viernes, 31 de julio de 2009

Infeliz aniversario

Hoy ETA cumple 50 años, pero lejos de felicitarla, ni siquiera vamos a divulgar los actos que está realizando para conmemorar este infeliz aniversario. Cuando se juega y comercia con la vida, cuando se ponen cadáveres de servidores del estado sobre la mesa, sólo cabe en este día el desprecio para los asesinos y todo el calor y la cercanía posible con las víctimas y sus familiares.

ETA ya es mayorcita y tendría que ser lo suficientemente madura para darse cuenta de que no tiene ninguna salida por el camino de la violencia y del chantaje. Que no está en condiciones de dar lecciones sobre nada a nadie. Que no tiene sitio en la sociedad democrática, si es incapaz de entender y aceptar sus reglas, que no pueden ser precisamente las de ETA. Y que lo mejor que puede hacer, por el bien de todos y muy particularmente del País Vasco, es jubilarse o prejubilarse, abandonando incondicionalmente las armas. Esa es la única negociación posible, aplicando la ley, si quiere poner fin a su propia crisis y a tanto sufrimiento ocasionado en estos años por su inmadurez culpable.

Sin negociación con el estado y sin propaganda de los medios, ETA no es nada. Y nada debe ser.

martes, 28 de julio de 2009

Final en alto

Si ha habido un año de vacaciones merecidas para los españoles, ha sido éste, que tanto hemos sufrido y aguantado, particularmente a nuestros políticos. Y si no hemos trabajado todos lo suficiente es porque no nos han dejado. La crisis se ha cebado en España, como siguen reflejando los últimos datos de paro (no hay cambio de tendencia, como se había invitado a creer), y la culpa debe ser exclusivamente de los empresarios y del líder de la patronal, al que se acaba de responsabilzar de haber roto el diálogo social. Zapatero prometió antaño, cuando presumía de talante, que iba a trabajar para garantizar que todos los españoles pudieran disfrutar de un veraneo como el suyo. Pero ahora que hace falta, se permite amenazas y malos modales con el presidente de la CEOE, endilga una vez más la responsabilidad de sus propios fracasos al PP, pero él, Zapatero, se va de vacaciones, y no a cualquier sitio. Al palacete regio de La Mareta, en la isla canaria de Lanzarote, a cuenta del estado, lo que no hizo nunca Aznar, que se alquilaba su residencia veraniega, como es sabido.

Zapatero está muy contento con los sindicatos, pero más contentos están los sindicatos con Zapatero, por mucho que el líder socialista represente el poder. La memoria histórica no es útil para evocar la famosa huelga del 14-D lanzada contra Felipe González en 1988, porque un suceso de esa naturaleza ya ni se concibe. Los sindicatos españoles se manifiestan en las Autonomías contra los gobiernos del PP, o contra Sarkozy en Francia, coincidiendo con su presidencia europea, no vaya a cerrar la Renault. Cuando el poder está en manos de la izquierda el poder de los sindicatos no es más que una parte de ese poder, y además sumiso. Zapatero sigue sin querer ni oír hablar de ajustes, únicamente habla de mejorar las pensiones y prestaciones sociales en tiempos de crisis, como si fueran de bonanza, tirando del dinero de que no se dispone hoy, y del trabajo de mañana, que no sabemos si habrá para los españoles. Pues, puestos a seguir aumentando sin control el déficit público, que hubiese pagado las vacaciones a todos, y todos tan contentos.

Si lo que se quiere son políticas de gestos, ser consecuente con el "izquierdismo republicano" de que presume, y reavivar la memoria de la historia que apadrina, Zapatero debería incorporar a los sindicatos a su gobierno, nombrar ministros a sus dirigentes, como en tiempos de la guerra civil. Todos nos lamentamos de la ruptura del diálogo social. Un diálogo y concierto social, entre sindicatos y empresarios bajo el arbitraje del gobierno, que aquí no ha existido. Se ha buscado la foto histórica de unos nuevos Pactos de la Moncloa, como los que promovió Suárez durante la Transición, pero ha fallado el personaje de Zapatero, no Díaz Ferrán, quien hasta no hace mucho pasaba dentro de la CEOE como excesivamente complaciente con el presidente de gobierno socialista (más allá de algún fallo de micrófonos abiertos), y que lo único que solicita es una verdadera negociación, sin "líneas rojas" o cartas ya repartidas o marcadas. Aquellos célebres pactos no se reeditan con una simple cena en la Moncloa.

Zapatero insiste en la politización de toda la esfera pública bajo el principio del alineamiento ideológico y de la inevitable imposición del que gobierna ("Gerardo, yo soy el presidente del Gobierno, que no se te olvide", le dijo Zapatero al presidente de la CEOE, en un derroche de persuasión), que para eso ganó las elecciones, lo cual le legitima a su entender para el ejercicio del poder absoluto. Si hemos aceptado en España la "lógica de bloques" (progresista vs conservador) en el marco del CGPJ o del TC, no sin que se haya resentido la lógica democrática, ahora le toca el turno al frente social. La culpa de nuestro males y de que no hallen solución es de la patronal y del PP, ya que ésta sigue los dictados del PP, según el argumentario oficial, justificándose de esta manera que los sindicatos vayan a la rueda del gobierno, y el gobierno a la de los sindicatos. A Zapatero no le interesa el sindicalismo reformista, de larga tradición en Europa. Aboga por un "sindicalismo conservador"... de todos los mitos de la izquierda más rancia.

