miércoles, 29 de abril de 2009

Vive la Bruni !


Vive la France ! Vive la Bruni ! Au lendemain du jour où les Sarkozy ont quitté notre pays, nous les Espagnols nous sommes frappés d'un fort sentiment d'absence. Le vide n'existe pas et le réveil nous porte à la plus dingue réalité que pendant deux jours restait heuresement fermée à nos yeux. Quelle fatalité, mon Dieu ! En un ambiente relajado, nuestra mirada se ha paseado ufana por un mundo deslumbrante de formas y colores, de dulces movimientos y suspiros, en un mar de vaporosas sensaciones. Sevilla disfruta con su Feria, pero el resto de los españoles hemos tenido también nuestro momento de fiesta y esparcimiento. El interés mediático de la visita francesa ha recreado el espectáculo de una sociedad cortesana. Por un día, no hay paro ni miedos (ni siquiera a la gripe porcina, que tantas alarmas ha hecho sonar en todo el mundo desde el fin de semana), el vulgo se convierte en invitado invisible de una felicidad inalcanzable, pero que ejerce de bálsamo de sus infortunios.


Sarkozy y Zapatero han recreado los pactos de familia con Francia. Y entre familias anduvo el juego. Las esposas de los presidentes pasean juntas, hablan de sus cosas (una cantante de ópera, la otra de sus mil y un amores) y se reúnen en el jardín de palacio con sus esposos en una escena bucólica del mejor impresionismo francés. El pueblo no puede mirar de frente a sus reyes, ni a las princesas, ni a las primeras damas, pero sí sus culos oscilantes ascendiendo por las escalinatas, fotografiados en primera plana por la prensa supuestamente seria. El contento del pobre es recoger algunas migajas glamourosas del poderoso; y la satisfacción de éste, como manifestó Sarkozy, celebrar el éxito del objeto de su deseo entre los españoles, rendidos en su necesidad a los encantos de Carla Bruni, el nuevo rostro de Marianne, mucho más plebeya y bella que nuestra princesa Letizia (que no acertó la mayor de las veces en la elección de sus vestidos, manifiestan desolados los entendidos de las reglas cortesanas).

Francia nos da la mano, y ello nos basta para sentirnos transportados a lo más alto. Sentimos que nuestro dolor es su dolor, y no agradecemos bastante su implicación en la lucha contra ETA. Francia nos dejó sentarnos junto a los grandes en el G-20, qué privilegio, y ahora nos reitera que intercederá por nosotros para que podamos hacerlo por derecho propio (precisamente cuando nuestra potente economía se deshace como un azucarillo). De lograrlo nunca sabremos cuánto se debe finalmente, si no a la "inteligencia" de Zapatero, al menos a su "brillantez" (que ya se ha aclarado que Sarkozy nunca le señaló como le plus con des cons entre los políticos al uso). Y para que podamos ir más a Francia, aprovechando este clima de entendimiento inmejorable y la buena imagen de España que tienen hoy los franceses, perforemos por ambos lados los Pirineos con el tren de alta velocidad para respirar ese aire culto y refinado que, después de siglos de afrancesamiento (echado a perder por culpa de las veleidades anglosajonas de Aznar), tanta falta nos sigue haciendo.

Es de esperar que el chute francés de estos días tenga algún efecto más duradero. Zapatero, que tan a gusto se siente al lado del petit Nicolas, mucho tiene que aprender de Sarkozy. Francia con él se ha repuesto de esa profunda sensación de decadencia que la paralizaba en los últimos tiempos. Le ha devuelto la ilusión por proyectarse hacia fuera y hacer algo juntos en este nuevo mundo globalizado. España con Zapatero parece más interesada en deshacerse en mil conflictos intestinos. Los franceses son grandes amadores y comienzan por sí mismos, orgullosos de su historia. A los españoles nos puede la pasión, y si nos dejan solos nos acercamos a la frontera del odio, cayendo una y otra vez en lo más vergonzante de nuestro pasado, que -sadomasoquistas- aborrecemos en su práctica totalidad. A Francia se le sube la grandeza a la cabeza, a España la sangría y acaba perdiendo la conciencia de su propia existencia. A Francia le preocupa que la globalización cuestione su lugar en el mundo y su identidad. A España, la lucha interna de identidades le incapacita para responder a los retos de la globalización.

Mais tonnerre, il faut réagir quand même ! El hiperactivo Sarkozy no ha dudado en rodearse de gentes valiosas de todas las procedencias ideológicas para integrarlas en su proyecto, por más que Francia goce de una fuerte tradición de división entre izquierda y derecha. Zapatero, que no es tonto ni brillante sino inmaduro, parece disfrutar con su clan cavando trincheras y entonando el "no pasarán" (grito que no inventó su abuelo republicano sino los franceses en Verdun), lo cual tiene consecuencias: la permanente desligitimación del adversario y el propio debilitamiento de los vínculos de convivencia. No tiene claro lo que es una nación y ni siquiera su proyecto de unidad política, que baila al compás de su estricto interés político (el suyo y el de su séquito guerrero), lo cual impide el normal funcionamiento de una comunidad política, que requiere una conversación política permanente, si se quiere hacer de la política una actividad coherente, y no reducirla a las habilidades de demagogos y manipuladores (y sus trovadores). 

