miércoles, 10 de marzo de 2010

Inutilidad de la política

Antaño se discutía sobre la inutilidad de los reyes y hoy lo hacemos peligrosamente sobre la inutilidad de la política. No es que se cuestione la inutilidad de la ciencia política, algo que se da ya por sentado dentro de la disciplina por los académicos inteligentes, sino que es la propia política y los políticos quienes son vistos como un gigante estúpido que no sabe a dónde va, o más bien que no va a ningún lado, y que sigue creciendo a pesar de tener los pies de barro. Esta sensación es más intensa en ciertos sectores y en algunos países o lugares más que en otros, pero no se sabe muy bien por qué en España se encuentra al cabo de la calle, aunque los profesionales de la política estén siendo los últimos en enterarse. Las últimas encuestas del CIS sobre preocupaciones ciudadanas así lo certifican.

Nuestros políticos no es que anden ausentes en el famoso Salón de los Pasos Perdidos, musitando sus discursos faltos de ideas, es que ya ni van a la Cámara. El presidente Bono no sabe qué hacer para contrarrestar esa mala imagen. Cuánto diputado de paja anida en las Españas, en cada uno de los 17 parlamentos que nos hemos dado para que no faltase un lugar para la palabra, y que ahora se antojan como un duro fardo para las propias arcas del estado. Tanto político bala acaba por enconar al ciudadano de a pie, que o lucha por un trabajo, o no llega a fin de mes, o ve como ahora le van a subir el IVA para que los señoritos de la política almacenen el forraje, o se levanten o rehabiliten una nueva casa.

Pero lo peor es que la izquierda gobernante tampoco cree en la política, en la verdadera política. En parte es un mal de la izquierda actual en general, que se muestra incapaz de articular respuestas para transformar el presente convulso, como si se pensara que lo que es políticamente factible no cambiará nada y lo que podría cambiar es políticamente inviable. Ello no quita que sea además un mal específicamente español, pues esta actitud la ha llevado al extremo el gobierno de Zapatero en la actual gestión de la crisis, contribuyendo de manera poderosa a la sensación de la inutilidad de la política. De ahí que la política del PSOE se refugie en cuestiones como la autodeterminación, el aborto o la libertad religiosa, en viejos mitos culturales de la izquierda, para simular que continúa alentando proyectos de liberación, por más que esos proyectos concretos no respondan a auténticas necesidades sociales ni lleguen al corazón de la gente.

Tal es el desencuentro con la realidad vivida que la izquierda de Zapatero no tiene más dimensión utópica que la negación de la realidad. La inevitabilidad de la crisis se responde con la negación de la crisis, de las causas españolas de la crisis y con el rechazo de las actuaciones que realmente podrían ayudar a combatir la crisis y los efectos de la crisis en España. Zapatero no solamente ha consagrado la inutilidad de la política sino que propone la inutilidad como política de estado. Pretende empujar a los demás a la formalidad del pacto, convirtiendo lo irrelevante en materia del mismo, mientras se empeña en obviar por su parte el previo y necesario pacto con la realidad, como ha hecho ver en El Pais José Ignacio Wert. Tildar de maquievelismo lo que no pasa de inmadurez y frivolidad, es magnificar al personaje, reducir el problema y retrasar su solución. Sólo un artista puede llegar a grados de inutilidad tan impresionantes, y los hombres de Zapatero ciertamente no lo son.

Si en algún lugar de nuestra geografía se ha hecho notar esta imagen de la política como un desvencijado camión cargado de neuronas inservibles que circula lentamente ya por el territorio de nuestras desgracias cotidianas, ese es Cataluña, por obra y gracia del gobierno tripartito presidido por el PSC, criatura que tanto debe y a la que tanto debe el propio Zapatero. El refugio en las esencias metafísicas dificulta enormemente cualquier enfrentamiento con la realidad física. El espectáculo de la inacción absoluta ante la llegada de un temporal de nieve, puntualmente anunciado por los servicios metereológicos, raya en la incredulidad.

Mientras las torretas electricas se doblaban como papel y los ciudadanos quedaban atrapados en carreteras y calles de la gran ciudad, o se han visto obligados a permanecer sin luz en sus casas varios días, la política catalana se restablecía del decisivo debate mantenido a propósito del futuro de las corridas de toros en su territorio. Aunque para la Generalitat cualquier esfuerzo en estas circunstancias extraordinarias hubiera sido inútil, el hartazgo de lo inútil y ante tanto inútil es comprensible.

