lunes, 1 de noviembre de 2010

Verborrea sobre ETA

De ETA es mejor no hablar mucho, pero esta semana ha habido una auténtica verborrea sobre el tema. Quien debía controlar y ser más prudente en sus manifestaciones al respecto, el presidente del gobierno, ha sido el primero en alentar todo tipo de especulaciones, expectativas y alarmismos por el tono mesiánico que suele imprimir a sus palabras sobre ETA, y que la realidad se encarga luego de desbaratar. Sucedió en vísperas del atentado mortal de la T4 en Barajas, que arrumbó la pasada tregua y negociación con ETA, cuando lo que Zapatero había profetizado era un salto seguro hacia la paz. Y ahora, lejos de haber escarmentado, se permite frases que emulan a las de Jesús al Buen Ladrón, aseverando -yo, os aseguro- que los pasos dados por la izquierda abertzale no serán en balde.

Los exegetas se han lanzado a discernir el misterio que encierran tan prometedoras palabras, y hasta el modo en que habrá de producirse la llegada colectiva al paraíso, tanto urge a todos la celebración de la paz. Demasiado ruido, demasiada confusión, demasiadas conversaciones de todos con todos, reales, inexistentes o desmentidas, cuando aquí lo que importa es el lenguaje de los hechos, que también tiene su gramática y ortografía. Aquí quien tiene prisa es Batasuna para poder presentarse a las elecciones; pero los demás no deben tenerla, si no se quiere asistir a otro déjà vu. Y si Batasuna es ETA, como han dicho los jueces, pues el asunto es para tomárselo con calma. No basta una declaración de Batasuna condenando la violencia o desmarcándose de ETA, por bienvenida que sea, sino que debe poder verificarse con el análisis del lenguaje de los hechos que Batasuna ya no es ETA. O que ETA, si diera el paso de anunciar el abandono definitivo de las armas y su autodisolución, ha dejado de existir efectivamente.

Un entramado como el de ETA no desaparece de la noche a la mañana y el estado de derecho debe exigir garantías, o no lo será, entre otras muchas razones por respeto a las víctimas del terrorismo, ignoradas y menospreciadas durante excesivo tiempo. De todo lo que se ha oído esta semana sobre ETA, tal vez lo más cuerdo lo ha dicho el nuevo ministro de la Presidencia Jaúregui, esperemos que reflejando el sentir del presidente y del vicepresidente todopoderoso, y no a título personal. No da tiempo de aquí a las elecciones municipales a todo ese proceso de verificación, aún en el supuesto de que los sucesivos anuncios anunciados que se van a producir se terminaran produciendo. Esto es así, y tiene que ser así porque lo que queremos primordialmente los españoles es la construcción de una paz duradera -dentro y fuera de Euzkadi- y no resolver los 'conflictos' o los problemas políticos de nadie (sea el futuro de Zapatero, la continuidad o maniobrabilidad del lehendakari López con el PP vasco de Basagoiti, las expectativas electorales o de gobierno futuro del PNV si irrumpe Batasuna en el escenario, etc.).

Si esto es así, y tiene que ser así, entonces sobra la verborrea, sobran las ligerezas, las conversaciones efectuadas con torpeza y silenciadas o negadas con hipocresía, sobran las impaciencias, los triunfalismos, los cálculos interesados, y también las desconfianzas por principio. Falta, por el contrario, un poco más de responsabilidad por parte de todos, incluidos los medios de comunicación (de uno y otro lado), un poco más de diálogo abierto y veraz por parte de los principales partidos políticos, un poco más de sentido de estado, la simple capacidad dentro del respeto escrupuloso a las reglas del estado de derecho -sin atajos de ningún tipo- de pasar de la verborrea al lenguaje de los hechos. No estaría de más que el final de ETA pudiera reeditar el éxito de la Transición como un hecho histórico de todos, un mérito colectivo, algo realizado verdaderamente juntos y de lo que todos puedan sentirse satisfechos, tal vez no plenamente satisfechos, ninguno, pero sí satisfechos. Todos.

sábado, 23 de octubre de 2010

Gobierno duro para un presidente acabado

"Cuando está machacado, surge el mejor Zapatero", González dixit. Felipe está contento y esa es una de las claves para valorar al nuevo Gobierno, un nuevo viejo Gobierno, un Gobierno más que fuerte, duro: un Gobierno duro para un presidente acabado, que se resiste con todo a dar la batalla por perdida, que pretende tomar la iniciativa, ponerse boca arriba y de pie, pero que al final da de sí lo justo.