Zapatero confía en la resolución de los problemas internos españoles merced a su encumbramiento personal y el ejercicio de un "liderazgo fuerte" durante la presidencia española de la Unión Europea en 2010, cuyo éxito Sarkozy se ha comprometido también a asegurar. Los tradicionales pactos de familia han implicado una tutela de Francia sobre España. No es mala noticia si esa mayor proximidad no se reduce al ceremonial de la corte ni a los rituales de la seducción que Francia está empeñada en desplegar en la nueva escena mundial con todas sus armas (incluidas las de Carla Bruni), ni se limita tampoco por parte española a la mimética importación de algunas políticas de Sarkozy, sin llegar al fondo de la naturaleza de los verdaderos problemas de España, ni del propio liderazgo democrático en el mundo de hoy. La campaña de las elecciones al parlamento europeo algo nos dirá al respecto, al menos el tiempo que perdure en España el perfume de la Bruni. Au revoir mes amis ! Carla je t'aime moi aussi ! Vive la France !

viernes, 24 de abril de 2009

Miedo, muchos miedos

Hoy nos hemos desayunado en España con un dato que daba miedo conocer, y que una vez comprobabo aviva aún más el temor ante el futuro. Oficialmente hemos alcanzado los 4 millones de parados: 800.000 más en el primer trimestre del año, ritmo récord de destrucción de empleo (superando lo vivido en el tardofelipismo), situándose la tasa española de paro en este momento en el 17,4%. Lo que algunos políticos profesionales consideraban lejano o inalcanzable, ya es una realidad que hace más incierto el presente. No es fácil aventurar las fatalidades y peligros que se ciernen sobre una España particularmente vulnerable a los riegos de la globalización, tanto que nuestros políticos andan mucho más preocupados en evitar que cunda el pánico entre los españoles, que en combatir las amenazas y la inseguridad de sus condiciones de existencia, pavorosas ya para muchísima gente, e impropias en cualquier caso de un país que presumía hasta hace poco por boca de su presidente de jugar en la champion league de las economías mundiales. Ahora lo que se pide desde el gobierno es que no se hagan vaticinios... apocalípticos.

Junto al drama personal, social y nacional que esta dinámica acelerada de paro produce, hay incertidumbre y preocupación acerca de los efectos de esta crisis -cuya verdadera naturaleza se desconoce- sobre las defensas del estado de bienestar, que no puede sobrevivir en un clima que no sea de bonanza económica. Zapatero, dicen, está desorientado y entre lo que sabe y no sabe de economía pregunta de todo en petit comité, hasta por la posibilidad de salirse del euro, que a los británicos no les va tan mal. Por preguntar por lo bajines que no quede, pero el gobernador del Banco de España que se calle, que con sus declaraciones públicas cuestionando el futuro de las pensiones de la seguridad social si no se realizan determinadas reformas, causa alarma social. Y tuvo que salir el ministro de trabajo, con el casco puesto, a darle unos cuántos martillazos en la cabeza, cuestionando sus fuentes y su leal entender. Al gobernador, nada sospechoso de connivencia con Rajoy, dada su significación socialista de toda la vida, se le afea desde el ejecutivo por saber economía (si hay una institución que sabe de economía es el Banco de España) y por cumplir su papel institucional. Harto curioso. Lo que quiere decir que cuando habla en voz baja y manda informes a Moncloa no le hacen ni caso, y no quiere ser cómplice de ese silencio.

Gobernar es mantener y cambiar el rumbo de la nave cuando es necesario, máxime si hay tormenta y si la furia de las olas puede arrastrar al fondo al pasaje, con marinería y cargamento incluidos. El gobernador del Banco de España está exigiendo ese cambio de rumbo en la política económica, con reformas estructurales concretas (comenzando por el control del gasto público y la reforma del mercado laboral), a quien gobierna la política española, el gran timonel, que está sin embargo más concentrado en atravesar la tormenta con el menor daño político personal posible, y que no infunde ninguna confianza cuando sale a cubierta. Quien le critique practica el "discurso del miedo"; pero él, miedo, miedo, a lo que tiene miedo es a perder las próximas elecciones. Ya lo ha dicho la jefa de máquinas socialista, Leire Pajín: porque la crisis es global, la responsabilidad de todo cuanto ocurra en España será siempre de Bush, Aznar y Pizarro, pues no han sido sino los vientos neoliberales los que nos han traído la situación complicada y de riesgo que vivimos. Ella, por de pronto, se ha asegurado un nuevo sueldo, puesto que acaba de ser designada senadora por la comunidad valenciana, con unos emolumentos que añadirá a los que cobra del PSOE por su cargo interno y los que recibe como ex secretaria de Estado. Hay que atesorar en tiempos de crisis. Más que escándalo o miedo, esta capitana araña produce auténtico espanto.

El gobernador Fernández Ordóñez prefiere, y le honra, ser sincero antes que quedarse mudo sobre los riesgos que tenemos delante, no como "futuro-futuro", sino como "futuro presente". Como ha explicado el sociólo alemán Ulrich Beck, riesgo no es sinónimo de catástrofe, significa la "anticipación" de la catástrofe. Los riesgos son siempre acontecimientos futuros que pueden suceder, que nos amenazan. Pero este peligro constante sacude nuestras expectativas, se aloja en nuestras mentes y guía nuestra acción, se convierte en una fuerza política con poder de cambio. El miedo a la crisis mueve a políticos y ciudadanos en sentido contrario. Anticiparse a la catástrofe es obligación de los políticos, y a ello quiere empujar el gobernador del Banco de España. Pero la catastrofe que teme Zapatero es su propia caída, y anticiparse a ella le llevó primero a negar la crisis y ahora a evitar que el riesgo reine como anticipación "creída" en las mentes de las personas y en las instituciones, lo que pretende conseguir a base de relativizar la más cruda de las realidades, amparado en la conveniencia de no socavar las bases generales de la confianza.