No todos van a tener vacaciones, al menos las deseadas. La crisis, el paro y, una vez más, el fuego devorador están alterando de forma dramática el merecido descanso de mucha gente. Cada incendio duele y siempre quedan dos preguntas bajo las llamas: qué o quién lo ha provocado, y qué se podría haber hecho para evitarlo o limitar al máximo sus efectos. Es obvio que las altas temperaturas de España obligan a extremar las precauciones de los ciudadanos y a realizar una política de prevención. No basta con quitar cuatro puntos del carnet de conducir por tirar colillas. No se entiende cómo la política de Zapatero, tan sensibilizada de boquilla con el medio ambiente, no se ha volcado en este tema, cuando resulta que el presupuesto que destina España a luchar contra el fuego es inferior comparativamente a los recursos que destinan Francia, Inglaterra o los países nórdicos. No hubiera sido difícil destinar parte del superestrella Plan E a limpiar los montes y mejorar los cortafuegos. Claro que los carteles anunciadores se verían menos.

El final del curso político se le ha vuelto cuesta arriba a Zapatero. Por utilizar un símil ciclista -ahora que celebramos la nueva hazaña del madrileño Contador en el Tour de Francia-, ZP soñaba con un descenso benéfico hacia el mar, después del mal trago de las elecciones europeas, que le ayudara a recuperar el crédito politico, y se ha encontrado al término del curso político con un final en alto que ha acabado por hundirlo. El fracaso del diálogo social se ha sumado al disgusto que le ha dado el presidente del CGPJ. Por primera vez en su historia, el órgano de los jueces no ha sido capaz de pronunciarse sobre un proyecto de ley del gobierno, hecho que resulta mucho más significativo al tratarse del proyecto de reforma del aborto, lo cual refuerza la postura del PP que ha solicitado que se retire esa propuesta, que no figuraba siquiera en el programa electoral del PSOE, por la fractura social que ocasiona. Los datos de la última encuesta del CIS permiten valorar el propio rechazo mayoritario de los votantes socialistas a la ley de plazos que promueve el gobierno (sólo un 29% la aceptaría).

Esta última encuesta que acaba de dar a conocer el Centro de Investigaciones Sociológicas, tan proclive al gobierno en la actual etapa, puede amargar las vacaciones a Zapatero. Por primera vez desde 2004, el PP se sitúa por delante del PSOE en estimación de voto. Además, suspende en pleno al gobierno de Zapatero al final del curso político, sin que ningún ministro se salve de la quema. La ofensiva judicial y mediática del caso Gürtel no hace mella en el PP, para mayor desesperación socialista, que había elegido ese terreno para desgastar a la oposición. Los medios críticos contra Rajoy, de un signo u otro, no ven motivos para la euforia, y ciertamente no los hay. Pero el curso político termina de manera muy distinta para el líder del PP. La dimisión que se ha producido hoy de Bárcenas como tesorero del PP (ante la inminente e inevitable petición del suplicatorio por pate del TS), le facilita desde luego mucho la cosas a Rajoy, que se podrá ir tranquilo de vacaciones. No así Esperanza Aguirre, ante las últimas noticias de la reactivación del caso de espionaje político en la comunidad de Madrid por actuaciones judiciales. En cuanto a Zapatero, únicamente cabe desearle que se recupere en La Mareta, entre las rocas, a salvo de los incendios.

miércoles, 22 de julio de 2009

Ritmo lento

La reflexión sobre el tiempo ocupa hoy día un lugar privilegiado dentro de las ciencias naturales, humanas y sociales. Resulta evidente la experiencia del tiempo vivido y la inquietud acerca del porvenir, en general, y de lo que nos aguarda (al planeta y a cada uno), en particular, pero no es fácil conceptualizar el tiempo y menos aún la cuestión del sentido (de lo que nos pasa, y de lo que hacemos). En cualquier caso, cada vez hay más conciencia de la multiplicidad del tiempo social, de los diferentes tiempos y ritmos temporales que conviven en el tiempo calendario, de la aceleración y la velocidad a que nos vemos sometidos y que parece imponerse en las llamadas sociedades avanzadas.

En España, a diferencia de otros países de nuestro entorno inmediato, el mes de agosto es el mes de las vacaciones por excelencia. De manera paradójica, por muy policéntrico que parezca el estado de las autonomías, Madrid sigue marcando el ritmo nacional. Madrid se paraliza y se vacía cuando llega el mes de agosto, contagiando a todos los demás, en contraste con lo que sucede en Francia, que por muy centralista que siga siendo, diversifica mucho mucho más el tiempo de vacaciones. Pero basta con incumplir ese ritual español, y desviarse en cualquier otro mes estival o del año unos pocos kilómetros de cualquier autovía del norte, por ejemplo, para entrar en un ritmo lento que pone en evidencia las falacias del tiempo trepidante, el de la política en particular.

