viernes, 30 de enero de 2009

Frotándose las manos


La película que presentaba ayer (Demolition woman), tuvo un pase en un medio digital (La Nación 29/01/2009 14:45h).
Los comentarios que siguieron, ilustran el meollo de este estado nuestro de las banderías.


Luis 29/01/2009 14:59h
Yo no podía tener mejor concepto de Esperanza Aguirre hasta que siguió el juego a Losantos y a Pedro J para cargarse al líder de su partido. Por supuesto que está desconcertado el electorado, pero ella sabe muy bien por qué: por las injustas críticas que recibe un día sí y otro también Rajoy en la COPE. Si triunfa la conspiración de Losantos y Pedro J., votaré a quien sea del PP, hay que echar a Zapatero, pero lo que están haciendo esos dos periodistas es lo más mezquino que he visto en los medios de la derecha.

Nuestro amigo el falangista CAFÉ sigue haciendo la guerra por su cuenta, y no pierde ocasión para barrenar los cimientos.

CAFÉ 29/01/2009 17:28h
La única posibilidad que tiene el PP y Esperanza, es que de un golpe de Estado en el PP por sorpresa y haga limpia. Pizarro, Cascos, San GIL, Vidal Cuadras y otros formarían un equipo serio, lo demás es marear la perdiz.

Un hombre, harto de tanta “mediocridad”, anima a los “buenos” a que se reorganicen en un nuevo partido. Sin duda es lo que necesita la España de las banderías, que de cada una de las sensibilidades o facciones existentes dentro de los partidos, surja un nuevo partido. Si no son capaces de convivir y entenderse dentro de los grandes partidos nacionales, seguro que esos nuevos partidos-facción –cuantos más mejor- llegarán luego a fundados y sólidos acuerdos y asegurarán el feliz gobierno de nuestra España grande.

ALLOGAR 29/01/2009 19:55h
El electorado no es que esté desconcertado sino que se está borrando. El PP, según propia confesión, ya no es un partido de derechas sino de centro sin que nadie haya sabido explicar a sus posibles votantes que es eso y que ventajas tiene sobre la derecha. Yo lo que no me explico ante esta debacle “popular” es que hacen dentro de ese partido tanta gente de valía, con ideas claras sobre España, economía, moralidad, administración, etc., cuando la creación de un nuevo partido que mantuviera firmes sus objetivos y creencias y fuera soporte de la verdadera derecha tendría tanto que decir y sobresalir en este mediocre escenario de la política actual.

Si Doña Aguirre, la “cólera del PP”, y sus fieles están desconcertados con lo que está pasando (a eso se llama mirar para otro lado), otros lo van teniendo bastante claro y la animan a reaccionar y a adentrarse por el buen camino.

Jaime 29/01/2009 19:57h
Señora Aguirre: No estamos desconcertados. Estamos hartos de su soberbia y pretensión de mandar en el PP caiga quien caiga, y aun el Partido. Dedíquese a gobernar con rigor la Comunidad de Madrid y que eso le sirva de aval a su política y a su gestión. Y deje de enredar en Caja Madrid, en el PP en general y hasta en el Ayuntamiento. ¡Ya está bien!… ¡Qué confundidos estábamos con usted hace un año!… Ya vamos conociéndola. Si de verdad se siente del PP y quiere el bien de España, deje de enredar, apoye a sus dirigentes en el Partido y gobierne la Comunidad de Madrid.

Pero cuando el espíritu de bandería domina, todo es visto con sospecha, y todos somos facciosos, fulleros y bandoleros a sueldo, frotándose las manos.

Norbertoalcolea 29/01/2009 20:18h
Creo que las críticas a Rajoy, las cosas de la “Aguirre” y el Gallardón y demás, benefician tanto a pepiño, a zetacero y a todos estos ladrones -dráculas del pueblo-, que lo único que pienso es que la psoe tiene pagada a la mitad de los que vierten tanta porquería, para que con la ayuda de per, subvenciones, enchufismo, etc, se perpetúe el zopenco y tardemos mucho en decir “zapatero a tus zapatos”. Cuando leo los comentarios, me da la sensación de que los que escribís, soy sociatas frotándose las manos.

El estado de las banderías


El efecto más visible en estos cinco años de la política de Zapatero ha sido la creciente partidización de la esfera pública y del Estado. El fiscal general, el Consejo General del Poder Judicial, el Tribunal Constitucional, todo parece estar sometido al juego y al dictado de los partidos políticos. También los medios de comunicación, aunque algunos van más allá y manifiestan un claro afán de imponer sus dictados y de mangonear en los partidos, favoreciendo el juego de facciones si es preciso.

