un nombre u otro, en mayor o menor número, pero acaban estando y acaban haciendo el juego a ETA, y dificultan su final. ETA, Batasuna, Sortu, Bildu. En el principio siempre está ETA y ETA, que no es el Verbo sino la Violencia, no puede tener legitimidad democrática alguna.

El Tribunal Constitucional ha enmendado sorprendentemente la plana al Tribunal Supremo, que había fundado su decisión contraria en la investigación y en las pruebas recogidas por las Fuerzas de Seguridad del Estado. El TC está a otra cosa. Si fuera verdaderamente TC estaría a lo fundamental y nos sentiríamos tranquilos y aliviados. Pero como hace tiempo que no se trata de un Tribunal Constitucional sino de uno Político-Constitucional, pues entonces el sentimiento de preocupación o de vergüenza cunde y con razón.

El voto de los magistrados, como nos tienen acostumbrados, ha sido político. El pleno no ha tenido ni tiempo de estudiar a fondo las razones del Supremo. Da igual. Los magistrados propuestos por el PSOE (con la excepción de Manuel Aragón, que le salió rana en tiempos del Estatut, y de ahí la urgencia que tenían los socialistas para forzar la renovación parcial del tribunal y aumentar los efectivos "progresistas") han votado a favor de la presencia de Bildu, y asunto concluido.

Zapatero ya puede dormir tranquilo, que estaba muy preocupado con la amenaza del PNV de retirarle el apoyo parlamentario si Bildu no estaba en las elecciones. El escenario era terrorífico para Zapatero: fenomenal batacazo del PSOE en las elecciones autonómicas y municipales, como presagia la encuesta del CIS publicada ayer (el anuncio de la retirada de Zapatero queda sin efecto), y soledad parlamentaria que no le dejarían otra salida que precipitar la convocatoria de elecciones generales para el próximo otoño.

Pero el terror de ETA sigue guiando los pasos de la izquierda abertzale radical, con la anuencia no sólo de algunos partidos nacionalistas, sino a la postre del propio Rubalcaba-Zapatero, por mucho que se hayan querido cubrir las apariencias con la escenificación de la presunta iniciativa del Gobierno y de la Fiscalía en contra de las listas de Bildu. Esto es lo que percibe la ciudadanía y lo que resulta cada vez más difícil de aceptar, sobre todo si se pretendiera jugar de nuevo la carta de la negociación política del final de ETA en beneficio partidista.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Verborrea sobre ETA

De ETA es mejor no hablar mucho, pero esta semana ha habido una auténtica verborrea sobre el tema. Quien debía controlar y ser más prudente en sus manifestaciones al respecto, el presidente del gobierno, ha sido el primero en alentar todo tipo de especulaciones, expectativas y alarmismos por el tono mesiánico que suele imprimir a sus palabras sobre ETA, y que la realidad se encarga luego de desbaratar. Sucedió en vísperas del atentado mortal de la T4 en Barajas, que arrumbó la pasada tregua y negociación con ETA, cuando lo que Zapatero había profetizado era un salto seguro hacia la paz. Y ahora, lejos de haber escarmentado, se permite frases que emulan a las de Jesús al Buen Ladrón, aseverando -yo, os aseguro- que los pasos dados por la izquierda abertzale no serán en balde.

Los exegetas se han lanzado a discernir el misterio que encierran tan prometedoras palabras, y hasta el modo en que habrá de producirse la llegada colectiva al paraíso, tanto urge a todos la celebración de la paz. Demasiado ruido, demasiada confusión, demasiadas conversaciones de todos con todos, reales, inexistentes o desmentidas, cuando aquí lo que importa es el lenguaje de los hechos, que también tiene su gramática y ortografía. Aquí quien tiene prisa es Batasuna para poder presentarse a las elecciones; pero los demás no deben tenerla, si no se quiere asistir a otro déjà vu. Y si Batasuna es ETA, como han dicho los jueces, pues el asunto es para tomárselo con calma. No basta una declaración de Batasuna condenando la violencia o desmarcándose de ETA, por bienvenida que sea, sino que debe poder verificarse con el análisis del lenguaje de los hechos que Batasuna ya no es ETA. O que ETA, si diera el paso de anunciar el abandono definitivo de las armas y su autodisolución, ha dejado de existir efectivamente.