El riesgo es ambivalente, no deja de contener una estela de progreso y de éxito, que se abroga en este caso como propio el PP, afanándose en recordar estos días sus éxitos económicos durante el gobierno de Aznar y el mismo rescate de una seguridad social prácticamente en quiebra cuando los populares llegaron al poder en 1996. El PP por demás se ha adelanto a presentar, ante la inacción del gobierno, un paquete de medidas que le hagan "creíble" como alternativa de gobierno. Se erige al mismo tiempo en el "futuro pasado" y en el "presente del futuro", la única esperanza capaz de enfrentarse a la consecuencia desconocida y no deseada del riesgo que amenaza con destruir los cimientos del estado de bienestar en España. Pero ni Zapatero pide ayuda a Rajoy para conjurar el miedo, ni Rajoy se ofrece tampoco a Zapatero para combatir juntos la amenaza. Para Zapatero confesar el miedo sería cobardía política. Para Rajoy prestarse a Zapatero, acto requerido como patriótico, supondría también aceptar una situación de debilidad, personal y colectiva. El miedo paraliza, pero moviliza igualmente a la búsqueda de un "protector", y hay que estar visible y en la mejor posición .

Aunque hay miedos y miedos. El principal transmisor actual del miedo son los medios de comunicación de masas. La responsabilidad de algunos ante la crisis les impide jugar con la credulidad de la sociedad para que el pánico estalle. Por eso, medios como El País optan decididamente por meter miedo a algunos políticos, como Camps. La filtración de supuestas conversaciones grabadas por orden judicial, pero que no aparecen en el sumario del caso Gürtel trasladado al Tribunal Superior de Justicia de Valencia, echa más picante a las actuaciones del juez Garzón, siempre contando con la inestimable ayuda de la policía, que tanto envidia para sí el Fiscal General del Estado Conde-Pumpido, quejoso la última semana de que la policía no colaboraba suficientemente con él en sus diligencias contra el entramado de ETA, de tan ocupada que la tenía cn sus cosas (Guantánamo incluido) el juez estrella. Da miedo pensar que los delitos los comete la Audiencia Nacional filtrando una y otra vez material que compromete los derechos de las personas, y que vulnera en este caso no ya la presunción de inocencia, sino el más estricto derecho a la privacidad.

La supuesta conversación del presidente valenciano con su "amiguito del alma" El Bigotes (principal encausado como responsable de la trama corrupta en Valencia) no tendrá relevancia penal, pero como conversación de amigos que transcurre en un lenguaje totalmente desinhibido, es abrasiva desde el punto de vista político. Seguro que a Camps le ha producido susto y canguelo esa publicación, que es en el fondo lo que persigue ese decidido ataque de El País contra el líder valenciano: que se cague de miedo, señalarle como un apestado, y forzar que el partido popular le retire de inmediato del primer plano político. Y todo esto transcurre mientras miedo auténtico se apodera de muchas personas independientes invitadas por Patxi López a formar parte del próximo gobierno vasco bajo su liderazgo, y que declinan la oferta. Por miedo. El miedo que infunde ETA, apuntando directamente a ese futuro gobierno en su comunicado del pasado Aberri Eguna. El verdadero "discurso del miedo" y del "terror" que se apodera de la sociedad vasca, como instrumento de control social global, y del que tanto se beneficia el PNV, sin que haga lo suficiente por ahuyentarlo. El miedo que puede malograr el cambio en Euskadi.

Miedo, muchos miedos, pero que no cunda el pánico. Esto no se hunde, todavía.

domingo, 19 de abril de 2009

Congreso de UPN: antecedentes


En un rincón de la península ibérica, un pequeño partido (Unión del Pueblo Navarro, UPN) celebra hoy su VIII Congreso. Es el congreso de la sucesión, pero también el de la ruptura con el PP y el de la división interna, aunque sólo se enfatice lo primero: Yolanda Barcina será elegida nueva presidenta del partido en sustitución de Miguel Sanz, protagonista el pasado otoño de la ruptura de UPN con el PP, y empeñado ahora en que el partido no se debilite. Para ello nada mejor que el antiguo virrey Don Miguel permanezca en la ejecutiva del partido, hecho nada frecuente en la vida de las organizaciones democráticas y que será posible gracias a la reforma de los estatutos de UPN sometida a votación.

En octubre Barcina dijo que no se presentaría a la presidencia de UPN si se producía la ruptura del pacto que unía a UPN con el PP (de forma muy ventajosa para el primero) desde 1991. Los regionalistas navarros estaban y están gobernando en Navarra con el permiso y los apoyos puntuales del PSOE-PSN, pues a pesar de ser el partido más votado UPN no dispone de mayoría absoluta y cabía otra fórmula alternativa de gobierno tras los resultados de las eleccciones autonómicas de 2007: una coalición entre los socialistas navarros y los nacionalistas vascos (representados por NaBai). UPN tenía que agradecer el favor, y en pro de la reciprocidad sus órganos rectores decidieron abstenerse en la votación de los presupuestos generales del estado, en Madrid, contraviniendo la política general del PP y el sentido del pacto que le unía a este partido (por el cual el PP era la voz de UPN en Madrid y UPN la voz del PP en Navarra, hasta el punto de que el PP renunciaba a presentarse como tal en Navarra en todo tipo de elecciones y no contaba siquiera con organización propia en el territorio foral).

