jueves, 28 de enero de 2010

De constelaciones y faisanes

La gran constelación planetaria, anunciada hace tiempo por doña Leire Pajín, a propósito de la presidencia europea de Zapatero, lejos de fortalecerle -como se confiaba- está poniendo de manifiesto los límites de su liderazgo. El problema no es Obama (aunque Aznar, en su reaparición en la TV pública española, se empeñe en afirmarlo), sino Zapatero. Obama cumple su parte y le ha invitado al Desayuno de Oración en la Casa Blanca para que el presidente español se luzca como Orador. Lidiar en los debates parlamentarios, sabe, sabe como manejarse, aunque no diga mucho. Pero orar es una faceta suya desconocida, y hasta sorprendente que lo vaya a hacer, dado su empeño mostrado en España en que el nombre de Dios no se pronuncie, no en vano, sino en público. El presidente del Parlamento, Bono, está que trina, porque pudiéndole enseñar a orar, él que reza a diario según dice, no ha sido invitado como acompañante al Desayuno. Y ahí tenemos a Zapatero, leyendo solo la Biblia por las noches, alimentando sus buenos deseos.

Pero mientras llega su Hora, agrupamientos estelares más modestos de índole local, le están colocando en su peor momento: en las encuestas y ante la opinión pública, por los disgustos que le está dando la prensa y el buen rollito que ahora se vive en el PP (Aguirre y Gallardón escenificando su apoyo a Rajoy). Zapatero ha invitado a Pedro J. al famoso Desayuno, en prueba de buena voluntad, y ahora resulta que El Mundo parece olvidarse de su antigua inquina hacia Rajoy y está tirando decidido del hilo del chivatazo a ETA -el llamado caso Faisán- con consecuencias imprevisibles para el Gobierno. La investigación del soplo producido durante el proceso de negociación con ETA de la pasada legislatura, que desbarató una operación judicial en curso contra la banda, ya ha salpicado directamente al número dos del ministerio del Interior y ha puesto muy nervioso a su titular Rubalcaba.

Más allá del hecho en sí, y de las valoraciones que este reclama en el marco de la defensa del Estado de Derecho, la espinosa cuestión afecta de lleno a la política interna socialista. De discutirse si Rajoy sería el candidato del PP a las próximas elecciones generales hemos pasado a cuestionar que lo sea Zapatero por el PSOE, y hasta le han pedido dentro de sus filas que se defina, por harta que esté su mujer Sonsoles de la vida que lleva en el palacio de la Moncloa. En esta tesitura que Rubalcaba, a quien en mentideros de todo tipo se le considera la única personalidad socialista que podría suceder a Zapatero con garantías electorales, quede tocado o muy tocado, resulta evidentemente un problema, por incombustible que parezca el personaje. Todo se alinea fatalmente contra Zapatero. De la pretendida constelación con Obama hemos llegado a la constelación del Faisán. A base de desayunarse todas las mañanas en la prensa con Faisán, a Zapatero el Desayuno en la Casa Blanca con Obama se le puede atragantar. Esperemos que como música de fondo no suene El canto del cisne.

miércoles, 20 de enero de 2010

Resurrección de Haití


Haití se ha convertido desde el 12 de enero, como consecuencia del brutal terremoto, en un campo de desolación y muerte, en un gran cementerio, donde no se sabe si hay lugar a la esperanza. Las miradas del mundo se concentran en esa pequeña parte del globo, antaño puerta de un Nuevo Mundo -La Española- y que alzó después confiada la bandera de la libertad, siguiendo los pasos de Estados Unidos y Francia, antes de que lo hicieran los territorios americanos pertenecientes a la Monarquía Hispánica.

Una tierra de esclavos cobraba una enorme fuerza simbólica al arrancar de la Nueva Nación francesa -la patria de la soberanía nacional- su propia independencia. La filosofía del progreso no pudo, sin embargo, erigirse en el faro de la población haitiana, ni asegurar su perfeccionamiento. La dirección de la historia lejos de evidenciar un proceso de mejora de forma constante, ha conducido a evidentes retrocesos. No cabe hablar siquiera, para describir la evolución de Haití, de reproducción del declive a través del propio progreso. Las fuerzas de la naturaleza dificultan aquí la interpretación de que cualquier revés, por fuerte que sea, es algo pasajero o pueda ser incluso un claro estímulo para nuevos progresos.