Lo que queda del felipismo está contento porque Rubalcaba gana presencia y mando, a costa de la obispa laica y alguna de sus acólitas. "El presidente siempre gana", decía la vicepresidenta a propósito del affaire Tomás Gómez, pero ella ha perdido. De la Vega ha sido la gran víctima de la crisis de Gobierno, gracias a Dios, por mucho que el cardenal Rouco pronunciase un sentido responso político por ella. La procesión va por dentro y gracia a Doña Teresa su salida de Moncloa no le ha hecho.

Zapatero se ha desprendido de la antigua coraza suya personal, que venía siendo De la Vega, para sustituirla por un auténtico acorazado, Rubalcaba, que más que protegerle o sucederle a él, lo que va intentar es mantener la plaza de la Moncloa para el PSOE después de las próximas elecciones, es decir, evitar la catástrofe electoral que vaticinan las encuestan. Felipe y Rubalcaba se acuerdan de lo que sucedió en 1993, y quieren tomarse ahora la revancha de 1996.

Zapatero confía en Rubalcaba, pero Rubalcaba confía tal vez más en Felipe y en sí mismo, y ha puesto su propias condiciones a Zapatero. El regreso de Jaúregui del exilio no es obra de quién le envió a él (Zapatero) obsesionado por apartar de sí al felipismo, sino de quién le aprecia bien por haber hecho cosas juntos ya en tiempos de Felipe (Rubalcaba), entre otras, Jaúregui dirigió la campaña electoral que llevó a Felipe González a la victoria en 1993, pese a las encuestas. Y son sabidas sus buenas relaciones con el PNV con quien gobernó como vice-lehendakari haciendo valer lo que muchos consideran hoy en el País Vasco el 'mito de la transversalidad'.

Trinidad Jiménez también disfruta del doble favor de Felipe González y Zapatero, y ha medrado, haciéndose con la cartera emblemática de Exteriores, pese a su fracaso reciente en las primarias de Madrid (además de no dominar el inglés y de que quiso ser diplomática en su tiempo y no lo consiguió al suspender los exámenes de ingreso en la escuela). Y aquí está la clave fundamental. Más que contentar a la vieja guardia, a los barones o al propio partido, Zapatero ha buscado amurallarse rodeándose de sus fieles, con independencia de sus méritos.

Rubalcaba, Blanco y Trini, tocados tras la batalla de Madrid, son recompensados. A Pajín le ha tocado la lotería de por vida (dure lo que dure de ministra, siempre será ex ministra y cobrando), para asombro de la audiencia, que la ha visto moverse demasiado estos años. Lo que era un problema serio para el partido se soluciona con una cartera de ministra, la patada para arriba de las burocracias más cerradas. La niña de Zapatero se encumbra pisando a la niña de Chaves (Bibiana, pillada en Babia a la hora del relevo), que en esto no pueden ser iguales.

Con todo, es digno de celebrarse la entrada de Marcelino Iglesias en la secretaría de organización del PSOE. Hombre serio y dialogante que se ha ganado no sólo los votos sino también el respeto como Presidente en la Comunidad de Aragón. En situación de disponible, porque había anunciado que no se presentaría a la reelección autonómica, Zapatero se ha hecho con sus servicios porque es ante todo hombre de su absoluta confianza, y ha hecho valer su preferencia sobre las de Blanco para ese puesto. Lo que tenga que pasar en el PSOE, sucesión de Zapatero incluida, lo quiere controlar él de cerca (esperemos que en manos de Iglesias con menor torpeza que la que demostró -aconsejado por Blanco y Rubalcaba- ZP en Madrid).

