domingo, 29 de marzo de 2009

Europeísmo y aborto

España es el problema, Europa la solución. La mente orteguiana ha nutrido de forma vigorosa el europeísmo español que, una vez recuperado con fuerza durante la Transición, se manifiesta cada vez más hueco. Como si bastara declararse europeo, para que la contribución española al proyecto de Europa fuera efectiva, y los problemas inherentes al mismo desapareciesen. El pensamiento mágico que tanto gusta a Zapatero, poco tiene que ver evidentemente con Ortega.

Zapatero se adelantó entre los primeros a refrendar la Constitución europea, sin que mediara en España debate ni pedagogía alguna para su conocimiento (fue algún periódico y no el gobierno quien se encargó de repartir a la ciudadanía ejemplares de la constitución para su conocimiento antes de votarla). Tampoco se han escuchado agudas reflexiones al líder mundial español tras el fracaso posterior de ese proceso de aprobación en algunos países de mayor pedigrí europeo. Y no parece que durante esta campaña de las elecciones europeas tenga previsto el PSOE ilustrarnos sobre la problemática del Tratado de Lisboa.

Aunque cueste reconocerlo, tenemos poco que decir de Europa, y en Europa. Nuestras energías se desgastan mirándonos hacia dentro, y aún no andamos sobrados de educación política. Hacemos responsables a la crisis mundial y europea de nuestros males, y en un acto sin duda de desesperación ya únicamente somos capaces de contemplarnos en el espejo europeo para querer homologarse con algunos países en materia de aborto. Cuestión que ni siquiera figuraba en el programa del PSOE de las pasadas elecciones generales, pero que ahora se antoja urgente y acuciante: pasar de la despenalización del aborto (en determinados supuestos) a su reconocimiento como “derecho”, “para que ninguna mujer que aborte tenga que ir a la cárcel en España” –Bibiana la ministra dixit (como si las cárceles españolas estuvieran llenas por ese motivo).
Gobierno y Conferencia Episcopal parece que trabajan juntos. La campaña de los obispos, compitiendo en el terreno del marketing y de la propaganda, ha sido un éxito desde el punto de vista de la comunicación (a nadie le ha pasado desapercibido el cartel del lince compartiendo protagonismo con el infante ibérico), pero despierta serias dudas. Si hace tiempo que las ideologías tienden a presentarse como “religiones seculares” (Benda, Aron), erigiéndose en soporte fundamental del sentido y de los valores, resulta confuso y problemático (máxime en España) que la “religión verdadera” comience a percibirse (de nuevo) como una ideología. Como en la anterior legislatura, el PSOE busca, por pura estrategia electoral, que se identifique al PP con el partido de la jerarquía eclesiástica, y a ésta conducida por el cardenal Rouco como firmemente anclada en el nacional-catolicismo franquista.

Las primeras declaraciones del PSOE ante las manifestaciones del domingo que han recorrido distintas ciudades españolas en contra del aborto, han insistido en que es el PP la mano que mece no se sabe qué cuna en este caso. Qué paradoja ver a un ministerio llamado de la igualdad afanarse en la defensa del aborto como un derecho de las mujeres. La titular de ese ministerio inútil ha pasado de comunicarse inicialmente con un lenguaje pictográfico (mostrando carteles simplistas en sus comparecencias públicas) a proferir frases ininteligibles como que el propósito de la reforma de la ley del aborto es proteger no se sabe qué cosa viviente hasta que pueda ser independiente de la madre. Si eso no se comprende hablando de aborto, menos aún ha conseguido explicar la niña ministra lo fundamental: cómo se entiende –desde una perspectiva socialista– que en nombre de la igualdad se ignore o se vaya directamente contra los débiles y los más desprotegidos, que en este caso son evidentemente los no nacidos.

No existe el menor interés por debatir, ni desde el punto de vista sociologico, ni cientifico, ni moral el drama del aborto. No digo la ministra, pero ni siquiera el comité de expertos precocinado por ella ha sido capaz de decir nada respecto a la Declaración de Madrid firmada por personalidades de diversos ámbitos de la vida académica y científica. El tema en cuestión no admite planteamientos demagógicos, simplistas o frívolos, por ninguna parte. Y todos deberían velar por la coherencia global de los mensajes que se lanzan. No deja de ser curioso que el PSOE parezca más empeñado en negar las raíces cristianas de Europa, que las raíces islámicas de España. Las dos son históricamente ciertas, y habría que preguntarle a Zapatero cómo encaja la propuesta de aborto libre desde los 16 años, y al margen de los padres, dentro de la Alianza de Civilizaciones que propugna. Que lo cuente en la cumbre de Istambul.

