lunes, 9 de marzo de 2009

El Mundo al rescate


Si El País ha perdido la pelota, El Mundo desbarra, lanzado al rescate de Esperanza Aguirre, en esta particular guerra político-mediática, ahora que Rajoy ha subido como la espuma, y ella se hunde en el barro de la corrupción madrileña. Sólo le resta la ayuda de Pedro J, el director de El Mundo, y de Jiménez Losantos en la COPE, los mismos que maniataron al PP en la anterior legislatura y que la han lanzado contra Rajoy desde las últimas elecciones generales, ahora hace un año. Únicamente le queda a Aguirre ese apoyo para evitar su caída. Cómo han cambiado las cosas en doce meses, cuando se suponía que a estas alturas Rajoy debía estar herido de muerte (después del primer embate de las elecciones gallegas y vascas), y Aguirre prácticamente apretando las cinchas dispuesta a la galopada última que precedería a su entrada triunfal en Génova.

De mujer estrella en el firmamento del PP, para algunos, se ha convertido –nadie sabe cómo ha sido– en dirigente popular estrellada, para otros. La única salida es convertir la trama del espionaje de Madrid en una operación urdida por El País para derribar a Aguirre, la verdadera y fundamental víctima de toda esta representación trágico-cómica que sacude al Partido Popular, y con él a la política española, desde hace un año. Del papel de verdugo al de víctima, para intentar salvar su protagonismo en la función. Pero el intento se antoja algo chusco, y la representación no pasa de sainete.

El que se contrataran espías de segunda, que se despistan y no retienen siquiera los datos para cumplimentar bien sus informes, como reclama la profesión, es tremendo para la historia del espionaje mundial, pero no afecta en nada a que los espiados lo fueran efectivamente, por mucho que se pueda equivocar incluso el redactor de un periódico al contar finalmente los hechos. A Aguirre siempre le quedará al menos la prueba fehaciente de la interesada fidelidad de Pedro J., su padrino en toda esta historia, antes de que el final se precipite, y nadie ya, ni siquiera Aznar, pueda acudir en su rescate.

domingo, 8 de marzo de 2009

En los cinco continentes


Se acaban de cumplir dos meses desde que estos Cuadernos comenzaran su andadura, y son pocos todavía los lectores que se han asomado a sus páginas, pero se extienden ya por los cinco continentes, repartidos entre 45 países y más de 130 ciudades a fecha de hoy. Prodigios de la red, sin duda, pero causa sorpresa y es divertido comprobar desde el satélite cómo semana tras semana van apareciendo hongos en los más diversos puntos de la aldea global. Aunque los contenidos no estimulen a leer, este simple hecho (la potencialidad de la lectura global) sí invita a escribir.

El País pierde la pelota (y II)


Garzón se inhibe y El País se exhibe. Ayer el periódico censuraba que la dirección del PP aplicase “de forma arbitraria” su código ético, citando los artículos concretos que hablan de renuncia al “puesto público”, “investigación interna” y de “expulsión inmediata” en caso de “apertura de cualquier procedimiento jurisdiccional” (artículos 8 y 9). El autorizado intérprete da a entender que dichos artículos debieran afectar a algunos altos cargos de Valencia y Madrid, Camps entre ellos, pues al fin y al cabo tanto ellos como algunos alcaldes (que sí han presentado su renuncia o han sido apartados) se habrían aprovechado del partido o de su cargo público para “obtener lucro, trato o favor personal o beneficio para sí o terceros” (artículo 10). Doble rasero dentro del PP con sus ovejas negras. El partido que presumía de impoluto, y que, no obstante, mantiene la querella por prevaricación que ha presentado contra Garzón.

