sábado, 17 de septiembre de 2011

Navarra - Política de bloques

La expectativa de una nueva política en Navarra, levantada en las pasadas elecciones autonómicas, parece disiparse por la misma aceleración de los hechos. La sorpresa electoral de Bildu hacía planear la duda sobre quien tiraría de quién en el futuro, si NaBai de Bildu, ejerciendo de maestro de ceremonias en la iniciación democrática de Batasuna, o, por el contrario, si Bildu-Batasuna de Nabai, haciendo peligrar el proceso que inició en su día la izquierda abertzale con Aralar, valiente al rechazar el terrorismo de ETA. El anuncio del adelanto de las elecciones generales al próximo 20-N ha despejado rápidamente la incógnita.

Lo que fue creado a instancias de Aralar (NaBai), se quiere destruir ahora con la complicidad de los propios dirigentes de Aralar, aunque éstos sean “sacrificados” en la operación. Aralar ha cedido a la presión y exigencias de Batasuna, sin que Batasuna haya dado todavía ninguna prueba fehaciente de su desmarque de ETA. Al final se ha vuelto al principio, a la casa del padre, y por muy seguros que estén algunos de que esta vez se llegará a la tierra prometida, no sabemos exactamente de qué se trata, si de la sempiterna llamada de los ídolos de la tribu para realizar la eterna nación soñada o de la necesaria apuesta democrática hasta ahora negada.

La duda expresada es más que razonable, y prueba de ello es que la decisión de Aralar de concurrir a las elecciones integrándose en un gran bloque nacionalista, ha sido contestada por buena parte de las bases del partido y antes por el resto de los grupos de la antigua coalición: PNV e independientes. Agrupados estos últimos en la recién constituida asociación Zabaltzen, han hecho un sorprendente llamamiento a la política de principios, con un expreso reconocimiento de la diferencialidad de Navarra como sujeto político, que llama la atención frente a los intereses geoestratégicos de que hace gala la política navarra dominante. La actual situación personal y política de Uxue Barkos ha engrandecido su figura.

La formación del bloque nacionalista ha reforzado la posición tradicional de UPN. Ante una posible victoria del nacionalismo vasco en las urnas que le haga aparecer como la principal voz de Navarra en el Congreso, Barcina ha apelado a la formación de otro bloque, la coalición UPN-PPN con el objeto de frenar la expansión nacionalista. Este planteamiento ha suscitado la respuesta airada del ex presidente navarro, que había puesto su nombre por encima de las siglas del partido, postulándose como candidato para encabezar las listas, y que ha visto traicionadas las líneas políticas maestras por él definidas, que pasaban por el distanciamiento de UPN del PP, aunque haya sido Sanz el inmediato inoculador en Barcina del miedo al nacionalismo como argumento ideológico y reclamo electoral.

La política de bloques sacrifica los principios y a las personas, y para la audiencia la actitud de Sanz es vista como la de quien ha perdido el poder y la iniciativa política, y se resiste a aceptarlo. El debate principal del momento es la determinación de la potencia rectora que ha de situarse al frente de la reunión de las partes para hacer efectiva la acción del bloque como un todo. De un lado, está claro que a ese papel nunca ha renunciado Batasuna, ni va a hacerlo ahora, y Aralar lo acepta. Del otro, ha sido UPN quien se ha acercado al PP, pero el partido regionalista se esfuerza por llevar directamente la negociación con los líderes populares nacionales, obviando a los dirigentes del PPN, para dejar a salvo la percepción dentro de Navarra de que es UPN quien ejerce ya de hecho esa función rectora.