Lejos de alentar una profundización en la democracia esta deriva se antoja, por el contrario, como un movimiento hacia atrás, que nos retrotrae a los inicios del lento y dificultoso proceso de afirmación histórica del Estado constitucional en España. Ese camino, siempre de largo recorrido, va de los partidos políticos al Estado de derecho. Por un extraño mecanismo, hemos vuelto a invertir la dirección y del Estado de derecho caminamos de nuevo al "estado de naturaleza" de las banderías (dentro del Estado residual al que nos conduce la política territorial de Zapatero). La lealtad es un valor que, de existir, sólo alcanza al espacio más estrecho de mis propios intereses personales o políticos.

Reproducimos la experiencia limitada de la primera praxis liberal española que acabó confundiendo de modo progresivo la sociedad con el Estado, la administración con el Ejecutivo, el Ministerio con el partido político, y éste identificado a su vez con una red de clientelas e intereses personales, atentos al Gobierno, que lo fue casi todo hasta muy entrado el siglo XIX. La situación ahora es más penosa porque se ha multiplicado por mucho el número de gobiernos. Con la colaboración de todos, estamos consiguiendo transformar el Estado de las Autonomías en el estado de las banderías. Pero no nos engañemos. El problema, mucho más que con la estructura del estado, tiene que ver con la crisis que padece nuestra cultura política.

¿Hasta dónde vamos a desandar el camino? El poder consigue mantener unido a un partido. No es difícil imaginar qué habría sido de Zapatero y cómo estaría el PSOE si hubiera perdido las últimas elecciones generales. La paciencia no es una virtud política y se hace aún más imposible cuando un partido retorna a la dinámica de las facciones o incluso al de las sociedades secretas, es decir a la prehistoria de la política democrática.

Esto es algo sobre lo que vale la pena reflexionar: políticos, partidos y medios de comunicación, tan predispuestos todos a convertir los más variopintos cenáculos en verdaderos centros decisorios y de poder, sin importarles en nombre de quién y qué legitimidad puedan tener para actuar así. Nada importa, si se consigue alcanzar la victoria y rendir y aniquilar al enemigo. Produce inquietud que la política pueda volver a ser el pasto de conspiradores y agitadores, que sólo buscan conseguir en la oscuridad y por vías fraudulentas lo que no son capaces de lograr a la luz del día y mediante un escrupuloso respeto de las reglas del juego.

jueves, 29 de enero de 2009

Demolition woman

Esta película no es nada futurista. Refleja el más vivo presente y evoca un pasado que se creía sepultado. El de la guerra de todos contra todos, que ilustró Hobbes, trasladado al principal partido de la oposición. Un estado ciertamente insoportable, y aún más, porque no se trata de una ficción sino de la más abrumadora realidad.

La protagonista femenina principal, una mujer con arrojo y experiencia que se cree de otro planeta y que está llamada a reinar en la constelación política popular, se ve sobresaltada en el ejercicio de sus responsabilidades de gobierno por una trama de espionaje que implica a varios de sus principales colaboradores. El contenido de la misma tiene que ver directamente con el desprestigio de quienes, siendo antes sus amigos políticos, acabaron por convertirse en sus principales adversarios por oponerse o cruzarse en su camino de ambición. Todo ello ante la sorpresa de quienes se supone que son sus verdaderos enemigos en la galaxia, y que no dejan lógicamente de explotar esta situación de conmoción interna que padecen los otros.

Al personaje le afecta indudablemente el fondo del asunto, y en cualquier mundo civilizado sería la primera interesada en proceder con transparencia. Sin embargo, emprende una huida destructiva. Se presenta como víctima de una conspiración (cuando la turbiedad procede de su propio entorno) y se revuelve contra todos, para hundirlos a todos con ella bajo los escombros. De Diana cazadora (desde las ultimas elecciones generales se había recreado en intentar derribar por medios oscuros al jefe de su partido político) se ha convertido en una pantera herida, y por ello mucho más peligrosa.

Nada detiene su furia. Contra todo arremete. Da credibilidad a las acusaciones similares efectuadas contra sus adversarios, aunque niegue los hechos propios. Maltrata al humilde y honesto tesorero de su partido, cuando ella intentó controlar la caja pública. Maniobra para convertir en falsario al mismo jefe político que le había advertido hacía tiempo que estuviera atenta a las actuaciones y negocios de algún colaborador cercano, que podían comprometer la entera honorabilidad del partido.