Haití es hoy "el peor de los mundos posibles" y ante él la respuesta de la Comunidad Internacional no ha hecho hasta ahora sino manifestar sus mismas carencias, bastantes evidentes a propósito de las fuerzas destacadas de la ONU o del papel de la UE, más preocupada ésta última en discutir la filosofía de la ayuda o en criticar la iniciativa estadounidense, que en dar un paso adelante para compartir un liderazgo en la coordinación, que no es capaz en definitiva de asumir. Han hablado EEUU y Francia, pero no se ha escuchado aún realmente la voz de España en esta crisis que afecta a la antigua La Española, cuando Zapatero preside la UE, lo que sin duda favorecería una mayor receptividad de sus propuestas.

Cuando llega la hora de los hechos, al otro lado del Atlántico se llega tarde o no se llega. Estados Unidos ha anunciado que los huérfanos de Haití tienen las puertas de entrada al país abiertas. En España se dice que se acelerarán los trámites de adopción que ya estaban en curso antes del terremoto. Pero a todas las familias españolas que han contactado con los organismos oficiales para ofrecerse para acoger a las víctimas más débiles de esta tragedia, se les dice simplemente que en la práctica no es posible, al tratarse de un país perteneciente a la categoría de países en conflicto o expuestos a desastres naturales, por lo que las garantías para tener la seguridad jurídica de que puede procederse a la adopción son mayores.

Para quienes no sean duchos en leyes en general y españolas en particular, el asunto golpea al sentido común de la gente. Que la situación es desesperada es evidente; que hay miles de niños abandonados en la calle, también; que la posibilidad de que caigan en manos de mafias traficantes es ya un hecho, si no hoy mañana mismo. La realidad de Haití repugna a cualquier sensibilidad. Está muy bien que se defienda, apelando al Estado de derecho, que los inmigrantes sin papeles deben ser empadronados por los ayuntamientos (como se debate en España estos días a propósito de la actitud contraria del ayuntamiento de Vic). Pero, ¿no se puede hacer o proponer siquiera algo más?

¿Hemos de plegarnos a una interpretación sui generis del concepto de "perfectibilidad" que acuñó Rousseau para explicar la tensión entre progreso y declive? Para el ginebrino, como ha subrayado Koselleck, el ser humano está destinado a progresar, a dirigir todos sus esfuerzos a dominar las fuerzas de la naturaleza, a introducir los principios de la civilización en la esfera cotidiana, a organizarse política y económicamente según el uso creciente de la razón. Pero la otra columna del balance contabiliza la pérdida de la inocencia natural, la decadencia de las costumbres, la corrupción y el crimen, la quiebra de la integridad, en suma.

¿Vamos a conformarnos con la idea de que, en tiempos de globalización, esta tensión no se manifiesta en el tiempo sino en el espacio y que de forma inexorable unos están llamados al progreso acelerado y otros condenados a las mayores catástrofes? ¿Vamos a discutir si estamos ante una nueva ocupación de EEUU, como en Irak, o ya que quien lidera la intervención es esta vez el premio nobel de la paz vamos a implicarnos todos de verdad en la reconstrucción de esta pequeña parte del mundo, bastante asequible, aunque sólo sea para demostrarnos que otro mundo es posible?

La vieja Haití ha muerto. Pensemos y creamos en la resurrección de Haití, en un futuro abierto, de progreso razonable y, más que sostenible, sostenido. Lo que Haití necesita no son discursos progresistas, anclados en un concepto ingenuo y desnaturalizado de progreso, pero incapaces de hacerse cargo del alcance real de los problemas y de resolverlos, sino recursos técnicos y apoyo político y cívico para construir una sociedad y unas instituciones habilitadas para combatir las propias servidumbres que la naturaleza impone de forma salvaje en el Caribe.

jueves, 14 de enero de 2010

Propósito de magnicidio

Las últimas detenciones de miembros de ETA -gracias a colaboración de las policías española, francesa y portuguesa- han avivado la memoria del pasado y proyectado nuevas sombras sobre el horizonte de 2010. Rubalcaba -en una calculada estrategia, según Zapatero- advirtió del temor a una próxima acción espectacular de ETA. Ahora hemos sabido que esa acción la intentó la organización terrorista en 2001 contra el entonces presidente del gobirno Aznar, pretendiendo derribar con un misil el avión que utilizaba durante la campaña electoral vasca de aquel año. Y que ETA lo intentó hasta en tres ocasiones, con un material afortunadamente defectuoso de origen soviético que había adquirido durante la tregua de 1998, la que Mayor Oreja denominó 'tregua-trampa', una tregua planteada por ETA para su reorganización y rearme, y acabamos de ver con qué intenciones.