El PSN negó que hubiera exigido esa contrapartida para continuar apoyando al Gobierno Sanz, pero la crisis navarra ahondaba aún más la crisis general del PP generada por la ofensiva de los críticos (Esperanza Aguirre y sus muchachos) contra Rajoy, y todo lo que fuera debilitar al adversario era ganancia para el PSOE. Rajoy entendió que UPN se lanzaba de manera deliberada a la ruptura con el PP, y con buena lógica le advirtió que, de contravenir el voto de los populares en las Cortes, los regionalistas serían responsables de una "ruptura unilateral del pacto", expresión propia del lenguaje foralista, que acusó UPN.

Sanz parecía disfrutar en esa tesitura, como si estuviera haciendo política de la grande, mientras Barcina desaprobaba sus maneras, o eso es lo que decía a sus allegados, y hasta se presentó como la que había intentado reconducir in extremis la situación con el PP, negociando sin éxito con la secretaria general Cospedal. Sin embargo, no tardó, en contra de lo manifestado inicialmente, en anunciar que optaría a la sucesión de Sanz. ¿Por qué lo hizo, siendo como era, por muchos títulos, la candidata natural a presidir el PP de la refundación en Navarra? Porque irse al PP, dijo, es lo que les gustaría a los socialistas: ella sabe que arrastra votos y con ella en el PP la fractura de UPN sería mayor y podría dejar al PSN como partido más votado. Ella sólo piensa en UPN. Responsabilidad.

Pero por otra parte, ella es ambiciosa, y con el PP no podría aspirar de facto a presidir el gobierno de Navarra, que es lo que ella quiere, y de inmediato, en cuanto se vaya Sanz. Dejar la alcaldía de Pamplona para estar de comparsa en el Parlamento foral o de simple consejera, pues no. Y volver a la universidad le aburre. ¿Qué hacer? Pues quedarse en UPN e ir a por todas, y si fracasa, siempre podrá empujar la puerta del PP. Interés personal.

Barcina tomó desde entonces la iniciativa dentro de UPN, pero quedaba por saber si contaba con el apoyo de UPN, o más en concreto si seguía contando con el apoyo de Sanz tras su actuación en la crisis. La burgalesa Barcina o Alberto Catalán, secretario general del partido y convecino de Sanz en la localidad de Corella. Vaya dilema para Sanz y no estaba claro que, a la vista de su deriva localista, no quisiera éste llegar hasta el final. Sanz y Catalán controlan el aparato del partido. Barcina fuera de Pamplona, dicho en plata, no se jala una rosca (de ahí que se haya empleado estos meses en patear a conciencia Navarra). Barcina cogió la delantera y afirmó tajante que no quería bicefalias (Catalán en la presidencia del partido y ella en la del gobierno). Lo que podía despertar más recelos en UPN (desconfianza hacia Barcina por su mayor orientación al PP en aquellos momentos). Órdago.




Sanz no ha dudado en seguir apostando por Barcina y mandar recaditos a Catalán para que se estuviera quieto (y renunciara a aspirar a la presidencia de UPN como quería), apelando a la unidad del partido. Barcina, a la postre, es una pieza básica de la operación montada por Sanz sobre la premisa de que el PSN responderá fielmente al paso que ha dado UPN al romper el pacto con el PP. La gran mente estratégica de Sanz parece ignorar la propia situación del PSN, su debate y división interna. Debe confiar en que el nuevo secretario general de los socialistas navarros, Roberto Jiménez, es antinacionalista como él, aunque olvida que ya han pasado unos cuantos por el cargo en los últimos años, y de todas las inclinaciones, lo que (conociendo la evolución del socialismo navarro) puede seguir sucediendo en el futuro

Pero Sanz confía más en la política antigua que en la moderna. A base de chupar sillón del trono en el Viejo Reyno, se ha empeñado en trenzar una red de políticas familiares y de alianzas matrimoniales. Debe haber tilín entre Yolanda Barcina y Roberto Jiménez, y si no que se aguanten, la seguridad del reino está por encima, y hemos de confiar en eso para asegurar la felicidad futura de los navarros. Regionalistas y socialistas unidos por siempre en el gobierno de Navarra. Todo por Navarra. ¡Pobre Barcina, qué sacrificada! Catalán tendrá que conformarse, y gracias, con ser vicepresidente del partido.

La ponencia política de este VIII Congreso de UPN alude a la ruptura con el PP de un modo totalmente impersonal, muy distinto de cómo se suscitó en caliente, sin señalar personas o partidos como responsables de la ruptura, sino solamente circunstancias: la desaparición del mecanismo previsto por la LORAFNA que establecía el acceso automático al Gobierno de Navarra de la formación más votada (razón fundamental de aquel pacto, según UPN), y la "autonomía de los órganos de dirección de UPN para adoptar decisiones sobre asuntos de interés para Navarra". Todo, en la lógica de UPN, acaba siendo de interés para Navarra porque acaba afectando, de un modo u otro, desde el miedo a Euskadi, a lo primordial de Navarra: su territorialidad y diferenciación jurídica. En Navarra no hay más frontera política que la que separa a nacionalistas y no nacionalistas.