Zapatero quiere ir a por todas en lo que se antoja ya un final largo de legislatura. Pero sin cambiar un ápice sus prioridades y sus modos políticos, o incluso, volviendo a lo que fueran sus principales señas de identidad en la primera legislatura: la política anti PP -la efectividad en la oposición de la oposición- y la apuesta del final de ETA para ganar las próximas elecciones, como alternativa que ofrecer a la débil o inexistente recuperación económica. Con hacer guiños a los sindicatos y a su izquierda para que los rotos producidos no vayan a más, y esa es la misión de los nuevos ministros de Trabajo y de Medio Ambiente -Valeriano Gómez y Rosa Aguilar-, frenar a los sindicatos y la propia irrupción de un partido verde en el escenario español, Zapatero se contenta. La suerte con Salgado está ya echada.

Retorno a la propaganda dura contra el PP es lo que nos espera, aunque se presente como 'mejora de la comunicación'. Es una política de alto riesgo por los cortacircuitos que puede producir. Que los encargados o directores de esa ofensiva contra la oposición para impedir que llegue al poder, vayan a ser los mismos -el tandem Rubalcaba Jaúregui- que afronten el fin de ETA de la mano del PNV, cuando ese final deseable exige para no repetir errores que todos los pasos que puedan darse se produzcan de acuerdo con el PP si quiere realmente ser una política de Estado, pues entonces esa doble tarea o función o es sencillamente imposible porque chocan entre sí, o no va a conseguir más que incendiar la política española, para mayor susto de los mercados y mayor pena de los parados.

martes, 19 de octubre de 2010

De hinojos

Zapatero no está únicamente a la intemperie. También se encuentra de hinojos. Ante el PNV. Unos presumen de negociación y otros de responsabilidad, pero poco hay de eso en estos Presupuestos nuestros de 2011, que no se sabe si darán para el pan nuestro de cada día, pero que Zapatero -para asegurarse el suyo durante el próximo año- sacará adelante gracias a los nacionalistas vascos y canarios. Para agotar la legislatura con 'dignidad'. La paradoja es que la dignidad de Zapatero se confunda con la estabilidad del estado y que ésta, en una situación de crisis y de debilidad, pretenda confiarse a los nacionalistas, cuya lógica no es precisamente esa.

Pero a estas alturas la lógica del discurso ideal no importa a nadie. Por fas o por nefas, todos rasgaron sus vestiduras cuando Zapatero -abofeteado por la la realidad- comenzó a cargar con la cruz de la crisis, dando comienzo a su calvario político. Nadie parecía entonces dispuesto a apoyarle para sacar los próximos Presupuestos, pero -la verdad sea dicha- a nadie interesa seguramente tampoco un adelanto de las elecciones, ni éste objetivamente es conveniente si la interinidad política hace que se pierdan las débiles señales de recuperación económica de un cuerpo gravemente enfermo como es España.

Para Zapatero no hay más alternativa que muerte o resurrección personal. Después de haber negado la crisis, esperando a que pasara sola, como si no existiera, fiel al pensamiento mágico aprendido en la escuela del partido, ahora ha unido el sueño en la hazaña de la recuperación a su voluntad de resurrección política. No desea la ayuda responsable del adversario, en el supuesto de que éste -el PP- estuviera dispuesto a prestarla. El presidente está resuelto a quemarse, en cruento sacrificio, o a pasar a la gloria, sin compartirla con nadie. Ay, entonces, de los traidores y de quienes dudaron de él dentro del PSOE.

El PP apuesta, sin duda, porque Zapatero, antes de quemarse a lo bonzo, lo haga en las brasas de las inevitables reformas estructurales anticrisis, necesarias aunque no suficientes para la recuperación; si ZP lo hace en el tiempo que le queda, evita al PP el costo impopular de tener que tomar drásticas medidas nada más llegado al gobierno; y si ZP se muestra incapaz de hacerlo, a pesar de las manifestaciones encendidas de su nueva fe de converso, entonces proporcionará al PP el argumento necesario para su política futura. Pero el PP prefiere que ZP haga sus deberes, confiado en que hasta 2012 -como apuntan todas las previsiones- no habrá brote verde alguno en el erial español.