Un entramado como el de ETA no desaparece de la noche a la mañana y el estado de derecho debe exigir garantías, o no lo será, entre otras muchas razones por respeto a las víctimas del terrorismo, ignoradas y menospreciadas durante excesivo tiempo. De todo lo que se ha oído esta semana sobre ETA, tal vez lo más cuerdo lo ha dicho el nuevo ministro de la Presidencia Jaúregui, esperemos que reflejando el sentir del presidente y del vicepresidente todopoderoso, y no a título personal. No da tiempo de aquí a las elecciones municipales a todo ese proceso de verificación, aún en el supuesto de que los sucesivos anuncios anunciados que se van a producir se terminaran produciendo. Esto es así, y tiene que ser así porque lo que queremos primordialmente los españoles es la construcción de una paz duradera -dentro y fuera de Euzkadi- y no resolver los 'conflictos' o los problemas políticos de nadie (sea el futuro de Zapatero, la continuidad o maniobrabilidad del lehendakari López con el PP vasco de Basagoiti, las expectativas electorales o de gobierno futuro del PNV si irrumpe Batasuna en el escenario, etc.).

Si esto es así, y tiene que ser así, entonces sobra la verborrea, sobran las ligerezas, las conversaciones efectuadas con torpeza y silenciadas o negadas con hipocresía, sobran las impaciencias, los triunfalismos, los cálculos interesados, y también las desconfianzas por principio. Falta, por el contrario, un poco más de responsabilidad por parte de todos, incluidos los medios de comunicación (de uno y otro lado), un poco más de diálogo abierto y veraz por parte de los principales partidos políticos, un poco más de sentido de estado, la simple capacidad dentro del respeto escrupuloso a las reglas del estado de derecho -sin atajos de ningún tipo- de pasar de la verborrea al lenguaje de los hechos. No estaría de más que el final de ETA pudiera reeditar el éxito de la Transición como un hecho histórico de todos, un mérito colectivo, algo realizado verdaderamente juntos y de lo que todos puedan sentirse satisfechos, tal vez no plenamente satisfechos, ninguno, pero sí satisfechos. Todos.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Cumpliendo el guión

ETA no ha tardado en actuar según estaba previsto, con un nuevo comunicado que apela y agradece a los 'mediadores internacionales' su desinteresada iniciativa y pronunciamiento recogidos en la Declaración de Bruselas de marzo pasado, manifestándose dispuesta a reunirse con ellos para analizar el conflicto vasco y su solución. Ante la inacción de España y Francia, ETA apela al César internacional, al laureado con el Nobel de la Paz, a quien la organización terrorista pretende seducir con vaporosas figuras literarias a propósito de mares, anclas y aguas profundas.

La representación está en marcha. Ahora sólo falta ver lo que está dispuesto a hacer el Gobierno español por 'exigencias del guión'. Al desnudo, en cualquier caso, habrá de quedar, cuando llegue el momento crucial de la decisión (la presencia o no de Batasuna en las elecciones) y todos deban quitarse la máscara o no sea posible ya ponérsela. La audiencia permanece escéptica sobre el éxito y la autenticidad de una representación que al profundo drama social y moral que subyace de fondo, añade en su  nivel más superfical, pero determinante para esta puesta en escena, el drama político particular del gran mensajero de la paz de la escena española.

viernes, 10 de septiembre de 2010

ETA en escena

ETA ha entrado en escena para decir que cesa sus acciones ofensivas, que ya habían cesado hace meses por la eficacia del acoso policial que sufre por parte de España y Francia. Ni siquiera se habla de tregua, y por eso todos los partidos -menos la izquierda abertzale- se han adelantado a decir que el comunicado enviado a la BBC es 'insuficiente', que no era lo esperado, y que defrauda incluso las expectativas que se había hecho esa izquierda, dispuesta a ir mucho más lejos de lo que quisiera ETA, que no deja de arrogarse la tutela sobre ella.

Por supuesto que el comunicado es insuficiente, pero ETA ya ocupa el centro del escenario, y seguramente continuará haciéndolo en los próximos meses, precisamente porque lo que ha dicho es insuficiente. ¿Por qué esta súbita entrada en escena de ETA, por otra parte ya anunciada desde meses atrás? La proximidad de las elecciones municipales es una poderosa razón. Batasuna tiene prisa por volver a las instituciones de la mano de EA y si puede de Aralar. ¿Está avalando ETA esa operación en su comunicado? ¿O es un simple intento de lavar la cara, por su parte, para poder culpar luego al Gobierno de no haber permitido las listas de Batasuna?