ETA ya atentó contra Aznar en 1995, cuando era líder de la oposición, y entonces el presidente González afirmó que se había bordeado el desastre. Da miedo efectivamente pensar en lo que podría haber sucedido en 2001, un auténtico desastre en términos personales, políticos e históricos, por lo que habría supuesto de reanudación de una triste y no muy lejana historia en España de asesinatos de máximos responsables políticos y aun del gobierno (Prim, Cánovas, Canalejas, Dato...), con lo que ello conlleva de fracaso colectivo. Esa posibilidad siempre existe o ha existido -se puede argumentar- y de lo que se trata es de que eso no ocurra en el futuro de ningún modo, con independencia de la talla del personaje o de la resonancia que pudiera alcanzar la víctima. A ello se afanan las fuerzas de seguridad del Estado, y prueba de su eficacia es que ETA ande buscando ese atentado espectacular -se argumenta con razón.

Con todo, y por incómoda que resulte a todos la cuestión, cabría preguntarse qué ha pasado en los últimos años para que ETA, dentro de su siniestra historia de atentados y asesinatos enteramente rechazable, pueda estar empeñada actualmente en consumar un magnicidio, en celebrar el espectáculo del desastre. En el año 2004, con la primera confusión del 11-M, un pensamiento generalizado fue el deseo de que no hubiera sido ETA la responsable de la matanza, por la fractura irremediable que tal hecho provocaría en la convivencia española. La experiencia del desastre y su vinculación al terrorismo islámico produjo una segunda reflexión: después de esto, tal fue la consternación y el común rechazo de la violencia, no cabía en España, los españoles no lo tolerarían, un simple asesinato de ETA. ETA misma interiorizó ese pensamiento, como se comprobó todavía con ocasión del atentatdo etarra en la T4 de Barajas al considerar accidental o no expresamente buscado la muerte de dos personas.

¿A qué se debe este cambio de clima? ¿Era verdaderamente la política de Aznar la que daba alas al nacionalismo radical y violento? ¿Es la posibilidad de que el PP pueda regresar al poder la razón por la que ETA quiere forzar hasta el límite la situación sin importarle las consecuencias ni el juicio de la propia ciudadanía vasca, no ya española? ¿Es la imagen de debilidad ofrecida por Zapatero, manifestada en la anterior legislatura a propósito de su estrategia de negociación con ETA, y que se proyecta en el actual mandato sobre España como consecuencia de la torpe gestión realizada de la crisis, lo que ha envalentonado a ETA para en su demencia irracional acariciar de nuevo sus viejos planes de magnicidio sin sentir temor de llevarlos a cabo? ¿Considera ETA que la actual situación de debilidad española garantizaría la crisis política que tendría intención de provocar con tal acción? ¿Piensa aún ETA, a pesar del cambio en la política antiterrorista de Zapatero en la actual legislatura, que el principal adversario para llevar a cabo sus planes se encuentra en la oposición y no en el gobierno? De lo que ya no cabe duda es que para ETA, como corresponde a la lógica de su afán totalitario, cuanto peor, mejor.

jueves, 7 de enero de 2010

Cuanto mejor, mejor


Mientras los niños se entretienen con los regalos que les han puesto los Reyes Magos, Zapatero parece disfrutar igualmente con el juguete de la presidencia europea. A falta aún de la inauguración oficial, España preside este semestre la Unión Europea, por si alguien no lo sabe aún. Moncloa se ha gastado un buen puñado de euros en la página web de la presidencia para sacar el máximo partido al evento, y ya se la han reventado los piratas de verdad de internet, haciéndole pagar en sus carnes las osadías de la ministra de cultura González Sinde contra los pobres piratas de la red así llamados y que no son tales. Pobres lo son, porque ni siquiera en Navidad han podido obsequiar al Olimpo de los Autores como todos hubiesen querido. Pero piratas a los que deba perseguir, poco, porque apenas saben de informática, por mucho que manejen el emule. Con todo, y por más que sea sabido que en España no se persiguen a los piratas de verdad, se están investigando las huellas del saboteador que ha permitido la intrusión del cómico inglés Mr Bean en el dominio monclovita, haciéndolo pasar por Zapatero en primera plana.