La película refleja perversiones democráticas que afectan desde tiempo atrás a todo el planeta. Los medios de comunicación son descaradamente partidistas y combaten en la arena política como uno más, mucho más preocupados en exacerbar las pasiones políticas que en esclarecer o desmentir verdaderamente los hechos. Se asiste a una
guerra mediática, que va sumando progresivamente efectivos a uno y otro lado. Es una guerra de desinformación, donde no rige la racionalidad sino el simple afán de movilizar las emociones primarias, conscientes todos de que si la emoción es verdadera el efecto siempre es verdadero (aunque el hecho al que se refiere pudiera ser falso).

La cosa envuelve su paradoja. La mujer, que enarbola cuando le interesa un "no me resigno" (no se resigna a todas aquellas cosas que quiere presentar como debilidades de su jefe y adversario político), se pliega no obstante a esta anómala y excesiva violencia de los medios de comunicación en el espacio público, que afecta a la independencia de los partidos, puesto que aspiran directamente a controlarlos. La protagonista se había servido de la prepotencia de algunos medios de comunicación afines contra su jefe político (que había reivindicado la independencia del partido frente a ellos), y ahora se queja amargamente de que los medios contrarios la combatan de frente, y de que su partido (los dirigentes a quienes ella había querido desacreditar explotando este juego perverso de los medios) la deje sola y no la defienda.

La credibilidad política de nuestra protagonista queda seriamente dañada en toda esta historia, y el final no puede ser bueno. Ya no se habla de batalla de ideas, ni siquiera de personas. No preocupa el daño hecho al partido, ni que se revienten las expectativas electorales inmediatas. A la mujer únicamente le preocupa la supervivencia personal. Tal vez ni eso. Sólo morir matando. Algunos medios afines apuntan directamente a la cabeza del jefe político, sin esperar siquiera a los resultados de esas citas electorales. O invitan abiertamente a que regrese de su retiro el emperador de la galaxia. Son las dos únicas posibilidades de salvación que tiene la protagonista. Aunque no se acabaría de entender que quien había alertado del peligro de demolición (el emperador) acudiese en rescate de la fundamental responsable de la misma (demolition woman).

La película no ha terminado. Dudo que sea apta para menores y, en todo caso, tiene muy pocos valores formativos para la educación de la ciudadanía. En España, durante los treinta años de democracia transcurridos, hemos celebrado la vuelta a la normalidad política y hasta el fin del
mito del fracaso con que hemos solido contemplar nuestra historia. Reflexionando, ciertamente se puede contemplar con algo de inquietud el hecho de que los cambios de partido en el gobierno hayan sido precedidos hasta ahora de hechos excepcionales (suicidio de UCD, colapso tardofelipista, 11-M). Lo que nos faltaba por ver es que la oposición se empeñara en autodestruirse para invalidar su capacidad de ser alternativa de gobierno en el futuro. Estamos a punto de conseguirlo, y seguramente en el mejor momento para el país.

martes, 27 de enero de 2009

Rajoy quiere, Zapatero no puede

Los ecos de la gran movida popular del fin de semana pasado -el I Foro Abierto del PP bajo el lema Queremos- han quedado amortiguados por otras movidas madrileñas y por la difusión de la entrevista con Aznar publicada el domingo en La Razón, muy comentada ayer en algunos medios. Ante el "desastre total" vaticinado por Aznar y la urgencia de reaccionar, se tiene la impresión de que Rajoy "quiere", y que Zapatero "no puede", como se pudo contemplar anoche de nuevo por TV.

Yo, la verdad, me quedo con el discurso "honoris causa" de Aznar en Valencia antes que con los titulares difundidos ayer sobre la entrevista publicada en La Razón. "Caminamos hacia la demolición", colocaba en portada La Nación, provocando la ola de comentarios de muchos lectores situados en el fondo ultra sur. Uno de ellos, respondiendo por demás a mi recordatorio de esas palabras más académicas de Aznar, decía:

CAFE 26/01/2009 19:18h
Todo lo que dice el señor Jumar Santo está muy bien. Pero la Constitución que nadie cumple de 1978 fue un tú me das yo te doy, al igual que la Transición, un edificio con malos materiales (las autonomías por ejemplo, un malísimo arquitecto Suárez y un constructor patético El Rey (a éste si le tienen cogido los espías). Mientras nos mandaba dinero a camiones la Comunidad Europea,fue muy bonito mientras duro y ahora con lo que va a venir... hay la juventud que diferencia de otras épocas, vamos a ver donde está la Constitución, el Rey y la madre que los parió a todos. ¡¡¡ARRIBA ESPAÑA!!!