UPN se declara mayor de edad para seguir protagonizando sin tutelas de Madrid la política foral, pero no hay ninguna variación en su discurso político, profundamente cansino en el sentir de muchos. Ha llegado la hora de Doña Barcina de Navarra y el momento también de que el PP, recuperadas sus siglas en el único lugar de España donde no las tenía, defina claramente ya, sin mayor dilación, su discurso, estrategia y liderazgo en Navarra, si quiere realmente aportar aire fresco a la política de este pequeño rincón pirenaico. En contra de lo que piensa Sanz, una lectura atenta del cambio reciente en el País Vasco sirve mucho más para críticar la política tradicional y la estrategia reciente de UPN, que para reafirmarlas.

martes, 14 de abril de 2009

Vade retro


Desde 1932 el PNV celebra, coincidiendo con el Domingo de Resurrección, el Aberri Eguna, el día de la patria vasca. Se trataba y se trata de inmortalizar el "descubrimiento" personal que hizo el fundador del nacionalismo vasco, Sabino Arana, de que él era vizcaino y no español, un hecho que se antoja "trascendental" para la "resurrección" de la patria de los vascos. Desde entonces la comunidad nacionalista cumple el ceremonial, aunque a decir verdad la liturgia de la palabra ofrece distintas variantes según el rito de que se trate y quien sea el oficiante.
Este año ETA, a través de Gara, ha transmitido la víspera su particular mensaje de Pascua. En un lenguaje cada vez más siniestro y menos comprensible para el común de los mortales, la organización terrorista vasca no tiene empacho en tildar a Patxi López de "caudillo", negándole cualquier legitimidad democrática. Resulta un sarcasmo que los terroristas hablen del futuro gobierno vasco como el "gobierno del fascismo y de la vulneración de derechos", y no dudan en afirmar que sus integrantes serán "objetivo prioritario de ETA".

El comunicado arremete también contra el PNV, a quien responsabiliza de ser el "máximo responsable del resurgir del españolismo" al haber pretendido los jelkides beneficiarse de la ilegalización de la izquierda abertzale. Niega ese título a Aralar (formación que "será castigada en la historia de este pueblo con adjetivos amargos") y cifra la esperanza vasca en los 100.000 nulos de las pasadas elecciones ("los de la lucha y la dignidad").

ETA construye su particular monumento a la intolerancia. Se muestra dispuesta a "consensuar" (sic) con las "fuerzas democráticas de Euskal Herria" (no se sabe cuáles son entre tantos fascistas) una "estrategia única" para el "cambio político" y para la "solución democrática" al "conflicto". Pero ETA no da margen alguno para el diálogo que no sea la simple aceptación de sus exigencias: el "escenario de autodeterminación". Y mientras tanto "que nadie le pida a ETA que renuncie a la lucha con las armas". Para ETA sólo existen dos proyectos que colisionan: el independentista y el "impuesto" por los estados español y francés. "Entre ambos no hay proyecto político intermedio posible", afirma ETA descalificando el autonomismo de los últimos treinta años, que sólo habría servido para inflar el españolismo.
Es ETA quien cierra la puertas. Su lenguaje es de absoluta negación, un lenguaje diabólico en el fondo y en la forma. ETA es el ángel caído, el poder de la serpiente que alienta el espíritu de la revuelta vasca contra toda autoridad que no sea la suya. A fuego pretende expulsar del paraíso vasco a toda criatura cuyo ideal de vida y de comunidad pretenda desviarse de la norma del nacionalismo excluyente y anacrónico, que no es ya la teocracia aranista sino la utopía libertario-socialista que sedujo hace medio siglo. ETA no ha hecho sino recrear el mito de Satán, muy presente en el imaginario político anarquista desde el siglo XIX.

Por todo ello cabía exigir del PNV una actitud distinta a la manifestada en este Aberri Eguna de 2009. El PNV se ha recreado en su discurso igualmente deslegitimador del próximo gobierno de Patxi López, que "nacerá de la trampa y del engaño", en palabras de Urkullu. Nadie les impide proclamar que su objetivo es el "reconocimiento del derecho de autodeterminación" de Euskadi, pero no es verdad que aquél se enfrente al proyecto del "unionismo" encarnado por PSOE y PP para construir "una España uniforme". Por mucho que puedan coincidir los nacionalistas en los objetivos, sorprende el escaso empeño del PNV por diferenciarse del discurso de ETA. Seguramente el texto presentado por los dirigentes jeltzales este domingo titulado Euskadi, nuestra única patria no responde al sentir de buena parte de los votantes del PNV, cada vez más conscientes -en sus propias carnes- del progreso real, a lo largo de los últimos 30 años, de una identidad múltiple en el País Vasco (las encuestas reflejan que son minoría quienes se sienten sólo vasco o sólo español).

No se trata de pedir a los militantes del PNV, en mor de sus orígenes, que renueven sus promesas bautismales en el Aberri Eguna, prolongando el ritual de la vigilia pascual, que no pocos habrán celebrado previamente. Pero sí es tiempo, en las actuales circunsancias, de renovar la fe demorática y de mostrar la mayor firmeza frente a ETA, sin concederle el menor resquicio de legitimidad. Aun debilitada, anda suelta, y no caben fisuras ni componendas a la hora de decirle con claridad, como en la práctica del exorcismo: Vade retro.

miércoles, 8 de abril de 2009

Gobierno increíble

La crisis inexistente, según Zapatero, antes de las pasadas elecciones generales, se ha llevado por delante en apenas un año a un gobierno que había sido modelado al capricho de su presidente: nuevos ministerios, reorganización de áreas y secretarías, caras bonitas, etc. Era un gobierno presidencialista que debía correr la mitad de la legislatura para, una vez refrescado con algún cambio después de la presidencia española de la UE, lanzar de nuevo a Zapatero a la Moncloa en 2012. Pues bien, o esta legislatura va a durar muy poco, o algo gordo está pasando.