La política brilla por lo inservible en la oscuridad de estos días, y aunque no sea cierto que no aporte nada a nadie, hace dudar si no será verdad que, como decía el humorista norteamericano Kin Hubbard, "cuanto menos aporta un político, más ama su bandera".

viernes, 5 de marzo de 2010

Ley del aborto: hazaña y apatía

El pasado dia 3 de marzo se promulgó en España la nueva ley del aborto bajo el enigmático título de ley de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo. Demasiada proposición copulativa, pero al final esa es la única coherencia de la ley, que todo tiene que ver con la cópula. ¿Pero qué tendrá que ver el "desarrollo de la sexualidad" con el aborto, sobre todo si lo vinculamos a la "dignidad de la persona y al libre desarrollo de la personalidad"? Cuesta decirlo y entenderlo, pero la gran hazaña de la libertad que ha materializado la ministra niña Aído es convertir el aborto en un método anticonceptivo más. No hay más que leer el inicio del preámbulo de la ley para darse cuenta:
"El desarrollo de la sexualidad y la capacidad de procreación están directamente vinculados a la dignidad de la persona y al libre desarrollo de la personalidad y son objeto de protección a través de distintos derechos fundamentales, señaladamente, de aquellos que garantizan la integridad física y moral y la intimidad personal y familiar. La decisión de tener hijos y cuándo tenerlos constituye uno de los asuntos más íntimos y personales que las personas afrontan a lo largo de sus vidas, que integra un ámbito esencial de la autodeterminación individual. Los poderes públicos están obligados a no interferir en ese tipo de decisiones, pero, también, deben establecer las condiciones para que se adopten de forma libre y responsable, poniendo al alcance de quienes lo precisen servicios de atención sanitaria, asesoramiento o información".
Nadie con un mínimo sentido común y/o moral puede considerar que éste sea un gran día para la historia de España, como alguno/a se ha atrevido a decir. Más bien esta hazaña de unos pocos y la apatía de muchos más sugiere lo contrario. Tampoco creo que sea un gran día para las mujeres, ese nuevo sujeto colectivo abstracto, dotado de un pensamiento y voluntad común, que la ideología de género ha inventado. Nadie duda que "embarazo y la maternidad son hechos que afectan profundamente a sus vidas en todos los sentidos". Pero eso no justifica la pendiente por la que se arroja la ley. Partiendo de la invocación de los "derechos de la mujeres" en relación con la "protección de la la salud sexual y reproductiva", el texto considera la interrupción voluntaria del embarazo como un "derecho asociado" a dicha salud sexual y reproductiva, tomada ésta de manera "integral", y acaba proclamando el aborto como un "derecho fundamental", lo que sin duda constituye un auténtico atentado contra toda la tradición jurídico-política occidental de los derechos y libertades.
"En una sociedad libre, pluralista y abierta, corresponde al legislador, dentro del marco de opciones que la Constitución deja abierto, desarrollar los derechos fundamentales de acuerdo con los valores dominantes y las necesidades de cada momento histórico. La experiencia acumulada en la aplicación del marco legal vigente, el avance del reconocimiento social y jurídico de la autonomía de las mujeres tanto en el ámbito público como en su vida privada, así como la tendencia normativa imperante en los países de nuestro entorno, abogan por una regulación de la interrupción voluntaria del embarazo presidida por la claridad en donde queden adecuadamente garantizadas tanto la autonomía de las mujeres, como la eficaz protección de la vida prenatal como bien jurídico"
El preámbulo de la ley denota un enorme cinismo. Invoca falazmente el "consenso de la comunidad internacional" en esta materia posiblemente para obviar que al gobierno español no le ha interesado ni se ha preocupado por obtener el necesario consenso interno. Esta ley no traduce los "valores dominantes" ni responde a las "necesidades" de la sociedad española del momento. Hasta dentro de las filas socialistas se ha vuelto a recordar que no figuraba en el último programa electoral del PSOE. Sencillamente, y antes que cualquier otra consideración de carácter científico o moral, es claro que no se puede legislar sobre tan grave materia sin que haya un fuerte consenso social al respecto (al menos el mismo que suscitó la anterior ley). El gobierno de Zapatero lo ha hecho, sin importarle lo más mínimo este aspecto de la cuestión, desde la convicción de que la derecha, cuando regrese al poder, no se atreverá a derogar la ley. Como si fuera una ley no escrita de la democracia que la izquierda puede revocar sin complejos cualquier ley promovida por un gobierno anterior, y el centro-derecha no. Esta falta de consenso es motivo suficiente para modificar la ley en un futuro.