CiU, aunque quisiera, no puede pactar con Zapatero los Presupuestos, teniendo encima las elecciones autonómicas catalanas, y aspirando como aspira a reducir al PSC a su mínima expresión, para hacerle pagar las muchas maldades de los dos tripartitos. Bien es verdad que, al final, la fuerza del PSC siempre es mayor de lo que el nacionalismo quisiera, por el propio discurso y sentimiento catalanista del socialismo catalán, que es siempre mayor a su vez de lo que pueda convenir a sus dirigentes en determinados momentos, por mucha campaña que vaya a hacer el inminente ex ministro del paro, Corbacho.

A quién podía acudir el pobre Zapatero sino al PNV. El PNV no tiene nada que perder, porque nada tiene y no sabe siquiera donde se encuentra en la era post-Ibarretxe, por lo que poca relevancia tiene para él que vaya a apoyar ahora la congelación de las pensiones a la que se ha opuesto en el Congreso media docena de veces. Quien sea realmente coherente que tire la primera piedra. En verdad, los Presupuestos al PNV le importan muy poco porque en lo sustancial no afectan a Euskadi por el régimen de Concierto económico vasco. El pacto con el PNV no es económico sino esencialmente político y hace verdad aquello que dijo el ex lehendakari de que el PNV seguiría liderando la sociedad y la política vascas aun fuera del poder. Zapatero lo ha hecho verdad, sin importarle las consecuencias que ello tenga para el lehendakari socialista López.

Y Zapatero crecido, pensando que si hay movimiento hay vida. Nada de esto, sin embargo, importa verdaderamente a los ciudadanos, ni puede percibirlo realmente la audiencia. El público de a pie no sabe finalmente si el acuerdo alcanzado con el PNV rompe o no rompe la caja única de la Seguridad Social, y no entendería por supuesto por qué un parado vasco ha de cobrar el doble que en el resto de España. El pueblo fiel tampoco entiende 1) que pueda haber -después de más de 30 años de Autonomías- decenas de transferencias aún sin transferir al País Vasco, 2) que los que daban por finiquitado el estatuto de 1979 ahora las quieran, y 3) que si ahora se conceden es porque no tienen mayor trascendencia.

Tampoco se entiende fácilmente que por ir mejor acompañado al debate de Presupuestos, Zapatero amplíe el pacto a los nacionalistas canarios, y que para conseguirlo acceda a que el Estado español realice ni más ni menos que un acto unilateral por el que convierte en Mar de Canarias y bajo control canario aguas internacionales, confiando en que ese acto unilateral sea reconocido por la ONU y con el aplauso de Marruecos. Cuán preciosa y qué irresponsable es la vida política de Zapatero. Si el Gobierno de España actúa de esa manera, con qué razones podrá impedir que gobiernos y parlamentos autonómicos bajo control nacionalista procedan a su vez a actos unilaterales (la propia declaración de independencia, y de paso la del Mar de Euskalherria o Mares de los Países Catalanes) para no ser menos que Kosovo y Canarias, si ese camino puede llegar a su fin y el procedimiento ha sido legitimado por la propia actuación de Zapatero.

Zapatero no atiende más que al juego corto, y siempre desde una perspectiva partidista. Si el pacto con Coalición Canaria puede dañar el pacto de gobierno que esa formación tiene con el PP en Canarias, mejor. Y si el pacto con el PNV perjudica el pacto de Patxi López con el PP en el País Vasco, tampoco importa. En el fondo, para Zapatero ese pacto fue fruto de un accidente electoral, con el que no contaba, y si de él dependiera volvería gustoso a un pacto, no PSE-Batasuna, como podría desear Eguiguren, pero sí PNV-PSE, facilitando de nuevo un lehendakari nacionalista. Con todo esto, Patxi López ha quedado vendido para las próximas elecciones municipales, porque ZP ha hecho ya la campaña al PNV. Sí, el presidente se encuentra de hinojos, postrado de rodillas y al parecer gustoso, ante el PNV y los nacionalistas.