Hay gente dispuesta a amargarle la vida al presidente español en el ejercicio de ésta su gran responsabilidad, y se entiende que no le haga gracia, porque efectivamente no la tiene, y con ese tipo de bromas no se hace más que continuar dañando la deteriorada imagen de España. Seguramente hay quienes están dispuestos a aplaudir todas las críticas contra Zapatero, provengan de hackers informáticos o del prestigioso Financial Times, que en un editorial ya se ha despachado a gusto cuestionando la capacidad de España de la mano de Zapatero para guiar a Europa. Cuanto peor, mejor, fue en otro tiempo el pensamiento de la derecha que algunos se complacen en resucitar. No es ese el juego que deseamos. Cuanto mejor, mejor. Ojalá la presidencia española sea un éxito, dentro de las posibilidades reales que tiene de actuación, que no son muchas.

Por eso mismo Zapatero no debe jugar tampoco, ni hacer alardes de su conocido pensamiento mágico, aunque estemos todavía en el tiempo de Epifanía. Porque una cosa es que los niños se ilusionen viendo desfilar a Melchor, Gaspar y Baltasar con sus carrozas por nuestras calles y televisores, y otra que los que ya somos mayorcitos creamos en sabios como Felipe González, Solbes y Delors, a los que Zapatero ha llamado para que le visiten en su palacio y le obsequien, cumpliendo el ritual de aquellos otros magos, con sus consejos para salir de la crisis y llenar al mundo en este tiempo de amor y paz. Con ases ocultos como los citados, en buena parte asociados al recuerdo del fracaso inmediato, resulta casí cómico afirmar, como hizo el secretario de estado del ramo López Garrido, que gracias a la presidencia de Zapatero España marcará el rumbo de la UE en esta década.


Con inocentadas se termina el año, pero no se debe comenzar. Cuanto mejor le vaya a Zapatero en la presidencia europea española, mejor nos irá a todos. Pero si lo que pretende Zapatero es vender la recuperación económica iniciada ya en Europa como un logro de su semestre europeo y con ello tapar el fracaso de su gestión interna, haciendo creer que ese mismo cambio de escenario europeo tirará por si solo de la excepcionalidad española, que no sería tal sino un simple desfase en el ritmo del proceso de recuperación y que cuando ésta se produzca también será obra suya por las medidas impulsadas en Europa gracias a él; entonces lamentablemente estaremos en el mismo juego de siempre, al que Zapatero nos tiene acostumbrados. Y sería la triste confirmación del agotamiento de un político que realmente no sabe ni puede hacer otra cosa que propaganda, mientras las cifras españolas de paro continúan su prodigiosa escalada y el NY Times habla de nuestros jóvenes como una generación perdida. Nunca más que ahora, queremos dejarnos sorprender. Cuanto mejor, mejor.

jueves, 24 de diciembre de 2009

El viento de la Navidad


Estamos en Navidad. Que el Niño Jesús que nació en Belén. como dicen nuestros hijos, nos ablande el corazón y nos inunde a todos de esperanza y de paz. Y para quienes sus hijos ya no viven esto, siempre quedará la alternativa de la poderosa imagen sugerida por Zapatero en la cumbre de Copenhague. Que el Viento de la Tierra, raudo y veloz, nos traiga trabajo y turrón.

No nos resignemos a nuestra propia miseria, por altos que sean nuestros índices de paro y el déficit, aunque nos los restriegue la agencia de calificación Moody's colocándonos a la cola de la UE, de esa Europa que nos disponemos a presidir de modo inmediato al estilo de los viejos hidalgos, galopando sin caballo. Y puestos a creer y a soñar con la magia de estos días, ilusionémosnos con un futuro realmente mejor, que sólo es posible alcanzar atendiendo al desarrollo de la moral colectiva.

Aspiremos con la ingenuidad de los niños a que el viento de la Navidad se lleve de nosotros la estrechez de miras y el narcisismo, la ligereza y el abuso, la mentira y el engaño, la deslealtad y la intransigencia, el rencor y el odio, la violencia y los deseos de venganza, la frivolidad y la falta de compromiso. Trabajemos por ello este Año Nuevo. También dentro del mundo de la política y de las ideas, a menudo tan mezquinos.