El texto enfatiza que el espíritu de la nueva regulación del aborto es garantizar y proteger adecuadamente los derechos e intereses en presencia, de la mujer y de la "vida prenatal". Pero la verdad es que la ley apenas se ocupa de ese objeto vivo, ni se atreve a reconocerle en ningún momento como sujeto del más elemental derecho: el derecho a la vida. La ley, y se reclama socialista, es ciega también a la hora de identificar al más debil y desfavorecido: "la tutela del bien jurídico en el momento inicial de la gestación se articula a través de la voluntad de la mujer, y no contra ella". El legislador no es neutral. Contempla, por una parte, que se deba informar a la mujer de las consecuencias del aborto, e "impone condiciones para que ésta se ofrezca en un ámbito y de un modo exento de presión para la mujer". Por otro, reconoce finalmente la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios implicados en la realización del aborto, que deberá "manifestarse anticipadamente y por escrito". La presión hacia éstos se mantiene anunciando que ese derecho de objeción "será articulado en un desarrollo futuro de la Ley". Ninguna mujer irá a la cárcel en España por abortar (no sucede de hecho), pero que tengan cuidado los profesionales de la salud que en adelante se nieguen a practicar el aborto, no vayan a sufrir diversos tipos de aislamiento.

Escasa respuesta ha tenido la política del aborto del gobierno y la materialización de la nueva ley. Un manifiesto de tres decanos de una universidad católica salpicando unas grandilocuentes y vacuas consideraciones filosóficas junto al anuncio de que no enseñarán a practicar el aborto en sus aulas (para tranquilidad de los padres, no vaya a ser que dejen de enviarles a sus hijos); una dimisión de un concejal socialista; y unas cuantas manifestaciones pro-vida como ritual obligado de la discrpancia antes del aquietamiento final, parecen un triste balance. La conferencia espicopal merece un capítulo aparte y no se sabe bien en qué consiste su juego de anatemas propuesto. Junto a los textos de las canciones de misa, acabarán proyectando en las parroquias las fotos de los diputados que han votado la ley, como si de comisarías se tratara, para que todos los fieles ayuden a detener a cualquiera que pretenda recibir la comunión. Eso sí, salvando a su graciosa Majestad, no vaya a perder el Trono, y ellos el Altar.

Aquí todo el mundo tiene la conciencia tranquila, de Bono al último mono. Aquí nadie se ha puesto verdaderamente a pensar, ni puede decirse que haya existido realmente un debate serio. No se ha hecho nada por fabricar un consenso, ni ha habido reacción siquiera dentro de la sociedad civil ante el atrevimiento del gobierno de revistir de hazaña una verdad desnuda que merece cualquier otro calificativo menos ese. Esta general apatía es lo más preocupante. De aquí a la eutanasia como derecho individual y/o social, y hasta como rito civil de la extremaunción, no queda nada.

viernes, 26 de febrero de 2010

Hijoputizados

Dice Pérez Reverte que no admite lecciones de memoria histórica analfabeta; que ése es el problema, que esa memoria reescrita por políticos que no han leído un libro en su vida es muy peligrosa; que la suya no se agota en tres años de historia -los mitos de la guerra civil-, sino que abarca tres milenios; y que ya está bien de hablar de buenos y malos, que "cualquiera que haya leído historia de España sabe que aquí todos hemos sido igual de hijos de puta, todos". Vamos, que el que no sea un hijoputa, que tire la primera piedra.

No sé si se le puede dar a eso categoría de verdad, pero lo que sí parece mucho más claro es que nuestros políticos y sus atleteres se están hijoputizando enormemente de día en día, si es que no se han hijoputizado ya todos del todo. Maleado el que menos, nadie se anda ya con complejos ni rodeos, y se va por la directa. El lamento histórico de Pérez Reverte es que, a diferencia de Francia a fines del XVIII, no haya habido en España una guillotina en la Puerta del Sol que obligara a ser libre a la fuerza a quien no quisiera. "Nos faltó eso, pasar por la cuchilla a media España para hacer libre a la otra media".