Este hombre hace una auténtica demolición del discurso de Aznar en Valencia, pero eso no impide ("está mal que un falangista como yo diga esto", confiesa) que se muestre partidario de que Aznar coja las riendas de su partido y se presente a unas elecciones: "daria confianza a la mayoría de los españoles porque el país se esta hundiendo en el desánimo..., y es que ahora mismo no hay absolutamente nadie capaz de gobernar España". No han faltado medios, de hecho, que han visto en la entrevista de Aznar, una insinuación de que podría volver a la primera línea política. Aznar debería valorar mucho más el efecto que siempre tienen sus palabras, y la necesidad de mantener el tono, si no quiere que se le vincule directamente con la “obra de demolición” que ahora denuncia.

Los ecos amplificados de Aznar pretendieron amargar la fiesta popular y el propio discurso de Rajoy en el Foro Abierto megachip y megachic del PP. Un discurso "distinto", que le salió "de las entrañas", según sus palabras, aunque muy estudiado y con mensajes en distintos frentes. El estilo obamiano del evento (movilización a través de redes sociales) se traslada al propio discurso, que, no obstante, tiene referentes mucho más domésticos. El antiguo e interesado "no me resigno" de Aguirre (excesivamente sonriente ella en esta reunión) se diluye en el "yo le reprocho" de Rajoy a Zapatero de este discurso (le reprocha de todo: la mentira, la inacción, los errores, las chapuzas, la soberbia, la facilidad con que se tira del dinero público, la desconfianza sembrada entre los españoles). Aprovecha Rajoy también para oponer a los inconsistentes "motivos para creer" de Zapatero en su campaña, un nuevo credo popular. El "creemos" de Rajoy afecta a todo... lo fundamental: a la ley, a la palabra, a la verdad, al respeto a los mayores, a la educación, a la tolerancia, y, por supuesto, al combate contra el terrorismo, a España como nación y a los valores. Que se entere también Mayor Oreja, con quien se abrazó públicamente.

Rajoy tiene interés en que los españoles, la gente, perciban que ellos (sus problemas, sus dificultades actuales) están por encima de los intereses del partido y también de los intereses de cualquier militante (Aguirre no se acaba de enterar, pero para eso está él, para asegurar también la unidad del partido "pase lo que pase"). No se le puede negar a Rajoy que "quiere". Otra cosa es que se le deje o "pueda". Pero coraje no se le puede negar. Si resiste a la doble oposición de la oposición que se le practica desde el PSOE y desde ciertos sectores de su propio partido, desde luego este hombre es un fiera.

Quien está claro que no puede es Zapatero. Si Rajoy quiere convertirse en un político megachip, Zapatero cada vez está más robotizado, no había más que verle anoche. Seguramente por miedo a que la crisis le haga estallar en mil pedazos. Percibe el malestar de los ciudadanos, aunque no le quite el sueño, según confesó anoche, pero transmite impotencia en estos momentos. Reclamar “confianza" (¿en quién?), "paciencia" (¿hasta cuando?) y "compromiso” (¿sobre qué pautas?) para superar la crisis, apelando para superar el "estado de animo" al ejemplo de nuestros “jóvenes sin complejos” que “triunfan por el mundo” en ámbitos tan asequibles para el común de los mortales como el deporte de alta competición, la arquitectura, la cocina o la ciencia es de traca.

Zapatero no puede, por muy satisfecha que esté hoy la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín, por el "coraje político" mostrado anoche por el presidente. Bueno, más que "dar la cara", Zapatero tuvo la cara de andarse con disquisiciones semánticas intentando hacer comprender que una cosa son los objetivos declarados y otra los compromisos contraídos, y que él no ha faltado a nadie ni en nada. No hay como empeñarse en fortalecer la propia autoestima, cuando la gente pierde su empleo, no tiene con que alimentar a la familia, y se "hunde en el desánimo", que decía el falangista CAFE. Así no se puede.

domingo, 25 de enero de 2009

El discurso "honoris causa" de Aznar


El martes pasado, día 20, el mismo día que Obama pronunciaba su discurso de toma de posesión como nuevo presidente de Estados Unidos, el ex presidente español Aznar, y viejo amigo del ex presidente norteamericano saliente, era nombrado doctor honoris causa por la universidad privada española CEU Cardenal Herrera. Es la primera vez, si no me equivoco, que el ilustre profesor norteamericano recibe esa mención en España. La programación del evento en tan señalada fecha supongo que no pretendía eclipsar el acto ni el discurso de Obama, pero la coincidencia tampoco debe hacer pasar por alto el discurso de Aznar.