El Gobierno por boca de su ministro Rubalcaba parece mostrarse firme con eso de 'o bombas o votos', que viene repitiendo incansable en un esfuerzo encomiable de pedagogía política. Como si esto fuera realmente lo sustantivo del momento e hiciera falta, por tanto, un nuevo movimiento o bien de ETA, entregando las armas, o bien de Batasuna, renunciando expresamente a la violencia y desmarcándose claramente de ETA (cosa que hasta ahora Batasuna todavía no ha hecho, y no se sabe siquiera si se lo ha pedido EA). Pero, en cualquier caso, el gobierno no piensa ni tiene por qué mover ficha, se dice.

Si sólo hay esto, indudablemente no hay nada. El Gobierno, aunque quisiera (que dice que no quiere), no va a poder colar esta vez a Batasuna en las listas con artificios rocambolescos como los utilizados las últimas veces, y aún para ir con EA mucho va a tener que blanquear sus nombres. El Gobierno no se va a mover, pero eso no quiere decir que no se haya movido ya. Que se hubiera anunciado la retirada de escoltas a determinados cargos antes del comunicado de ETA, resulta por lo menos curioso. El Gobierno no va a negociar, no va a abrir un nuevo proceso de negociación, por orgulloso que se sintiera Zapatero antes del verano de su iniciativa de la legislatura anterior (y resulta también curioso, con todo lo que llovió después, que el presidente se atreva a elevar a la categoría de mayor acierto lo que sin duda constituyó un enorme error de cálculo por parte suya). El Gobierno no va a negociar, pero eso no quiere decir que otros no vayan a hacer las veces.

La presencia en el escenario (medios, Parlamento europeo) de 'mediadores internacionales' para resolver el 'conflicto vasco' y poner fin definitivamente a ETA, remite a varios meses atrás y seguramente no tardarán en aparecer de nuevo. Si lo hacen no será por la capacidad operativa y de influencia actual de ETA, presuntamente derrotada, sino porque el Gobierno así lo ha pedido y urdido, por supuesto con las mejores intenciones, pues todos queremos la desaparición del terrorismo de nuestras vidas. No es probable, si así fuera, que ese movimiento lo haya acordado con el PP, por mucho que se esfuerce Rubalcaba en escenificar el giro de 180º en la política antiterrorista del PSOE respecto a la legislatura anterior. El comunicado es insuficiente porque habrá otro, y ya se especula, en efecto, sobre la proximidad de un nuevo comunicado de ETA sometiéndose a la verificación internacional del cese (unilateral, porque sólo de ella proviene) de hostilidades.

Y surge la maldad. Zapatero ha visto la parte positiva que tiene que desde fuera le marquen y exijan a su gobierno lo que hay que hacer, como se ha visto con la crisis, que de otra manera no se hubieran dado los pasos mínimos que se han dado en España, como la reforma laboral aprobada por las Cortes ayer. Los mediadores serían de facto los negociadores y el Gobierno -sin tener que explicar las diferencias del caso vasco con Irlanda del Norte o Kosovo- podrá cumplir diligentemente determinados 'pasos obligados' sugeridos por los mediadores, que si vinieran ahora de su mano sería impensable hasta plantearlas, como por ejemplo la inmediata legalización de Batasuna o la desaparición de la Ley de Partidos, o el ulterior reconocimiento del derecho de autodeterminación. Evitaría así el desgaste que supondría conceder por propia iniciativa esas exigencias actuales del abertzalismo, pero capitalizaría -en el momento en que se encuentra ya sin ningún capital político- el éxito inmediato de la expectativa del final de ETA. Pero, por supuesto, los pensamientos malos hay que alejarlos rápidamente de la mente.