Se equivoca el PSOE si piensa que la solución a los males de Zapatero, no ya de España, es el aborto. El aborto no aporta bien a nadie. Su apuesta por hacer del aborto un argumento de las elecciones europeas, buscando la salida de los obispos y del PP en procesión, es un error. No han faltado voces duras y discrepantes en sus propias filas, como la de Rodríguez Ibarra, peso pesado de la vieja guardia felipista, proponiendo que la reforma planteada de la ley del aborto se lleve a votacion dentro del Consejo Federal del PSOE, antes de trasladar el debate a la sociedad española, y que se someta luego a referéndum. Ni más ni menos. Más allá de errores, lo que viene a manifestarse es una gran carencia moral y politica en esa curiosa amalgama de europeismo y aborto.
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miércoles, 25 de marzo de 2009

Política inconsistente

La política es preocupación por la polis, pero puede convertirse en una simple ocupación, profesión o juego, hasta hacerse inconsistente.

La política ocupa a muchos y se ha convertido para muchos en toda una actividad profesional en la que se cifra el sustento, el ansia de reconocimiento, la ambición de promoción y el disfrute de los placeres de la vida. Todo ello hace que la clase política se mire cada vez más a sí misma y se presente alejada de los ciudadanos. En lugar de considerarse servidora e instrumento del estado para proporcionar soluciones a los problemas y necesidades de la gente, ofrece la triste impresión de hallarse mucho más afanada en su enriquecimiento y en dar rienda suelta a su narcisismo. España no es precisamente una excepción.

Aunque se ajuste a la legalidad (mientras no se demuestre lo contrario), resulta desde luego sumamente antiestético que el tesorero de un partido haya atesorado una fortuna personal, por importante que pudiera ser su "patrimonio preexistente", por muchos impuestos que pague y gestos de transparencia quiera hacer el señor Bárcenas, todavía tesorero del PP. No menos preocupante se ofrece que una vicepresidenta del gobierno pueda vulnerar la legalidad en el ejercicio del derecho de voto, y pretenda poner el estado a su servicio para encubrir el fraude, por el simple capricho de cuidar su imagen y querer presentarse como cercana ante sus conciudadanos y presuntos iguales, residiendo en un lugar inhabitable en la práctica.

Nuestra cultura política se funda en la soberanía de la nación, en la detentación del poder por parte de los ciudadanos, y en el ceremonial de la representación política, que vincula a los gobernados con los gobernantes confiriendo a aquellos la posibilidad de cambiar a éstos. Pero en la práctica el poder de unos y otros es muy diferente. Al final la distancia entre los políticos profesionales y la ciudadanía es muy grande. El poder y la capacidad de decisión reside realmente en los partidos, en los medios de comunicación, en los grupos de interés que sustentan económicamente a unos y otros. El ámbito de poder de los ciudadanos es muy restringido y ha sido previamente delimitado por esos políticos profesionales y sus aliados. A la hora de la verdad el ejercicio del auténtico poder por parte de la ciudadanía se limita a unos pocos minutos, cuando son llamados a la urnas.

Nuestra clase política parece obviar esta realidad, por más que su fría consideración debiera impulsarles a ganarse honestamente el favor de los ciudadanos. Pero no. Ni siquiera en periodo electoral, como sin duda estamos en España, recién salidos de unas elecciones autonómicas y encaminados a unas elecciones europeas, el próximo mes de junio, que una vez más se plantean en España en clave de política interna. La proximidad de las elecciones y las campañas electorales tendrían que hacer aflorar el doble discurso del hombre de estado y del político modesto, humilde servidor a la postre de la res publica. En la España de Zapatero, sin embargo, sigue predominando el discurso y las operaciones de propaganda, con mayor carga populista si cabe, a expensas incluso de una imagen coherente del gobierno (no ya de España), como se ha visto en los últimos días con la entente Zapatero-Chacón, a propósito de la decisión de retirar las tropas de Kosovo, pretendiendo reeditar el juego de Irak con un presidencialismo barato.