No se sabe si hay más reproche o decepción ante la falta de ética del PP. Si los jueces son, por definición, independientes, el superjuez Garzón todavía mucho más. Y como el procedimiento jurisdiccional existe, ahora le toca al PP cumplir, que a pesar de que sean todos unos corruptos, queremos fiarnos ciegamente de su inocencia pensando que van a aplicar, al pie de la letra y sin dilación, el código ético de que presumen. Siendo los malos muy malos y los buenos muy buenos, la política de atajos resulta altamente beneficiosa pues permite cobrarse rápidamente las piezas más codiciadas. Antes de que El País apelase al código ético, los socialistas valencianos ya habían solicitado a Rajoy la suspensión de Camps y Costa. Ni que fuera una estrategia sesuda destinada a hacer rodar cabezas (las más preciadas y peligrosas entre los enemigos del nuevo régimen).

Fácil, demasiado fácil para que el PSOE remonte el partido en la Comunidad Valenciana. Hay que sudar un poco más la camiseta, como lo han hecho Rajoy y Feijóo en Galicia. Cuando se pierde la pelota, hay que intentar recuperar el balón corriendo por todo el campo. Está bien presionar al adversario, pero sin caer en el juego sucio. Cuando la única esperanza de ganar reside en la actuación de un árbitro casero y con amplio historial de decisiones polémicas, mal asunto. Que fue Garzón el juez que cenó y cazó con el dimitido Bermejo, y con el comisario general de la policía judicial (viejo conocido de los años noventa con motivo de la detención de Luis Roldán y repescado por Zapatero en 2004), del que depende la unidad que elaboró los informes “esgrimidos” por el juez en vísperas de la jornada electoral del pasado 1-M para ampliar las sospechas sobre las finanzas generales del PP.

Cuando el círculo es demasiado estrecho estos detalles importan. Como es preciso aclarar la cuestión de las famosas facturas de los trajes de los señores Camps y Costa, que Garzón da por buenas el auto pero que después él mismo reconoce como falsas, y que tanto sueño están quitando a los españoles. Ahora que Garzón se inhibe, esperemos a que los Tribunales de Justicia Superior de Madrid y Valencia entren al fondo del asunto, y que nadie pierda la cabeza antes de tiempo. En ningún sentido. Se equivoca Esperanza Aguirre, intentando sobrevivir en la confusión, al afirmar que el espionaje y la operación Gürtel han disparado las expectativas electorales del PP de Madrid. El legalismo y el culto a la ley, así como la apelación a una ciudadanía activa y virtuosa, constituyen una herencia saludable de la Revolución Francesa. También, la guillotina, y esta última indudablemente hay que ponerla en reserva.

viernes, 6 de marzo de 2009

El País pierde la pelota (I)


Seguimos donde estábamos, o peor, pues algunos comienzan a perder la pelota, no la de los pies, sino la cabeza. Si el asunto no fuera serio, esto comienza a parecerse a una película de los hermanos Marx: ¡Más madera, esto es la guerra!

Nos hemos desayunado con algunos titulares de El País sobrados de adjetivos. El periódico de Prisa continúa acompañando a Garzón en sus movimientos. Aludiendo a los Autos del juez habla de “red de corrupción masiva” en Madrid (¡cómo le gusta al entorno del PSOE dirigir ese adjetivo al PP desde el triste asunto de las armas de destrucción masiva de Irak!), o, para quien rechace ese juego, la semántica ofrece otras alternativas, como la expresión también utilizada de “red de corrupción total en Madrid”. Y si alguien pensaba que la Fiscalía Anticorrupción, dejando por una parte a Garzón en su sitio, y por otra tranquilos a los aforados nacionales del PP (particularmente al tesorero), iba a impedir la búsqueda afanosa del Filesa de los populares, pues de eso nada, que ya podemos anunciar por lo menos la “financiación ilegal” del PP valenciano. Ahora que el PSOE ha perdido Galicia, hay que bombardear con más intensidad Madrid y Valencia. Y que vayan construyendo refugios en Murcia, que esta legislatura ya no se sabe cuánto va durar, y hay que ir debilitando las posiciones más fuertes del enemigo.