La sociedad española, y la vasca en particular, urgen a la desaparición de ETA. Está en la mano de ETA. Lo que no pueden pretender los terroristas es erigirse en directores del 'proceso democrático' cuando aún no han demostrado conocer ni interiorizado las reglas más básicas de la democracia. No se trata de despreciar cualquier ayuda que pueda facilitar el fin de la violencia, pero sería irresponsable prescindir ahora de lo que se ha mostrado eficaz en la lucha contra el terrorismo, o de lo que han sido lentos pero importantes avances en la izquierda abertzale, como la aventura de Aralar, que podrían irse al traste precipitando las cosas. El tema es urgente, luego conviene esperar. La urgencia de las elecciones es razón suficiente para no dejarse llevar por ella. ETA y Batasuna -hoy formalmente lo mismo- han engañado demasiadas veces con la cita de las urnas y no hay nada, por el momento, al menos en el terreno de lo cognitivo, sensaciones y emociones a parte, que indique que vaya a suceder ahora lo contrario.

Que Batasuna pueda llegar a hacer verdaderamente política exige cultura -cultura política- y tiempo: algo más, sin duda, que unos pocos meses. Zapatero soñaba con que el fin de ETA pudiera llegar con Aznar. No fue así. Tampoco tiene que ser necesariamente con él. Si de verdad se quiere ver ese final, los dos grandes partidos han de ir de la mano. Zapatero quiso ir solo a desatascar el tema catalán y ha provocado casi una inundación. A estas alturas debía saber que el tema vasco es 
aún más complicado. De dos debilidades, la de ETA y la de Zapatero, es difícil que pueda establecerse un terreno firme que produzca el fortalecimiento de la convivencia colectiva, que es lo que precisan el País Vasco y España.

sábado, 26 de junio de 2010

EA + Batasuna = ?

¿Qué es lo que se mueve en el mundo de la izquierda abertzale y en qué sentido va? El bienintencionado presidente del PSE Jesús Eguiguren, el negociador, ha hecho de telonero y altavoz del acuerdo suscrito entre EA y Batasuna. Se había especulado con que ETA anunciara una tregua o incluso que anunciara su renuncia a la violencia y la entrega de las armas, pero el domingo pasado el anuncio de ese 'paso importante' que supone la vinculación de Batasuna a un partido democrático, según la propia valoración de Eguiguren, obvió cualquier referencia a ETA. Como si no existiera y bastara ignorar esa variable para despejar la incógnita de la violencia en esta operación. O como si bastara esta operación para la resolución del problema.

Que esta operación tiene que ver con la proximidad de las elecciones municipales es evidente. Que Batasuna quiere volver a las instituciones, también. Pero llegados aquí no está claro lo que prevalece: si el interés de ETA en contar de nuevo con Batasuna en el ruedo político, o la voluntad de Batasuna de apartarse de ETA y de apostar verdaderamente por la política. El domingo se dejó pasar la oportunidad de pronunciarse claramente en ese sentido. Eguiguren dice que no se puede pedir peras al olmo tan rápido, pero sin peras no hay política buena que valga. No se pronunció Batasuna, ni tampoco lo hizo EA.

¿Cuál es el juego? El ministro del interior Rubalcaba y el propio Lehendakari López se han pronunciado tajantes en contra de cualquier posible nueva negociación con ETA, y de que se esté haciendo en estos momentos. Eguiguren, por más que haya sido respaldado por Gara, en ningún momento ha postulado siquiera que se deba volver a ella. Por otra parte, nadie ignora que EA es un partido con serias dificultades actuales para lograr representación política. El acuerdo desde esa perspectiva es interesado. Pretende contar con los votos de Batasuna tanto como Batasuna beneficiarse de ese paraguas democrático para no quedar a la intemperie de la Ley de Partidos.

La jugada puede salirle cara a EA a poco que se descuide Batasuna en los nombres que proponga para las listas. Pero eso es casi lo de menos, si es que se llega a ese momento. Por medio la sangría entre la izquierda abertzale será una realidad, triste para unos y grata seguramente para otros. La operación no es inocua en el campo del nacionalismo y la gran perjudicada será precisamente la izquierda abertzale, a menudo olvidada, que ya ha hecho el 'rito de pasaje' -de la violencia primitiva al mundo político civilizado- que Batasuna pretende no tener que realizar. Esa izquierda nacionalista es la que representa Aralar, y cuyo ascenso Batasuna parece estar muy interesada en frenar: en el País Vasco y aún más en Navarra.