La proximidad de una cita electoral, o la efervescencia de un clima preelectoral, tendría que favorecer la simbólica del arrepentimiento y hasta de la penitencia pública, por parte de los políticos profesionales. Es la ocasión para salir al encuentro de la ciudadanía, pedirle perdón y reconciliarse con ella (como en la parábola evangélica del hijo pródigo). Nada más alejado de la realidad española. La prepotencia es un signo de identidad propia. En el gobierno y en la oposición. Ni Zapatero reconoce errores, ni líderes como Esperanza Aguirre están dispuestos a dar su brazo a torcer, aunque ello pueda acelerar la destrucción de sus carreras políticas.

Rajoy se pliega a una tregua con la presidenta madrileña, en pro de la unidad del partido, renunciando a proseguir con la investigación interna sobre la trama de espionaje-corrupción del PP de Madrid. Quien obtiene inmediato beneficio de ello es Esperanza Aguirre, que detiene momentáneamente su caída en desgracia. No Rajoy, con quien no ha fumado la pipa de la paz y sobre quien volverá a saltar para disputarle sinuosamente el liderazgo del partido a poco que los resultados de las elecciones europeas se lo permitan. Se prefiere la simulación ante los electores antes que una depuración de responsabilidades políticas previa a la cita electoral, aunque esto segundo sería seguramente más beneficioso en votos.

No se contempla ni se admite ninguna ceremonia de humillación, ensimismados como están los políticos profesionales y sus fuerzas mediáticas en sus propios combates. No menos sorprendente aparece la actitud de las organizaciones sindicales que renuncian en España a elevar a los humildes y desfavorecidos, sin movilizarse contra el gobierno socialista de Zapatero (a diferencia de lo que sucede en la Francia de Sarkozy), aunque sí lo hagan contra los gobiernos autonómicos dirigidos por el PP. Esa ofuscación de los "poderosos" (incluidos los sindicatos) no pasa desapercibida a los ciudadanos. La política inconsistente puede ser soportada y hasta ofrece divertimento y espectáculo en tiempos de bonanza, pero resulta insoportable y acaba mereciendo el castigo implacable de las urnas en tiempos de crisis, cuando la sensibilidad ciudadana está a flor de piel y no consiente infantilismos políticos.
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domingo, 22 de marzo de 2009

Roto internacional

El líder mundial Zapatero ha hecho un roto internacional sin quererlo. No lo ha hecho adrede, porque entonces sería puro masoquismo, pero lo que ha sucedido con el anuncio de la retirada de las tropas de Kosovo es señal de cómo andan las cosas en las Españas en general, y en La Moncloa en particular.


A Zapatero le ha sucedido con la cosa internacional lo mismo que con la economía, que de saber poco ha pasado al menos a cogerle el gustillo. Según nos ha venido diciendo, gracias a su ilusión y entusiasmo España no sólo se ha convertido un agente eficaz de la paz, sino que iba realmente a contar en el concierto internacional, ahora que Obama es el director de orquesta. Con estos antecedentes no se acaba de entender un error de cálculo de semejantes características. No hay nada mejor para demostrar que uno es amigo de Obama y que Obama puede apoyarse en uno que hacer lo que a uno le venga en gana, sin confiarse a Dios ni al diablo. Da igual el instrumento que uno toque, pero es evidente que ningún director de orquesta puede entender ni permitir que un músico se levante y se vaya, sin mayores explicaciones, a mitad de interpretación. Y esto es lo que ha ocurrido. Lo menos que puede decir quien lleva la batuta es que está "profundamente decepcionado". Y eso es lo que ha dicho la administración americana, que no se ha desentendido con Obama de la OTAN, como es natural.

No, no ha sido así, se ha afanado en aclarar no se sabe quién, pero esa es la imagen que se tiene de España. No de Zapatero, sino de España con Zapatero. Sea Bush u Obama el inquilino de la Casa Blanca. Que no es un socio de fiar. España. La ministra de Defensa Chacón no entiende que el Reino Unido pueda anunciar algo parecido sobre sus tropas en Kosovo y nadie reaccione, y con España sí (la cuestión del tamaño siempre importa, en este caso a favor de España, aunque -el número de soldados- no lo sea todo). Pero la falta de lucidez de la ministra (la imagen personal no es suficiente) no hace sino reforzar el argumento. Y claro, ha habido que rectificar, y decir que aunque "la decisión es firme" se pospone un año, o sine die si es necesario la retirada de los efectivos españoles en cuestión. Para más inri de Zapatero, la decisión tiene su lógica desde el punto de vista interno español, al no haber reconocido España la independencia de Kosovo.