La política de bloques de UPN y Batasuna consagra una dialéctica identitaria fuertemente ideologizada que conduce por sí misma a la desaparición o marginación en Navarra de las fuerzas y actitudes más moderadas en los diferentes espacios políticos. Es algo que ha sucedido en el pasado con PNV y CDN, que se está dirimiendo ahora con los independientes de NaBai y que plantea un interrogante respecto al futuro del PSN, que pese haber sido el gran perdedor el pasado mayo, se encuentra instalado en el sistema, pero es incapaz de explicar el papel que desempeña hoy en la política navarra, a modo de convidado de piedra en el Gobierno Foral junto a un partido que pacta electoralmente con su principal adversario a escala nacional.

A todos asisten razones para justificar la dinámica de bloques. Se antoja difícil derribar telones de acero que la sociedad navarra rechaza de fondo, ansiosa de un mayor respeto a la pluralidad del cuerpo social y al roce saludable propio de la convivencia cotidiana. La política de bloques esconde siempre intereses, clientelares o de otro tipo, en la defensa del statu quo para hacer creer que nada ha cambiado o que nada puede cambiar. Pero, hablando de telones y de bloques, la historia atestigua que la política y la sociedad son constitutivamente abiertas, y que toleran no sólo cambios paulatinos sino también inesperados y súbitos, que favorecen a la postre no a las posiciones más extremas y radicales, sino a las moderadas y templadas, fuente y exponente -allá donde se encuentren- de las mejores virtudes cívicas.

Publicado en Diario de Navarra, 16 de septiembre de 2011

lunes, 22 de agosto de 2011

Rebeldes e indignados

Vivimos tiempos de incertidumbre y confusión, acompañados de evidentes signos de debilidad moral, sin que el ámbito público sea una excepción. El tiempo desordenado de la actualidad es la manifestación del relativismo cultural y del déficit crónico de virtud cívica y política que arrastramos. La crisis que nos agobia, no es exclusivamente económica; mucho antes y ante todo lo es de valores.

Desde el pasado mes de mayo, Madrid ha sido el escenario simbólico de los jóvenes 'indignados'. Se ha querido hacer del movimiento del 15M -la 'spanish revolution' llamada a extenderse por el mundo desarrollado- la conciencia crítica del malestar actual que aflige particularmente a los jóvenes, corneados por el paro. Son las víctimas propiciatorias donde las haya de la crisis, al verse desposeídos del futuro, de su futuro, el gran tesoro de la juventud.

La frescura del movimiento y el propio cuerpo y fuerza del mismo ha ido malográndose a medida que éste fue adquiriendo voz y manos rectoras. En pocas semanas y meses, el movimiento pasó de provocar la curiosidad de la ciudadanía a desafiar a las autoridades (incumpliendo el día de reflexión previo a las elecciones municipales) y a intimidar a los representantes políticos (cercando sedes parlamentarias).

Al final nadie sabe qué quieren y qué hacen estos jóvenes que ni pueden trabajar ni quieren estudiar, mitad anti-sistema por principio y mitad inquisidores en la práctica que no conciben que exista salvación más allá del Estado al hacer de él la instancia última y el destinatario final de sus propuestas inconexas, muchas de ellas vacías de contenido o impregnadas de un idealismo estéril y dogmático, que ha acabado por clamar contra la visita del Papa a Madrid que terminó ayer.

Quienes convirtieron la puerta del Sol en un campamento asambleario de ribetes sesentayochistas que arruinó, contando con la paciencia de muchos y la tolerancia de la fuerza pública, los intereses de muchos comerciantes y la imagen misma del movimiento ante los ciudadanos, han protestado ahora o se han hecho altavoz de quienes se indignan por la ocupación de espacios públicos por parte de otra juventud mucho más numerosa (cerca de dos millones) llegada de todo el mundo.

Han denunciado también la disposición de servicios públicos en favor del evento, la Jornada Mundial de la Juventud, sin valorar los evidentes beneficios económicos que ésta ha supuesto para la capital española y para los mismos sectores perjudicados por el 15M. La degeneración del 15M se ha hecho visible al vincular su propio nombre a actitudes anticlericales trasnochadas y a provocaciones violentas que no son compartidas siquiera por la mayoría de los primeros animadores del movimiento.