Hay quienes han pretendido desconsiderar en bloque a la institución académica, los méritos de la figura homenajeada y el discurso del ínclito personaje. La universidad en cuestión es considerada como particularmente vinculada al PP, pues no ha dejado de proporcionar algunas cabezas pensantes bien situadas dentro de la organización popular, y de ofrecer su sede como escaparate de no pocos actos del partido. Pero por mucho que pueda molestar a algunos la defensa de las raíces cristianas de Europa, esta universidad hace evocar en su mismo nombre una figura que no puede desvincularse de la generación intelectual española de 1914, Angel Herrera Oria, bien considerado por la España laica, como no tuvo reparo en reconocer Ortega y Gasset. Identificar el reconocimiento de las raíces cristianas de Europa con el tufo confesional es un grueso reduccionismo propio de nuestros laicistas excluyentes y repentinos conversos de Obama, que no han reparado aún en el tono del discurso de aquel mismo día del nuevo inquilino de la Casa Blanca.

Como todo personaje controvertido, Aznar ha tenido grandes aciertos y errores. A pesar del grave desafío nacionalista al Estado que supuso el pacto de Lizarra de 1998, el PP se equivocó al vincular a partir de entonces la derrota (policial) del terrorismo (de ETA) con la derrota (política) del nacionalismo (con la consiguiente criminalización del nacionalismo democrático), forzando al PSOE durante un tiempo a seguirle en su estrategia. Esa apuesta arriesgada, que iba más allá del Acuerdo por las libertades y contra el terrorismo del año 2000, fracasó claramente y se ha vuelto contra el PP (y sus posibilidades de llegar a acuerdos futuros con el nacionalismo). Asimismo, el propósito de Aznar en 2000 de dar un salto adelante en la Historia de España (el orgullo de ser español y la voluntad de sacar a España del “rincón de la Historia”) incorporaba una lógica que condujo al error de respaldar políticamente la guerra de Irak.
Es evidente que Zapatero ha cometido también grandes errores de cálculo (pacto con los independentistas catalanes, negociación con ETA, negación de la crisis) y que erronea se antoja igualmente la logica simbólica del actual presidente (empeñado en dar un salto atrás en la Historia de España con ánimo de reinterpretarla o reescribirla), pero una cosa no quita la otra. Y si Zapatero no ha reconocido sus errores, Aznar tampoco lo ha hecho, y eso que ha tenido tiempo y ocasión. Es más, su intervención en el pasado Congreso del PP de Valencia fue un ejercicio (para muchos cínico) de autojustificación absoluta de su entero periodo de gobierno, que no hizo sino dar alas al sector crítico contra Rajoy (empeñado en escenificar el cambio que le liberase del yugo que le fue impuesto a raíz del 11-M).

El nuevo discurso de Aznar en Valencia con ocasión de esta concesión del doctorado honoris causa se puede calificar, sin embargo, de impecable. Su evocación y defensa de la política y de los valores de la Transición merece toda la atención. La generación de 1978, en efecto, abrió un "caudal cívico" que ha asegurado a los españoles un "largo periodo de confianza, de ambición compartida y de éxito en común".

"Los españoles entendimos que la convivencia pacífica vale más que el cumplimiento de los objetivos partidarios de cada uno. Aprendimos a ser adversarios políticos porque renunciamos a mirarnos como enemigos". "Necesitamos recuperar una idea compartida de cómo queremos que sea nuestro país en el futuro. Necesitamos recobrar el impulso cívico que nació del pacto de la Transición y que los españoles han venido renovando desde entonces. Es preciso devolver el crédito al espíritu de concordia y el prestigio moral al consenso. Porque hemos pasado de reconocer la pluralidad a impugnar lo que nos une. Hoy se pone bajo sospecha la mera apelación a objetivos compartidos. En nuestro actual mercado político se busca rentabilizar la radicalidad, la exclusión y el extremismo beligerante contra la Constitución". "Estamos en el absurdo de considerar que el único Estado aceptable es un Estado residual". "El mejor futuro de España no llegará con un Estado residual. Es urgente asegurar la viabilidad del Estado autonómico en los términos de nuestra Constitución. La centrifugación del Estado no es una consecuencia del modelo autonómico. Es el resultado de la deslealtad. Como desleal es aprovecharse de la flexibilidad del modelo para forzar su colapso."