Pero la cosa no se queda en titulares. En un editorial, apuntando directamente a Camps, El País echa más madera. El Tribunal Supremo podría tener que intervenir de todas maneras porque los hechos investigados se han cometido fuera del ámbito de la comunidad valenciana. Y pide a Garzón que si toma esa iniciativa, y puede hacerlo incluso contra la opinión de la Fiscalía, lo haga de forma razonada y fundada, no vaya a repetirse, anota El País, lo que sucedió en el caso de los GAL (¡ni más ni menos!), cuando el instructor nombrado entonces por el Supremo desestimó los indicios contra varios aforados por no haber hecho Garzón sus deberes de forma suficientemente razonada y fundada, recuerda el periódico. Desde luego, la comparación puede poner a cualquier lector los pelos de punta, pues todos sabemos o hemos oído de que iban aquellos horrendos crímenes, cuya sospecha se levantó hasta Felipe González.

El asunto es efectivamente tremebundo porque en ningún momento se hace referencia en el editorial a los graves delitos que cabe suponer a Camps, después del despliegue de semejante argumento. Pero como todos tenemos algún estudio podemos buscar esa información en El País u otro periódico. Estamos hablando de unos trajes que supuestamente regalaron a Francisco Camps y Ricardo Costa como "sobornos en especie" los hombres de Correa, y que estarían valorados en 12.000 y 7.000€ (¡ni más ni menos!). Parece una broma, pero esto es lo que hay. Supuestos regalos de esa monta a todo un presidente de una Comunidad Autónoma y al secretario general del partido para agradecer contratos obtenidos por valor de 4 millones de euros. Pues hombre, ratas los chorizos (eso no es soltar panoja) y tontos los super-pijos del PP valenciano (por gustarles la ropa de Madrid). Y del juez algo gordo se podría decir también por no concretar nada acerca del modo en que Camps, Costa y los funcionarios presuntamente implicados favorecieron irregularmente a la trama.

A uno le pueden no gustar los trajes, Camps o ni siquiera el PP, como es lógico. Pero no hay que perder la cabeza por eso, ni hacérsela perder al conjunto de los ciudadanos, que esperan algo más del debate público. Sorprende que nuestra obispa laica Fernández de la Vega hable de los problemas del PP cuando ella tiene que dar cuenta de lo tratado en el Consejo de Ministros. O que un partido en serias dificultades políticas, como el PSOE valenciano, exija de inmediato a Rajoy que suspenda a la Ejecutiva del PP en esa región (a ver si así se quitan a los adversarios políticos de en medio, que de otro modo –en las urnas– parece que no pueden). Tolerancia cero con la corrupción, por supuesto. Y sea quien sea, que dé las explicaciones que tenga que dar (¿las da Garzón de sus regalos, también en especie o en forma de cacería?). Pero un poco más de equilibrio y sentido de la medida se puede pedir. No ya político (pues de una ex alcaldesa y número dos del PSOE de Madrid, y de una diputada de ese mismo partido en la Asamblea madrileña, imputadas en el Tribunal Superior de Justicia de Madrid por un presunto delito de prevaricación urbanística, El País no se acuerda). Equilibrio sobre todo de cabeza.

Hay que agradecer, en cualquier caso, a El País el esfuerzo que hace últimamente por proporcionar toda una serie de materiales utilísimos para estudios de caso en cursos de periodismo, comunicación o de análisis del discurso político.

jueves, 5 de marzo de 2009

La madeja vasca (y II)


La posibilidad real de un lehendakari socialista abre un escenario nuevo en el País Vasco. Patxi López se siente legitimado tras los resultados electorales para liderar el cambio. Nadie puede obviar el sustancial aumento de voto de los socialistas en estas elecciones, aunque eso no le permite al PSE proclamarse vencedor. Más extravagante resulta que, no siendo el partido más votado (a lo que aspiraba, desbancando al PNV), se considere llamado a gobernar en solitario, buscando apoyos puntuales aquí y allá al estilo Zapatero. A Zapatero le faltan 7 diputados de 176 para disponer de la mayoría absoluta. A López el doble en una cámara que cuenta con 100 diputados menos. Que no se engañe. Y, sin embargo, el cambio es deseable y posible al haberse producido un escenario nuevo: el parlamento vasco recién elegido cuenta, por primera vez en su historia, con una mayoría no nacionalista (que no es lo mismo que anti-nacionalista).