Aquellos que hicieron gala de protesta y rebeldía se han erigido con motivo de la JMJ 2011 en celosos guardianes del pensamiento único. Frente a la concepción del hombre, varón y mujer, como imagen de Dios, se alzan quienes hacen de sus cuerpos y de sus mentes los nuevos dioses que buscan imponer sus preceptos y reducir al ámbito privado cualquier otra creencia personal y colectiva, comenzando por la religión.

Los actos de la JMJ han supuesto una provocación sin duda para quienes creen a pie juntillas que la religión debe quedar fuera del espacio público, confinada en el reducto de lo privado. Muchos se habrán sorprendido ante estos otros jóvenes que han llenado las calles de Madrid. No pretenden una nueva unión de la Iglesia y el Estado y ni siquiera han proclamado consignas o eslóganes políticos. Tampoco han hecho gala de fanatismo, ni han hecho seguidismo de antiguos hábitos clericales.

No menos ha llamado la atención la sencillez y la cercanía de Benedicto XVI, el supuesto martillo de herejes, un Papa anciano y sabio, claro y profundo en sus mensajes, muy consciente de la situación actual de la familia humana, sobre la que ha reforzado su liderazgo moral, sin temor a ahuyentar a unos jóvenes que le han manifestado todo su cariño, como hijos de un padre común. Los jóvenes de la JMJ se han presentado alegres y divertidos, pacíficos y ordenados, preocupados por la búsqueda de la verdad, unidos en la variedad, con una estimable capacidad de interiorización, de sufrir y de compartir con los demás.

Jóvenes ciertamente inconformistas, se antojan como los auténticos rebeldes dentro de un mundo profundamente turbado y desconcertado por el propio fallo de estados y mercados evidenciado por la evolución y persistencia de la crisis. El 15M ha quedado desbordado por la JMJ en Madrid. A las imágenes de la acampada de Sol han seguido las del campamento de Cuatrovientos. Madrid ha sido el mejor escaparate de una juventud con fuerza suficiente para conquistar el futuro, lo cual es motivo de esperanza para la propia Iglesia católica y para el mundo.

La ciudad de Dios vive en la ciudad de los hombres. La religión necesariamente influye en la esfera pública en cuestiones centrales como la libertad, la justicia, el derecho a la vida, consustanciales a los anhelos de verdad y belleza que habitan en la fe y el sentimiento religiosos. Tienen fuertes motivos para dudar quienes se empeñan en defender lo contrario.

martes, 19 de julio de 2011

Espera insufrible

España se encuentra esperando no se sabe a qué. No porque nadie sepa qué le conviene a España, sino porque nadie da realmente un paso en esa dirección. Nadie es inocente, pero no todos son igualmente responsables de una situación crítica que ha desandado ya buena parte del camino recorrido colectivamente desde la instauración de la democracia y que amenaza con hipotecar el futuro de varias generaciones de españoles. En un mundo trepidante, como el que nos brinda la tecnología, la espera produce desdén, pero puede conducir del desprecio a la ira cuando esa espera se antoja sin sentido a los ojos de quienes la sufren. Una cosa es la paciencia, otra la resignación y una tercera la tontería. Y de tonterías de sus políticos, los españoles están dispuestos a admitir ya las justas.

Zapatero sigue esperando a que por arte de magia se aquieten esss aguas turbulentas que son los mercados, y las manos negras visible o invisibles que los agitan y juegan con la prima de riesgo de nuestra deuda y el déficit, poniendo a España un día sí y otro también en alerta roja. O espera cuanto menos a que una voz interior le revele los tiempos más favorables para la convocatoria de elecciones generales. Mientras tanto Zapatero no hece nada más que exigir responsabilidades ante la crisis a quien le solicita el adelanto electoral, como se pudo ver en el pasado debate del estado de la nación, ante la insistencia del PP en ese sentido. Zapatero espera, no se sabe realmente a qué ni para qué, porque cualquier argumento suyo queda inservible al minuto siguiente, y esa espera se hace insufrible.