No hay más remedio que plegarse a la evidencia de la gravedad de la crisis. La que fuera palabra proscrita del vocabulario político de Zapatero, es ahora la más repetida para justificar la propia crisis de gobierno. Se necesita un cambio de ritmo, eficacia contra la crisis económica. Solbes podrá ya dormir tranquilo, sin temor a ser sorprendido bostezando entre reunión y reunión, que verle así era descorazonador, y letal para nuestra economía, tan necesitada de confianza. Quién iba a pensar que la solución de nuestros males se encontraba tan cerca. La discreta Salgado pasa a la primera línea política como nuevo "cerebro gris" económico. Ojalá su ciencia haga milagros, pero en todo caso su buen hacer anterior ya es un aval para esta situación de crisis que aflige particularmente a España. Consiguió que los españoles fumaran menos, intentó también que redujeran el alcohol, y ahora que va a tener la sartén por el mango seguro que consigue que disminuyamos nuestras necesidades y sintamos menos la crisis. Claro, que a base de reducir el consumo no se reactiva la economía, pero ya se le ocurrirá algo.

Ella sola, en cualquier caso, no podrá sacarnos de esto, y los nuevos ministros que se incorporan no sabemos muy bien qué aportan, ni tampoco los que se quedan (la cara de agotamiento de la vicepresidenta De la Vega, condenada a permanecer en el gobierno por el patinazo en Kosovo de quien estaba destinada a sucederla, es ya un poema). Puestos a reconocer la crisis, cabe exigir una cierta coherencia y predicar con el ejemplo. Si el gobierno va a incrementar el gasto público en inversiones, debe reducirlo en gasto corriente. Era la oportunidad y se disponía de un argumento impecable para adelgazar la misma estructura del gobierno y prescindir de algunos ministros o ministras que pintan muy poco y resulta un lujo mantenerlos al frente de carteras desprovistas de competencias reales (Igualdad, Vivienda...), o que han visto muy mermadas las que tenían al rectificarse parcialmente los cambios de estructura anteriores (Ciencia y Tecnología).

Zapatero justificó la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, con la ministra Garmendia al frente, como una clara apuesta por el papel de la universidad y su decisiva aportación a la investigación en el cambio del modelo productivo. Ahora, cuando todos convienen en la necesidad de ese cambio de modelo productivo para salir de la crisis, la Universidad regresa al Ministerio de Educación, pero no la Investigación, lo cual supone una nueva improvisación, y otro golpe más a las universidades (demasiados los que ha sufrido ya bajo Zapatero, dificultando enormemente los trabajos de acomodación a Bolonia), que esperemos no sea mortal, pues separar la investigación de la docencia universitaria es atentar directamente contra uno de los fundamentos más preciados por quienes viven de verdad el quehacer universitario. Esa escisión al precio de situar a un metafísico y ex rector de rectores al frente de la educación no va a poder aportar tampoco gran cosa a lo que se antoja como una cuestión imprescindible: la revalorización de la investigación en humanidades y ciencias sociales, tan despreciada hoy en día, y sin la cual no es posible mejorar el espíritu público.
Pero como Zapatero confunde los intelectuales con los titiriteros que le apoyan y ayudan en su alto propósito de revolución moral, esta necesidad se ve cubierta con el nuevo nombramiento de la ministra de cultura, guionista y directora de cine, devota del canon digital y que va a meter en cintura a los pobres cinéfilos piratas que circulan por internet.

Dar refugio en el gobierno a algunos pesos pesados del PSOE y seguir confiando en la propaganda, como lógica predominante que se advierte en la remodelación, resulta bastante increíble y contradictorio, por supuesto, con el imperativo de eficacia frente a la crisis económica. José Blanco puede ser un mago de la comunicación y gestionará sin duda eficazmente la política de inauguraciones de obra pública financiada a través del plan E, pero eso no le convertirá en un buen ministro de Fomento, para lo que se requiere algún que otro conocimiento más. Traer a Madrid a un presidente de la Junta de Andalucía en pleno declive político (el PSOE baja y el PP sube, a punto de cruzarse –esta vez sí- Arenas), puede ser una buena salida para Chaves, pero su posible contribución al gobierno no deja muy bien a Zapatero. Todo lo que pueda aportar como ministro de Cooperación Territorial estará destinado a arreglar los estropicios de la política territorial de Zapatero en la anterior legislatura, y a contener muy particularmente (revestido de la autoridad que pueda hacer valer Chaves como presidente del PSOE) a los catalanes (incluídos los socialistas), a quienes no va satisfacer la sentencia (sea cual sea) del Tribunal Constitucional sobre el nuevo Estatut que alentó Zapatero. Ya sólo le falta al presidente del gobierno que su actual soledad parlamentaria se agrave aún más con la rebelión de los diputados del PSC.

Pero lo más increíble de esta crisis de gobierno es que Zapatero se haya nombrado a sí mismo ministro de deporte. Populista fue su promesa de crear un ministerio del deporte (en una respuesta improvisada ante las cámaras a solicitud del seleccionador español de tenis después de ganar España la Copa Davis), y más populista aún su decisión de que el deporte español dependa directamente del presidente del gobierno. Todo un nuevo filón de propaganda para el régimen de Zapatero. Las glorias deportivas nacionales y la ola patriótica de entusiasmo que susciten, serán a partir de ahora mérito indiscutible del guía y conductor Zapatero. Esto no es ya populismo, sino puro fascismo. Que no se dé cuenta él mismo es signo evidente de que sí, de que va a tener razón el difunto confesor del rey, y es verdad que Zapatero es un perfecto inmaduro. Este nuevo gobierno es increíble (y, con estos antecedentes, a poco bien que lo haga, lo parecerá aún más...).

lunes, 6 de abril de 2009

Abril aguas mil


El comienzo del mes de abril, que debía ser triunfal para Zapatero, brillando de nuevo con toda su luminaria a los ojos del mundo como hombre de confianza y amigo de Obama, en la primera gira europea del nuevo presidente americano, está resultando un pequeño fiasco, en contra de todas las previsiones de Moncloa. Una vez más se hace bueno el refrán español: abril, aguas mil. Y es que la política de Zapatero está haciendo, en estos días, aguas por todas partes.

