lunes, 1 de noviembre de 2010
Verborrea sobre ETA
domingo, 6 de diciembre de 2009
Ex Euskadi lux
miércoles, 6 de mayo de 2009
López Jaunak

lunes, 16 de marzo de 2009
Euskadi, voces extrañas (y II)

El PSE parece que enseguida se ha recobrado de su inicial desconcierto (por no haber logrado el sorpasso y tomado la delantera al PNV en votos) y no ha dejado de manifestarse y comportarse con excesiva naturalidad, como si efectivamente hubiera ganado las elecciones y no dependiera de nadie para poner gobernar, lo que resulta algo extraño. Da por seguro el apoyo del PP, sin ni siquiera referirse a él, como si fuese el PP quien está obligado necesariamente a dárselo (y no el PSE a solicitárselo), porque de lo contrario la responsabilidad de haber malogrado el cambio recaerá (con toda la fuerza de la historia: de la historia no hay quien se libre) sobre los populares.
Los socialistas han expresado con sorprendente e inexplicada claridad su “decisión” de gobernar “en solitario”, con socialistas e independientes, sin plantearse la posibilidad de un gobierno de coalición con el PP. Se acabó la lógica del frentismo y de la exclusión, salvo –según parece- en lo que se refiere al PP, del que curiosamente se puede prescindir o no cuenta en definitiva, puesto que desde el entorno político o intelectual socialista se ve como lo más “natural” las dos cosas: el apoyo de los populares vascos a la investidura de Patxi López y su exclusión del gobierno liderado por el PSE. Por una parte los socialistas no admiten que el PNV sólo hable de frentismo en caso de acuerdo entre los no nacionalistas (y no cuando pactan los nacionalistas entre sí), pero por otra parte admiten esa lógica y se resisten hasta a cualquier formalización de acuerdo con el PP.
El PP también dice algunas cosas extrañas, como la afirmación de Basagoiti de que “es el PP quien quita y pone lehendakari”. A fuerza de ser de Bilbao, el nuevo líder popular vasco parece de Madrid. Tanta chulería política no ha pasado desapercibida ni al PNV, pero algo de razón tiene. Del PP no se puede prescindir si falla (como todo parece) el entendimiento entre socialistas y nacionalistas. La lógica de los números también admite un gobierno PNV-PP, y hasta existe mayor afinidad ideológica si se prescinde de la variable nacionalista. De hecho hoy alguna prensa daba como noticia una oferta generosa que se habría producido del PNV al PP, para que los populares vascos entrasen en un gobierno vasco presidido por ellos. Estas voces secretas por extrañas o infundadas que puedan resultar, fortalecen en cualquier caso la posición negociadora del PP.
Queda aún mucho por ver y oír en Euskadi antes de que se pueda formar un nuevo gobierno. El PP tiene derecho a marcar, y a que se respete, su territorio, pero no debe cometer errores, y puede aprender muchas cosas de los socialistas vascos que deben, en cualquier caso, defender y asegurar una auténtica pluralidad en el País Vasco. Al fin y al cabo, es el PP quien más gana con la nueva situación, tanto si entra como si no entra en el gobierno, y hasta le es más cómodo no entrar y evitar el desgaste en una situación que, sin duda, va a ser de dificultad. Condicionar necesariamente el cambio en Euskadi, y romper la estrategia de Zapatero mantenida en la última legislatura (de entendimiento estable con los nacionalistas para excluir de manera duradera al PP del poder), dejándole en una situación de deblidad política en el Congreso, es de por sí ya mucha ganancia para los tiempos de crisis que corren.
jueves, 5 de marzo de 2009
La madeja vasca (y II)