Nunca es tarde, y a la vista de lo que está sucediendo, no es fácil saber si nuestros políticos se devoran unas a otros porque permanecemos aún en el estado de naturaleza hobbesiano de guerra de todos contra todos; o porque a falta del trabajo de aquella gran guillotina, cada cual viene ahora con su pequeña guillotina para ir introduciendo espacios de libertad definitivos donde le parece oportuno. Esperanza Aguirre se descubrió tal cual es gloriándose a micrófono abierto de haber quitado un puesto en el consejo de Caja Madrid al "hijoputa". Todos entendieron que se refería a Gallardón, y de hecho el "innombrable" se sintió ofendido, sin saber que la presidenta de Madrid se comportaba así para impelirnos a ser más libres.

Por otra parte, quienes quieren ver rodar la cabeza de Gallardón en la Puerta del Sol y defienden a la lideresa, son calificados de "ultras" por los cruzados de la libertad que siempre ha representado El País. Inducidas por esta actitud hijoputizada de la insignia del grupo Prisa (que bravuconea ante la llegada de la bota del duce Berlusconi a Cuatro), algunas llamadas de telespectadores inteligentes envían ya calificativos de "hijoputas, sois unos fascistas" a algunos programas de la TDT donde la "derecha sin complejos" campea por sus fueros.

Las cosas en el gobierno no van mejor. Las vicepresidentas andan a palos, haciéndose mutuas trastadas a costa del sueldo de los funcionarios. Una, que presumía de mando, porque no está en la Comisión negociadora del Pacto; y la otra, que pecaba de ingenua, porque se ha hijoputizado. Si miden las palabras y no se mentan a la parienta, es por ideología de género y no por falta de ganas, porque están que se tiran de los pelos. Es una pena por la obispa laica, ya casi dimisionaria. El gobierno dice querer aunar voluntades, pero su rostro negociador (Salgado, Blanco y Sebastián) no sale ya bien en las fotos. Antes que una Comisión para el Pacto parece el Comité de Salud Pública, dispuesto a hacer rodar cabezas a diestro y siniestro.

La crisis es dura, nadie está para bromas, nadie se corta un pelo, todos hemos sufrido mucho. ¿Todos hijoputas? Evidentemente no, pero hijoputizados, me temo que sí. Con perdón del vocablo, que para mi propio susto dice de sí misma con una sonrisa mi mujer. Hasta los ciudadanos, que han aguantado lo indecible, se han hijoputizado, y se nota en las últimas encuestas, donde dejan caer al gobierno con placer. Todos hijoputas, no; hijoputizados, sí.

miércoles, 24 de febrero de 2010

El pan nuestro de cada día

En la red el tráfico es denso. No es fácil abstraerse del ruido y concentrarse en la propia actividad. Son muchas las tentaciones de levantarse del propio escritorio y asomarse a la ventana, como cuando éramos estudiantes. Cuando la ventana es tu propia mesa, la cosa se complica. Es el problema de trabajar con ordenador, que como te descuides todo el mundo se mete sin permiso en tus papeles, y te los revuelven. Así, cuando vas a buscar una cosa, encuentras otra, o te llevas pequeñas sorpresas. Como ésta de ayer, que copio:
¿Vas a tener relaciones sexuales? El Gobierno te facilita los preservativos.
¿Ya las tuviste? El Gobierno te ofrece la píldora del día después.
¿Te has quedado embarazada?... El Gobierno garantiza el aborto.
¿Pero tuviste el niño? El Gobierno te regala el cheque bebé.
¿Estás desempleado? El Gobierno te paga el paro.
¿Eres vago y no te gusta trabajar? El Gobierno te concede una "paguina", becas para tus hijos y una vivienda social en la que no pagarás los servicios básicos (agua, luz, basura,...)
¿Eres drogadicto? El Gobierno te proporciona Metadona.
¿Eres un chorizo? El Gobierno vela por tu integración social, con inversiones en proyectos sociales.
¿Después de mucho dinero gastado en tí, tu sigues jorobando a la sociedad y vas a la cárcel? El Gobierno te mantiene mientras estés dentro y te facilita el paro para que cuando salgas no tengas que buscar trabajo y puedas seguir robando.
Ahora.... prueba a estudiar, trabajar, producir... ¡A ver qué ocurre!
¡¡¡El gobierno te sube los impuestos para pagar todo lo anterior!!!
No he podido evitar la sonrisa, pero algo enseguida ha reclamado mi atención. El ruido de la calle subía por la ventana (presuntamente) verdadera. Era la manifestación de los sindicatos que, nadando y guardando la ropa, protestan por primera vez contra el gobierno de Zapatero por la intención del gabinete socialista de alargar la edad de jubilación hasta los 67 años. Sí, es lo que había echado en falta al leer el mensaje que me había entrado en el correo electrónico. En la misma lógica.