El ritmo político es de por sí acelerado, mucho más rápido que los ritmos económico y social. Los medios de comunicación contribuyen poderosamente a esa sensación y realidad. El ritmo de la política puede llegar a ser frenético, por más que su capacidad de operar el cambio sea mucho más limitada de lo que suele suponerse. Se puede llegar a enloquecer viviendo en el mundo creado por el discurso de los políticos y sus altavoces mediáticos, mucho más si estos aspiran incluso a dirigir a aquellos, y por ende a organizar nuestras vidas. Muchos ciudadanos se ven amenazados de depresión cuando se producen algunos cambios al frente de determinados medios, como acaban de certificarse en la COPE, y comprueban que su mundo (el fabricado y sostenido por esos medios o determinados periodistas) súbitamente se derrumba, ocasionando una auténtica crisis de identidad.

En la quietud de la montaña o el mar, inmersos en un tiempo casi inmóvil, se ajusta la verdadera escala de lo real. Poco importa realmente la suerte política de unos pocos, se llamen Camps, Aguirre, Rajoy o Zapatero, por mucha prisa que tengan algunos en sentenciarlos. Las voces de quienes se afanan en multiplicar los escándalos políticos con el simple objetivo de destruir o deshacerse del adversario (a quien se trata como enemigo, en lugar de protegerlo, sabedores de la propia función que desempeña en el espacio público) no penetran en las profundidades de los valles y se disipan fácilmente con la suave brisa marina. La política se hace mucho más inconsistente y efímera cuando el ritmo que se le confiere atiende únicamente a 1) intereses partidistas y de supervivencia del líder en el gobierno o la oposición, o 2) pretende enmascarar los problemas realmente preocupantes.

Preocupa la crisis económica y el paro, perceptible en el propio espacio de vacaciones. Son de preocupar los efectos de la gripe A en los próximos meses, a tenor de las previsiones que algunos países próximos están haciendo. Preocupa igualmente en la España actual la protección e integridad de los menores. Y ante eso no se entiende la urgencia del gobierno en resolver el tema de la financiación autonómica, en sí mismo mal planteado y peor resuelto en el actual contexto no sólo de incertidumbre económica sino también constitucional en torno al Estatuto de Cataluña, que es lo que ha desatado las prisas: política de hechos consumados, como es habitual en el PSOE, antes de que se conozca la ineludible sentencia del Tribunal Constitucional, que puede afectar entre otros a este punto.

No se entiende si no es por la necesidad que tiene Zapatero, y a lo que sacrifica todo, de lograr la estabilidad parlamentaria de su gobierno, que no la tiene actualmente, como se ha podido ver en los últimos meses. Estabilidad que pasa mucho antes por asegurarse la fidelidad de los diputados catalanes del partido socialista (PSC), siempre amenazando con romper la baraja, que por arrojarse de nuevo en brazos de los nacionalistas republicanos de ERC, como en la anterior legislatura, por más que el deseo de Zapatero en ésta fuese el de aproximarse a CiU. El portavoz independentista catalán, Ridao, no ha dudado sin embargo en apuntarse el tanto de la "negociación", al tiempo que clavaba con frialdad su daga en la espalda del presidente del gobierno de España.

Si lo anterior preocupa de diversa manera, resultan futiles las batallas anti PP e intra PP que presiden la agenda política marcada por los medios, llenas de mentiras o medias verdades por parte de todos. Financiación ilegal del partido, paraísos fiscales, salida masiva de documentacion de sedes oficiales, nuevos actores y cargos implicados que no figuran en las actuaciones judiciales, todo tipo de pasiones y monstruosidades se han dado cita en los seriales de El País o la cadena Ser, jugando con filtraciones de supuesta documentación proveniente de la policía judicial o del ministerio del interior, como si de culebrones de verano se tratara, confiando en su masivo consumo por parte de una ciudadanía siempre ávida de noticias del poder y dependiente de los políticos, cuando lo que se consigue con ello es incrementar la distancia entre aquella y éstos, y el mismo desinterés por la política. Aunque los réditos electorales de esta estrategia hayan sido escasos o más bien contrarios, el PSOE y sus satélites insisten en su afán de presentar al PP como el ejemplo actual de la vieja política, tan denostada por Ortega, donde la política se confunde con la corrupción (olvidando, o queriendo hacer olvidar, que las páginas realmente sangrantes de corrupción en la historia reciente española las ha escrito el PSOE, y son difícilmente superables).

A estas horas declara ante el Tribunal Supremo el senador Bárcenas, el tesorero del PP, supuesto vértice de un iceberg donde debe naufragar -en el designio de los demiurgos- el partido de la oposición. Lo hace extrañamente a petición propia y como "imputado provisional". La ola está a punto de romper y veremos si, respetada al máximo su presunción de inocencia por parte de la dirección del PP, todo se desvanece como la espuma, o si lo que queda finalmente en la arena responde propiamente a las locas aventuras de este avezado lobo de mar en que, entre todos, se ha convertido a Bárcenas. Y en este caso habrá que ver a quien perjudican los secretos inconfesables, si a Rajoy o a quienes desde la defensa de la herencia del pasado siguen empeñados en descabalgar al actual líder del PP, aunque caigan ellos también en el intento, como pueda ser el caso de Esperanza Aguirre. Que se haya significado Álvarez Cascos, secretario general del PP y ministro de Fomento con Aznar, en que Bárcenas resistiera hasta el final no parece casual.