Felices Fiestas y lo mejor para todos en el 2010.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Las tres estaciones de Bono


La nueva ley del aborto ha pasado ya por el Congreso de los Diputados, que preside Bono, quien en este difícil asunto ha pasado a su vez por tres estaciones.

Primera estación: Bono invoca a Obama. El 14 de noviembre publicó un interesante artículo en El País titulado Obama, Benedicto XVI y el aborto, que pasó tal vez desapercibido, pero que parecía alimentar un deseo sincero de que pudiera llegarse en España a un mínimo acuerdo al menos en el modo de enfocar tan desagradable cuestión. Abogaba, como había hecho a Obama, a tratar el tema de un modo equilibrado, prestando oídos al otro y evitando caricaturizar o demonizar a quien se oponía al aborto, como si lo que pretendiera fuera infligir sufrimiento a las mujeres. Aquí en España, el gran argumento en favor de la reforma de la ley ha sido -hasta el último día- impedir que las mujeres fueran a la cárcel por abortar, como si estuvieran yendo fecetivamente, o la derecha quisiera que así fuera. Invocaba Bono también a algún ínclito cardenal de la curia para reforzar esa necesidad de llegar con "realismo político" a un "terreno común" como la reducción de abortos y la regulación de la objeción de conciencia. Su pregunta final "¿No es posible en España este diálogo? ¿No buscaremos, como Obama, ese precioso minimum de acuerdo?" parecía anunciar un cambio de escenario o al menos su decidida voluntad de trabajar activamente para ello.

Segunda estación: Bono prepara el camino a Zapatero. Unos días más tarde, el 26 de noviembre, Bono vuelve a publicar otro artículo en El País sobre el aborto: "Ni derecho ni obligación". Algo había pasado, porque nuestro tercer hombre parecía más empeñado en justificar su postura personal ante la ley, un sí pero no, que en volver sobre la argumentación y el propósito anteriores. Su llamada final, erigido una vez más en sumo intérprete de los destinos eclesiásticos, era en verdad estentórea, y tenía el efecto de allanar el camino a Zapatero y a su ministra para el debate parlamentario:
"Hay sectores de la Iglesia católica que exigen al Estado que actúe con mano justiciera, aplicando penas y castigos, mientras se reservan para ellos la mano acogedora del perdón o de la penitencia purificadora. Como político que quiere inspirar su vida en el Evangelio de Jesús, aspiro a que también la nueva ley incluya una dimensión de comprensión y de misericordia. ¡Mujer actúa en conciencia, esta ley no te condena!"
Tercera estación: Bono sale a buscar el apoyo de los "democristianos" vascos. En diciembre los señores diputados han estado muy afanados con la tramitación de la ley del aborto, que lejos de avanzar hacia ese terreno común, ha derivado hacia la izquierda buscando alargar el período del aborto libre hasta las 22 semanas y de facto que las menores puedan hacerlo sin contar con los padres, pues finalmente -aunque se venda como una rectificación hacia el consenso- las menores no tendrán que informar siquiera en caso de que pudiera plantearse conflicto parental, y bastará aludir a eaa posibilidad para que pueda abortar sin más. Pero era necesario escenificar que se había buscado y llegado a un consenso. Y, al parecer, fue el propio Bono quien en secreto -no fuera a ser que se pusiera en cuestión su neutralidad institucional- negoció con los nacionalistas vascos el apoyo a la ley. El PNV que había planteado como enmiendas "irrenunciables", además del derecho de los padres a ser informados en el caso de las menores, el que se reconociera la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios, ha acabado alineado con quienes han defendido en la tramitación de la ley que se enseñe a practicar abortos en las facultades de medicina.

Bono no trabajaba sólo para los socialistas. En su particular cruzada contra la Conferencia Episcopal (que con su habitual don de lenguas había advertido poco antes que los políticos católicos que votaran la ley, tendrían que confesarse y rectificar públicamente para poder recibir la comunión), Bono puede contar con el refuerzo de algunos "democristianos" para hacer saber a los obispos, y a todo aquel que le interese, que tiene "la conciencia tranquila".

martes, 15 de diciembre de 2009

España del revés


España es rica en imágenes y las que vemos en los últimos días tienen la capacidad de mostrarnos el país del revés, que es la mejor forma de conocer sus hechuras, y su aguante, a pesar de los descosidos que le va haciendo Zapatero.