El recordatorio de Aznar vale para propios y extraños. Mérito fundamental de Aznar fue, a principio de los años noventa, la refundación y articulación del centro-derecha español (culminada con la dolorosa victoria final sobre el CDS de Adolfo Suárez). Una obra que peligra, fundamentalmente por los movimientos de quienes actúan dentro del PP invocando en la sombra el propio nombre de Aznar, y a quienes él ha podido indirectamente insuflar ánimos con ciertas actitudes de desdén hacia Rajoy (a quien todos se apresuran en responsabilizar de las debilidades del PP y descalifican por sus nuevas apelaciones al "centrismo"). A la vista del espectáculo actual de la Comunidad de Madrid, Aznar debe cuidar mucho más en adelante sus mensajes.

La dirigente del PP que presuntamente mejor expresa los "valores del esfuerzo y la exigencia; del respeto y del reconocimiento de la autoridad; de la búsqueda de la excelencia y la retribución del mérito frente a la gratificación instantánea; de la honradez y el trabajo productivo frente al oportunismo y las trampas", invocados por Aznar en su discurso honoris causa, se ha alzado en los últimos días como presunta amparadora de prácticas que cuestionan o niegan esos mismos valores, lo que sólo cabría explicar como manifestación preocupante de una borrachera de poder (suya o de sus colaboradores más inmediatos), y que habrá que observar atentamente para determinar si es un episodio aislado o responde a una auténtica patología política.

"Hoy, España se encuentra instalada en la crisis económica y social más grave de su historia democrática. De esta crisis nadie va a salir solo. Tenemos que liberarnos de los errores a los que nos conduce la política pequeña. Para España vuelve a ser el momento de la política con visión amplia y sentido histórico".

Estas palabras de Aznar contra la política pequeña comprometen a todos. Al partido y Gobierno de Zapatero, y al PP, que necesita presentarse y ser visto más que nunca por los españoles, sacudidos fuertemente por la crisis, como una verdadera y fiable alternativa.

viernes, 23 de enero de 2009

La carga de la prueba

Mi nota o comentario de ayer, Vuelven los espías, a propósito de la trama de espionaje en la Comunidad de Madrid, mereció alguna respuesta de los lectores de La Nación.

El amigo Alberto, pude deducir que no era Ruiz Gallardón, en un comentario anterior al mío sostuvo que el asunto estaba “meridianamente claro” y que “mientras no se muestren pruebas contundentes, que me hagan desdecirme, se trata de una evidente cortina de humo que en primer lugar beneficia al Gobierno, que en tanto nos enfanguemos en estos esperpentos, nos sustrae de criticar una situación económica pésima (Z, el incapaz, se frota las manos)”. No es el único, también lo hace Gallardón, aunque que éste “se preste a bailar el agua al desacreditado rotativo no constituye una novedad”, afirmaba nuestro Alberto, sin dejar de censurar a Gallardón porque “sin pruebas fundadas se atreve a realizar una serie de asertos demasiado aventurados, fundados exclusivamente en un relato bastante vago de El País”. Es evidente, a su juicio, que “tras este sainete se encuentra el objeto y objetivo de Esperanza Aguirre” a la que defiende y valora frente “a estos feministas de pacotilla, que con ella no les sale tanto disimulo y sí la vena machista".

Al publicar yo luego inocentemente mi comentario (escrito y publicado en estos Cuadernos con bastante anterioridad al suyo) me convertí en cómplice indeseado de los auténticos malos, por lo que, además de poner en solfa mi capacidad y rigor intelectual (en fin, ya comienzo a acostumbrarme), me retaba a que “demostrase” mis arriesgadas afirmaciones.

Alberto 22/01/2009 20:45h
Jumar, está claro que la carga de la prueba corresponde a quien eleva una acusación basada en un relato muy vago de los hechos. ¿No creemos en la presunción de inocencia, o es que las noticias de El País, un relato sin concreción alguna, es de suficiente entidad para considerarlo una verdad incontrovertible? No has refutado nada para hacer aseveraciones tan arriesgadas, que no se sostienen con un mínimo de rigor intelectual. Es curioso que Gallardón se haga eco de los rumores de Prisa, bueno, no tanto, porque forma parte de su metodología prístina, y acuse al Gobierno de Aguirre de abrigar en sus aparatos de seguridad a parafuncionarios, cuando las actividades de estas personas están muy bien delimitadas desde que se crearan en la época de Leguina. Demuestra que dedica recursos al espionaje de adversarios políticos, porque entretanto si hablamos de especulaciones, podría decirte que con esa vaguedad que le es característica a El País, acusaron a Zaplana de tráfico de influencias porque la tía-prima de la abuela tenía un bar en no sé dónde (el titular fue muy claro, pero luego lees el tenor de la noticia y te partes de la risa, porque construyen una cabecera muy acusatoria basada en la más absoluta nada).