El flamante nuevo candidato oficial socialista, Rubalcaba, se ha instalado también en una posición quasi-metafísica, por mucho que presuma de realista. Ha precipitado su salida del gobierno bien por el posible adelanto electoral, bien porque pretenda desentenderse de la gestión de la crisis, de la que ha sido hasta tan responsable como Zapatero. Su proyecto, tal y como lo ha presentado a los suyos, es para cuando se supere la crisis. Pura expectativa de futuro bajado del cielo. Con ello podrá devolver el ánimo a los socialistas más ingenuos, pero no inspira confianza alguna a la sociedad española que ve cada día como se le abre el suelo bajo sus pies, y no comprende ni admite esa espera sin sentido.

Rajoy también espera, y mientras tanto tampoco hace nada más que reconcomerse pensando en que aunque este tiempo de inacción seguramente le favorezca electoralmente, es angustioso y enormemente costoso para el país. Porque si no lo pensase sería cómplice de esta situación, y el más miserable de todos en el juicio final, con minúsculas, que con perspectiva habrá que hacer de este desangrante compás de espera, después de la enorme responsabilidad que los españoles, a la desesperada, han confiado al PP en las pasadas elecciones autonómicas y municipales. Pero in spes contra spem, y tal como vienen las cosas aún tendremos que sufrir, cuando sea, una campaña electoral a la medida de nuestros políticos a costa de los trajes de Camps y el Faisán de Rubalcaba, ahora que hay juicios al respecto a la vista, a no ser que asome de improviso por alguna parte un gramo de grandeza.

viernes, 3 de junio de 2011

Navarra - Nueva política

Tras las elecciones municipales y autonómicas del pasado 22-M, todos o casi todos en Navarra se han sentido vencedores. UPN se ha alegrado porque ha vuelto a ganar las elecciones y se congratula de doblar en escaños al siguiente partido con representación parlamentaria. El PP no ha dejado de calificar de históricos sus resultados, y en verdad lo son porque por primera vez se hace presente en las instituciones con su propia marca. NaBai se muestra satisfecha de haber resistido heroicamente en el Ayuntamiento de Pamplona y de que el conjunto de la izquierda abertzale haya ganado posiciones con respecto a 2007. Izquierda-Ezquerra celebra también su vuelta a ese mismo ayuntamiento, por más que sea de la mano de Batzarre. Y Bildu está realmente entusiasmado de haber dado la gran sorpresa en estas elecciones.

Pero, por mucho que nos guste la fiesta, no todos están felices. CDN, como estaba escrito, ha desaparecido del Parlamento de Navarra sin que nadie entonara en la noche electoral un réquiem por ellos, ni haya lamentado la pérdida de lo que durante 15 años ha constituido posiblemente el mejor ejemplo de política inteligente en Navarra. La situación del PSN, por último, es realmente comprometida. Puede argumentar, como Zapatero en el contexto español, que el culpable de sus males es la crisis. Pero la crisis del PSN viene de lejos, de los casos Urralburu y Otano, y en la posición que le han dejado los resultados obtenidos, no tiene fácil arreglo. En otro contexto, ser llave del gobierno puede proporcionar un enorme poder; en el nuevo escenario navarro, es posible que resulte un interminable tormento antes de llegar a lo peor.