Pero tampoco se entiende que el PP no haya hecho nada para 
al menos escenificar -envuelto o no en la enseña patriótica- una voluntad de diálogo con el PSOE acerca de estos Presupuestos fatales. Si España se deshilacha, se desatornilla o se rompe como nos dicen todos los días los medios afines al PP, algo más se podrá hacer -o hacer creer que se hace- que ordenar la caja de herramientas una y otra vez, que por entretenido que pueda resultar a algunos, es profundamente estéril y en nada contribuye a restablecer la confianza en la clase política, que es en su conjunto percibida por la ciudadanía -sin que constituya esto una novedad en nuestra historia contemporánea- como un elemento fundamental del problema español.

miércoles, 13 de octubre de 2010

A la intemperie

 Zapatero está a la intemperie. Hace dos domingos los resultados de la primarias de su partido en Madrid le dejaron en una malísima situación. Intentó defenestrar en verano a Tomás Gómez pidiéndole, o más bien exigiéndole, que dejara el paso como candidata del PSOE a la señorita Trini, porque estaba seguro de que podía ganar a la señora Aguirre en las próximas elecciones autonómicas. Pero Trini, que en su día no fue capaz de ganar a Gallardón, ahora no ha podido siquiera ganar a Gómez. El díscolo David se ha convertido en un pérfido Goliat, y resulta que el presunto defenestrado, con un ágil movimiento, revolviéndose sobre si mismo en el alfeizar de la ventana, ha dejado a Zapatero con medio cuerpo fuera colgando y a la fresca.

Únicamente la obispa laica  -la señorita María Teresa- ha acudido en su auxilio con una frase -'el presidente siempre gana'- que ya sólo los viejos son capaces de valorar en lo que tiene de resabio estalinista ('el partido siempre tiene razón'). Este país ya no es para viejos y, mira por dónde, se ha poblado de 'chorlitos', incluso dentro del PSOE, que se atreven a desafiar al poder, y que no aceptan ciegamente las 'verdades del partido' infaliblemente proclamadas por el supremo Secretario General. 'Intelectual con cabeza de chorlito', dictaminó la Pasionaria en los tiempos heroicos, antes de expulsar a Jorge Semprún del Partido. Los intelectuales del PSOE, que han callado durante tanto tiempo, ya comienzan a decir algo para amparar a tanto chorlito.

Mientras Zapatero boca abajo -la sangre afluyendo a la cabeza- comienza a meditar lo que considera debe ser una decisión muy personal tomada en la alcoba del poder -si se presenta o no como candidato del PSOE a las próximas elecciones generales-, sus compañeros de partido no paran de moverse a su alrededor, no para echarle una mano -no vayan a interrumpir las meditaciones a la intemperie del señor José Luis-, sino para tomar las mejores posiciones una vez caiga éste desde lo alto. La ministra de Defensa, Carme Chacón, se ha atrevido a decir (ahora que los post-zapateristas Blanco y Rubalcaba han salido trasquilados con lo de Gómez) que España está preparada para tener una presidenta de Gobierno. Todos hacen cábalas hoy sobre los pensamientos que albergaba ayer la señora ministra cuando escuchaba los silbidos y abucheos que unos desalmados dirigían a Zapatero -cumpliendo el ritual, según él- durante la parada militar de la fiesta nacional.

sábado, 2 de octubre de 2010

Espera con poca esperanza

Los sindicatos escenificaron la huelga general del 29-S con una actuación bastante floja. La audiencia les dio la espalda y no se identificó con la puesta en escena de los actores, a diferencia del poder que había pactado con ellos la representación para que no hubiera ni vencedores ni vencidos. Que se lo digan a los ciudadanos que se vieron perjudicados en su vida cotidiana o a los que tuvieron que afrontar sucesos verdaderamente adversos, como los que se vivieron en Barcelona.

Cuando el gobierno da la espalda a la opinión, o más aún a los problemas verdaderos, y sólo se preocupa de su imagen, le crecen los enanos. El termómetro del deterioro del gobierno fueron los sucesos de Barcelona protagonizados por una mezcolanza de pijos, okupas y antisistema que han jugado y juegan a erigirse en contrapoderes, con los que acaba transigiendo el poder para no perder territorio, como una banda más. La violencia urbana en Barcelona ha sido muchas veces en la historia contemporánea de España el mejor indicador del desgobierno de la nación, y esa misma impresión ha podido tenerse ahora.