Sin duda los socialistas deseaban que el PSE hubiese obtenido más votos y escaños que el PNV, para hacer evidente su derrota. El PNV no ha sido derrotado, pero su política sí. Al PNV no se le pueden negar méritos de gestión en sus treinta años de gobierno (en solitario o compartido), pero no sólo ha fracasado en lo principal –la normalización de la sociedad vasca– sino que se ha hecho evidente a ojos de muchos (particularmente desde Lizarra) que el PNV, lejos de ser la solución, es parte del problema. En esto estamos ahora: ante la duda fundada de que un gobierno de coalición PNV-PSE pueda ser, no ya viable, sino fiable, incluso bajo la presidencia de Patxi López (en el caso de que el PNV consintiera esta posibilidad). Por más que a nadie se le escape, que esta solución sería la más beneficiosa para Zapatero, puesto que le permitiría seguir contando con el apoyo parlamentario del PNV en Madrid (evidentemente más cómodo que tener que volver a trabajarse y sufrir el costo de los apoyos de ERC o BNG, si es que estos partidos –escaldados de Zapatero– estuvieran por la labor, que CiU aún no le perdona su salida de la Generalitat).

La conclusión a la que se llega es que si se quiere cambio de verdad en Euskadi (y la situación y los votantes parecen requerirlo), el PNV debe perder el poder del todo. El mismo PNV lo necesita para poder regenerarse. Las relaciones entre PNV y PSE deben ser a partir de ahora intensamente democráticas, pero no de socios, por mucho que contraríe esta eventualidad al PNV. El PSE necesita entonces articular una mayoría parlamentaria y un gobierno con otros socios. No sería razonable que pretendiera el apoyo del PP para la investidura sin ningún compromiso ulterior, por mucha “ingeniería política” de la que quiera presumir López. La cosa política no funciona así. Y sin estabilidad tampoco hay cambio.

¿Sería antinatura la alianza de socialistas y populares en el País Vasco? No es fácil determinar la procedencia de los votos, pero algunos números hablan. Patxi López no ha sacado más votos ahora que Mayor Oreja en 2001. El PP ha resistido en número de escaños, aunque ha perdido 65.000 votos respecto a 2005. ¿Dónde han ido? Los 40.000 de más del PSOE y los 22.000 obtenidos por Rosa Díez algo tendrán que ver. Hay un trasvase de voto (útil) PP-PSOE y PSOE-PP en el País Vasco de sentido autonomista y españolista (al vaivén de los cambios de gobierno de Madrid) que no puede ignorarse, y cuyo análisis seguramente pesara en el debate interno del PSE. Sería paradójico que el mito de las dos almas, que ha abandonado al PNV (sólo tiene una, no hay que engañarse más), hallase cobijo y cobrase fuerza en el PSE por capricho de alguno de sus dirigentes, en contra de sus bases o votantes.

La coalición PSOE-PP en el País Vasco no es antinatura (ni presupone el triunfo de la tesis de la gran coalición a nivel nacional español, cuestión discutida y discutible, por supuesto). Por el contrario, la presencia cotidiana en el País Vasco del chantaje de la violencia terrorista, la interconexión todavía visible entre política y violencia, o la debilidad del Estado de derecho derivada de la misma utilización de las instituciones vascas contra el estado español, que deja desguarecidos derechos y libertades fundamentales de una parte considerable de ciudadanos, son realidades claramente contrarias al orden democrático, que afectan a la propia confianza de los vascos en su futuro y a su bienestar, secularmente envidiado, pero tan amenazado por la crisis económica como el que más. En todo esto, que es lo que debe cambiar realmente en Euskadi (ese cambio por el que Patxi López comprometió su palabra durante la campaña), están –o deberían estar– PSOE y PP más unidos que nadie. Con Basagoiti el PP no ha perdido firmeza en su discurso y sí ha ganado muchas posibilidades de diálogo y entendimiento con todos, sin renuncias en lo esencial.