Al margen del guión y de la puesta en escena realizada en su momento, el éxito de la estrategia de ruptura de UPN y PP, diseñada por Miguel Sanz para asegurar con perspectiva de futuro la estabilidad del Gobierno Foral, es más que discutible a la vista de estos resultados. La actual fuerza del centro derecha (UPN+PP=23) ha disminuido con respecto a 2007 (UPN+CDN=24) al igual que la de los llamados a entenderse juntos por siempre (UPN+PSN, que retroceden de 34 a 28 parlamentarios, dos arriba de la mayoría absoluta). Si la alianza estable de UPN con el PP maniataba a los regionalistas impidiendo su libertad de entendimiento con el PSN (y así se argumentó para la ruptura del pacto), la necesidad de un entendimiento futuro de UPN con el PP (tanto en Madrid, si el PP ocupa como es previsible el Gobierno de España, como en Navarra, para asegurar llegado el momento la política del Amejoramiento), no dejará en mejor situación a los socialistas navarros.

La política anti-nacionalista que ha nutrido históricamente el discurso de UPN, y que ha guiado las previsiones sucesorias de Miguel Sanz, refuerza al nacionalismo (NB+Bildu=15, frente a los 12 anteriores de NB), no a UPN, y menos al PSN (-3). El voto del miedo habitual en la derecha, potenciado por la decisión política del Tribunal Constitucional sobre Bildu, posiblemente explique que UPN haya conseguido algún escaño más (voto útil en detrimento del PPN) de los pronosticados por las encuestas antes de ese momento, pero esa reacción ha beneficiado muchísimo más paradójicamente al victimismo de que ha hecho gala Bildu. Todos han apelado desde el 22-M a la responsabilidad del PSN, pero nadie se ha hecho cargo verdaderamente de la alternativa en que se encuentra: el suicidio político si optase por el llamado ‘gobierno de progreso’ (que requiere el apoyo de Bildu), o resignarse a ser comparsa de UPN en la política navarra. Haga lo que haga el PSN, no le favorece a corto plazo. Que pudiera o no entrar en un gobierno de coalición con UPN es una cuestión menor, pues es sabido que en cualquier coalición sale reforzado el partido que la dirige, y castigado el otro.

Esta lectura de los resultados del 22M exige de todos una nueva política en Navarra. Es ante todo la hora de Bildu. La fuerza con que ha irrumpido, llevándose por delante a Aralar en el País Vasco, intranquiliza sin duda sobre quién tirara de quién en Navarra: si NaBai de Bildu, o Bildu de NaBai, supuesto este último que supondría un claro retroceso en el costoso proceso recorrido por la izquierda abertzale con NaBai (puesto que EA actualmente apenas proporciona a Bildu un escaso número de dirigentes). Pero también UPN, que como partido mayoritario de Navarra revela en sus bases una evidente pluralidad, debe hacer un esfuerzo por encarnar una nueva política mucho más sensible al reconocimiento real de la diversidad social y cultural de Navarra. El nuevo liderazgo de Yolanda Barcina, si consciente de su misión afirma su propia personalidad política para traducir el carisma en eficacia histórica, puede favorecerlo y eso, sin duda, facilitará las cosas al PSN que tiene como primera tarea la recuperación de su propia autoestima y de su identidad, perdida en algún lugar de su laberinto.

Publicado en Diario de Navarra, 25 de mayo de 2011

domingo, 29 de mayo de 2011

K.O y tongo

Lo que estaba ahí, lo que se sabía que iba a pasar, se ha hecho evidente en y después de las elecciones del 22-M. La derrota del PSOE ha sido por K.O., rotunda, sin paliativos, histórica. Zapatero, en un gesto valorado, salió a dar la cara en la noche electoral. Las elecciones municipales y autonómicas se habían convertido en un plebiscito sobre su persona y sobre su política, aunque quiso evitarlo anunciando tarde que no repetiría como candidato en 2012. Zapatero la noche del 22-M quiso encarnar la derrota hasta cierto punto, porque responsabilizó a la crisis de ella, y claro, la crisis no puede asumir responsabilidades políticas. A los pocos días, en su primer cruce con Rajoy, volvió a referirse a las 'circunstancias' negando que él o su gobierno tengan que ver algo con la pérdida de 'confianza' en España.