Que un político como Rajoy funcione a ritmo lento, lejos de suponer un defecto o debilidad, como le reprochan sus detractores (que habrían querido ver hace tiempo al tesorero del PP colgado de un balcón de la sede central de Génova), comienza a parecer una virtud. Nadie podrá acusarle de haber cedido a la presión contra su partido en provecho propio, aunque nadie dude tampoco de que ha llegado la hora de que Bárcenas descanse en otro puerto. Por fin las vacaciones para todos. Qué ganas de que las conversaciones ociosas y los argumentos colaterales, totalmente alejados de la tensión del hilo directo que el ritmo alocado (y frívolo) de la política pretende ingenuamente imponer, hagan sopesar finalmente en la tranquilidad y el silencio lo sustantivamente importante y real.

martes, 30 de junio de 2009

Vicente Ferrer, Bono y la protesta iraní

José Bono, el actual presidente del Congreso español, es un hombre comprometido con las grandes causas universales y no da puntada sin hilo, pero -ya que le gusta presumir de socialista cristiano- debería considerar que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que creer, de manera ciega, en su desinterés personal en todas las cosas que dice y hace.

No se trata de juzgar si hizo bien o mal, como tercera autoridad del estado que es, en viajar a la India con motivo de la muerte de Vicente Ferrer, y en hacerse acompañar de la portavoz popular. Sin duda, son muchos los españoles que -por encima de ideas y creencias personales- juzgan muy favorablemente la labor que la Fundación Vicente Ferrer realiza en aquel país, y que colaboran con ella apadrinando uno o varios niños. No sabemos si es el caso del señor Bono, aunque habría sido una estupenda ocasión para dejarlo caer, no para vanagloriarse de contribuir modestamente al bien, sino para respaldar y extender de modo indirecto pero eficaz el conocimiento y la ayuda a esta obra de inspiración cristiana y de enorme proyección social, que tanto reconocimiento popular tiene entre los grupos más desfavorecidos de la India, como se ha comprobado con motivo de las exequias de Vicente Ferrer a las que asistió Bono.

Bono, sin embargo, no ha desaprovechado el evento para cargar contra la jerarquía católica y los obispos españoles, aunque le guste comer con ellos y pontificar más que a ellos. Bono se ha rasgado farisaicamente las vestiduras por los pecados de omisión cometidos por la Iglesia con motivo de la muerte de Vicente Ferrer, como si la cúpula católica hubiese considerado que éste era un "apestado para la Providencia", y fuera del todo necesario que él, Bono, el depositario de la verdadera conciencia cristiana, recuerde la buena doctrina y devuelva la honra a los perseguidos, a los auténticos hombres de Dios que mantienen viva la Iglesia, como Ferrer, "quien era más importante que muchos obispos" que no saben más que "incensar muy bien el altar", o que "dan las ruedas de prensa con el dogma como si lo tuvieran escondido en un arca de la alianza".

Bono censura que la Iglesia o los obispos intenten "imponer" lo que piensan en relación con la reforma de la ley del aborto, mientras durante los años de gobierno del PP se mantuvo la actual ley "sin una sola protesta de la Iglesia". O se vuelve a escandalizar el presidente del congreso ante quienes critican el aborto y "callaron con los muertos de la guerra de Irak". Pero evita de este modo pronunciarse sobre los cambios de la nueva ley, si considera realmente que el aborto sea un derecho, y que quepa como tal dentro de la constitución española, o si como padre cristiano estima conveniente que una menor de 16 años puede abortar al margen de los padres. La sencillez y la falta de doblez, propia de Ferrer, que dejaba desarmado a cualquiera, y que reprocha Bono a los obispos, tampoco es una virtud que adorne al político Bono, nada original por otra parte en el manido afán de identificar al PP con el partido dependiente del poder eclesiástico.

Haría bien Bono en dejar de dar tanto testimonio y centrarse en su propio papel institucional, ya que como él mismo ha reconocido nunca ha ganado tanto y trabajado tan poco. A pocos importa si fue monaguillo o si se le pasó por la cabeza ser cura, o si como afirma una y otra vez quiere "pertenecer a la Iglesia y vivir su fe" pero "en paz con mis convicciones y mis sentimientos", lo que se antoja mucho más como una declaración política ante sus propias bases o correligionarios de partido, que como la atormentada expresión de un creyente comprometido en política. Que predique con el ejemplo la efectiva separación entre Iglesia y Estado, y la efectiva renuncia a no instrumentalizar politicamente la religión, algo que puede hacerse en diversos sentidos y de distintas maneras, como sabe bien Bono cuando afirma hinchado que "yo tampoco creo que se pueda ser católico y cristiano al modo en que determinado obispo o cardenal quiere".

Puestos a trabajar por la verdadera secularización de la política desde el lugar que le corresponde en el orbe, Bono no puede contentarse con la declaración institucional sobre los recientes sucesos de Irán consensuada por todos los grupos de la cámara baja del Parlamento español y leída por él mismo hace unos días. Por supuesto que estamos ante unos "penosos sucesos" y que se ha de instar al gobierno de Teherán a que detenga la represión contra la población civil, que ha elevado el número de víctimas, y "se abstenga de culpabilizar de sus problemas internos a países extranjeros". Si la propaganda de la Alianza de Civilizaciones de Zapatero no sirve para favorecer y apoyar la libertad y la democracia en el mundo islámico, entonces es eso, pura propaganda de escaso recorrido. La condescendencia con el islamismo radical, en la que incurre el gobierno Zapatero, como si no existiera otra violencia condenable que la del terrorismo de Al-Qaeda, es un flaco servicio a la defensa de los valores universales.