Desde un análisis estrictamente partidista el PSOE de Zapatero podría llegar a la conclusión de que cualquier fórmula de coalición le perjudica. El PSOE siempre pierde tanto si pacta con los nacionalistas como con los populares. Puede valorar qué factura le resultará más costosa. O puede –armado de la lógica de los números– romper la lógica del estado de las banderías que él mismo tanto ha contribuido a desarrollar (un juego de suma cero), y acometer este reto con alta responsabilidad política y sentido de Estado, confiando en que si a España y al País Vasco les va bien, a él como político también le irá bien (con o sin Pepiño Blanco a su lado).

miércoles, 4 de marzo de 2009

La madeja vasca (I)


Los resultados de las elecciones vascas no han dejado a nadie indiferente. Han creado una situación insólita, y se hace preciso analizarla serenamente, contemplando los distintos escenarios a que da lugar, para no dejarse enredar en la madeja de las interpretaciones puramente interesadas.

Nadie puede negar que el PNV ha sido la lista más votada, e incluso que ha ganado las elecciones, pero eso no le otorga el derecho inmediato a gobernar, ni en pura lógica democrática, ni atendiendo siquiera a la práctica dominante últimamente en España y en el propio País Vasco. Que se lo pregunten a CiU en Cataluña, que ya sabe lo que es ganar dos veces las elecciones y pasar a la oposición. O al PP en Galicia, que se quedó a un paso de la mayoría absoluta en los comicios de 2005 y con una diferencia de 12 escaños sobre la siguiente fuerza. Que se lo pregunten al PSOE, que no pudo materializar su victoria de 2007 en Canarias (CC y PP se lo impidieron), o al PP vasco, a quien se le negó la Diputación de Alava a favor del PNV, sin ir más lejos.

Gobierna quien es capaz de formar una mayoría parlamentaria que pueda sustentar al gobierno. Esa es la regla de oro de la democracia, sin limitar de antemano ninguna fórmula que permita a los gobernados cambiar a sus gobernantes de manera pacífica. No es fácil siempre interpretar la voluntad popular manifestada en las urnas y puede discutirse ciertamente sobre el carácter antinatura de tal o cual alianza, o sobre los beneficios o perjuicios que podría ocasionar un determinado pacto a tal o cual partido en el futuro. Pero sería un flaco servicio a la democracia que por cesión al chantaje o por miedo se descartase de antemano cualquier fórmula de gobierno legítima.


El PNV, como exponente del nacionalismo democrático que es, no puede ignorar esta lógica, por mucho que le cueste –si llegara el caso- abandonar los beneficios del poder que ha disfrutado ininterrumpidamente durante casi tres décadas. El PNV, sin embargo, parece dispuesto a todo menos a dejar el poder. La advertencia efectuada a Patxi López de que si pretendiera gobernar ello supondría una "desestabilización", una "parálisis" e incluso un "golpe" institucional, no es admisible y resulta además paradójica. Aunque le cueste reconocerlo, poco ha hecho el PNV durante 30 años por legitimar las instituciones autonómicas vascas (que han dado al Pais Vasco las mayores cotas de autogobierno de toda su historia) y hasta se ha empeñado en vaciarlas de sentido (particularmente desde el pacto de Estella de 1998) o en utilizarlas como plataforma contra el Estado español (política de Ibarretxe).

El PNV se aferra al número de votos, pero no ha conseguido detener la pérdida de sufragios de los últimos tiempos y ha arrastrado consigo en su caída a sus hasta ahora socios de gobierno, haciendo inviable una mayoría nacionalista, ni siquiera con los escaños obtenidos por Aralar. Ha sido la política de Ibarretxe la que ha hecho gala de "frentismo" (al compartir la lógica del nacionalismo radical y de los violentos y rechazar el Estatuto de Gernika de 1979 por no recoger la plena soberanía y territorialidad del pueblo vasco), y es esa política la que ha sido derrotada en las urnas.