Las cámaras de TVE intentaron inmortalizar el fugaz momento en que ambos mandatarios se cruzaron, antes de sentarse a yantar, en la cumbre del G-20 de Londres (tuvo que congelar la imagen para conseguirlo). Nadie sacó esta vez el móvil para obtener la foto del breve encuentro de tres minutos -el primero de los muchos, se supone, que habrán de mantener ambos mandatarios-, pero como si hubieran sido tres horas, pues hubo tiempo de hablar de todo, a tenor del resumen que hizo después un emocionado Zapatero: repasaron el panorama internacional, sin apenas detenerse en Kosovo, y hubo tanta complicidad personal que han quedado para correr juntos (la repanocha, y lo más adecuado ciertamente cuando no se sabe inglés). La impresión personal (de Zapatero) no pudo ser mejor. "Lógicamente" sus "sensaciones" fueron "muy buenas".


Ese era, al parecer, el objetivo español en la cumbre, poder decir que el presidente español había visto y tocado al santo, y que lo de Aznar con Bush, poniendo los pies encima de la mesa en el rancho de Texas, era nada al lado de las canillas que iba a mostrar en breve Zapatero trotando por las praderas de la Casa Blanca. Mientras, Sarkozy y Merkel enseñaban los dientes a Obama, exigiendo medidas de control financiero y no simples "discursos bonitos". Se supone que Zapatero debía estar implicado con el eje franco-alemán, pero para ello hay que contar, y no sólo echarle cuento, como hace el presidente español, que ha optado por presentarse -o al menos eso es lo que ha intentado vender la propaganda monclovita- como el hombre que ha facilitado el acercamiento de posiciones entre Obama y el pequeño napoléon Sarkozy, que es quien ha brillado con luz propia entre los líderes europeos (más allá de los buenos oficios como anfitrión de Gordon Brown).


Tras agachar la orejas en la cumbre de la OTAN, después del roto español de Kosovo, llegó por fin el gran momento, el abrazo hombre a hombre de Zapatero con Obama en Praga y, claro está, la foto. Sabiendo la faena que iba a hacerle, de no participar al dia siguiente en el foro de la Alianza de Civilizaciones de Estambul (en contra de lo que había anunciado y presentado el gobierno español como un claro espaldarazo de Obama a la iniciativa internacional de Zapatero), el presidente Obama no ahorró gestos ni palmaditas en el hombro del mandatario español. Zapatero tuvo su Domingo de Ramos. No se sabe si aún en la nube o sufriendo ya su particular via crucis, no llegó el lunes a tiempo de la foto de la cumbre de Estambul, que hubo que repetirla más tarde, él posando como verdadero líder mundial en el centro. Como consuelo, Obama muy ocupado en Estambul, acudió al cóctel de cierre del foro de la Alianza de Civilizaciones, pero no tuvo tiempo de quedarse a cenar esta vez.


El trampolín internacional al que se ha encaramado Zapatero estos días para desde ahí lanzarse en un bonito salto a la piscina nacional, apenas le ha permitido alcanzar altura, y la piscina española se encuentra por demás bastante vacía, como consecuencia de la recesión económica y de la incapacidad del gobierno para llenarla. Zapatero se disponía al menos a taponarla y tenía previsto para ello hacer una crisis de gobierno a la vuelta de su gira internacional, pero ni siquiera esa pirueta puede salir bien. A Zapatero, aprovechando que estaba fuera, le han reventado desde dentro de sus propias filas la crisis, y de paso el eco mediático de su encuentro con Obama. Si la prensa internacional no ha dejado de tratar con dureza a Zapatero, después de lo de Kosovo, mostrándose muy crítica con su percepción de la de la situación económica española (antes y durante la crisis), la prensa nacional recogiendo este fin de semana filtraciones sobre la inmediata remodelación del gobierno no ha sido más indulgente con él.


Zapatero se ve forzado a adelantar un año la crisis de gobierno incialmente prevista para después de la presidencia española de la UE (2010), para intentar no naufragar en las próximas elecciones europeas, que él mismo parece haber convertido en un plebiscito sobre su política y capacidad de liderazgo. Desde luego, los últimos signos son preocupantes al respecto. Queda por ver si el diluvio es un fenómeno propio del mes de abril, anunciador de una nueva primavera, o si es que el barco se hunde de verdad. Para arreglar la avería existente no parece que los nombres barajados, de perfil marcadamente político y bastante quemados, sean los más idonéos. Habrá que esperar a que aterrice Zapatero, y dejar que nos sorprenda
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miércoles, 1 de abril de 2009

Acuerdo vasco

Este miércoles se ha firmado, como querían los populares, un acuerdo de principios y de políticas, no de puestos, entre PSE y PP vasco, que dé rumbo y estabilidad al próximo gobierno vasco. Aunque también se trata de puestos, pues al fin y al cabo las principales caras del cambio van a ser Patxi López en Ajuria Enea y Arantxa Quiroga en la presidencia del parlamento vasco, y los dos sin saber euskera, para desesperación de los nacionalistas (que hacen de la lengua la quintaesencia de la afirmación de la nación, y de ésta la imperativa necesidad de lograr un estado propio plenamente soberano).