Lo que está evidentemente en juego es el futuro de la coalición Nafarroa Bai en Navarra, articulada alrededor de Aralar y a la que pertenece también EA, y que obtuvo buenos resultados en las pasadas elecciones autonómicas de 2007 (se convirtió en la segunda fuerza política de la comunidad foral), hasta el punto de especularse con fundamento sobre un gobierno PSN-NaBai, que Miguel Sanz se empeñó en desbaratar al precio de la ruptura de UPN con el PP. EA ya ha invitado a Aralar a sumarse al nuevo proyecto con Batasuna. Más allá de las intenciones, dinamitar NaBai no sería un 'paso adelante' sino todo lo contrario (por mucho que pudiera favorecer electoralmente a UPN y al PP).

Aplicando las fases del drama social propuestas por Victor Turner, está claro que el mundo de ETA abrió una brecha y una crisis en la sociedad vasca y española, que no puede repararse sin atender a los procedimientos legales y sin someterse a un mínimo 'ritual de aflicción' como es la confesión pública (de algo tan sencillo como los propios errores y el daño cometido o consentido), si quiere restablecerse realmente la paz. ¿Es este el resultado al que aspiran EA y Batasuna, o van simplemente a lo suyo?

jueves, 18 de marzo de 2010

ETA, tous en folie

 
La organización terrorista ETA ha matado en Francia a un gendarme, padre de cuatro hijos. Había ya asesinado a dos guardias civiles españoles en el sur de Francia, en 2007. Había también herido a miembros de las fuerzas de seguridad galas en algún escarceo, aunque afortunadamente sin consecuencias mortales. Hasta ayer. ETA ha profanado su antiguo santuario y eso, sin duda, es un hecho definitivo que atraerá maldiciones sobre quienes durante mucho tiempo no eran señalados en el territorio vecino como terroristas sino como combatientes políticos. La colaboración policial francesa ha sido sincera y efectiva en las dos últimas décadas, pero las autoridades francesas siempre se han cuidado mucho de señalar que el 'problema' era nuestro, no fuera a ser que ETA se convirtiera realmente en un problema también de ellos. Así, de hecho, lo ha considerado la opinión pública francesa. Hasta ayer.

A partir de hoy, Francia tiene nuevos motivos para perseguir con firmeza a los terroristas de ETA al otro lado del Pirineo. El atrevimiento de ETA no responde a un cambio de estrategia en la organización. Esa locura más bien manifiesta lo descabezada que anda, y el nerviosismo y la falta de preparación de sus actuales comandos. Pero las circunstancias concretas del hecho luctuoso, la búsqueda deliberada y la saña del enfrentamiento por parte de los terroristas, no admiten ningún paliativo en el juicio que se merecen. No fue la respuesta incontrolada del miedo sino la brutal irracionalidad de la bestia la que desató los acontecimientos. No hay hombres de paz, ni celosos amantes de la tierra nativa, ni ideólogos políticos, ni nada que se pueda salvar en estos jóvenes sanguinarios, que querían enmascarar su fanatismo o dar rienda suelta a sus caprichos adolescentes robando coches de lujo alemanes. Se acabó la miseria, debieron pensar estos nuevos luchadores nacional-socialistas.

Se acabó el juego loco de todos con ETA. La izquierda abertzale tiene que liberarse definitivamente de las cadenas de ETA, pero va a tener que empeñarse en demostrar su verdadera autonomía, porque ya no caben artificios ni trucos viejos y repetidos para intentar volver a las instituciones democráticas con el objeto de someterlas dóciles a los dictados de ETA. Se acabó la política de aquietamiento con personajes locos como Chávez, que cierta izquierda presuntamente intelectual ampara, por más que sepa de su connivencia con grupos terroristas. La respuesta de Chávez a las investigaciones del juez español Velasco sobre las relaciones de las FARC con ETA y el amparo prestado por el régimen autoritario chavista (con adiestramento incluso por parte del ejército venezolano) es indignante y escandalosa. Pero aún no ha reaccionado como debe hacerlo el Gobierno de España, que se ha limitado -siguiendo el viejo manual de Pepiño Blanco, el nuevo hombre de estado- a salir en 'defensa' de Aznar (por la mención de Chávez a Velasco como miembro de la 'mafia de Aznar'), como si fuera ese el núcleo del problema.