A la audiencia le importa poco los problemas de los sindicatos, los juego de poder dentro de los partidos, las primarias del PSOE en Madrid y las consecuencias que puedan tener para Zapatero o para quienes se postulan como sus sucesores. A la audiencia le preocupa bastante poco lo que ocupa verdaderamente a los actores políticos. A la audiencia le desespera que la oposición pueda limitarse a esperar a que Zapatero se consuma en sus propias brasas, porque ni le interesa ese plato, y porque se antoja una eternidad el año y medio que pueda faltar hasta que sea servido.

Mientras, las agencias siguen rebajando la calificación de la deuda española, que junto a los gastos de desempleo, se comen una parte ingente de los próximos presupuestos generales pactados con el PNV y presentados por Zapatero con desfachatez como los de mayor gasto social de la historia de España, cuando la realidad es que son los más insolidarios, porque elevan a categoría permanente la desigualdad real entre los españoles: que puedan romper la caja única de la seguridad social, poco importa si consiguen alargar la vida de Zapatero. 

Lo preocupante en términos políticos no es la lenta agonía de Zapatero, sino los efectos de la inutilidad de la política en la audiencia. El peligro de que la audiencia dé definitivamente la espalda a la política es real. O que la política pueda recalar en otros actores y audiencias, mucho más mediáticas, príncipes y princesas del pueblo, que den un espectáculo aún mayor, tan desagradable para unos como merecido para otros. Lo peor que puede pasar en tiempos de crisis, es que la espera se realice sin ninguna o con poca esperanza.

viernes, 24 de septiembre de 2010

La batalla de Navarra

Rajoy ha dado un pequeño toque a Santiago Cervera con objeto de remover sus fundadas y comprensibles razones para no ser el candidato del PP en Navarra a las próximas elecciones autonómicas (que en el viejo reyno son, como todo, forales). Vamos que sí o sí, y Cervera ya ha dado algún pasito para formalizar el 'sí, qué remedio, quiero'. El primero disculparse públicamente por haber hablado mal de Don Miguel Sanz cuando se produjo la no tan traumática ruptura de UPN con el PP. O sea, confesión pública, conocido rito de aflicción que tiene efectos reparadores.

Don Miguel, virrey de Navarra, ha reconocido el gesto y ha manifestado que Cervera ya ha pagado la mitad de su deuda, pero que aún le queda la otra media, devolver su escaño de diputado en el Congreso a UPN, a quien le pertenece por haber sido UPN -el dedo de Sanz entonces- quien lo propuso para ir en las listas de la coalición con el PP. Sanz tendrá que esperar a que Cervera sea formalmente nominado como candidato del PPN, y la 'devolución' -o mejor, la reversión- del escaño a UPN se producirá automáticamente, al ser un nombre de UPN el que figuraba por debajo en la lista de las últimas elecciones generales.

Que UPN lo disfrute bien en el tiempo que falta para las próximas generales -como mucho año y medio-, porque a tenor de las encuestas disponibles, el partido regionalista navarro concurriendo separado del PP no va a obtener escaño en Madrid en 2012, si no se convocan antes. De momento el PNV le ha hecho un favor a UPN (Don Miguel puede temblar como pretenda cobrárselo) con el pacto al que ha llegado con Zapatero para sacar adelante los próximos Presupuestos Generales, pues sin el apoyo vasco tendría que haber disuelto el Parlamento y convocado nuevas elecciones.

Don Miguel, ufano, ahora que está personalmente de retirada, ha cargado también contra Cervera argumentando que el gran objetivo del PP en Navarra es que Rajoy se instale en la Moncloa (a fumarse sus puros, le ha faltado añadir), mientras que el de UPN es que no se instale un gobiero nacionalista en Navarra. La paradoja es que, pulsando como pulsa la única tecla del teclado regionalista -el miedo al nacionalismo-, no haya contestado aún a la oferta que se lanzó en el verano desde el centro-derecha navarro, si es que se enteró.