El
hecho novedoso en estas elecciones de la ausencia de una candidatura vinculada a ETA ha beneficiado a la democracia, pero no ha proporcionado ventaja a ningún partido, si acaso ha podido notarse en el aumento de voto de Aralar (34.000 votos más), que unido al voto nulo preconizado por Batasuna (100.000 votos) iguala en la práctica a lo que obtuvo el PCTV en 2005 (150.000 votos). El aumento de la abstención (más de dos puntos respecto a 2005) también puede interpretarse como una cierta saturación por parte del electorado nacionalista hacia la política de Ibarretxe.

El PNV ha vuelto a ganar las elecciones con Ibarretxe. Pero aunque resulte raro o extraño esa victoria es la de un perdedor. El presidente del PNV Urkullu se ha apresurado a decir que su partido no está dispuesto a sacrificar a Ibarretxe para llegar a un acuerdo con el PSE. Pero es evidente que el PNV no puede aspirar a gobernar en solitario con Ibarretxe, ni Patxi López está dispuesto a entrar en un gobierno de coalición presidido por Ibarretxe.

La llamada al "liderazgo compartido" lanzada por Urkullu requeriría en cualquier caso, para llegar a ser atendida, la desaparición de Ibarretxe del escenario político. Ese sacrificio simbólico, por encima del juego de escenificaciones, estaría ya decidido, y continuando con las cesiones, también tendría que estar dispuesto el PNV a ceder el puesto de lehendakari a Patxi López (al igual que el PSE lo cedió en 1986 al PNV cuando contaba éste con menos escaños como consecuencia de la escisión de EA). El PNV resucita ahora el discurso de la "transversalidad" (como hizo en la campaña de 2001 para alejar el fantasma del "frentismo" españolista avistado en la entente Mayor Oreja-Nicolás Redondo).

No se escapa, sin embargo, que volver al escenario de 1986 no deja de ser un regreso al pasado y
pensar a estas alturas que la idea de la transversalidad, entendida como un gobierno de coalición PNV-PSE, pueda ser la solución, es permanecer instalados en el mito. Difícilmente puede satisfacerse así el deseo de cambio que se trasluce en los resultados electorales. La transversalidad no se reduce a un simple gobierno de coalición, afecta antes a la visión y al concepto de sociedad que se tiene y se quiere defender, y hasta la fecha ese ideal de tranversalidad donde mejor ha quedado reflejado es en el Estatuto: el Estatuto de 1979, que no solo expresa un pacto entre el País Vasco y el Estado, sino fundamentalmente un pacto entre vascos, como ha insistido muchas veces Joseba Arregi, el pacto contra el que se ha pronunciado lamentablemente el PNV.

Invocar el plurinacionalismo, como han hecho los distintos planes de Ibarretxe, y formular a continuación propuestas que si destacan por algo es por su carácter mononacionalista, no deja de ser un profundo contrasentido. La soberanía se vuelve contra la ciudadanía, y la ciudadanía se ha vuelto al final contra el nacionalismo. Así de sencillo.

lunes, 2 de marzo de 2009

No todo vale


Los resultados de las elecciones de ayer en Galicia y País Vasco admiten diversas lecturas. La primera en clave de política nacional. En este sentido, la primera consecuencia es la derrota de la política del todo vale. La victoria contundente del PP en Galicia (con un máximo histórico de participación) y su resistencia en Euskadi se ha producido contra viento y marea, en circunstancias no ya de marejada sino de verdadera tempestad política. La propia Fiscalía Anticorrupción tuvo que rechazar el ultimátum de 48 horas planteado por Garzón acerca de su inhibición a favor del Supremo en el caso Correa ante la posible implicación de aforados nacionales, recordando que decisiones de ese tipo no pueden tomarse sin un detenido estudio de la documentación aducida, y menos en fase electoral. Hasta un ex Fiscal General del Estado de los tiempos de Felipe González ha rechazado la actuación y rectitud de Garzón en el seguimiento de la "trama de corrupción del PP".