Pero ahí está el fondo del problema. Cuando la política exterior se hace depender en exceso de la política interior, acaba pasando factura. Si en un primer momento Zapatero habría estado dispuesto a reconocer a la nueva república kosovar, ahora esa posibilidad choca de frente con su necesidad de distanciarse de toda vinculación con el nacionalismo o con una idea "confederal" de España. Y para eso, cuánto más lejos de los Balcanes, mejor. La crisis no perdona, enviar soldados al extranjero en misión de paz acaba siendo un lujo que España no puede permitirse, y hay que priorizar. Los quitamos de aquí y los enviamos luego a Afganistán. Hay que decirlo rápido, con suficiente antelación, antes de la celebración de la cumbre de la OTAN, que en esa reunión lo importante es la foto con Obama, la primera de una serie fulgurante que, continuando con la presidencia de Zapatero de la UE en 2010, capultará de nuevo al líder mundial al gobierno español en 2012, sin que -viajando por las alturas- la desertización de España le afecte en el camino.


¿Cuál es la política exterior de España? ¿Llegaremos a saberlo después de tanta "agenda internacional" de Zapatero, como nos espera? Mal ha comenzado su andadura internacional. Un roto no se produce por una torpeza o por falta de explicaciones en un determinado momento. El roto internacional que tenemos, es consecuencia de concebir la política exterior de España al servicio de los intereses políticos internos del partido del gobierno. Cuando en cualquier nación (que no dedique sus energías a discutir o a cuestionarse permanentemente su existencia) sucede lo contrario. La política exterior se concibe asociada a un proyecto colectivo que debe estar por encima de la estricta lucha partidaria. En España, el roto internacional redundará en el roto nacional y aun en el roto del PSOE, si todas las esperanzas sucesorias de Zapatero recaen, como se dice, en la actual ministra de defensa.


Más le valdría a Zapatero, en lugar de tener un diplómatico como jefe de bomberos de La Moncloa, teniendo que salir continuamente a apagar los fuegos ocasionados por los ministros, tenerlo en el Gobierno trabajando realmente por los intereses exteriores de España y por su proyección internacional, que sin duda la tiene.

jueves, 19 de marzo de 2009

Mensajero Nobel


Media España anda disfrutando del sol, mientras la otra no para de darle vueltas a un asunto que sólo a los más desaprensivos puede dejar indiferentes. ¿Qué vino a hacer el Nobel de Economía de 2008, Paul Brugman, esta semana a España? Para algunos la cuestión no ofrece dudas. Vino a pegarle un repaso a Zapatero de muy señor mío. Nuestro presidente no sabía mucho de economía, pero a base de no conformarse con las clases particulares que le daba in illo tempore Jordi Sevilla a micrófono abierto, o con más reserva en la actualidad Miguel Sebastián, y de no hablar de esta materia con Solbes, pues parece que ha adelantado notablemente (falta nos hace) y se ha permitido un desayuno de trabajo, tête à tête, con el Nobel.

Los más forofos de Zapatero, manejando información privilegiada, sostienen que economista y
político debatieron sesudamente sobre la crisis económica y en particular sobre los efectos que la misma tiene sobre España, sin ponerse de acuerdo. Los más malinos señalan que Krugman dejó seco a Zapatero cuando le dijo que la salida de la crisis en España será de lo más "dolorosa", y le aconsejó que pusiera en marcha "políticas drásticas", pues lo hecho hasta ahora no sirve para nada (y que el Plan E mejor ni enseñar, por mucho que tenga toda la publicidad encargada).