Hay "problemas internos" de determinados países que no pueden dejar indiferentes a nadie. Irán protagonizó en 1979 una revolución que fue determinante para la extensión del fundamentalismo islámico a otros países. La propia experiencia de la transición española, y su reconocido carácter modélico, debe conducir a valorar la importancia de determinados signos externos dentro de un régimen autoritario en términos de cambio de la estructura de oportunidad política y, a fin de cuentas, de movilización y liberalización política. Los cambios que pudieran producirse desde el interior del propio régimen iraní, como consecuencia de la propia presión popular y de su repercusión internacional gracias a la revolución tecnológica, adquieren potencialmente la misma trascendencia que los que tuvieron lugar a raíz de los sucesos de 1979, ahora como inicio de una ola de democratización que afectase a otros países del mundo islámico. Pero claro, Zapatero está a otra cosa; y Bono, que quiso en su día ser Zapatero, y que ahora disfruta de su sillón pontifical, también.

viernes, 26 de junio de 2009

Gobierno enredado

Hay comedias de enredo y hay situaciones de enredo general que son sinónimo de crisis permanente de quien las padece, y que a nadie pueden hacer gracia. Es lo que sucede con el gobierno de Zapatero. Obsesionado con borrar las diferencias entre lo público y lo privado, y en convertir todo el espacio público en ideología, esta constante presión hacia la ideologización, por mucho que se disfrace de un anticuado concepto de "secularización", está encaminada a conseguir una ficticia unidad de pensamiento y acción, que tiene poco de pensamiento porque no pasa de fórmulas cuya evidencia depende de un punto de vista partidista, y que por eso mismo lejos de orientar la solución de los problemas reales, acaba por enredarlo todo. Zapatero sueña con inventar la izquierda del siglo XXI y no ha hecho sino representar la vieja figura del jefe de la democracia rousseauniana, deseoso de señalar al pueblo el camino recto que ha de seguirse, y de armar su voluntad, como antaño la iglesia pretendía conducirlo y llenarlo todo. Lástima que esa fatua "religión civil" de Zapatero, como la de Rousseau, sea escasamente respetuosa con el verdadero pluralismo.

La democracia de Rousseau solo era imaginable en comunidades sencillas y en ausencia de verdaderos problemas y diferencias dentro de la sociedad. Zapatero parece disfrutar estatalizando la censura moral (decretando las pautas de comportamiento aceptables) o ejerciendo de ideólogo jefe. Nada debe quedar fuera del control político del estado, controlado a su vez por el partido gobernante, y dentro de éste por personas de la estricta confianza del jefe, con independencia de sus méritos y capacidades. La confianza es el mérito, de la que depende la fuerza y el valor, por más que el valor probado no asegure el éxito. Bajo estas premisas la política de Zapatero se ha convertido en un enredo monumental. Lo que se advierte en los últimos días, tristemente es la parte más cómica.

Los propios excesos de los socialistas explican que anden enredados entre ellos, y que Zapatero duerma mal. La vicepresidenta De la Vega y la ministra de defensa Chacón tienen las espadas en alto con motivo de la polémica suscitada por las actividades del director del CNI Alberto Saiz, que no se sabe bien con qué fondos paga sus jornadas de pesca transoceánica y con qué personal limpia su piscina privada, tan despreocupados y desocupados andan nuestros espías en la actualidad. Para que no se confundiera el CESID con el CSIC se creó el CNI y ahora tenemos la Inteligencia por los suelos y hecha unos zorros, todos espiando a todos y el propio director (protegido de la vicepresidenta contra el criterio de la ministra) denunciando la "rebelión interna". Bastante tiene Chacón con sus propios errores (retirada de Kosovo, gripe A, espías judíos en el Líbano) como para que ahora esta guerra de espías españoles acabe por laminarla políticamente, con lo cerca que estuvo ella de llegar a la vicepresidencia y ser la mano derecha de Zapatero, su protector, en sustitución de la obispa laica. Enredos de espías y de mujeres, a cuál más destructivo de "imágenes fabricadas" (o prefabricadas).

De imagen no anda tampoco muy sobrada Leire Pajín. Está empeñada en ser senadora porque la número tres de un partido tiene que tener algún empaque parlamentario, y se queja de los enredos del PP para su designación autonómica por Valencia. Pero el mayor lío lo tiene ella dentro de su partido después del fracaso en las elecciones europeas. De ahí que vaya a someterse a un cambio de imagen que se antoja como todo un plan de reeducación, ante el cual habrá quien siga planteándose si no es más sencillo cambiar de número tres. Más en la cuerda floja anda Chaves con el asunto de las subvenciones a su hija. Las pruebas documentales publicadas casi le han echado la soga al cuello, y así no hay quien pueda solucionar el espinoso problema de la financiación autonómica, que además no lo va a resolver él sino en todo caso la vicepresidenta Salgado, que es quien maneja el presupuesto, al menos sobre el papel. Triste consuelo es ver al PP enredado con el caso Gürtel y a su tesorero Barcenas en el Supremo, porque -con independencia del fallo judicial- va tener menos consecuencias políticas que el caso Chaves.