Al rey, que también le han puesto a caldo en los medios de comunicación venezolanos sometidos a Chávez, Zapatero le ha dejado solo, como si los insultos al jefe del estado no fueran con España (y se tratara de una vieja rencilla personal entre Chávez y el rey, no resuelta, desde que éste le levantara la voz en aquella cumbre iberoamericana). Esperemos que el alto sentido de Estado de Zapatero no le lleve a una nueva negociación con ETA, como se rumorea últimamente que pretende otra vez el PSOE con el concurso de antiguos altos comisionados. Sería de locos que el fracaso de Zapatero en la gestión de la crisis y el deterioro que sufre su imagen se quisiera remediar volviendo a las andadas con el 'proceso de paz', ofreciendo lo indecible a los terroristas (como atestiguan las actas de las últimas conversaciones con ETA) para pasar a la historia como el gran pacificador, logro que en su delirio maquiavélico le capultaría de nuevo a la Moncloa tras las elecciones generales de 2012 (previa nueva presencia de Batasuna en las instituciones facilitándole su presentación a las municipales). Pero ese juego disparatado y frívolo, que tanto debilitó al estado español en la anterior legislatura, no es en absoluto imposible que se repita: tous en folie. Esperemos que la fortaleza y seriedad de Francia en estos momentos -desde el dolor más motivada que nunca en la lucha contra ETA- no lo permita.

jueves, 28 de enero de 2010

De constelaciones y faisanes

La gran constelación planetaria, anunciada hace tiempo por doña Leire Pajín, a propósito de la presidencia europea de Zapatero, lejos de fortalecerle -como se confiaba- está poniendo de manifiesto los límites de su liderazgo. El problema no es Obama (aunque Aznar, en su reaparición en la TV pública española, se empeñe en afirmarlo), sino Zapatero. Obama cumple su parte y le ha invitado al Desayuno de Oración en la Casa Blanca para que el presidente español se luzca como Orador. Lidiar en los debates parlamentarios, sabe, sabe como manejarse, aunque no diga mucho. Pero orar es una faceta suya desconocida, y hasta sorprendente que lo vaya a hacer, dado su empeño mostrado en España en que el nombre de Dios no se pronuncie, no en vano, sino en público. El presidente del Parlamento, Bono, está que trina, porque pudiéndole enseñar a orar, él que reza a diario según dice, no ha sido invitado como acompañante al Desayuno. Y ahí tenemos a Zapatero, leyendo solo la Biblia por las noches, alimentando sus buenos deseos.

Pero mientras llega su Hora, agrupamientos estelares más modestos de índole local, le están colocando en su peor momento: en las encuestas y ante la opinión pública, por los disgustos que le está dando la prensa y el buen rollito que ahora se vive en el PP (Aguirre y Gallardón escenificando su apoyo a Rajoy). Zapatero ha invitado a Pedro J. al famoso Desayuno, en prueba de buena voluntad, y ahora resulta que El Mundo parece olvidarse de su antigua inquina hacia Rajoy y está tirando decidido del hilo del chivatazo a ETA -el llamado caso Faisán- con consecuencias imprevisibles para el Gobierno. La investigación del soplo producido durante el proceso de negociación con ETA de la pasada legislatura, que desbarató una operación judicial en curso contra la banda, ya ha salpicado directamente al número dos del ministerio del Interior y ha puesto muy nervioso a su titular Rubalcaba.

Más allá del hecho en sí, y de las valoraciones que este reclama en el marco de la defensa del Estado de Derecho, la espinosa cuestión afecta de lleno a la política interna socialista. De discutirse si Rajoy sería el candidato del PP a las próximas elecciones generales hemos pasado a cuestionar que lo sea Zapatero por el PSOE, y hasta le han pedido dentro de sus filas que se defina, por harta que esté su mujer Sonsoles de la vida que lleva en el palacio de la Moncloa. En esta tesitura que Rubalcaba, a quien en mentideros de todo tipo se le considera la única personalidad socialista que podría suceder a Zapatero con garantías electorales, quede tocado o muy tocado, resulta evidentemente un problema, por incombustible que parezca el personaje. Todo se alinea fatalmente contra Zapatero. De la pretendida constelación con Obama hemos llegado a la constelación del Faisán. A base de desayunarse todas las mañanas en la prensa con Faisán, a Zapatero el Desayuno en la Casa Blanca con Obama se le puede atragantar. Esperemos que como música de fondo no suene El canto del cisne.