El argumento sigue el mismo razonamiento de Esperanza Aguirre recogido por la prensa de hoy. La presidenta madrileña defiende a capa y espada a sus consejeros –“la inocencia no se tiene que probar”– y reta a quien tenga pruebas a presentarlas y, si no, que rectifiquen, porque en caso contrario los que acusan serán acusados: "el alcalde de Madrid o cualesquier otra persona que dé por buena la información que publica El País tendrá que probarlo, que demostrarlo, que rectificar, y si no tendrán que vernos en los Tribunales", la presidenta dixit. Hasta mi más ocultos pensamientos son escrutados. No sé por qué, pero de repente me ha entrado un poco de miedo, y no es que quiera sustraerme de las obligaciones ciudadanas dentro de un Estado de Derecho, pero desde luego no me corresponde a mí, pobre paria de la tierra, “demostrar” nada, pues es evidente que yo no puedo tener la “carga de la prueba”, pero eso no me impide exigir a los gobernantes la más absoluta transparencia en su comportamiento, que es lo que dije ayer. La posición claramente a la defensiva que ha adoptado la presidenta y su gobierno regional, no augura nada bueno. Que Aguirre haya justificado su ausencia del Consejo de Gobierno de ayer, con la que estaba cayendo, diciendo que tenía un acto personal comprometido desde hace tiempo, me parece inaudito. Espero que no fuera la cita con su peluquera.

Ya somos mayorcitos todos. La verdad jurídica (o jurídicamente demostrada) y la verdad política no están en el mismo plano, ni caminan juntas, como tampoco la verdad científica, la histórica o la filosófica. Que un crimen no pueda llegar a demostrase en un tribunal, como sucede tristemente de hecho a menudo, no significa que no se haya cometido. Hay evidencias documentales, y aun indicios, que admiten pocas lecturas políticas. Qué enorme casualidad que el seguimiento de Prada o Blesa haya precedido en espacio y tiempo a acontecimientos muy determinados, con destituciones personales y golpes de mano en entidades financieras incluidas, visibles y cargados de sentido político en la propia discusión pública en su momento de esos hechos. Los “hechos invisibles” que ahora comienzan a conocerse, permiten algunas deducciones inmediatas. Claro que la realidad no es siempre la que parece; y de no serlo, estaríamos en este caso ante una grandiosa conspiración. “Alguien muy poderoso” anda detrás de esto, ha afirmado curiosamente Granados, consejero de la presidencia e interior y principal sospechoso del montaje de la trama. Ya sabemos que al final, si las cosas terminan como es previsible en los tribunales, es posible que sólo se pueda determinar, atendiendo la lógica de los hechos probados, que hubo allá arriba un señor o una señora X, y que todos sepamos quien es, aunque no se haya podido demostrar.

En todo caso, dudo mucho que la cosa termine siendo como para partirse de risa, según sugiere Alberto. De hecho, a Rajoy, que ha roto su primer silencio, la cosa no le está haciendo nada de gracia. El partido ha abierto una investigación interna y el tono del comunicado que finalmente difundieron ayer, no era de broma sino bastante contundente. "De confirmarse estas informaciones, nos encontraríamos ante hechos gravísimos y unas actuaciones inadmisibles en su naturaleza, independientemente de su origen”. En una intervención por la noche, en el programa de TV El Gato al Agua, del mismo grupo Intereconomía que el periódico digital La Nación, el líder popular fue todavía más claro y apeló a que “nuestros 10.400.000 votantes y nuestros 700.000 militantes tienen derecho a que se actúe con contundencia”. Ya veremos en que queda la investigación interna del partido y si Rajoy actúa “de forma fulminante, sea quien sea”.

Pero la de Alberto no fui la única respuesta que recibió mi comentario en La Nación. Un andaluz, que había previamente sacudido Zapatero por afirmar que “el PP sabe muy bien a quién tiene que mirar” en este asunto (“ZP dedícate a trabajar que ya va siendo hora de que hagas algo, que llevas cinco años de vacaciones”, le había dicho), tuvo hacia mí una mayor consideración (que le agradezco).