Frente a quienes consideran que el Nobel "aterró" a Zapatero y le bajó los pantalones delante de los suyos, porque a Brugman no se le puede llamar "catastrofista" como a Rajoy (pues es un keynesiano que tronó contra Bush y que le dice también sus cositas a Obama), otros piensan sin embargo que el mensajero terrorífico ha venido a realizar un servicio impagable al jefe de gobierno socialista español. No en balde quien le ha traído hasta aquí desde Princeton ha sido el Ministerio de Ciencia y Tecnología, organizando unas jornadas
ad hoc con tiempo para una escapadita a la Moncloa.

El Nobel no ha venido para acelerar el proceso de acomodación de nuestro presidente, que en muy poco tiempo ha pasado de negar la crisis a aceptar la recesión, encontrarse con más de tres millones y medio de parados, y verse abocado a realizar unas reformas estructurales, que anunciará pronto, según le habría hecho partícipe a Krugman en su desayuno con él. El mensajero Nobel, investido de máxima autoridad de lo alto, ha venido a allanar el camino a Zapatero a la hora de decir a los españoles que se preparen (para el apocalipsis español). Que no hay ajuste doloroso sin sacrificios salariales. Que aquí no se van a congelar los salarios en el futuro, sino que se van a reducir. Y no sólo a los funcionarios, sino a todo el mundo.


Pero que se entere bien Rajoy. Esto no se va a hacer por un "decretazo" (ni por afán de fastidiar, como en tiempos de la oprobiosa de Aznar), sino por responsabilidad intelectual.

lunes, 16 de marzo de 2009

Euskadi, voces extrañas (y II)


A principios de la semana pasada el partido socialista le dijo que no al PNV, cuando éste intentó cambiar como si nada el discurso y la estrategia de Lizarra de los últimos diez años por la vuelta a la “normalidad” (entiéndase la idea de la “transversalidad” de hace veinte años, la vuelta a los gobiernos de coalición PNV-PSE de finales de los ochenta y noventa), como si nada hubiese pasado y el tiempo fuera prácticamente inmóvil. Así se percibe, en efecto, el curso político desde la profundidad de la intrahistoria vasca en la que se instala el nacionalismo, donde todo se cuenta por siglos.

El PSE parece que enseguida se ha recobrado de su inicial desconcierto (por no haber logrado el sorpasso y tomado la delantera al PNV en votos) y no ha dejado de manifestarse y comportarse con excesiva naturalidad, como si efectivamente hubiera ganado las elecciones y no dependiera de nadie para poner gobernar, lo que resulta algo extraño. Da por seguro el apoyo del PP, sin ni siquiera referirse a él, como si fuese el PP quien está obligado necesariamente a dárselo (y no el PSE a solicitárselo), porque de lo contrario la responsabilidad de haber malogrado el cambio recaerá (con toda la fuerza de la historia: de la historia no hay quien se libre) sobre los populares.

Los socialistas han expresado con sorprendente e inexplicada claridad su “decisión” de gobernar “en solitario”, con socialistas e independientes, sin plantearse la posibilidad de un gobierno de coalición con el PP. Se acabó la lógica del frentismo y de la exclusión, salvo –según parece- en lo que se refiere al PP, del que curiosamente se puede prescindir o no cuenta en definitiva, puesto que desde el entorno político o intelectual socialista se ve como lo más “natural” las dos cosas: el apoyo de los populares vascos a la investidura de Patxi López y su exclusión del gobierno liderado por el PSE. Por una parte los socialistas no admiten que el PNV sólo hable de frentismo en caso de acuerdo entre los no nacionalistas (y no cuando pactan los nacionalistas entre sí), pero por otra parte admiten esa lógica y se resisten hasta a cualquier formalización de acuerdo con el PP.

El PP también dice algunas cosas extrañas, como la afirmación de Basagoiti de que “es el PP quien quita y pone lehendakari”. A fuerza de ser de Bilbao, el nuevo líder popular vasco parece de Madrid. Tanta chulería política no ha pasado desapercibida ni al PNV, pero algo de razón tiene. Del PP no se puede prescindir si falla (como todo parece) el entendimiento entre socialistas y nacionalistas. La lógica de los números también admite un gobierno PNV-PP, y hasta existe mayor afinidad ideológica si se prescinde de la variable nacionalista. De hecho hoy alguna prensa daba como noticia una oferta generosa que se habría producido del PNV al PP, para que los populares vascos entrasen en un gobierno vasco presidido por ellos. Estas voces secretas por extrañas o infundadas que puedan resultar, fortalecen en cualquier caso la posición negociadora del PP.