El acuerdo es histórico, sin duda, y los dos contrayentes tienen que estar firmemente decididos a poner todo de su parte para que las cosas vayan bien, porque dificultades las habrá, y muchas ganas de que fracasen las tienen otros. No es un contrato indisoluble, sino por una legislatura, que se puede hacer muy larga, pero estos cuatro próximos años deben hacer historia. Los nacionalistas, bastante callados en los últimos días, han pretendido evitar y deslegitimar el acuerdo hablando de frentismo y de Lizarra constitucional (Gara), pero lo que se abre en Euskadi es un nuevo horizonte de futuro y convivencia que respete tanto la pluralidad como la identidad de los vascos.

La frontera real en el País Vasco sigue siendo la que separa a los demócratas de los violentos. Al PNV, y más como partido democristiano que es, se le puede pedir un tiempo de examen de conciencia, que le haga reparar en los graves errores cometidos durante los últimos años, dolor de los pecados, verbalización de las culpas, al menos en el seno de un serio debate interno que garantice su propósito de enmienda, y el cumplimiento de la penitencia, que constituye su apartamiento temporal del poder. El PNV podría optar por echarse al monte, pero no lo hará porque el monte vasco ya está suficientemente poblado, y porque no puede renunciar como partido a su larga trayectoria democrática. De que responda o no según ese ceremonial de penitencia, dependerá la posibilidad de que recupere en el futuro la confianza fundamental de las clases medias para liderar el País Vasco.

En cualquier caso, con independencia de las fórmulas de Gobierno admisibles dentro de la lógica democrática (y cualquiera de las que puedan producirse después del acuerdo firmado lo es), la política vasca requiere un diálogo y entendimiento entre nacionalistas y no nacionalistas. Euskadi no puede ser gobernada en contra de nadie, y esta debe ser la principal novedad del próximo gobierno. No es una cuestión de simple gobernabilidad, sino de verdadero reconocimiento y respeto de la pluralidad. Las bases políticas y objetivos prioritarios recogidos en el documento firmado apuntan en esa dirección. Y no faltarán seguramente en el próximo gobierno vasco euskoparlantes ni independientes responsables y sensibles al nacionalismo.

En las actitudes anti se reconocen las mentalidades autoritarias o volcadas hacia el pasado. La solución del problema vasco no puede basarse en la desaparición del nacionalismo ni tampoco de aquellos que defienden una idea distinta del país. La política vasca confiere enorme realidad a la idea de la democracia como juego abierto de resultados inciertos. Después de la pugna todos deben extraer consecuencias de los hechos. El PNV, embarcado en la lógica del soberanismo aranista y la autodeterminación, se ha empeñado en la defensa de la identidad vasca al margen del autogobierno actual y de cualquier idea de España. Pero no hay otra alternativa en el País vasco a la lógica del conflicto que la del hecho diferencial.

La sociedad vasca demanda de forma mayoritaria una nueva cultura política donde la violencia no se exprese siquiera a través del lenguaje. La excesiva contraposición en el debate político entre lo cívico y lo étnico acaba por desvirtuar la realidad vasca. El concepto de pueblo como representación colectiva no se reduce a la simple idea de una ciudadanía activa abanderada de la razón abstracta y universal, como tampoco es posible definir la nación cultural sobre la pureza histórica de una raza y lengua originales. Lo histórico es el mestizaje. Ambos extremos, valores cívicos y realidad histórico-cultural diferenciada, se presentan unidos y han de ser defendidos como elementos constitutivos de la identidad y de la pluralidad, de una identidad vasca plural, con la misma convicción y capacidad de persuasión.

El acento en los derechos fundamentales del individuo no puede silenciar la personalidad del País Vasco, ni el énfasis en el hecho diferencial sobreponerse a la garantía efectiva de las libertades de todos y, de modo particular, de aquellos que se ven objetivamente amenazados, y son víctimas de los violentos. La violencia aflige a toda la sociedad vasca, pero no tiene las mismas consecuencias para todos. Reconocer lo obvio no aporta notoriedad al discurso, pero distingue actitudes y sensibilidades políticas. Decir que ahora van a gobernar los que llevan escoltas, como ha afirmado Basagoiti, no es tanto una sinvergonzaría como una vergonzosa realidad.

El nacionalismo democrático es libre de renovar y actualizar su doctrina y objetivos. En todo caso, sobre el PSOE-PSE y el PP vasco recae ahora la responsabilidad desdeñada hasta hoy por el PNV: el discurso legitimador de la autonomía vasca y del Estatuto como referente de una identidad plural, que asegure la correcta institucionalización y vertebración de la sociedad vasca, abierta con naturalidad a otras instituciones y lazos afectivos, de carácter nacional o supraestatal, como son España y Europa.

El riesgo de la sociedad vasca no es tanto de fractura social como de incomunicación política. La sociedad vasca no registra una división irreconciliable entre dos comunidades distintas, sino una acusada fragmentación como consecuencia del nivel alcanzado de diferenciación política y cultural, y que exige de los políticos una mayor responsabilidad y compromiso en el reconocimiento y articulación de esa diversidad. La vía irlandesa como camino hacia la paz no se ajusta a la realidad vasca, e imitar es falsificar, observó Ortega.

La suerte de la Euskadi futura no depende del debate ideológico entre soberanistas y constitucionalistas sino de una praxis política normalizada que conduzca al fortalecimiento de las instituciones vascas. Para ello es requisito indispensable la paz. Pero la paz -como señaló Saint-Exupéry- no es un estado que pueda alcanzarse a través del conflicto: la paz sólo puede establecerse si se funda la paz. Delicious Bookmark this on Delicious