jueves, 18 de febrero de 2010

La invocación del pacto

Un pacto, un gran pacto, España necesita un pacto de estado para salir de la crisis. ¿Quién lo dice? El rey, Zapatero, los catalanes de CiU, todos parecen movilizarse a la búsqueda de ese pacto reparador. ¿Quién lo quiere? Nadie. ¿Quién es el culpable entonces de ese fracaso? Todos. Después del debate de ayer en el Congreso sobre el estado económico de España, esa es la impresión. Y como sucede siempre, aunque todos tengan razones, no siempre tienen razón.

El gobierno es consciente de su debilidad y cansancio, y como el boxeador a punto de ser noqueado, busca apoyo firme antes de desfallecer, hasta en el árbitro si es necesario (el rey, que habla, muñe pactos, y hasta invita a Obama a que visite en viaje oficial España, a ver si nos sube el ánimo, a Zapatero y a todos). Zapatero quiere un pacto sin medidas fuertes que le puedan pasar factura electoral. Un pacto para recuperar la imagen exterior de España y la confianza. Una invitación a la responsabilidad para apoyar la política económica del Gobierno. A lo que no se presta el PP de Rajoy.

No se pueden apoyar las decisiones del gobierno que han llevado precisamente a esa desconfianza generalizada, dentro y fuera de España. Si quiere apoyo, el gobierno debe rectificar el rumbo y estar dispuesto a acometer las medidas necesarias, reformas estructurales, aunque reporten sacrificios. El estado económico de España podrá no ser calamitoso, pero la economía está enferma, tiene algo más que un resfriado, y si ha de ir al quirófano necesita un cirujano que sepa lo que hay que hacer.

Y en esas estamos. Que Zapatero no quiere ser el cirujano de hierro, de triste mención en la historia de España. Cuánto más acompañado sí, para llegar él con la mejor salud que se pueda al 2012, pero sin hacer nada traumático. Medicina natural. España saldrá sola de la crisis... antes del 2012. Nada de reforma de pensiones ni cosas por el estilo. Es lo que le ha dicho Blanco, por mucho que se quiera ahora presentar al ministro de Fomento como auténtico hombre de Estado. El cuerpo de España podrá no aguantar, pero lo importante es que aguante el PSOE, y si Zapatero se hunde, pues ahí está él, el vicesecretario del PSOE que se postula a vicepresidente del gobierno, para luego sucederle, Pepiño Blanco, el controlador de los controladores buen controlador será. Hasta Rajoy, pidiendo ayer a la bancada socialista que tomaran la inicitiva de relevar a Zapatero, trabaja a su favor. Entre gallegos anda el juego.

Ni Zapatero quiere ser cirujano de una España necesitada de urgente intervención, ni Rajoy quiere dar un balón de oxígeno a un Zapatero gravemente enfermo, políticamente hablando. Se invoca el pacto, pero no hay verdadera voluntad por ninguna parte. Se empieza hablando de pacto, pero enseguida la valentía o el coraje al que se apela, no es para lograr el pacto, sino para presentar una moción de censura o retirar la confianza al presidente. ¿A qué no hay co...? En un momento del debate Zapatero tuvo un lapsus y se refirió a esta "cama" en lugar de la cámara. No es la primera vez que la mente del presidente se pierde o es atraída por ese campo semántico, aunque esta vez fue lógico, porque en el debate no se estuvo hablando de pacto sino dudando de los atributos masculinos del presidente del gobierno y del líder de la oposición.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Imposturas