De hecho, el PP ha planteado un acuerdo por escrito (como hizo en 1996 con CiU y PNV, a diferencia de la práctica previa de Felipe González en su relación con los nacionalismos), argumentando que no caben "contratos de adhesión", menos todavía atendiendo a los antecedentes de los socialistas, y el PSOE ha comenzado a recular. El gobierno, con independencia de su composición, requiere de una mayoría parlamentaria estable, mucho más en Euskadi, y es lógico que el PP solicite garantías de que su apoyo está orientado a determinadas políticas de cambio (que ha comenzado a precisar, antes de que lo hagan los socialistas, lo que se antoja igualmente extraño, siendo el PSE el partido llamado a liderar el cambio).

Queda aún mucho por ver y oír en Euskadi antes de que se pueda formar un nuevo gobierno. El PP tiene derecho a marcar, y a que se respete, su territorio, pero no debe cometer errores, y puede aprender muchas cosas de los socialistas vascos que deben, en cualquier caso, defender y asegurar una auténtica pluralidad en el País Vasco. Al fin y al cabo, es el PP quien más gana con la nueva situación, tanto si entra como si no entra en el gobierno, y hasta le es más cómodo no entrar y evitar el desgaste en una situación que, sin duda, va a ser de dificultad. Condicionar necesariamente el cambio en Euskadi, y romper la estrategia de Zapatero mantenida en la última legislatura (de entendimiento estable con los nacionalistas para excluir de manera duradera al PP del poder), dejándole en una situación de deblidad política en el Congreso, es de por sí ya mucha ganancia para los tiempos de crisis que corren.

viernes, 13 de marzo de 2009

Euskadi, voces extrañas (I)


Hemos podido atender ya a la voz de los actores en Euskadi, después de la primera impresión de los resultados electorales, y ciertamente se han escuchado algunas voces extrañas. Pero no hay que preocuparse demasiado, es la política vasca.

El PNV ha sido el primero en hablar y en tomar la iniciativa de hacerlo con los demás y el resultado ha sido un poco decepcionante, aunque clarificador. El ex presidente Arzallus fue el primero en hablar de trampa y de farsa en los resultados de las últimas elecciones vascas, y de “golpe antidemocrático” al haberse previamente “barrido” a los que debían haber sido representantes de la izquierda abertzale. Se puede especular con la composición de la cámara vasca de haber concurrido a los comicios las nuevas listas de Batasuna, pero hay algo que no puede pasarse por alto. La izquierda abertzale está presente en el nuevo parlamento vasco a través de Aralar, que ha visto incrementada su representación. Esta es la hora de Aralar, y es de desear que esa apuesta firme por disociar la política de la violencia sea asumida en un futuro próximo por el conjunto del abertzalismo. Resulta por eso sospechoso el silencio del PNV respecto a Aralar, y la preferencia de algunos por Batasuna (sobre todo después de no haber conseguido atraerse sus votos).

Pretender, por otra parte, meter en el mismo saco la actuación preelectoral de Garzón con Batasuna y el PP, como ha hecho Erkoreka, el portavoz del PNV en el Congreso (acusando indirectamente al PSOE de simple cálculo electoralista en la aplicación de la Ley de Partidos), resulta igualmente bizarro y confuso al querer ocultar lo principal: que no se puede relativizar ya cualquier interconexión entre política y violencia. Se está reconociendo en el fondo con esa actitud que resultaba enorme cómodo y beneficioso para el PNV que Batasuna dispusiese de algunos escaños en Vitoria. Un pequeño colchón con el que el PNV podía contar en caso de necesidad para asegurar la Lehendakaritza al candidato Ibarretxe (como ocurrió en 1998 y 2005, y ha recordado en estos días el portavoz del PP vasco Leopoldo Barreda) u para otros menesteres directamente relacionados con los propósitos soberanistas (referéndums anticonstitucionales), sin que el carácter y el uso de esos votos llegase a plantear ningún reparo en términos de legitimidad o de conciencia democrática a los dirigentes del PNV.