Salgado quiso ser honesta después de las elecciones, confesando ella misma que no hay brotes verdes, por mucho que insistiese en ello el último vídeo propagandístico del PSOE. Y en un alarde de realismo dio unos datos atroces sobre las previsiones del gobierno acerca del futuro inmediato de la economía española. El verdadero mazazo, para el gobierno y para todos, llegaría pocos días después cuando la OCDE anunciaba que sí, que sí hay brotes verdes, pero para el resto, no para España, atreviéndose a facilitar unos datos para el caso español que empeoraban todavía más las previsiones del gobierno, que ya no sabe cuánto puede gastar más, y menos de dónde sacar el dinero para seguir gastando, que es lo único que se le ocurre para dar la impresión de que hace algo.

Lo primero, como era de esperar, ha sido subir los impuestos ligados al tabaco y los combustibles, no tanto por necesidad recaudatoria, dicen, sino para favorecer una vida saludable y el ejercicio sano entre los ciudadanos. De eso sí que sabe Salgado. De lo demás, se ignora quien marca el rumbo. Rodeado de sus fieles escuderos, Zapatero se enfrenta cada día con mayor casancio a su situación de minoría parlamentaria. No se trata ya de recabar votos para sacar adelante determinadas iniciativas que se consideran necesarias, sino que se cambian de un día a otro el sentido de las propuestas, con giros espectaculares, en función de quién este dispuesto a dar su apoyo al gobierno dentro del parlamento, o de qué lobby le plante cara fuera. Con el PSOE se están desarrollando elementos propios de una sociedad corporativista, combinados con otros de una sociedad de corte, que se conjugan mal con un verdadero orden de libertad.

El anuncio de una mayor subida de impuestos a los "ricos", pactada con IU, pero finalmente votada en contra por el propio PSOE porque a CiU no le gustaba y se comprometía a cambio a abstenerse en la votación que más importaba al gobierno sobre la elevación del techo de gasto, constituye por sí mismo un embrollo suficientemente ilustrativo de la situación en que se encuentra el gobierno: falto de rumbo, aún más por la dificultad del PSOE de asegurar la estabilidad parlamentaria del gobierno. Alonso y Madina, al frente del grupo parlamentario, son tan cercanos y a la medida del presidente, que han hecho notar la ausencia de Ramón Jáuregui al día siguiente de su marcha al parlamento europeo. El problema del PSOE es que cada dia el escenario está más enredado y no saben qué decisiones tomar.

Enredado en su discurso ideológico, Zapatero está como inmovilizado, incapaz de acometer ninguna reforma estructural y reaccionando de manera teatral, haciendo gala de un reduccionismo populista de izquierda, ante todo aquel que se atreva siquiera a sugerirlo. Se podrá discutir la naturaleza y el alcance de las reformas, pero no hacer nada es simplemente hundirse. El se permite desoír la opinión de los "expertos", por muy gobernadores del Banco de España o del Banco Central Europeo que sean, porque su responsabilidad es "gobernar a la ciudadanía". Fernández Ordóñez y Trichet no dejan de advertirle, pero Zapatero deforma sus palabras como si tocaran a degüello contra los trabajadores para instaurar el despido libre. El problema es que Zapatero no tiene la maquinita de hacer dinero, y que la solidez del modélico sistema financiero español (que hacía inexcusable la presencia del presidente español en las cumbres internacionales para pregonar sus virtudes) comienza a resquebrajarse, y ya hemos aprobado hoy un fondo para acudir en ayuda o intervenir en cajas y bancos.

Disparar el gasto público de forma imprudente y masiva, actuar de manera irresponsable haciendo que los ciudadanos se endeuden hasta lo imposible, es hipotecar su futuro, no trabajar para ellos. La metáfora del barco que navega con referencia al gobierno o al estado es vieja, pero sigue siendo útil cuando se trata de insistir en la cuestión del rumbo. No basta que el barco se mantenga a flote, debe conservar el rumbo fijado. Zapatero se comporta como un timonel que ni admite que se discuta el destino, ni parece él mismo conocerlo. Lo preocupante no es que dé bandazos o que vaya en zigzag, si hiciera todo lo posible por mantener el rumbo. La impresión que da es que navega en círculo, mal distribuida la carga de la nave y enredado el timón en el mar de sus propias dudas y contradicciones, rodeado de unos pocos marineros, "aprendices profesionales" la mayor parte, más interesados en su propia supervivencia que en realizar eficazmente su trabajo para que la nave y su pasaje lleguen felizmente a puerto.

viernes, 19 de junio de 2009

Papeletas y paradojas navarras (y III)

Los socialistas navarros están cómodos apoyando a Miguel Sanz. Primero, porque éste se va, y por eso mismo les escucha y les deja hacer y creer que hacen, y seguirán haciendo después. Segundo, porque permite al PSN superar la imagen de comportamiento errático que ofreció a raíz de las negociaciones con NaBai tras las elecciones autonómicas de 2007. El presunto aventurismo político, las veleidades pronacionalistas y la falta de principios con tal de gobernar de Fernando Puras -la imagen de Zapatero durante la primera legislatura- son reemplazados por la responsabilidad, el sentido de estado y el compromiso desinteresado con la gobernabilidad de Navarra, valores de Jiménez como nueva imagen de Zapatero en esta segunda legislatura. Y eso, piensan, les dará votos, les restituirá cuanto menos la condición de segunda fuerza indiscutible de la comunidad (disputada por NaBai en 2007) y les hará creíbles como única alternativa de gobierno a UPN. Esta es la lectura que ha hecho Jiménez de los resultados del PSN en las elecciones europeas (obviando el triunfo fantasma del PP y centrándose en el "claro descalabro", según él, que han tenido el resto de formaciones progresistas de la Comunidad foral).