En efecto, ha pasado relativamente desapercibida la noticia del acuerdo de mutua colaboración entre el PP de Navarra y el CDN -el partido fundado por Juan Cruz Allí y ahora liderado por Burguete- con vistas a las próximas elecciones, precisamente -se ha argumentado también desde las dos partes- por la circunstancia de que el acuerdo entre EA (integrada en NaBai en Navarra) y Batasuna podría provocar que los nacionalistas fueran la lista más votada en Navarra, si el centrodeercha se presenta desunido, y el PSN arrastra consigo el desgaste o la caída libre de Zapatero.

No se sabe qué va a hacer UPN, máxime cuando las relaciones entre Don Miguel y Doña Barcina -la actual presidenta de UPN, alcaldesa de Pamplona y próxima candidata al gobierno de Navarra- se han tensado, como era de esperar, y mucho más después de pequeñas escaramuzas entre los dos como la reciente presenciada a propósito de unos relojes regalados por la CAN, por si no fueran pocos los muchos miles de euros que han recibido -ellos y Jiménez del PSN- por la asistencia a los consejos de la entidad.

Consejos compro o vendo, y para mí no tengo, pensará Don Miguel. Un acuerdo 'defensivo' (frente al nacionalismo) entre PP-UPN-CDN, al que podría estar más inclinada Barcina por su propia afinidad personal con el PP -de hecho, ella habría sido la candidata natural a liderar el PPN, en lugar de Cervera-, dejaría en evidencia a Sanz y a su estrategia consumada de romper el pacto UPN-PP para pactar con el PSN, con el que aspiraba a gobernar eternamente Navarra, como gran objetivo político del milenio. Veremos en que quedan UPN y PSN después de los comicios.

En todo caso, la pinza del PP y CDN contra UPN tiene trascendencia al menos simbólica. El voluntarismo de Sanz que mágicamente convertía a UPN en un partido de centro por el hecho de llegar a acuerdos con el PSN, dejando al PPN 'necesariamente' a su derecha, pierde su efecto, si es que ha llegado a tenerlo. El CDN para muchos lucha por su supervivencia electoral (y consiguientemente política), pero conserva su 'imagen de centro' asociada a la de un navarrismo 'inteligente'. Quien puede quedar ahora a la derecha, con mayor fidelidad a sus orígenes, es UPN y será el sucesor de Jiménez (de estirpe navarra, pero con toda probabilidad más fugaz que los antiguos reyes ) quien no querrá pactar con ella.

Está por ver -sea cual sea la fórmula que pueda prosperar, y que en ningún caso pasará por la desaparición de las siglas del PP en la política foral- el efecto de ese acuerdo PP-CDN en la merma electoral (y consiguientemente política) de UPN. Si UPN comienza a perder votos, los perderá cada vez más, y rápidamente. Claro, que a Barcina, viéndolas venir, siempre le quedará la posibilidad de saltar al PP, y así el príncipe Cervera -como en los cuentos felices- podrá regresar a la Corte, donde además de reunirse con su amada, recibió -se contará- merecidas recompensas. La batalla de Navarra está servida, con independencia de cómo evolucionen las huestes nacionalistas.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Cumpliendo el guión

ETA no ha tardado en actuar según estaba previsto, con un nuevo comunicado que apela y agradece a los 'mediadores internacionales' su desinteresada iniciativa y pronunciamiento recogidos en la Declaración de Bruselas de marzo pasado, manifestándose dispuesta a reunirse con ellos para analizar el conflicto vasco y su solución. Ante la inacción de España y Francia, ETA apela al César internacional, al laureado con el Nobel de la Paz, a quien la organización terrorista pretende seducir con vaporosas figuras literarias a propósito de mares, anclas y aguas profundas.

La representación está en marcha. Ahora sólo falta ver lo que está dispuesto a hacer el Gobierno español por 'exigencias del guión'. Al desnudo, en cualquier caso, habrá de quedar, cuando llegue el momento crucial de la decisión (la presencia o no de Batasuna en las elecciones) y todos deban quitarse la máscara o no sea posible ya ponérsela. La audiencia permanece escéptica sobre el éxito y la autenticidad de una representación que al profundo drama social y moral que subyace de fondo, añade en su  nivel más superfical, pero determinante para esta puesta en escena, el drama político particular del gran mensajero de la paz de la escena española.