La presencia de Zapatero en el Desayuno de Oración en Washington la semana pasada tuvo algo de impostura. Zapatero ha justificado su asistencia como una oportunidad para el país, poder hablar en un acontecimiento así ante una audiencia tan selecta. Aunque enseguida ha personalizado el protagonismo, vanagloriándose del hecho de que hasta él, ningún presidente de gobierno español en activo había intervenido en ese acto. El mérito entonces es suyo, sin que importe el modo en que se fraguó la invitación, que no partió de la Casa Blanca. Moncloa había anunciado, en todo caso, un encuentro con Obama antes del Desayuno, reunión que finalmente no tuvo lugar porque los Obama llegaron tarde. Pero ese pequeño desaire es lo de menos, la foto del abrazo con el presidente americano ya compensó al español el viaje, y a Zapatero le brillaron los ojos el resto del día. Mientras Zapatero vivía su gramo personal de gloria, en su país, en España, la bolsa se desplomaba marcando los registros más bajos desde el otoño de 2008. El Desayuno con Obama le había sentado bien a Zapatero, pero no al país, que vivió un día negro.

No está el horno para bollos, y la opinión pública no ha reaccionado bien con esta presencia de Zapatero en el tradicional acto político-religioso de La Familia, la organización de Doug Coe. Para unos, no tiene mucho sentido que tome ni enseñe allí la palabra alguien que casi presume más de ateo que de agnóstico. El no inclina su cabeza ante el nombre de Dios que bendice a América, como tampoco lo hizo en su día al paso de la bandera americana en Madrid. Pero pretende disimular su incapacidad con el inglés pidiendo a su audiencia que le permitan hablar en castellano (español para el resto del mundo), "la lengua en la que por primera vez se rezó al Dios del Evangelio en esta tierra". La impostura es aún mayor cuando el orador subraya en ese foro la importancia de los valores cristianos que animan a España, valores e idea misma de nación que Zapatero ha desdeñado o conculca con su política interior a este otro lado del Atlántico.

Para otros, lo que es imperdonable es que Zapatero se rinda a los encantos del poder de los neocons, con tal de figurar en primera línea junto a Obama. También se le ha criticado a Obama en Estados Unidos por asistir al Desayuno, pero la tradición define el ritual, y la presencia institucional del presidente forma parte ya de él. La pregunta es entonces qué hacía un Zapatero sonriente dejándose querer por quienes, públicamente y en secreto, defienden una mezcla de iglesia y estado, y se han significado en la legislación contra los gays. No deja de ser un contrasentido, sino una impostura también, a la luz de determinadas políticas que Zapatero ha favorecido en España, como el matrimonio homosexual, y a la vista de la actitud beligerante que ha manifestado contra cualquiera que se opusiera a ellas, tildándoles de fundamentalistas religiosos. Seguramente la única referencia de Zapatero a Dios para invocar el derecho al jornal y la acogida al inmigrante no han impresionado demasiado a la audiencia americana, por sorpresiva que haya resultado en España, donde desde que gobierna él son varios millones más los que reclaman antes que el jornal el derecho al trabajo. La máscara "progresista" que ha pretendido conservar en Washington es la que ha perdido en España, dentro incluso de los sectores más minoritarios a los que siempre ha querido contentar, aun en contra del sentir mayoritario.

Obama ha protestado diciendo que una cosa es que se cuestionen sus políticas, y otra su fe. De Zapatero se cuestionan sus políticas y no se conoce más fe suya que la que pretende seguir transmitiendo en sí mismo, negando que España se encuentre hoy peor económicamente que hace seis meses, y dejando con la palabra en la mano a los diputados de su propio partido que no se presten a esta ceremonia del engaño. El pensamiento mágico y la teoría de la conspiración van de la mano. Mientras la ministra de Economía y su segundo viajaban ayer para tranquilizar a los medios financieros europeos e intentar vender la deuda pública española (que será todavía menor que otras, pero no hay quien la coloque), el vicesecretario general del PSOE Pepe Blanco (acompañado en la distancia por la cada vez más diminuta Pajín y dejándose oír como posible sucesor de Zapatero) hablaba de una fatal conspiración internacional contra España (especuladores y prensa extranjera maquinando juntos), de lo que responsabilizaba al PP. La impostura continúa. ¿Hasta cuándo el fingimiento y el engaño que ni siquiera pueden tener ya la apariencia de verdad?