Arzallus ha asegurado que personalmente “nunca reconocerá esa situación” y que “ya veremos” hasta cuándo lo hace el PNV. Pues muy poco ha durado. En cuanto han comprobado la escasa receptividad del PSE a su propuesta de gobierno en coalición con ellos, Ibarretexe ha soltado por su boca todo el esencialismo nacionalista, como si expulsara sin poder contenerse la lava de la intrahistoria vasca, asegurando que con independencia de donde esté, el PNV va a continuar dirigiendo Euskadi, ahora y siempre (como lo ha hecho durante los últimos cien años), por los siglos de los siglos, amén. Del argumento de la necesidad de un gobierno fuerte en estos momentos de crisis económica, esgrimido por el PNV en su ronda de conversaciones con los socialistas, se ha pasado a la amenaza de la desestabilización institucional, y a ofrecer un argumento gratis a quienes consideran ineludible tener que desmontar con cuidado el entramado nacionalista para conseguir sacar el País Vasco adelante.

El PNV podrá empeñarse en que no ve proyecto detrás de ese posible acuerdo PSE-PP, más allá del desalojo del nacionalismo del poder, y que se ha engañado a la sociedad vasca. Pero todo lo que ha dicho para argumentar eso, suena cada vez más extraño.

jueves, 12 de marzo de 2009

Timocracia madrileña


Platón hablaba en La República del proceso de degeneración de la ciudad, contemplando cuatro formas posibles, que venían a sucederse de manera cíclica. La primera era la timocracia, la polis bajo el mando de políticos ambiciosos, inicialmente guerreros, que careciendo de virtudes cívicas, utilizan su poder no sólo para dominar sino también para enriquecerse, de manera más o menos encubierta. Asi viene a surgir una plutocracia, el gobierno de los ricos, a la que sucede la democracia, donde se evidencian las tensiones entre los ricos, los sofistas o demagogos y el pueblo. Si no existe una busqueda vigilante del bien y de la verdad por parte de todos, la democracia puede acaba en la tiranía, el dominio de uno (individual o colectivo, que de todo ha habido en la historia: un déspota, un pueblo soberano, un partido único o hegemónico, un estado totalitario). Las democracias actuales, incluso las llamadas avanzadas, no están libres de este proceso de degeneración.

Todo comienza por la timocracia y en las representaciones al uso de la caverna platónica la timocracia madrileña es un ejemplo paradigmático. Si lo que lleva sucediendo desde hace un tiempo en la Comunidad de Madrid es preocupante, lo último comienza a ser ya indignante. Bajo el liderazgo guerrero de Esperanza Aguirre, Madrid se ha convertido en una cueva de políticos ambiciosos y sin escrúpulos, que bajo una máscara de derecha liberal no dudan en comprometer al poder económico para incrementar su propio poder político. Ni en utilizar éste para fines, no ya partidistas, sino de facción política en contra de su propio partido, o para enriquecerse personalmente, en lugar de trabajar por los intereses y el bienestar de los ciudadanos. Asuntos como el asalto a Caja Madrid, el espionaje político o la trama de corrupción ligada a la operación Gürtel son de por sí graves y elocuentes.


La pantomina de la comisión de investigación de la Asamblea de Madrid, controlada por Aguirre, no tiene, en efecto, palabras. Da igual que se haya mentido poco o mucho. No se ha podido preguntar o repreguntar a los que han comparecido, pero sobre todo no se ha dejado comparecer y hablar a quienes tenían que hacerlo. El consejero de Presidencia e Interior de Madrid, y hombre de confianza de Aguirre, sobre el que apuntan demasiadas sospechas, estuvo granado al pretender demostrar documentalmente que los servicios de vigilancia y contravigilancia de altos cargos existían ya anteriormente a la llegada de Aguirre, en tiempos del socialista Eguina y luego de Gallardón, y que eran infundios por tanto las acusaciones de espionaje. No, el problema no es que haya escoltas ni sistemas de contravigilancia, sino que se utilicen para espiar a adversarios políticos (sean del mismo partido o de otros).