Andalú
22/01/2009 23:28h
Jumar Santo, el único presidente autonómico que utilizó recursos publicos para espiar a ciudadanos fue en Andalucía en los tiempos en los que su Consejera de Economía queria infructuosamente la unificación de todas a las Cajas de Ahorro. Por cierto la consejera es ministra destrozatuneles. Aquella está demostrada y la de el País de las Mentiras no aporta datos fiables.

La verdad es que la referencia a la ministra de Fomento no me consuela. Pero ojalá tenga razón. No fuera a ser que, en contra de lo que suponía el otro día, ese grupeto formado alrededor de Aguirre además de resentidos vayan a ser efectivamente unos mafiosos.

jueves, 22 de enero de 2009

Vuelven los espías


Estrella Digital 22 enero 2009

Aguirre estudiará en el Consejo de Gobierno de hoy la trama de espionaje de la Comunidad

Blesa y Prada se suman a la trama de los cargos espiados junto a Ignacio González y Cobo

A primera hora de la mañana está previsto que se reúna el Consejo de Gobierno ordinario de la Comunidad de Madrid en la Real Casa de Correos. El tema principal a tratar es la trama de espionaje a varios miembros del PP y del propio Gobierno de Aguirre. Y es que, según publica hoy en sus páginas el diario El País , algunos de los ex agentes que trabajan para la Consejería de Interior como asesores de seguridad de la Comunidad de Madrid espiaron en los meses previos al congreso nacional del PP en 2008 a Alfredo Prada, entonces consejero de Justicia y único miembro del Gobierno de Esperanza Aguirre que había manifestado públicamente su apoyo a Mariano Rajoy. Aquellos días, el equipo de espías de la Comunidad de Madrid vigilaba también a Manuel Cobo, vicealcalde de Alberto Ruiz-Gallardón, que mantenía posiciones muy críticas con Aguirre por la batalla que estaba dando por desbancar a Rajoy al frente del PP.

El presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, podría haber sido víctima de seguimientos por parte de ex policías y ex guardias civiles en plena lucha interna por el poder en la entidad que preside, según recoge hoy el periódico El Economista que cita fuentes de la Guardia Civil. Al parecer, el seguimiento a Blesa habría tenido lugar recientemente y coincidiendo con la batalla de poder en la entidad financiera que preside, Caja Madrid, y habría sido efectuado por los mismos equipos de investigación que, presuntamente, espiaron al vicepresidente regional, Ignacio González, y al vicealcalde de la capital, Manuel Cobo.

Comentario de Jumar Santo

En Madrid, como en toda capital europea populosa, se producen robos, asesinatos, actúan mafias, hay evidentes problemas de seguridad ciudadana. Pero, al parecer, el Consejero de interior de la Comunidad de Madrid, y hombre de confianza de Aguirre (hasta el punto de que presionó, sin éxito, para que fuese incluido en la lista de Rajoy en el Congreso del PP de Valencia), dedica recursos públicos y anda ocupado con los asuntos que verdaderamente preocupan a la “jefa”: el seguimiento de hombres “peligrosos” no para los ciudadanos, ni para el sistema financiero mundial, sino para lo que son exclusivamente sus propios intereses y ambiciones políticas dentro del partido en que milita.

Una cosa es hacer frívolamente oposición de la oposición, y otra de muy distinto tenor –de confirmarse los hechos– utilizar el mismo poder público derivado del voto de los ciudadanos a unas siglas, para conculcar derechos individuales y jugar a la contra de su propio partido. Es algo que contradice las reglas del sentido común, y por supuesto de la política liberal democrática.

El asunto es feo y exige una respuesta de la dirigente popular madrileña, que sin embargo está ausente del Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid reunido para tratar de esta presunta trama de espionaje. No basta negar los hechos, ni pretender que todo se deba a las pérfidas maniobras imperialistas de Prisa contra las bondades de la revolución aguirrista. Rajoy, de entrada, calla y “cree” en el desmentido de la baronesa de su partido. Todos queremos creer que ese no es el estilo de la esperanza de la derecha española. Mientras, Gallardón apunta ya a algunas cabezas. Ella es la primera interesada en que se esclarezca este asunto, que recuerda a los viejos escándalos del PSOE de González, y compromete lo quiera o no a la imagen del PP y a la confianza ciudadana en el PP. Cuidado, silencio, vuelven los espías.

Publicado también en La Nación 22/01/2009 19:27h