miércoles, 3 de febrero de 2010

Desbordado y sin pulso

El gobierno parece desbordado por los hechos y sin pulso. Desbordado por la realidad que no quiso ver y negó, y también por la realidad que él mismo ha construido, y que amenaza ahora con caérsele encima. Ante esta situación, para la que se requiere coraje, el gobierno se muestra titubeante e indeciso. El problema es que ha perdido no sólo la credibilidad, sino lo que es peor, la autoridad. La cuestión no es ya que se piense que ha dado todo lo que podía dar de sí, o que no cabe esperar nada de él, sino que se le haya perdido el respeto. A Zapatero el primero, dentro y fuera de España. El maltrato que padece en las redes sociales de Internet es un síntoma preocupante.

Los datos son contundentes y no se pueden discutir. Ni siquiera maquillar. El paro -acelerada o desaceleradamente- sigue subiendo sin parar a cotas alarmantes. Se cuente como se cuente en enero ha sobrepasado el umbral de los cuatro millones. Un mazazo. El déficit, otro tanto. Nuestra deuda asusta y no habrá quien la compre a este paso. En la cumbre de Davos, el presidente español, a la defensiva, ha sido humillado. Lo de menos es que no sepa inglés. Lo grave es que, refugiado en su pensamiento mágico, considere que basta afirmar que España es un país serio, para que así sea, cuando lo cierto es que a España se la considera hoy un problema, y se la sitúa con los países que tienen problemas, al lado de Grecia y Letonia, como ocurrió en Davos.

Zapatero se ha marchado a orar con Obama. Falta les hace a los dos, pensarán algunos. El americano ha perdido su estado de gracia y no le queda más remedio que imprimir un giro pragmático a su política, si quiere conservar el pulso. Zapatero aunque quiera ya no puede, y si confiaba en que su suerte mejoraba unida a la de Obama, éste aunque pueda ayudarle ya no quiere. Después de rezar juntos, cada cual por su lado, y que Dios la ampare buena. Hasta el punto de que por primera vez un presidente norteamericano no asistirá a la cumbre EEUU-UE, prevista para la primavera en Madrid. Nueva humillación y nuevo mazazo.

La ficción creada de la conjunción cósmica entre Obama y la presidencia española de la UE se ha convertido en un auténtico fiasco, para descrédito de la pitonisa Pajín, y con evidente coste político para Zapatero. La agenda de Obama no es excusa. O la Unión Europea aparece como muy poquita cosa a los ojos de Obama, u Obama no tiene particular interés en compartir liderazgo con Zapatero. El liderazgo “progresista” de Zapatero no le interesa a Obama que se confunda con el suyo.

El primero está varado en la “izquierda cultural” y ha dejado a España a la cola de los países desarrollados, y será preciso toda una travesía del desierto para que salga de la recesión. El segundo, por el contrario, comienza a mirar más hacia el centro para conseguir mantener a EEUU como referente económico y político indiscutible de un mundo cada vez más incierto e inquietante como consecuencia misma del proceso de globalización.

Es la otra cara del pensamiento mágico. El pensamiento no transforma de forma mágica la realidad, pero las ideas una vez que se formulan son actos de lenguaje, que esconden una intencionalidad y que forman parte de una estrategia. Son actos políticos y deben ser tratados y juzgados, por tanto, como hechos. Esto es lo que magnifica el drama de Zapatero, y lo que endurece el juicio político que recibe actualmente. Su palabra fácil e inconsistente (en su boca o en la de quienes hablan en su nombre) comienza a pesar sobre él como una auténtica losa.

De nada sirve ya que rectifique, o que plantee debates o cuestiones que parecen razonables desde la lógica del pragmatismo, como pueda ser el retraso de la edad de la jubilación, según recomendó hace tiempo la UE a los países miembros. Haga lo que haga, Zapatero llega tarde, y lo hace mal, porque es incapaz de explicar lo que hace, porque no transmite seguridad ni confianza, porque le falta convicción. Aznar, más que al quite, al desquite, le ha propuesto un punto de examen para el Desayuno de Oración al afirmar: nunca nadie hizo tanto daño en tan poco tiempo. Zapatero no tiene fuerzas ni para responder. Esperemos que un buen desayuno americano y un ratito de oración, le tonifiquen  cuerpo y alma.