No ha habido ningún consuelo. Si el PSOE llega a gobernar en alguna autonomía no será por méritos ni votos propios, ni siquiera en Extremadura. Castilla-la-Mancha, Asturias, Aragón, todas las capitales andaluzas: la hecatombe del PSOE se ha producido donde más puede dolerle. La broma del TC sobre Bildu, que ha irrumpido con enorme fuerza en Navarra y País Vasco, ha hecho tambalearse al propio lehendakari López. El PNV no ha tardado en pedir su dimisión y hasta ha sembrado de dudas su disposición de seguir sosteniendo a Zapatero en el Parlamento, a pesar de que después de la decisión del TC el partido nacionalista sacó pecho para declarar que había hecho lo que se puede contar y lo que no para lograr que Bildu estuviera en las elecciones, y que 'suspendía la suspensión' del apoyo político con que había amenazado al gobierno en caso contrario.

Pero Zapatero ni siente ni padece, porque trabaja para la gloria, para salvar de los infiernos a que nos ha llevado a todos, su propio nombre. Insensible a lo que ha provocado, rechazó de entrada cualquier posibilidad de adelanto electoral para emplearse a fondo en las reformas que España necesita, pero que hasta ahora sólo ha impulsado tarde y mal. Su escasa capacidad de entender y de embrollarlo todo se ha manifestado también en su intento de continuar el juego de las primarias, que únicamente cabía comprender desde una sorprendente voluntad de ceder el testigo a Carme Chacón, y que Rubalcaba ha cortado en seco, porque nunca ha estado dispuesto a perder el tiempo con unas primarias como condición previa para subirse a una locomotora sin rumbo que para colmo sólo él es capaz de controlar.

Zapatero, una vez más, dice una cosa y hace o asume la contraria sin pestañear. El discurso de la democracia interna del PSOE frente al 'dedazo' del PP para elegir sucesor ha durado un suspiro. Lo que le ha costado darse cuenta a Zapatero de que sin el consentimiento de Rubalcaba no aguanta al frente del partido ni del gobierno. Patxi López, próximo a Rubalcaba, le sirvió el mensaje en forma de petición de celebración inmediata de un congreso del partido donde se renovaran los cargos y el proyecto. Tal posibilidad, apartando a ZP de la secretaría general, abría asimismo la puerta al adelanto de elecciones generales, pues no tendría sentido para su propio partido -sin ser candidato ni ostentar autoridad orgánica alguna- la permanencia de Zapatero en el gobierno.

Con muy pocas palabras el lehendakari López, con el respaldo del PSE, humillaba con frialdad a Zapatero como ZP ha humillado a López a costa de sus relaciones y concesiones directas al PNV, y el PNV a López pidiendo su dimisión como consecuencia de los resultados municipales vascos. A partir de ahí la ceremonia de la confusión no ha hecho más que aumentar. Quien no había hecho más que dar un paso adelante en la intimidad, Carme Chacón, se ha visto forzada a dar públicamente un paso atrás, renunciando a presentarse a unas primarias que nadie había convocado. Y quien había prometido ser neutral en ese proceso, Zapatero, se adelantaba ayer a presentar y defender a Rubalcaba ante el comité federal del PSOE como su sucesor.

Más que golpe de Rubalcaba, lo que ha habido es tongo. Zapatero, seriamente golpeado desde hace más de un año, ha debido y tenido oportunidades de dimitir antes del 22-M, y hasta de elegir la manera de hacerlo, como he comentado alguna vez aquí, para que esa salida no perjudicase ni al país ni al PSOE. La situación a la que se ha llegado es la más absurda. Se acepta que un ZP groggy permanezca amarrado al timón para no caer, y quienes conviven dentro del gobierno y son corresponsables de su falta de dirección política, tanto Rubalcaba como Chacón, son quienes se postulan como expresiones de sendos proyectos de renovación y cambio profundo, al parecer incompatibles entre sí. No han sido capaces de hacerlos valer durante años dentro del actual gobierno al que pertenecen, pero no se sabe bien por qué uno de ellos, Rubalcaba, sin prescindir de quien marca la política del gobierno y del partido, Zapatero, va a conseguirlo ahora en unos pocos meses.