Esa nueva actitud responsable y desinteresada del PSN algo exigía, no obstante: que UPN rompiera amarras con el PP, como un requisito previo para que los socialistas pudieran pactar con UPN; y a ello se entregó Sanz, no sin cierto desgarro, pues al navarrismo oficial se le llena la boca sentando la doctrina del "pacto" y él tendrá que cargar, en su retirada política, con haber roto de manera “unilateral” el pacto (según le espetó el PP, lo que puso en marcha la maquinaria de UPN precisamente para contrarrestar esa idea, como ya se ha comentado). Pero alguien tenía que sacrificarse en el altar de la patria navarra. Visto desde el otro lado, tampoco se debe juzgar con dureza a Sanz. Al fin y al cabo, dándole otra pasada al tema, Sanz no hizo sino inspirarse en el Rajoy que tras las elecciones generales de 2008 realiza algunas reflexiones y números, y extrae determinadas conclusiones (hay que sumar votos para ganar al PSOE, y para ello hay que hacer esto y lo otro, moderarse y centrarse). Sanz sacó su lapicero y lo mismo: el entendimiento estable con el PSN es la única alternativa segura de futuro para Navarra.

Todo esto, argumentado por unos y otros desde la idea de la excepcionalidad navarra, plantea algunas dudas y paradojas a la luz de los propios acontecimientos políticos más recientes del País Vasco. Refundado el PP en Navarra (como no podía ser de otra manera una vez roto el pacto con UPN) y producido el cambio político en Euskadi como consecuencia de un pacto histórico entre socialistas y populares vascos, defendido también en mor de la excepcionalidad vasca, no se acaban de entender bien las repetidas y tajantes declaraciones de los dirigentes del PSN después de las elecciones europeas advirtiendo a los regionalistas de UPN de que si se decantan por las tesis de su presidenta Barcina, ello puede hacer peligrar la estabilidad del gobierno navarro, pues cualquier guiño o aproximación de UPN al PP dificulta mucho el entendimiento con el PSN. "Si alguien quiere abrocharse a ellos, nos está diciendo que no quiere tener ningún tipo de acuerdo con nosotros" (Jiménez). En las actuales circunstancias, esto exige alguna explicación más que decir que el PP sólo ha venido a Navarra a crispar.

UPN como partido tendrá que demostrar su capacidad de cambio tras la llegada de Barcina a la presidencia. Pues no se debe obviar que el discurso navarrista que ha abanderado hasta ahora UPN produce ciertos reparos desde la lógica democrática: por esencialista y excluyente, en la medida que da a entender (como si fuera una premisa evidente) que una parte considerable de Navarra y de ciudadanos navarros -aquellos que son culturalmente vascos y que formulan de manera menos simplista que UPN la cuestión de la identidad- no tienen derecho a existir, presumiendo de antemano su contagio por el nacionalismo vasco radical: como si fueran simples apestados. Desde sus orígenes UPN ha sido un partido antinacionalista vasco hasta la médula, pero cuyo discurso paradójicamente no es menos nacionalista, pues apela también a un pueblo abstracto, exponente de una unanimidad substancial, que niega la pluralidad real, y que aspira a encarnar el poder en exclusiva.

El navarrismo oficial tiene que aprender, lo mismo que el nacionalismo vasco, que ningún grupo puede pretender imponer determinados valores culturales y políticos o visiones selectivas de la historia como los verdaderos y exclusivos de la comunidad navarra. Al final cuando se está tanto tiempo seguido en el poder, se pierde de vista lo básico. Hay que abrir las ventanas y ventilar el gobierno, y tantas otras instituciones, que dirigen siempre los mismos, no ya un partido, sino determinados amigos y clientelas. Esta ha sido la principal razón para el cambio en Euskadi y Navarra no es una excepción en esto, y los socialistas lo saben porque no son ajenos a ello.

Ni se entendió el amago de apuesta del PSN por gobernar a todo trance con los nacionalistas en Navarra en 2007, ni se entendería ahora su seguidismo hacia UPN (de ahí que invoquen el argumento de la "bicefalia" de UPN para atacar a los regionalistas al mismo tiempo que los apoyan). Pero los socialistas están atrapados en sus propias redes. Porque la estrategia de confrontación con Barcina en el Ayuntamiento (buscando su reprobación, no se sabe muy bien si por su mala gestión municipal, por ser la nueva presidenta de UPN, por suponerla más cercana al PP, o por las tres cosas a la vez) exige -si quiere ser efectiva- el concurso no sólo de NaBai sino de los concejales de ANV, y esto ya son palabras mayores una vez que, tras el giro de Zapatero, esta formación ha sido ilegalizada y que ETA ha vuelto a matar, como tristemente ha sucedido hoy mismo en la persona del inspector de Policía Eduardo Puelles. Aceptar ese apoyo no es fácil de justificar ni de comprender.