Sin duda los socialistas deseaban que el PSE hubiese obtenido más votos y escaños que el PNV, para hacer evidente su derrota. El PNV no ha sido derrotado, pero su política sí. Al PNV no se le pueden negar méritos de gestión en sus treinta años de gobierno (en solitario o compartido), pero no sólo ha fracasado en lo principal –la normalización de la sociedad vasca– sino que se ha hecho evidente a ojos de muchos (particularmente desde Lizarra) que el PNV, lejos de ser la solución, es parte del problema. En esto estamos ahora: ante la duda fundada de que un gobierno de coalición PNV-PSE pueda ser, no ya viable, sino fiable, incluso bajo la presidencia de Patxi López (en el caso de que el PNV consintiera esta posibilidad). Por más que a nadie se le escape, que esta solución sería la más beneficiosa para Zapatero, puesto que le permitiría seguir contando con el apoyo parlamentario del PNV en Madrid (evidentemente más cómodo que tener que volver a trabajarse y sufrir el costo de los apoyos de ERC o BNG, si es que estos partidos –escaldados de Zapatero– estuvieran por la labor, que CiU aún no le perdona su salida de la Generalitat).
La conclusión a la que se llega es que si se quiere cambio de verdad en Euskadi (y la situación y los votantes parecen requerirlo), el PNV debe perder el poder del todo. El mismo PNV lo necesita para poder regenerarse. Las relaciones entre PNV y PSE deben ser a partir de ahora intensamente democráticas, pero no de socios, por mucho que contraríe esta eventualidad al PNV. El PSE necesita entonces articular una mayoría parlamentaria y un gobierno con otros socios. No sería razonable que pretendiera el apoyo del PP para la investidura sin ningún compromiso ulterior, por mucha “ingeniería política” de la que quiera presumir López. La cosa política no funciona así. Y sin estabilidad tampoco hay cambio.
¿Sería antinatura la alianza de socialistas y populares en el País Vasco? No es fácil determinar la procedencia de los votos, pero algunos números hablan. Patxi López no ha sacado más votos ahora que Mayor Oreja en 2001. El PP ha resistido en número de escaños, aunque ha perdido 65.000 votos respecto a 2005. ¿Dónde han ido? Los 40.000 de más del PSOE y los 22.000 obtenidos por Rosa Díez algo tendrán que ver. Hay un trasvase de voto (útil) PP-PSOE y PSOE-PP en el País Vasco de sentido autonomista y españolista (al vaivén de los cambios de gobierno de Madrid) que no puede ignorarse, y cuyo análisis seguramente pesara en el debate interno del PSE. Sería paradójico que el mito de las dos almas, que ha abandonado al PNV (sólo tiene una, no hay que engañarse más), hallase cobijo y cobrase fuerza en el PSE por capricho de alguno de sus dirigentes, en contra de sus bases o votantes.
La coalición PSOE-PP en el País Vasco no es antinatura (ni presupone el triunfo de la tesis de la gran coalición a nivel nacional español, cuestión discutida y discutible, por supuesto). Por el contrario, la presencia cotidiana en el País Vasco del chantaje de la violencia terrorista, la interconexión todavía visible entre política y violencia, o la debilidad del Estado de derecho derivada de la misma utilización de las instituciones vascas contra el estado español, que deja desguarecidos derechos y libertades fundamentales de una parte considerable de ciudadanos, son realidades claramente contrarias al orden democrático, que afectan a la propia confianza de los vascos en su futuro y a su bienestar, secularmente envidiado, pero tan amenazado por la crisis económica como el que más. En todo esto, que es lo que debe cambiar realmente en Euskadi (ese cambio por el que Patxi López comprometió su palabra durante la campaña), están –o deberían estar– PSOE y PP más unidos que nadie. Con Basagoiti el PP no ha perdido firmeza en su discurso y sí ha ganado muchas posibilidades de diálogo y entendimiento con todos, sin renuncias en lo esencial.
Desde un análisis estrictamente partidista el PSOE de Zapatero podría llegar a la conclusión de que cualquier fórmula de coalición le perjudica. El PSOE siempre pierde tanto si pacta con los nacionalistas como con los populares. Puede valorar qué factura le resultará más costosa. O puede –armado de la lógica de los números– romper la lógica del estado de las banderías que él mismo tanto ha contribuido a desarrollar (un juego de suma cero), y acometer este reto con alta responsabilidad política y sentido de Estado, confiando en que si a España y al País Vasco les va bien, a él como político también le irá bien (con o sin Pepiño Blanco a su lado).