Claro, a no ser que haya algo que pueda unir a Zapatero, Rubalcaba y López en sus respectivos intereses inmediatos, lo que de existir fortalecería la sensación de tongo. Y puede que exista, pues es evidente que no habría sucedido nada si Bildu no se hubiera presentado a las elecciones y tuviera que haber acreditado de aquí a las elecciones autonómicas vascas su fe democrática. Pero la presencia de Bildu en el escenario (sobrevenida por el exceso de celo político del TC, o por el 'imperativo de las circunstancias' que tanto valora actualmente el presidente Zapatero) fortalece la vía de la negociación para el final de ETA. Se puede y se debe reprochar, a todos, PP y PSOE, que se quiera instrumentalizar con fines partidistas el terrorismo. Pero la cuestión fundamental no es esa sino otra: ¿qué se puede negociar con ETA a estas alturas?

viernes, 6 de mayo de 2011

TC Bildu

El hecho es claro: una y otra vez, por enrevesado que pueda ser el camino, están en las elecciones. ¿Quiénes? Los que no se atreven a cortar amarraras con ETA. Solos o acompañados, con un nombre u otro, en mayor o menor número, pero acaban estando y acaban haciendo el juego a ETA, y dificultan su final. ETA, Batasuna, Sortu, Bildu. En el principio siempre está ETA y ETA, que no es el Verbo sino la Violencia, no puede tener legitimidad democrática alguna.

El Tribunal Constitucional ha enmendado sorprendentemente la plana al Tribunal Supremo, que había fundado su decisión contraria en la investigación y en las pruebas recogidas por las Fuerzas de Seguridad del Estado. El TC está a otra cosa. Si fuera verdaderamente TC estaría a lo fundamental y nos sentiríamos tranquilos y aliviados. Pero como hace tiempo que no se trata de un Tribunal Constitucional sino de uno Político-Constitucional, pues entonces el sentimiento de preocupación o de vergüenza cunde y con razón.

El voto de los magistrados, como nos tienen acostumbrados, ha sido político. El pleno no ha tenido ni tiempo de estudiar a fondo las razones del Supremo. Da igual. Los magistrados propuestos por el PSOE (con la excepción de Manuel Aragón, que le salió rana en tiempos del Estatut, y de ahí la urgencia que tenían los socialistas para forzar la renovación parcial del tribunal y aumentar los efectivos "progresistas") han votado a favor de la presencia de Bildu, y asunto concluido.

Zapatero ya puede dormir tranquilo, que estaba muy preocupado con la amenaza del PNV de retirarle el apoyo parlamentario si Bildu no estaba en las elecciones. El escenario era terrorífico para Zapatero: fenomenal batacazo del PSOE en las elecciones autonómicas y municipales, como presagia la encuesta del CIS publicada ayer (el anuncio de la retirada de Zapatero queda sin efecto), y soledad parlamentaria que no le dejarían otra salida que precipitar la convocatoria de elecciones generales para el próximo otoño.

Pero el terror de ETA sigue guiando los pasos de la izquierda abertzale radical, con la anuencia no sólo de algunos partidos nacionalistas, sino a la postre del propio Rubalcaba-Zapatero, por mucho que se hayan querido cubrir las apariencias con la escenificación de la presunta iniciativa del Gobierno y de la Fiscalía en contra de las listas de Bildu. Esto es lo que percibe la ciudadanía y lo que resulta cada vez más difícil de aceptar, sobre todo si se pretendiera jugar de nuevo la carta de la negociación política del final de ETA en beneficio partidista.