Y a los pobres espiados no se les ha dejado hablar, a pesar de que querían hacerlo. Aun así, Granados se permitió acusar de mentiroso al
ex consejero Prada (cesado por Aguirre tras incorporarase aquél a la Ejecutiva de Rajoy). Otra de la víctimas, el vicealcalde de Madrid, Cobo, a quien le tocó el espía bueno (que no se equivocó en ninguno de los datos sobre sus movimientos reflejados en los partes), ha tenido que ofrecer una rueda de prensa para decir lo que se debería haber escuchado, y más, en la comisión de investigación ¿Qué sentido tiene que un servicio parapolicial o no, pero dependiente de la Comunidad, vigile a cargos de otra administración como el Ayuntamiento, que según ha pretendido sentar Aguirre cuenta también con un sistema parapolicial? Que sean políticos que molestan a la presidenta es pura casualidad. Esperpéntico, y Aguirre lo sabe, pero la comisión se cierra.

La comisión ha jugado con el propio concepto de timocracia, que se puede aplicar al gobierno basado en el honor, por su libertad de expresar las situaciones. Curiosa paradoja si para defender el honor de Aguirre y su círculo de ambiciosos se impide la transparencia. Esa comisión ha sido un auténtico timo, en el sentido más castizo del término. Aguirre aceptó abrir la comisión en la asamblea madrileña cuando Rajoy puso en marcha la comisión interna del PP y temió que la secretaria general hiciera públicas sus conclusiones. La prudencia de Rajoy puede reclamar que se conozcan las conclusiones de la comisión parlamentaria antes de decidir si reabre o no aquella comisión interna, pero no se entendería que no lo hiciera ante unas conclusiones que, visto lo visto, cabe suponer impresentables.


Los sofistas o demagogos al servicio de la timocracia de Aguirre ya se han puesto en movimiento
presionando a Rajoy para que no lo haga. El Mundo al rescate de la presidenta madrileña, que como guerrera sólo está dispuesta a morir matando, sigue con sus estrategia previsible. Lejos de defender que todos somos iguales ante la ley, pretende igualar en el delito. No únicamente madrileños y valencianos (Aguirre cobijada en la ancha manga de los trajes de Camps), sino también la actual cúpula del PP. El Mundo exigía hoy al PP explicaciones al máximo nivel y una comisión interna a propósito de un coche de lujo, un jaguar, que Correa habría regalado en 1999 al responsable del área electoral del PP, en ese tiempo -no en la actualidad- marido de Ana Mato, muy vinculada -entonces y ahora- a Arenas y Rajoy.

Resultaba algo grotesco ver a Pedro J. regodearse en su TV hablando del matrimonio Sepulveda-Mato pillado en falso (cuando además, según parece, ya estaban separados de hecho), y más comprobar luego cómo la número 3 del PSOE, Leire Pajín, no dudaba en compartir esa retórica tradicional y machista (la mujer ligada al marido en todo cuanto diga y haga) lanzándose a degüello contra Mato y exigiéndole explicaciones y responsabilidades por la actuación de su ex. Ni siquiera hay noticia, ni al parecer regalo, pues lo que habría es un cambio de coches entre un pijo y un macarra, un BMW a cambio de un jaguar, habiendo abonado Sepulveda la diferencia, según declaró éste después (vaya usted a saber). Pero, coincidiendo en esto con el propio manejo de
El País de las actuaciones de Garzón, es obvio que se trata de extender la trama de corrupción más allá del ámbito de responsabilidad del actual gobierno de Madrid, sin que importe ya cuestionar abiertamente la imagen y el legado de Aznar (Sepúlveda en su círculo), si ello permite volver contra Rajoy con mayor fuerza.

Ya no existe siquiera una disputa por el liderazgo del PP. Aguirre sabe que ha perdido cualquier baza. La ambición cortada desata aún más la fiereza política. Cuando desaparece la tensión por hacer de las virtudes cívicas la fuerza de la lucha política, cuando se hace imperceptible la preocupación por la polis o una mínima lealtad hacia la propia organización política, sólo mueve el olor de la sangre que empuja a la incivilidad. Resulta poco edificante que un grupo de políticos ambiciosos que sienten peligrar su futuro, gaste todas sus últimas energías en esto, contando con el respaldo de sus corifeos y sofistas mediáticos. Pero es bastante elocuente. La alianza de los politicos ambiciosos con los ricos y los demagogos, no favorece el espiritu democrático, al contrario alienta el espíritu tiránico, y se antoja como un mal presagio de lo que cabría esperar con Aguirre si viera cumplidas todas sus ambiciones accediendo a la presidencia de su partido y del gobierno de España. La más mínima manifestación de tiranía es siempre una señal de degeneración democrática.