jueves, 14 de enero de 2010

Propósito de magnicidio

Las últimas detenciones de miembros de ETA -gracias a colaboración de las policías española, francesa y portuguesa- han avivado la memoria del pasado y proyectado nuevas sombras sobre el horizonte de 2010. Rubalcaba -en una calculada estrategia, según Zapatero- advirtió del temor a una próxima acción espectacular de ETA. Ahora hemos sabido que esa acción la intentó la organización terrorista en 2001 contra el entonces presidente del gobirno Aznar, pretendiendo derribar con un misil el avión que utilizaba durante la campaña electoral vasca de aquel año. Y que ETA lo intentó hasta en tres ocasiones, con un material afortunadamente defectuoso de origen soviético que había adquirido durante la tregua de 1998, la que Mayor Oreja denominó 'tregua-trampa', una tregua planteada por ETA para su reorganización y rearme, y acabamos de ver con qué intenciones.

ETA ya atentó contra Aznar en 1995, cuando era líder de la oposición, y entonces el presidente González afirmó que se había bordeado el desastre. Da miedo efectivamente pensar en lo que podría haber sucedido en 2001, un auténtico desastre en términos personales, políticos e históricos, por lo que habría supuesto de reanudación de una triste y no muy lejana historia en España de asesinatos de máximos responsables políticos y aun del gobierno (Prim, Cánovas, Canalejas, Dato...), con lo que ello conlleva de fracaso colectivo. Esa posibilidad siempre existe o ha existido -se puede argumentar- y de lo que se trata es de que eso no ocurra en el futuro de ningún modo, con independencia de la talla del personaje o de la resonancia que pudiera alcanzar la víctima. A ello se afanan las fuerzas de seguridad del Estado, y prueba de su eficacia es que ETA ande buscando ese atentado espectacular -se argumenta con razón.

Con todo, y por incómoda que resulte a todos la cuestión, cabría preguntarse qué ha pasado en los últimos años para que ETA, dentro de su siniestra historia de atentados y asesinatos enteramente rechazable, pueda estar empeñada actualmente en consumar un magnicidio, en celebrar el espectáculo del desastre. En el año 2004, con la primera confusión del 11-M, un pensamiento generalizado fue el deseo de que no hubiera sido ETA la responsable de la matanza, por la fractura irremediable que tal hecho provocaría en la convivencia española. La experiencia del desastre y su vinculación al terrorismo islámico produjo una segunda reflexión: después de esto, tal fue la consternación y el común rechazo de la violencia, no cabía en España, los españoles no lo tolerarían, un simple asesinato de ETA. ETA misma interiorizó ese pensamiento, como se comprobó todavía con ocasión del atentatdo etarra en la T4 de Barajas al considerar accidental o no expresamente buscado la muerte de dos personas.

¿A qué se debe este cambio de clima? ¿Era verdaderamente la política de Aznar la que daba alas al nacionalismo radical y violento? ¿Es la posibilidad de que el PP pueda regresar al poder la razón por la que ETA quiere forzar hasta el límite la situación sin importarle las consecuencias ni el juicio de la propia ciudadanía vasca, no ya española? ¿Es la imagen de debilidad ofrecida por Zapatero, manifestada en la anterior legislatura a propósito de su estrategia de negociación con ETA, y que se proyecta en el actual mandato sobre España como consecuencia de la torpe gestión realizada de la crisis, lo que ha envalentonado a ETA para en su demencia irracional acariciar de nuevo sus viejos planes de magnicidio sin sentir temor de llevarlos a cabo? ¿Considera ETA que la actual situación de debilidad española garantizaría la crisis política que tendría intención de provocar con tal acción? ¿Piensa aún ETA, a pesar del cambio en la política antiterrorista de Zapatero en la actual legislatura, que el principal adversario para llevar a cabo sus planes se encuentra en la oposición y no en el gobierno? De lo que ya no cabe duda es que para ETA, como corresponde a la lógica de su afán totalitario, cuanto peor, mejor.