La estrategia socialista para tapar la ineficacia del gobierno frente a la crisis económica (y el desgaste político consiguiente) con el argumento de que un partido en crisis como el PP (podrido por dentro e incapaz de solucionar sus graves problemas internos) no puede inspirar ni merecer la confianza de los españoles, se ha visto desbaratada. Este argumento, llamado a convertirse en el nuevo eje de la política anti-PP del PSOE a lo largo de toda esta legislatura en el caso de que Rajoy hubiese fracasado electoralmente ayer, ha quedado prácticamente anulado. Rajoy ha salido muy reforzado en su liderazgo del PP, y los
conspiradores internos (que no quisieron dar la batalla abierta en el congreso del PP de Valencia) organizados ya para exigir responsabilidades al líder en caso de derrota (alguna voz se dejó oir ante los primeros sondeos a pie de urna, sin esperar siquiera a un mínimo recuento efectivo de votos) habrán de batirse en retirada por puro instinto de supervivencia política.

Tanto Nuñez Feijóo como Basagoiti son hombres de Rajoy. Y ha sido el propio Rajoy y su equipo quienes se han implicado en las dos campañas gallega y vasca, incluido el ínclito Gallardón, y no Aguirre ni Mayor Oreja (ni siquiera Camps, tocado por Garzón). El PP volverá a gobernar en Galicia, gracias a Rajoy (protagonista en la campaña tanto como Feijóo), y la posibilidad de un cambio político real en el País Vasco se debe en gran parte a la resistencia del PP vasco (capaz de condicionar al Partido Socialista de Euskadi si éste no defrauda las expectativas abiertas por la lógica de los números). La salida traumática de María San Gil, tan utilizada como ella misma contra Rajoy, se revela ahora mismo como un acierto y claramente beneficiosa para lograr ese cambio, pues con ella la posibilidad misma de un entendimiento de socialistas y populares vascos no sería imaginable, a tenor del grado de saturación y encasquillamiento que había alcanzado su discurso.


Los resultados de Rosa Díez hacen también pensar. Podrá ser imprescindible o no (a la espera del recuento del voto emigrante) para articular una mayoría no nacionalista. Pero se ha comprobado lo limitada de su posición política, particularmente en el País Vasco, donde la grandilocuencia de su discurso españolista no ha sido capaz de arrancar votos significativos ni a PP ni a PSOE. Pese a contar con la inconfesable ayuda ciertos sectores de la derecha mediática que llevaban tiempo apelando a la opción de UPyD como forma de canalizar el voto de vastigo al PP de Rajoy. Ahora es Mayor Oreja como candidato del PP a las próximas elecciones europeas quien debe cambiar el chip y sintonizar bien con el discurso moderado y centrista de Rajoy, sin preocuparse excesivamente de lo que pueda "robar" Rosa Díez al PP.


Las elecciones gallegas y vascas han conseguido introducir aire fresco en la política española. Más allá de las opciones o preferencias partidarias, han certificado la mayoría de edad de la ciudadanía frente a las actitudes chulescas adoptadas en los últimos tiempos por ciertos poderes en la esfera pública, incluidos los medios de comunicación, de un signo u otro. Ese aire fresco ha de trasladarse ahora a los propios partidos. Errado el tiro de Garzón en su objetivo inmediato (interferir en las elecciones y desactivar al PP como alternativa abriendo de nuevo la crisis sucesoria), Rajoy tiene que aprovechar el "favor" que le hace en estas nuevas circunstancias Garzón dando todos los pasos necesarios para despejar cualquier duda (fundada o no) de corrupción y asegurar la limpieza de su partido, si quiere realmente que este cambio operado en Galicia y el que se avista en el País Vasco, con la participación del PP, pueda apalancar un nuevo cambio político en España que le requiera directamente.
La lectura de los resultados electorales en clave vasca merecen, sin duda, un espacio y una reflexión aparte.