No es normal que los sindicatos se manifiesten contra los empresarios directamente, pero aquí lo tenían prometido y lo han hecho. Lejos de tocar al gobierno, o de reprocharle algo, que a nadie le habría extrañado, pues Zapatero ha hecho méritos por no saber cómo afrontar la crisis, los sindicatos la han tomado contra los que crean empleo, para que se les quiten definitivamente las ganas de hacerlo y tengan que postrarse ante los sindicatos, que para eso están con el poder: son parte del actual poder, y hasta alguno de sus dirigentes se cuenta entre los consejeros aúlicos del presidente. Están con Zapatero, pero no son tan poderosos como imaginan. Prueba de ello es que a la manifestación convocada del pasado día 12, no acudió ni la décima parte de los que habían previsto, y eso pese a que fletaron autobuses y trenes gratis, y anunciaron y repartieron dietas entre los afiliados y simpatizantes para facilitar que acudiera la gente.

Debe ser dinero que les sobra de las subvenciones del Estado -es decir, del dinero que les damos-, mientras a las pequeñas y medianas empresas no les llega la bolsa ni la vida para continuar a final de mes, y a todos nos suben los impuestos como genial ocurrencia. El gobierno no se implica para mediar entre sindicalistas y empresarios, si es que hubiera afán realmente de salir juntos de la crisis. El gobierno toma partido y se contenta con escapar de la responsabilidad de la crisis asistiendo complaciente a esa burda escenificación contra el capitalismo irresponsable. Más chapapote ideológico.

Como el de la Conferencia de Presidentes autonómicos de ayer: conmigo o contra mí, y como el PP no está con las recetas económicas de ZP, que convencer no convencen a nadie (ni envueltas en navideña Ley de Economía Sostenible), pues ya ha encontrado para el día de hoy a quien encasquetarle la responsabilidad de la crisis y del paro. Y así hasta que no haya crisis, que algún día saldremos de la recesión, y cuanto más bajo caigamos, mejores serán luego los números de la recuperación, y mayores los méritos de nuestro guía y conductor..., si es que llega a esa estación.


Más sorprendente o difícil de comprender es la inacción del gobierno respecto a las consultas independentistas celebradas el día 13 nada menos que en 160 municipios de Cataluña. El ciudadano de a pie no acaba de entender cómo han podido llegar a celebrarse, o incluso que se defienda su legalidad, por más que se subraye desde el gobierno y aledaños que los votos no son representativos o que esa consulta es jurídicamente inocua. El gobierno relativiza y quita importancia al asunto, pero permite que se hagan este tipo de cosas, en tono alegre y festivo, simplemente porque los nacionalistas a los que deja sacar músculo, son los mismos que le están sacando las castañas del fuego en el parlamento español.

La imagen que se traslada, es que aquí no hay estado ni autoridad política. Hasta el propio gobierno lo afirma cuando pretende, una vez más, eludir su responsabilidad en el caso de la sarahui Haimar y trasladar la culpa de la situación creada a la policía de fronteras o a las simples autoridades administrativas, negando la existencia de cualquier directriz política desde Madrid, lo que ha provocado la reacción indignada de distintos sindicatos policiales, que manejaban información directa de lo ocurrido. La culpa es de los policías y el entuerto que lo resuelva el premio nobel de la paz Obama, o el siempre activo Sarkozy, o los dos. Es el reverso de cualquier gobierno normal de un Estado normal que tiene además responsabilidad histórica en la materia, pues le guste o no a Zapatero, la ONU respecto al Sahara sigue considerando a España, no a Marruecos, potencia colonizadora.

Zapatero se rasga las vestiduras cuando le dejan solo, pero no valora el vacío -de gobierno, de país, de estado- que está generando con su forma de proceder. La fallida Conferencia de Presidentes autonómicos así lo ha venido a demostrar. Zapatero acusa de falta de lealtad y de madurez institucional al PP, por no querer prestarse a la utilización de la conferencia para el propio alimento político del presidente, muy necesitado, pero sin ningún rasgo de autocrítica. Lealtad y madurez institucional la tiene que demostrar en las presentes circunstancias Zapatero el primero, porque con mayor o menor conciencia está poniendo a España del revés. No es la mejor imagen del país en vísperas de que España asuma la presidencia de la Unión Europea, por mucho que el recién estrenado Tratado de Lisboa reste protagonismo al presidente de turno en beneficio del nuevo presidente permanente.