La política navarra demanda nuevos aires y admite por demás -con mayor razón después de la entrada forzada del PP en escena- múltiples combinaciones, como corresponde a una comunidad diversa y plural, como es efectivamente Navarra, donde no cabe soñar con mayorías absolutas. El argumento inicial de Sanz y su entorno dentro de UPN insistiendo en que la ruptura con el PP les iba a beneficiar a ellos porque les quitaría la imagen de derechones, ha quedado en cuarentena después de los buenos resultados del PP en las europeas, y no deja de resultar una afirmación paradójica. Es obvio que la evolución y el crecimiento electoral de UPN supone la existencia de distintas sensibilidades entre sus votantes, pero si alguna formación entronca con la vieja derecha tradicionalista-carlista (por reconvertida que se encuentre hoy al navarrismo oficial) esa es, en efecto, UPN, más aún después de la escisión que sufrió entre sus filas del CDN de Juan Cruz Alli.

El PP de Navarra puede optar por jugar a la derecha de UPN, como querrían los regionalistas, o por situarse estratégicamente en el centro, entre UPN y los socialistas, justamente en el momento en que el futuro del partido de Alli parece más incierto que nunca. Lo segundo desde luego abre muchas más posibilidades de juego político y de acabar resultando decisivos en distintas alternativas de formación de gobierno, con UPN o con el PSN, pues lo que está realmente por ver no es tanto la capacidad del PP para implantarse en Navarra como la de UPN a medio plazo para resistir al avance del PP (¿diez años a lo mucho?). Avance que, sin duda se producirá, si ocupa realmente esa posición de centro y defiende sin ningún tipo de complejos la pluralidad de Navarra, sin pretender rivalizar con UPN en el rancio y cansino discurso antinacionalista vasco, de carácter frentista, que no es necesario ni conveniente para erigirse en el verdadero defensor de las libertades ciudadanas, de la pluralidad y de la idiosincrasia de Navarra. Son los demás, no el PP si sabe jugar sus bazas, quienes se encuentran en la actualidad con un serio problema de discurso o estrategia.

martes, 16 de junio de 2009

Papeletas y paradojas navarras (II)

UPN pretendió escenificar hace dos meses el congreso de la unidad, y se encuentra en estos días haciendo todo tipo de malabarismos para no tener que pronunciarse sobre los resultados de unas elecciones a las que no se presentaba, pero que les incomodan y les hace revolverse en sus asientos ante la mirada de los demás. Los regionalistas se encuentran pillados por las propias declaraciones socialistas, que insisten en que UPN tiene un verdadero problema interno (no vaya a ser que se lo endosen a ellos y se reabra la polémica sobre la actuación del PSN desde las pasadas elecciones autonómicas de 2007). Interpretando los resultados del 7-J, el líder socialista navarro Jiménez juzga que la "bicefalia" de UPN puede dificultar los acuerdos con el PSN.

También es verdad que esa "bicefalia" le da juego al PSN pues le permite adoptar una doble posición: de colaboración y sostén del gobierno de Sanz, y de crítica y mayor oposición hacia la alcaldesa de Pamplona Barcina, a la sazón actual presidenta del partido y futura candidata de UPN a la presidencia del gobierno foral. Barcina es el enemigo a batir para los socialistas. Sanz ya ni se bate, simplemente está en retirada, buscando el acomodo de la jubilación política, aunque se haya procurado un puesto en la ejecutiva de UPN y aspire a quedarse también como consejero de Caja Navarra (una vez sean reformados los estatutos y se suprima la vinculación automática de ciertos cargos públicos, como el de presidente autonómico, con la entidad: paradoja de la "despolitización" que quiere abanderar la CAN).

Si tiene un problema, UPN ha decidido obviarlo cerrando filas (es un partido "absolutamente unido", proclama), pero dócil en cualquier caso al ritmo que marcan los socialistas, y para que no digan que no tienen capacidad de respuesta, los regionalistas han comenzado a lanzar ataques al PP navarro. Es todo un cambio. Se ha pasado del menosprecio inicial, cuando tras la ruptura del pacto Sanz y Catalán no les aventuraban ningún futuro a los populares en Navarra, a tomarles realmente en consideración, pero como un claro obstáculo a sus intereses. La voz oficial de UPN sigue siendo la voz de siempre, por mucho que pueda llegar a sorprender ya a sus propios votantes. Pobre Barcina, y con lo bien que podría estar ahora en las filas del PP, se dirá a sí misma.

El enemigo serán siempre los nacionalistas, que han vuelto a enseñar sus dientes más afilados apoyando a la lista de Iniciativa Internacionalista (por paradoja, ingenua, pero ante la que se detuvo el TC), en detrimento de los partidos que componen NaBai, que iban por separado en otras dos listas, y que obtuvieron menor respaldo. Pero la voz de UPN, favoreciendo la confusión entre el nacionalismo vasco y los violentos, magnifica siempre la "amenaza" y extiende la "sospecha" hacia quienes no son de fiar, reservándose además el derecho de identificarlos. Resulta paradójico que fuera UPN quien tirara del PP antes de las elecciones autonómicas de 2007 para acusar con el dedo a los socialistas de traidores dispuestos a entregar a Navarra (en el plato de la negociación con ETA), y que ahora resulte que es el PP quien no es de fiar, y el que "sacrificaría" a Navarra a la menor de cambio, como ha dicho hoy mismo el secretario general de UPN García Adanero.

Los socialistas, unos benditos, tan responsables y concienzados con la realidad de Navarra; y los populares, poco menos que malditos. Alguien tendrá que explicar por qué han cambiando tanto las tornas. Va a resultar que quienes no son de fiar, de tan preocupados que están por permanecer en el poder son los de UPN. Pobre Barcina, vaya papeleta le ha caído.