martes, 11 de agosto de 2009

ETA y el PP


En verano se puede ver de todo y se consiente todo, incluso en política. Hay imágenes que no pasan desapercibidas, aunque se produzcan en una de esas tormentas de verano con mucho ruido y aparato eléctrico. Para algunos podrán formar parte del espectáculo en que se quiere convertir la actividad política, pero tanta desnudez, y de tan escaso gusto, acaba molestando a los espíritus más puros y sensibles. Es lo que ha sucedido con la escenificación de la detención policial de militantes del PP en Mallorca, exhibidos bien esposados ante las cámaras, como si de peligrosos delincuentes se trataran, al día siguiente de que ETA volviera a atentar por segunda vez en lo que va de mes en la isla, dentro de su particular campaña de verano, tratando de demostrar la buena salud de que goza la banda terrorista en su 50 aniversario, y de forzar una nueva negociación con el gobierno, aspecto al que no ha dejado de referirse en su último comunicado.

Antes de que este hecho de las detenciones del PP se produjera, la tormenta de verano se había desatado por unas declaraciones de la secretaria general del PP afirmando (tras la torpeza cometida por la vicepresidenta De la Vega a propósito del archivo del caso Camps) que el gobierno perseguía con más saña al PP que a ETA. La expresión no fue excesivamente afortunada, por más que los calores marbellís que la acompañaron tengan su parte de culpa (aunque, a decir verdad, más allá de la forma y la oportunidad, esas declaraciones no son en el fondo muy distintas de las que pronunció tiempo atrás el Fiscal Conde-Pumpido contra Garzón, en un arranque de sinceridad). El PP ha podido en el pasado instrumentalizar políticamente la lucha contra el terrorismo, pero no se acaba de entender, si no es por inmadurez, ceguera o subordinación política de los responsables, que pueda cometerse un exceso de este tipo, pues a la postre este sinfín de torpezas termina haciendo que sea o parezca verdad la afirmación de Cospedal.

Mientras ETA mata y pone bombas en Mallorca, trastocando de forma dramática la vida de tantos ciudadanos y turistas, y la misma imagen de España, la policía hace una demostración de fuerza con militantes del PP, lo que llama la atención de cualquiera, pues lo que el sentido común y la audiencia esperan en esas circunstancias es la noticia de la detención de los terroristas. Evidentemente no hay que pensar que no hagan todo lo posible para ello, pero razón de más, puesto que los resultados no son los esperados, para no desconcertar a propios y extraños con actuaciones como esta. Es obvio que la Fiscalía y la Policía tienen la obligación de perseguir a los corruptos, allá donde se encuentren, sin exclusión de los partidos políticos, pero llueve sobre mojado. Basta recordar lo que sucedió en Canarias, antes de que se desatara el caso Gürtel, donde se urdió una operación de criminalización del PP, en que magistrados, policías y periodistas actuaban juntos de un modo más que dudoso, y que los tribunales tendrán que juzgar ante la denuncia interpuesta por el PP.

Situar a ETA y al PP en el mismo plano resulta una imagen burda y excesiva, se haga con la intención que se haga. No es ciertamente la primera vez que se ha jugado con ella, pues lo hicieron socialistas o nacionalistas cuando el PP discutió en la pasada legislatura la politica antiterrorista del gobierno, antes de que éste rectificara en la actual. Se buscó entonces situar a ETA y al PP en los extremos, como ejemplo de radicalismos que había que evitar. Como si la existencia y las actitudes del PP justificaran la presencia de ETA, como en tiempos del franquismo, idea que se barajó de forma sutil para sostener la apuesta de Zapatero por la negociación con ETA.

Producido el giro de timón contra ETA, se escuchan ahora voces en el ámbito vasco entre los socialistas, aparentemente bienintencionadas, celebrando que el PP (vasco) haya entrado en la normalidad democrática, en constraste, dicen, con la vieja AP. Se olvida que incluso el núcleo del viejo PP vasco con Mayor Oreja procedía de UCD, y que, por lejano que pueda parecer ya, mérito de Aznar en la oposición fue la refundación del PP recogiendo la herencia de UCD y a costa del propio espacio electoral del CDS de Adolfo Suárez. Con todo, no es suficiente que desde el PSOE se haya superado la tentación de asimilar a ETA con el PP en el plano político, si no lo hace también el gobierno en el policial. No basta con descalificar, algo tendrá que explicar el ministro del interior Rubalcaba. Tanta frivolidad, aunque estemos en verano, no es de recibo.

Viñeta de
Martín Morales en Estrella Digital, 15-08-2009